Un final inexplicable

El ciclo de Atlético Nacional con Juan Carlos Osorio fue bellísimo y plagado de emociones, tantas, que hasta los más incrédulos de su estilo y sus múltiples variantes acabaron rindiéndose a sus pies. Con los años, el ciclo triunfal fue haciéndose cada vez más difícil e incluso más limitado. Con los meses y luego de haber conseguido el momento cumbre en 2013 y principio de 2014, el fútbol del equipo antioqueño fue mermando, aunque el nivel competitivo era sostenido por las individualidades y los trucos de Osorio para desarmar, crear e imaginar sistemas que le facultaron a seguir compitiendo. Sin embargo, el ciclo triunfal parecía ir llegando a su final.

 Nacional sin Stefan Medina

Sin duda, el segundo semestre del año 2014 para Nacional estuvo marcado por la venta de Stefan. Medina era quien otorgaba la salida de balón limpia para sus compañeros a pesar del asfixie contrario. Cada uno de sus pases llevaban sentido y eran vitales para el dominio posterior del cuero por parte de Mejía que batía las líneas rivales con un pase vertical entre líneas a Sherman y/o Cardona o en su defecto cambiaba de dirección lanzando en diagonal buscando a los laterales o extremos.

Nacional fue un embudo a partir de la venta de Medina. La salida a ras de pasto fue el mayor inconveniente de Nacional y quizá el único detalle que Juan Carlos Osorio no logró finalmente terminar de ajustar. Un sólo problema que tuvo muchas soluciones que no fueron exitosas. Osorio intentó rearmar su escuadra y mantener el estilo de salir jugando desde atrás, generar ventaja en el juego interior, hacerse ancho y explotar las bandas, pero las cosas no funcionaron de la misma manera. Nacional atacó y defendió mal sin la salida de balón de Medina. Nájera, Henríquez, Murillo y Peralta como soluciones fueron devorados por la presión alta de los rivales y el equipo puesto en aprietos, asfixiado, entregaba más ventajas y pocas herramientas en el primer accionar. Más problemas que soluciones en esa zona.

Buscando soluciones, encontrando problemas

Luego de la frustración de la eliminación de la Copa Libertadores ante Defensor Sporting, en la Copa Sudamericana, Nacional logró saltar los obstáculos, hubo tropiezos y caídas, pero en la libreta de Osorio reposaban las soluciones inimaginables que lograban levantarle cada vez más fuerte y volver a competir. No obstante, transitó con irregularidad en cada llave hasta llegar a la final. Esta Copa resume lo que fue Atlético Nacional en el segundo semestre de 2014.

Hablar de un esquema fijo y un equipo de gala en la era Osorio sí que era difícil, pero en la Copa Sudamericana fue imposible. Nunca repitió los mismos nombres y el dibujo táctico era casi irrepetible. Juan Carlos Osorio movió todo el equipo y la posición de sus jugadores en busca de estabilidad en mitad de campo, profundidad en campo contrario y fluidez con la pelota en los primeros tercios. Los problemas del primer pase fueron minimizados cuando en el partido de ida ante Vitória, Daniel Bocanegra jugó como líbero. Con su conducción, buen golpeo en corto y en distancia media se sacudía de la presión ejercida por los rivales; su equipo en estático, empero, no lograba mover demasiado a sus rivales. Atlético Nacional tácticamente pasó de un 4-3-3 a un 3-3-1-3. Osorio aparecía con sus apuntes resolviendo problemas, mas éstos no acababan. Nacional carecía de profundidad por las bandas y el juego entre líneas tampoco fluía. Los problemas del conjunto verdolaga en defensa coincidieron con el bajo nivel de forma de Sherman. El balón ya no llegaba a Cárdenas de la misma forma y retrasarse metros, obligó a ralentizar la transición del ataque y fallar cuando lanzara en largo. Sherman no logró conectar los circuitos como los había establecido el semestre anterior.

Edwin Cardona fue el eje de Nacional en las noches más importantes. Osorio armó el equipo en ofensiva para el jugador antioqueño. Edwin firmó buenos partidos jugando como interior  izquierdo en el 4-3-3 que harto usó Osorio, pero sin duda el rendimiento de Cardona fue mejor cuanta más cercanía había entre el arco y él. En ese sentido, Cardona estuvo acompañado de dos mediocampistas defensivos en 4-2-1-3 y tres volantes de marca en 4-3-1-2  flotando como mediapunta, moviéndose entre líneas detrás de los volantes defensivos rivales. Su mejor compañero de aventuras fue Luis Carlos Ruiz, quien vivió un par de meses repleto de fútbol. Ocasiones de gol fabricadas por sus buenos movimientos de espaldas al arco, de frente a Cardona construyó paredes y su juego de primera hizo el equipo más rápido. Por los costados, Guisao/Berrío y Copete de extremos trazaban diagonales a los espacios que abría Ruiz, o, en su defecto, trazos verticales a línea de fondo. Era el verde de la montaña en su máximo esplendor del juego exterior.

Los mejores partidos de Atlético Nacional en la fase de Semifinal enfrentando a São Paulo y en el partido de ida de la Final en el Atanasio Girardot ante River Plate fueron acompañados sin los problemas que tanto venían lastrando al equipo de Juan Carlos Osorio: el bloque alto rival. Nacional al contar con libertad de entregar el primer pase, Mejía dominó en el centro del campo, y permitió que Cardona se moviera a la espalda de Ponzio y lograra pasar en diagonal a Berrío o Copete teniendo profundidad en sus lanzamientos y espacios creados por Ruiz que otorgaron opciones de mostrar una de sus mayores cualidades: el remate de media distancia. Al final fue la pegada de Pisculichi quien definió la final en El Monumental y dejó al equipo de Osorio con las manos vacías en el segundo semestre del año. Ya Santa Fe había cortado las alas de instalarse por cuarta vez consecutiva en las finales de la Liga colombiana.

Final de un ciclo

Osorio quizá sea el técnico más recordado en las últimas décadas en Colombia. Potenció no solo el fútbol de Atlético Nacional, sino todo el balompié colombiano. Su manera particular de expresarse, pensar y analizar los partidos ya es historia en un país que necesitaba a un revolucionario como Juan Carlos Osorio. En su lenguaje corporal de entrenador, sobre la raya, estuvieron las ideas más incoherentes –para los que nunca lo entendieron– y exitosas de la historia del club más grande de Colombia. Su sabiduría repercutió y conquistó América con el buen fútbol que practicó su equipo. Es muy fácil que se hable del equipo de Osorio antes que escuchar mencionar a Nacional, son pocos los técnicos que han logrado esa hazaña y Juan Carlos es uno de ellos. Perdón. Osorio no fue D.T., Osorio fue un maestro.

Aferrarse a un intangible

Atlético Nacional ha sorteado obstáculos de manera encomiable hasta llegar a donde está hoy: la final de la Copa Sudamericana. Abrirá la serie en su patio frente a River Plate. Resulta curioso que el conjunto de Osorio haya logrado este hito en un semestre en el que su fútbol menguó tanto respecto al anterior. Nacional era, en palabras de muchos entendidos, la escuadra que mejor jugaba de todo el continente. El momento futbolístico en el que llega el verde a esta instancia definitiva no es el mejor, pero tampoco lo ha sido durante todo el resto de la competición. Apoyados en una determinación admirable y en saber aprovechar las oportunidades más pequeñas, los de Medellín son finalistas. Sin embargo, juego les ha faltado.

El primer problema con la pelota es la salida rasa

El verde pasó aprietos a lo largo de toda la competición sobre todo ante presiones altas. La salida rasa de los colombianos está lejos de ser limpia. El Nacional-Vitória es un claro ejemplo de ello. El equipo brasileño jugó en la capital de Antioquia con una nómina alterna y desangró a los locales a través de una presión asfixiante. Los de Osorio se quedaron a segundos de perder ese partido. El encuentro más plácido para Nacional en este sentido fue en el que recibieron a Sao Paulo. Ni Fabiano ni Kardec ejercieron una presión importante sobre los defensas y centrocampistas de Nacional, y Kaká y Ganso tampoco están para esos trotes. En tal encuentro Nacional sí fue capaz de salir con la pelota controlada, pero por beneplácito de su rival. La alternativa es el juego directo sobre Luis Carlos Ruiz, pero esta variante no ha dado tantos réditos como debería, en parte porque no es el plan principal.

Cuando Nacional logra salir con el cuero pegado al césped aparece otro problema. No tiene capacidad para mover al equipo contrario de forma eficiente. El ataque estático es un marrón para este Nacional. El partido del Vitória sirve de nuevo como ejemplo. Osorio tomó la decisión ese día, durante el encuentro, de ubicar a Bocanegra de líbero para lograr salir por el piso. Daniel envió balones a sus compañeros más adelantados a través de conducciones y pases limpios. Sin embargo, los ataques eran inofensivos. Esto se manifestó también durante otros encuentros de la Copa. La baja forma de Sherman Cárdenas y la irregularidad física de Alejandro Guerra perjudican al verde en este apartado. Su única fuente para generar por dentro es el envío de Álex Mejía hacia alguien que esté sin marca en la mediapunta. También tienen la opción del cambio de frente del capitán hacia uno de los extremos. Pero poco más.

La ofensiva verde recae en la inspiración individual

La ofensiva de Nacional se basa, hoy por hoy, sobre todo, en aventuras individuales. Calidad y determinación no le falta a los jugadores de Nacional. Ahí aparecen Cardona, Ruiz, Guisao, y compañía. El primero es agua en el desierto para el equipo con sus disparos de media distancia, sus pases finales y sus regates. Ya durante la Libertadores pasada se erigió como una pieza ultra-resolutiva. El estado de forma de Luis Carlos Ruiz es excepcional. Su eliminatoria contra Sao Paulo es digna de verse repetida cada vez que se pueda. A través de su potencia, su juego de espaldas, su fuerza y su capacidad para entender qué necesita la jugada, fue un incordio para la defensa paulista. Además le sale todo lo que intenta. Está de dulce. Wilder Guisao ha demostrado poder dar un respiro a su equipo basándose en conducciones y regates cerca de la línea de cal, a pierna natural. También está lo que puedan aportar Copete, Berrío, Sherman -quien probablemente no sea titular-, Guerra y demás.

En defensa el estado de forma de los integrantes de la zaga es fundamental, pues el funcionamiento colectivo muchas veces no les cobija. El éxito estará en las ventajas que puedan generar por sí mismos los encargados de proteger al equipo paisa. Daniel Bocanegra es una garantía para atacar y defender con y sin la pelota. Pero sobre todo con la pelota. Alexis Henríquez, Francisco Nájera, y Óscar Murillo son los más habituales en el centro de la zaga. Ninguno de los tres es muy rápido, por lo que si Osorio decide ubicar su línea defensiva lejos de Armani pueden sufrir. A este punto nos referimos cuando se dice que el funcionamiento colectivo no protege a la defensa, pues Nacional tiende a perderla en zonas peligrosas sin haber tejido antes un ataque que les permita estar bien posicionados para recuperarla rápido. En caso de que Osorio decida replegar, como contra Sao Paulo en Morumbí, protegerá más a su defensa, pero tampoco es que sea el colmo de la consistencia. Entonces aparece Franco Armani, gran responsable de que Nacional haya superado tantas rondas hasta la final. Del portero argentino ya se habló aquí.

Lo mental será clave para Nacional, como siempre en la Copa

Expresado a grandes rasgos, Nacional no tiene estructura para jugar a lo que jugaba en la primera mitad de este año, y a lo que ha querido jugar durante buena parte de este semestre. La confianza que se tienen el equipo y el técnico es lo que les ha llevado a esta posición, y probablemente se aferrarán a eso. Habrá que esperar al pitazo inicial para observar lo que determine Osorio. Si esperar o proponer. Es una ocasión de lujo para un equipo colombiano. Noche grande en Sudamérica.

Un gol de Guisao y poco más

Los cuadrangulares de la Liga Postobón II arrancaron con una victoria del tricampeón, Atlético Nacional, frente al sorpresivo Atlético Huila de Fernando “Pecoso” Castro. El partido, que se jugó en el Estadio Atanasio Girardot, no dejó muchas cosas. Los locales lograron derrotar a un rival que no mostró, ni siquiera, una dosis pequeña del fútbol que lo catapultó a la fase final del campeonato.

Armani, Bocanegra, Bernal, Mejía, Cardona, Cárdenas y Ruiz no estuvieron disponibles para el partido

Nacional dominó un partido en el que el adversario se replegó e intentó contragolpear. El ya característico 1-4-3-3 del equipo de Juan Carlos Osorio buscaba causar daño por las bandas. Guisao y Copete aparecían allí para ganar la raya y enviarle balones a Santiago Tréllez. Esta idea no estaba funcionando, razón por la cual los extremos verdolagas comenzaron a buscar juego interior con Pérez y Valoy. Con esto, los locales se acercaron al arco de Ernesto Hernández ya que los volantes se encontraban con mucha libertad para rematar de media distancia. Los centrocampistas huilenses no estaban oponiendo mayor resistencia y así fue como llegó el gol de Guisao al minuto 67.

De ahí en adelante, los verdolagas lograron mantener a su favor el resultado. Huila dependía mucho de lo que hicieran Hechalar y Caicedo, cosa que no los favoreció porque a los dos les costaba mucho recibir con comodidad. Así mismo, el mediocampo opita vivió un partido para el olvido en el que Lerma y Guazá estuvieron lentos para presionar, pasar y retroceder. Por su parte, los extremos verdolagas volvieron a las bandas y desde allí acercaron a su equipo al segundo gol. Copete fue un dolor de cabeza constante para Elvis Perlaza, que se estaba viendo superado.

Ernesto Hernández fue el jugador más destacado del Atlético Huila

Al final Nacional ganó con el gol de Guisao. El planteamiento huilense le facilitó todo al equipo de Juan Carlos Osorio que, sin hacer mucho, arrancó comenzó con el pie derecho el camino hacia su anhelado tetracampeonato. Huila, por su lado, tendrá que replantear lo hecho en el Atanasio Girardot para no perderle el paso al equipo que le ganó en el partido adelantado de la segunda fecha del cuadrangular A.

Primer paso

El gol de Alejandro Bernal le dio a Nacional su segunda victoria como local en lo que va de Copa Sudamericana y fue, además, el primer paso para su equipo logre instalarse entre los cuatro mejores equipos del torneo. A los dirigidos por Juan Carlos Osorio les ha costado hacer de su casa un fortín y eso quedó evidenciado frente a Vitória y frente a General Díaz. En las competiciones locales, la situación ha sido la misma. Como ejemplo está la Copa Postobón, en la cual el equipo quedó eliminado, en gran medida, por no poder vencer al Deportes Tolima en el Atanasio Girardot.

Nacional juega por segundo año consecutivo los cuartos de final de la Copa Sudamericana

Sin embargo, el contexto del partido frente a César Vallejo era diferente. Los verdolagas llegaron al encuentro motivados por la victoria obtenida en casa frente a Águilas Doradas que los dejó cerca de la clasificación a los cuadrangulares del rentado nacional. La otra motivación que tienen los jugadores y el cuerpo técnico es la de mostrar que el trabajo que tantos réditos le ha traído a nivel local, se puede ver reflejado también en los resultados que el equipo obtenga a nivel continental.

Para este partido de cuartos de final de Copa Sudamericana, Juan Carlos Osorio envió un 4-3-3 al campo liderado por el capitán Alexander Mejía. Las condiciones climáticas influyeron en el desarrollo de la idea del estratega risaraldense. Por un fuerte aguacero que se presentó en las horas de la tarde en la ciudad de Medellín, la grama del Atanasio Girardot tenía algunos charcos, razón por la cual el esférico no rodaba bien en algunos tramos. Como consecuencia, Nacional comenzó a buscar a sus extremos, Wílder Guisao y Jonathan Copete, por medio de pelotazos mandados desde atrás por Alexis Henríquez y Alex Mejía.

Con el paso de los minutos la cancha fue drenando y los charcos desaparecieron por completo para la segunda parte del encuentro. Allí apareció la figura de Sherman Cárdenas. El santandereano comenzó a ser el eje de los ataques de su equipo. Teniendo suficiente libertad, el “7” verde comenzó a darle aire al ahogado juego de su conjunto. Cuando no filtraba un balón, abría la cancha para que los laterales desbordaran y centraran.

Copete se tiraba al centro cuando se proyectaba Farid Díaz

En esta parte del partido, el conjutno de la Universidad César Vallejó estaba replegado. Nacional recuperaba rápido el balón y seguía atacando. Muchos centros de Díaz y Bocanegra para Ruiz y Copete que estuvieron cerca de anotar pero no lo lograron. Él que sí pudo darle una alegría a la hinchada de su equipo fue Alejandro Bernal. El cordobés aprovechó un rebote, tras una llegada de Bocanegra por banda derecha, para rematar al arco y abrir el marcador.

César Vallejo no quiso explotar la mayor deficiencia de Atlético Nacional que es su salida de balón. Los anteriores rivales del equipo antioqueño lo hicieron y sacaron un buen resultado del Atanasio Girardot. El plan de los peruanos fue replegarse e intentar contratacar a su rival. La estrategia del entrenador Franco Navarro falló.

Los verdolagas dejaron una imagen positiva y sacaron un resultado que los acerca a su objetivo inmediato: las semifinales de la Copa. En el Estadio Mansiche de Trujillo se definirá la serie el 5 de noviembre. Osorio y sus pupilos están frente a la oportunidad de jugar las semifinales de un torneo continental por primera vez desde que el entrenador risaraldense se hizo cargo del Club Atlético Nacional. Ya dieron el primer paso.

Las manos de Franco Armani

Hinchas santafereños y verdolagas dibujaron un paisaje excepcional en El Campín. Frente a 30.222 personas, los capitalinos tenían la oportunidad de mantener el liderato frente a un equipo que necesitaba obtener un resultado favorable con el fin de trepar posiciones y acercarse a la clasificación. Las expectativas eran altas y los equipos no fallaron.

Los locales tuvieron la iniciativa durante los primeros minutos. Con un 3-5-2, Gustavo Costas intentó aprovechar las falencias que presentó Atlético Nacional. Ómar Pérez comenzó a ser influyente desde el comienzo al filtrar balones a espaldas de los centrales. Allí aparecía Wílder Medina para causar daño y hacer a Franco Armani figura.

Medina aprovechó la lentitud de Henríquez

Por su parte, Juan Carlos Osorio mandó un 3-4-3 con el que buscaba anular las bandas santafereñas. Sergio Otálvaro y Luis Carlos Arias no encontraban espacios para salir. Con el paso de los minutos, Ómar Pérez perdió protagonismo y los rojos perdieron, por consiguiente, profundidad. Así mismo, Nacional no estaba generando mucho. Wilder Guisao y Alejandro Guerra eran los encargados de abrir un bloque que tenía cerrado el carril central y, en efecto, no tuvieron éxito. Las imprecisiones y la marca férrea de los defensores rivales impidieron que los dos extremos verdolagas fueran peligrosos.

La solución de los problemas ofensivos de Nacional fue buscada con los balones largos que Mejía le mandaba a Guisao y a Guerra (luego Copete que ingresó al minuto por el venezolano, que salió lesionado). La propuesta del volante de la selección no tuvo éxito durante la primera mitad. Sin embargo, al comienzo del segundo tiempo, una pifia de Francisco Meza le dio a Guisao el espacio necesario para mandar un pase al centro del área que encontró el pie derecho de Luis Páez que, con un remate fuerte, venció a Camilo Vargas.

Desde ahí, Atlético Nacional comenzó a replegarse y Santa Fe se adueñó del esférico. Con Pérez como líder, los cardenales se acercaron lentamente al arco de Armani. Para contrarrestar la situación, Osorio sacó a Sherman Cárdenas y metió a Miller Mosquera. Los verdes acumularon más hombres atrás y complicaron al rival. Sin embargo, un pase filtrado del 10 rojo para Wílder Medina, que entró al área y recibió falta de Óscar Murillo, ilusionó a los aficionados locales.

Ómar Pérez fue uno de los grandes protagonistas del encuentro

El central cuyabro fue expulsado y Armani atajó el penalti. Desde ahí Santa Fe se acercó con más peligro. Con el ingreso de Juan Daniel Roa por Sergio Otálvaro, el entrenador santafereño quería cambiarlo todo. En principio parecía que el cambio no marcaría una gran diferencia pero sí lo hizo. La tarea de Roa fue aprovechar la expulsión de Murillo y la inexperiencia de Copete como lateral izquierdo. Allí fue donde se gestaron las oportunidades que tuvo Santa Fe para empatar al final.

Después de que Luis Carlos Arias, con un remate de chilena, mandó un balón al poste superior de arco defendido por Franco Armani, el árbitro Juan Carlos Gamarra decretó el final del encuentro. La multitud que fue a apoyar a Santa Fe salió cabizbaja porque su equipo perdió por quinta vez frente al Nacional de Juan Carlos Osorio.

La mención especial es para Franco Armani y sus manos. Sin ellas, el resultado pudo ser distinto.

Hazaña en el eje de Guerra

General Díaz puso marcha en el Feliciano Cáceres con la determinación del soldado que, presintiendo una fatal emboscada, permanece dispuesto a defender su posición por pura inercia. La orden era clara: jugar para no dejar jugar — y vice-versa; sellar todo enlace y carril por el cual Atlético Nacional pudiera generar coherencia. El achique era constante y voraz, y la condición física de sus jugadores lo facilitaba. ¿Fútbol total? No. ¿Guerra total? Absolutamente.

Nacional alineó, como en la ida, con un 4-2-1-3 con Edwin Cardona como eje de toda la gestación ofensiva. Con Wilder Guisao y Jonathan Copete a los costados de Santiago Tréllez, el cuadro verdolaga no escatimaba opciones ofensivas. El ataque posicional, por supuesto, era un arma clave, pero con las líneas de volantes del conjunto paraguayo — parado en un 4-2-3-1 — enfocadas en dificultar la salida de sus defensores, Nacional hallaba sobre los primeros 20 minutos bastante espacio en el medio-terreno para contragolpear y encontrar a sus futbolistas más rápidos.

Edwin Cardona cambió todo para bien y para mal

Al minuto 25, Edwin Cardona recibió un pase en el medio del campo y fusiló impresionantemente desde antes de tres cuartos para poner el 1-0. Cinco minutos más tarde, ya había sido expulsado. Una segunda tarjeta amarilla, irresponsable y producto de la ansiedad, dejó a Nacional con 10 hombres y parado con el mismo esquema. El conjunto verdolaga aún necesitaba un gol, y solo lo buscaba a punta de pelotazos a los delanteros. Tréllez no ganaba ni una.

Mientras tanto, Alberto Contreras comenzaba a soltarse más entre los mediocentros de Nacional, y el dinamismo de Roberto Gamarra comenzaba a parecer insostenible. Al minuto 60, un costado derecho verdolaga que venía siendo percutido incesantemente por el vertiginoso Blas Cáceres finalmente cedió y los paraguayos encontraron el hueco para empatar. Nacional, con 10, necesitaba dos goles.

Osorio manejó cada momento a la perfección

Pero Juan Carlos Osorio, arrodillado junto a la raya lateral con libreta en mano, no estaba tan anonadado como parecía. Y rápidamente reaccionó. Alejandro Guerra entró por Jonathan Copete para enlazar — para que los muchos balones que encontraban a Bernal y Mejía tuvieran un canal por el cual desplazarse hasta los atacantes. Era simple. Y era todo lo necesario. Farid Díaz recibió entonces libertad absoluta para proyectarse ofensivamente por izquierda, aunque él era solo un anzuelo. El enfoque de Nacional sería Wilder Guisao — y éste empezó a recibir. En una de esas, el antioqueño, partiendo de la derecha y con una corrida impecable, eludió a dos rivales para poner un sensacional 2-1.

General intentó mantener su presión, pero Guerra, saliendo pocos metros delante del doble pivote, comenzaba a volverse una fuerza incontenible. Se asociaba en corto y habilitaba en largo, pero siempre hacia adelante — y siempre correctamente. Comenzó a ser evidente entonces, que con el venezolano en campo, dejar espacio frente a la línea defensiva no era viable, por lo que los 11 futbolistas del cuadro paraguayo retrocedieron detrás de la línea del balón. Y una vez más, Osorio reaccionó. Con espacio en su propio terreno, se dio el lujo de formar una línea defensiva de tres hombres bastante estirada y de meter a Sherman Cárdenas como carrilero izquierdo para que agilizara los movimientos de ataque.

Durante los últimos 10 minutos, Nacional se convirtió en una pieza de artillería que, aún incompleta, desarmaba fácilmente las paredes del rival. Finalmente, al 89’, fue Tréllez quien, tras dos cabezazos de sus compañeros en el área rival, anotó el 3-1 (3-3) definitivo. General Díaz no tuvo vida para más. Nacional, ya clasificado, no tuvo tiempo.