Lenguaje ofensivo en la recta final

En la historia de los torneos cortos no hemos vivenciado una final en el fútbol profesional colombiano entre Deportivo Cali e Independiente Medellín. La peculiaridad añade el factor de ser una llave inédita. Lo que nos lleva a enmarcar que dicho partido, por lo representado, será un duelo ‘sacachispas’. Sin ningún tipo de favoritismo y con dos técnicos que viven el fútbol al límite.

Las piezas claves de los dos equipos se han conocido en sus mejores presentaciones durante el torneo. Independiente Medellín atesora en su nómina jugadores talentosos. Uno de ellos es Marrugo al cual dos perros de cacería y enamorados estarán atentos para que no esparza su magia. Si no lo logran, el efecto será mayúsculo, ya que Christian consigue efectuar pases magistrales que ponen a sus delanteros certeros, móviles y sagaces, casi siempre en situación de gol. Lo igualan pocos y cuenta con fichas que pisan el área de forma extraordinaria. Es una suerte de ‘10’ poético cuando la mina de su pie está afilada. Pérez y Caicedo se deleitan con su literatura futbolística, pues saben que ese tipo de jugadores están en extinción, aunque todavía se resistan y quieran disolver la idea de nuestras mentes.

Preciado es la (semi)culminación intuitiva del Cali sin Borré

Si Fernando Pecoso Castro continúa con su terquedad –que no se piense que terco es algo negativo–, es decir, teniendo la convicción de atacar, de ir arriba, cuenta con elementos trascendentales para que su ataque germine. El principal, por supuesto, es Preciado. La capacidad de Harold para aguantar, chocar, no renunciar a ninguna pelota y meter a los suyos en campo contrario es un arma que escasea en la liga. Luego, está Candelo, figura que potencia al mencionado delantero con sus lanzamientos. De encontrar acierto, la pierna derecha de Yerson puede rasgar entre líneas al equipo de Leonel. Lo que implicaría mayor vigilancia y estacionamiento de Marín, enfrentándose al flanco de ataque preferido por los vestidos de verde.

Por último, y sin restarle méritos por mencionarle ahora, se encuentra Andrés Felipe Roa. Llegó para este semestre y en instancias definitivas, como si nada, tomó la titular. Fue ese aire que da potencia al velero cuando el mar está agitado e invencible. Fernando confió en él en detrimento de Mendieta e hizo ver, como con el equipo, que no siempre la experiencia es criterio de elección. Y no lo es porque Roa condiciona todo. Lo hace por una capacidad –si se quiere–: perseverancia. Es el fiel reflejo en el campo de aquella frase que dice que “una gota no rompe una piedra por su fuerza, sino por su constancia”. No desfallece aunque haga miles de cosas y todas les salgan mal. Acciones que inician, la mayoría, porque es Roa quien viste de cazador furtivo de segundas jugadas.

El DIM deberá reformular su defensa interior sobre Roa

Independiente Medellín debe referenciar con un binóculo a Andrés Felipe. Eso sí, puede que ni le enfoque, o que este no siembre y coseche, pero sus caídas a espaldas del doble pivote y conducciones, en fusión con su atrevimiento y técnica para golpear y pasar, son virtudes a considerar para Hernández, Didier, Jherson o quién esté. La libertad concedida por Fernando ha sabido a miel. Es un gozad que los partidos son cortos como la vida. Cosa que disfruta Roa, sin ser la maravilla, jugando en el césped con el mismo descaro que lo hacía en la arena.

Roa ve en el Pecoso un padre, como todos los hicos, pero sigue desobedeciéndolo al tener pérdidas que empujan al colectivo al abismo. No siempre elige lo mejor para la jugada por querer sobresalir. Peca de individualismo y la excesiva obsesión por la redonda. Jugar a uno o dos toques, que lo sabe hacer, sería un artefacto dañino que contempla pólvora fina con Preciado y Casierra.

En teoría, nos encontramos ante una final pareja. La sobriedad del equipo de Leonel para jugar a ras de piso y construir a partir de la pelota, todo a una circulación inconstante, enfrentada al espíritu de un equipo joven y batallador que lucha cada partido repitiendo en sus mentes los versos de sacrificio hechos por Fernando. Chocan dos equipos eléctricos. Es complejo vislumbrar la balanza inclinada hacia algún lado. Será una final apasionante, de principio a fin. Sólo queda esperar a que los ojos disfruten y nuestras mentes se deleiten. Motivos los habrá. Es una Final. Es fútbol; es fútbol colombiano.

Robayo a la carrera

M illonarios e Independiente Medellín protagonizaron un partido de fútbol durante 45 minutos. Se fueron a los vestuarios, y quince minutos después, del túnel salieron 22 hombres a correr en medio del caos. Un caos en el que Rafael Robayo, por sus condiciones físicas y mentales, fue la figura de la noche, al clamor de un Campín a reventar, de 30 mil personas que corearon su nombre al unísono.

El arranque fue muy azul. Lunari envió al campo a los once que iniciaron hace una semana contra Nacional en el mismo escenario. Mientras tanto, el técnico interino del Medellín, Javier Álvarez, dispuso un 4-3-2-1 con las novedades de Vladimir Marín como interior izquierdo, y de un intercambio constante de posiciones entre Caicedo, Marrugo y Hechalar, quienes ocuparon zonas muy centradas del campo.

El DIM le facilitó a Millonarios la salida de balón

Esto tuvo una consecuencia directa: ninguno de los tres delanteros perseguía a los laterales de Millonarios, libres para recibir más arriba y llamar la atención de los interiores rojos. Si Déiver Machado recibía a la altura de Restrepo, este último salía a encararlo, y en ese instante el lateral embajador tocaba hacia Robayo, quien tenía la ventaja por dentro. Lo mismo ocurría en el otro flanco con Ochoa y Silva.

La orden de Lunari fue hacer muy ancho el campo. Millonarios cargaba un sector y cambiaba la orientación de la jugada. Al DIM le resultaba muy difícil llegar a los costados. La otra circunstancia que propició el dominio local fue la de que Fabián Vargas jugó libre en salida. Increíblemente ninguno de los tres delanteros intentó presionarlo para entorpecer el inicio de la jugada. Así dominó los primeros 25’, tiempo en el que pudo hacer dos o tres goles más.

Hechalar estuvo muy impreciso técnicamente

El Medellín, dubitativo hasta la media hora, cambió su actitud sobre el terreno y replegó un poco. La intención, entonces sí, era dejar iniciar el juego a Román y a Cadavid más Vargas y atar a los receptores adelantados. A esto se sumó que Ochoa y Machado bajaron un escalón, y ahí el choque se puso más para los visitantes. El poderoso pudo robar con más facilidad y transitar hacia Vikonis en ventaja numérica. Sólo la poca precisión de Hechalar evitó el empate antes del descanso. Vladimir Marín puso sentido a la tenencia de los suyos cada vez que tocó la pelota en ese tramo del envite.

Los visitantes acentuaron su plan al volver del entretiempo. Millonarios, que careció de velocidad para girar al Medellín a través de la circulación como lo hizo en la primera parte, chocó un sinfín de veces con el muro plantado por Álvarez, tantas como para desconectar mentalmente. Pero apareció Rafael Robayo. El bogotano ocupó tanto espacio como sus piernas y sus pulmones le permitieron -lo cual es mucho-, y ganó cada balón dividido y cada segunda jugada. El cuadro embajador mantuvo la calma a lomos de su número 8 más Máyer Candelo. El caleño siempre produce más por sí mismo que Federico Insúa. Entró y se acercó a Fabián para dirigir la posesión desde la base, lo que le dio más poso a los azules.

A los 72’, el Medellín pasó a 4-4-2. Salió Caicedo por La Goma Hernández, quien se colocó como volante por derecha. En punta quedaron Hechalar y Marrugo. Esto difuminó más las posibilidades de contragolpe del rojo, encerrado en su propio campo por Robayo, el mismo que a falta de seis minutos pisó área rival, saltó y le bajó el balón con la testa a Maxi Núñez, quien puso el 2-1 en el electrónico. El 3-1, en tiempo de descuento, fue la guinda perfecta para su inmenso partido. En una semana, Santa Fe se medirá contra los de Lunari. Millonarios llega en curva ascendente a la puerta de los playoffs, y eso con Robayo se nota.

Amor y desencanto con Hernán Torres

El fútbol da de comer a un sinfín de paladares. Los hay resultadistas, los hay fanáticos, los hay románticos. Estos últimos, los que admiran al fútbol cuando se expone en forma de espectáculo, abundan en la capital de Antioquia. El fútbol no sólo es espectáculo, claro está. Se trata también de competir, de neutralizar y de imponer. Pero en Medellín, los balones tratados con primor y elegancia son aquellos que roban corazones. Equipos que flirtean con la pelota suscitan aplausos en las tribunas y se juzgan menos por sus resultados.

Hernán Torres dio de comer al romanticismo antioqueño. Su paso por Independiente Medellín duró mientras su apuesta ofensiva tuvo porte de mujer seductora. Sí, hemos dicho ofensiva, que no es lo mismo que decir equilibrada. El DIM de Hernán Torres pasará a la historia por un poderío ofensivo digno de la compañía masiva de sus fieles en las tardes de primavera en el Atanasio. El de Torres fue un equipo fundado bajo tres principios ofensivos, a saber: posesión, conducción, agrupación. A continuación se expondrán cinco momentos en la era de Hernán Torres que declaran la conquista y el abandono de tales mandamientos. Cinco momentos que relatan una historia de amor y desencanto.

Vladimir Marín en la gestación de la jugada

El primer mandamiento del DIM de Torres, la posesión, requería volantes de primera línea bastante activos. John Hernández y Jherson Córdoba eran fundamentales para retroceder, recoger el balón y emprender el ataque, siempre con el propósito de mantener la pelota. Hilvanar largas secuencias de pases, si hacía falta. Pero la gran novedad en la salida de balón del Medellín era la participación de Vladimir Marín. Con Marín, el DIM tenía la oportunidad de usar las bandas para salir de su área. Pero Marín era más que eso. Su visión de juego le hacía importante por dentro. Marín ejercía influencia al interior tirando paredes, buscando líneas de pase en el centro e incluso conduciendo hacia ahí. El lateral zurdo iniciaba las jugadas, influía en el medio y, en ocasiones, se vestía de centrocampista.

El triángulo de posesión

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Arribaba Vladimir Marín al medio y la progresión no se detenía ahí. Christian Marrugo acudía a Marín en su defensa y señalaba la ruta para superar la primera presión rival. Más arriba, las caídas de Yorleys Mena a la banda izquierda estiraban la cancha y fijaban un tercer vértice, un triángulo. Las posesiones del DIM eran mejores cuando se juntaban los vértices del triángulo: Marrugo, Marín y Mena. Las posibilidades del DIM iban en aumento. Recostando al rival a la izquierda, aparecían los espacios en el medio para Daniel Hernández o Javier Calle. Por otro lado, el triángulo generaba una superioridad numérica en la banda que le permitía a Vladimir Marín desdoblarse. Era entonces que Marín sacaba a relucir su mejor cualidad como jugador: su golpeo de balón. Marín sorprendía rematando a portería o tiraba un centro lleno de veneno.

Las conducciones de Christian Marrugo

Hasta aquí, hemos descrito un equipo asimétrico, activo sólo por izquierda. Nada más alejado de la realidad. Cuando Christian Marrugo recibía en el triángulo, su primera intención era girarse, conducir en sentido opuesto a la jugada y descargar. El resultado: la banda derecha involucrada en el juego. Era entonces que Gilberto García o Carlos Valencia se sumaban al ataque. Marrugo hacía bascular pendularmente al rival al compás de sus conducciones y los espacios para su último pase estaban servidos. Desordenar al rival conduciendo.

Marrugo y Cano agrupando

Antes de seguir, retomemos los tres mandamientos del Independiente Medellín de Hernán Torres: posesión, conducción, agrupación. Como hemos dicho, las salidas de balón de Marín y la formación del mencionado triángulo le permitían al DIM mantener la posesión. En lo que atañe a la conducción, las diagonales de Marrugo y Marín representaron un argumento técnico importante para el equipo de Torres. Hablemos, entonces, del tercer mandamiento: la agrupación. Las conducciones de Marrugo, en efecto, juntaban puntos cardinales en la cancha. Pero él no era el único. Igual, o más importante, era Germán Ezequiel Cano. Los movimientos de Cano eran una forma de fuelle entre la delantera y el resto del equipo, sobre todo cuando se movía fuera del área. La capacidad técnica de Cano le hacía posible pasar el balón con precisión y sentido. ¿Cuál sentido? Juntar a todos en ataque. Los pases de Cano podían restarle velocidad al ataque del DIM, sí, pero posicionaban al equipo en campo contrario. Cano encarnaba el espíritu colectivo del equipo de Torres.

La diagonal de Hechalar

La partida de Yorleys Mena y Germán Cano transformaron profundamente al equipo. Mena, por los espacios que generaba con sus movimientos sin balón. Cano, por ser el abanderado del principio de agrupación. Sus reemplazantes, Juan Fernando Caicedo, Juan David Pérez y Hernán Hechalar, no suplen los aportes de Cano y Mena. En las primeras fechas del equipo post-Cano, resultaba extraño ver al tridente ofensivo tan distante entre sí, abandonando el principio de agrupación del equipo de Cano. Con el pasar de los partidos, lo que en principio era un sospecha se convirtió en realidad: el DIM se entregaría a las individualidades de Hechalar y Pérez por las bandas.

El DIM de la última temporada de Hernán Torres inició sus ataques en algo así como un 4-2-2-2, con Hechalar y Marrugo de doble enganche y Caicedo y Pérez en punta. Los ataques culminaban en un 4-2-1-3. ¿La razón? Hechalar emprende su típica diagonal hacia fuera y se convierte en un tercer delantero. Lo anterior con el fin de quedar mano-a-mano con el lateral derecho rival y Pérez haciendo lo propio con el lateral izquierdo.

Las implicaciones de la diagonal de Hechalar son considerables. En primer lugar, Hechalar deja solo a Marrugo detrás de los delanteros. Sin nadie fijando marca en el centro, como hacían Javier Calle o Daniel Hernández en su momento, Marrugo ya no es tan libre para caer permanentemente a la izquierda. En segundo lugar, el hecho de que Marrugo se ausente tanto en la izquierda deja sin socio a Vladimir Marín. Por consiguiente, Marín tiene menos opciones con balón, toma malas decisiones y pierde el balón donde al DIM más le duele: el centro. En tercer lugar, la diagonal de Hechalar, que requiere el balón en los extremos para crear peligro, verticalizó el juego del DIM. Ahora el pase debe ser vertical para resultar determinante. Bastante responsabilidad para los pasadores, entre ellos Jherson Córdoba, a quien le cuesta una infinidad reponerse después de fallar y está teniendo una temporada muy pobre.

Así fue como Hernán Torres talló su propio monumento y cavó su propia tumba. Torres fue capaz de diseñar un equipo con un profundo carácter colectivo. Tras la partida de Cano, el entrenador del Medellín encargó su destino a la individualidad. Son muchos los que vieron en tal reinvención una traición a sí mismo. Una facción de los fieles del DIM no lo perdonó. Nosotros no nos perdonaríamos omitir la hermosa página que escribió Hernán Torres para el libro de la historia del fútbol colombiano.

Ofensiva poderosa

Hay partidos que resumen equipos, como el de anoche, en el Atanasio Girardot, resume al Independiente Medellín. Desde la partida de Germán Ezequiel Cano, la fuerza centrípeta del poderoso, todo cambió para Hernán Torres. Esta vez fue Alianza Petrolera el testigo de las nuevas virtudes y los nuevos defectos del Medellín sin Cano. Un sumario de la temporada del DIM.

La defensa interior sigue siendo un calvario para Hernán Torres

La fase del juego en donde más padece el DIM es la defensa interior. Cuando la línea defensiva se adelanta –cosa que pasa la mayoría de veces–, el DIM tambalea. No es que sus centrales no sepan defender a campo abierto, ni mucho menos. De hecho, Hernán Pertúz y Andrés Mosquera son veloces, saben conducir al rival hacia la banda y son sumamente efectivos en el corte. Su gran defecto es su falta de reacción para perseguir la marca cuando ésta emprende una escapada. Ahí sí sufren. Pero la cosa se pone peor. A la debilidad frente a desmarques repentinos se suma la escasa presión en el medio. Los mediocampistas no presionan por cercanía. Cuando Jherson Córdoba es el único responsable de la presión, al rival le basta con una simple conducción para superarlo y hacer de su espalda un coladero. Por esa vía llegó el gol de Henry Rojas que puso en ventaja a Alianza Petrolera.

El segundo gol aurinegro castigó otra flaqueza del DIM: la salida de balón. El equipo subcampeón de Colombia contó con una gran versión de Vladimir Marín, quien orientaba los ataques desde el principio e influía notablemente en el juego interno, más cuando lograba conformar ese triángulo con Christian Marrugo y Yorleys Mena. Pero desde que Marín abusa del pase vertical, los ataques del DIM sufren muertes prematuras. Cuando Marín está errático, al DIM le cuesta pasar al ataque.

Las individualidades en ataque son la salvación del Medellín

Eso sí, cuando Marín logra conectar entre líneas con Caicedo, cuando Marrugo logra incorporar gente al ataque con sus pases, el DIM es cosa seria. Lo único que requiere el DIM para ser peligroso es conectar con las diagonales hacia afuera de Hernán Hechalar o con Juan David Pérez: dos jugadores letales cuando están mano-a-mano con los laterales. Ahí el DIM hace la diferencia. Gracias a las individualidades en las bandas, el DIM empató un 0-2 en contra y, de haber sido más preciso, la remontada sería una realidad. Cuando el balón llega a Hechalar o Pérez, la ofensiva del DIM se hace poderosa. ¿Será suficiente?

Inerme ante lo estático

Independiente Medellín demostró, el fin de semana pasado, que con espacios es un equipo letal. Cuando el contrario decide adelantar líneas y tratar de encarcelar al “poderoso”, sus jugadores forman un bloque sólido que ahoga el ataque rival en el momento que éste intenta llegar al último tercio de la cancha. Recuperaban el balón rápidamente y, con el adversario empujando hacia el frente, surgían a espalda de los centrales espacios ocupados rápidamente por Germán Ezequiel Cano, Javier Calle y Daniel Hernández. Quienes esperaban ansiosos que Cristian Marrugo dotara de sentido el ataque con un envío al espacio libre. Después de eso la muerte estaba anunciada. Era cuestión de uno o dos toques más para que uno de los miembros de su tridente ofensivo quedara de cara a portería. Normalmente el balón terminaba en el fondo de la red, cuando no era sólo para establecer la excepción que crea la regla. El Medellín con espacios es mortal.

Los dirigidos por Torres querían asegurar la clasificación en casa

Pero…¿sin espacios? Cuando no tuvo lugar para desarrollar su temerosa contra, el DIM se mostró indefenso, inerme ante la solidez y la quietud de la defensa tolimense. Formando con un 4-1-4-1 absolutamente estático y muy compacto, prácticamente sin espacio entre sus líneas, el técnico Alberto Gamero complicó y ganó desde la pizarra un partido clave para las esperanzas del equipo “pijao”. Sus zagueros se mostraron tranquilos y fuertes en los cierres, escalonando fácilmente las embestidas irracionales del Medellín. Al Tolima no le dio vergüenza regalarle una y otra vez la esférica al rival y el “poderoso” se vio falto de ritmo y calidad en los últimos metros para poder causarle problemas al equipo visitante.

Sin embargo, el Medellín no era el único con problemas a la hora de atacar. Los jugadores del vinotinto y oro tampoco eran capaces de generar peligro. Gamero prefiere la solidez defensiva sobre la solvencia en el ataque. Su equipo está diseñado para ser atacado constantemente. Olvidando la faceta ofensiva del juego, encargándosela a Yimmi Chará y su don de la autosuficiencia. Pero incluso Yimmi estaba teniendo problemas para gestar algo, su equipo estaba muy atrás y él se encontraba escorado a la derecha, limitado por la línea de cal. Una decisión táctica generó el primer quiebre del partido, Gamero ordenó a Chará ubicarse como mediapunta y subió a Jhon Hurtado a la segunda línea de 4 mudando así a un 4-4-1-1. Esto generó inmediatamente que la primera línea del Medellín tuviera que tomar referencia sobre Yimmi. Además, liberó el carril derecho para la subida de Didier Delgado, lateral de 22 años muy inteligente para atacar, quien recibió a espaldas de Vladimir Marín un envió del central Julián Quiñones para después driblar a dos rivales y poner un centro flotado que Charles Monsalvo sólo tuvo que empujar para poner a festejar al elenco “pijao”.

El planteamiento que Gamero propuso fue fundamental para que su equipo ganara

El primer periodo había dejado la sensación de que el partido no iba a cambiar para la segunda mitad. Sobre el terreno de juego se disputaba una lucha táctica muy meticulosa que por el momento perdía Hernán Torres. Pero al inicio del segundo periodo la anarquía se desató. Técnicos y jugadores se olvidaron por 10 minutos de la pizarra. Errores en marca, diagonales poco ortodoxas y una intensidad que rozaba con lo absurdo invadieron la cancha y llenaron de emoción la partida de ajedrez que se disputaba en el terreno de juego. 4 goles fue el saldo final de esos 10 minutos, dos por cada lado para dejar el marcador 2-3 a favor del visitante. En los 35 minutos restantes el orden volvió a tomarse el partido, Gamero puso un central más y Torres metió a Yorleys Mena para tratar de mover la zaga rival. Pero el partido se convirtió en un trámite que terminó por sellar la victoria tolimense.

Fantasías Del Valle

Independiente Medellín saltó a la cancha con su habitual 4-2-2-2. Esta vez Diego Amaya completaría la zaga en reemplazo de Jefferson Mena, quien acumuló 3 amarillas. El pivote estuvo a cargo de Cristian Restrepo y Jherson Córdoba; el doble enganche interpretado por Cristian Marrugo y Javier Calle; en punta Yorleys Mena y German Cano.

Por su parte, Alianza Petrolera propuso un 4-2-3-1 en Medellín. Rafael Carrascal, Nelson Barahona y Henry Rojas asentados detrás de Ayron Del Valle. La soledad de Del Valle en punta fue tan real como la expresa el dibujo táctico. Rojas se animó a acompañarlo algunas veces y fue inmediatamente censurado por su entrenador.

El DIM no negoció la posesión del cuero. Córdoba y Restrepo se alternaban la salida de balón, orientándolas inteligentemente. La banda izquierda del DIM, la que lo llena de vida, llegó a ser importante para el desarrollo del juego. Vladimir Marín rompía líneas con pases interiores, o bien, con desmarques de ruptura. En cualquier caso, el DIM ganaba profundidad.

A pesar del gran partido que hacía Vladimir Marín, la banda izquierda no impuso la posesión de otras veces. El reconocido triángulo que forman Mena, Marín y Marrugo, contó con una muy mala versión de éste último. A su mala forma se sumó una lesión que lo incomodó mientras estuvo en cancha. Lo paradójico fue que el pivote de la visita concedió un espacio considerable. Calle no pudo incorporarse al afamado triángulo ya que no disfruta el recostarse a la banda tanto como Marrugo.

El DIM lo tuvo todo para dar el primer golpe

El DIM tiene tendencias centrípetas. Sus avances son siempre en dirección de Germán Cano. Los pases entre líneas, los centros al área, las conducciones. Todo lo que produce el DIM en ataque finaliza tarde o temprano en los pies del argentino. Para Hernán Torres es una fortuna tenerlo. Sus características aportan mucho para lo que quiere el entrenador. Los desmarques de Cano, casi compulsivos, tienen siempre por propósito el progreso colectivo. El DIM ganó los metros que quiso gracias a la tarea de Cano pero no concretó las situaciones que tuvo.

Entonces llegó el momento de Alianza Petrolera. Su plan fue abiertamente conservador. Esperaría pacientemente al DIM en 4-5-1. Tan pacientemente que se podría contar con los dedos de una mano las veces que se hizo con el balón. El riesgo de tan poca cuota de posesión es evidente y sólo un contragolpeador infalible podría sacar oro de ello. Upegui era consciente de la situación y eligió a Ayron Del Valle como objeto del juego directo de su equipo.

El plan de Alianza Petrolera era que Ayron Del Valle resolviera todo

Si los lanzamientos a Del Valle eran aéreos, Barahona y Rojas correrían a cazar la segunda jugada. Si los envíos eran a ras de suelo, el destino de Alianza Petrolera estaría en los pies del solitario Ayron Del Valle dividiendo 3 o 4 adversarios. Por inverosímil que parezca, Del Valle lo hizo y lo sentenció 2 veces en el marcador. En una noche donde lo absurdo se hizo real, las fantasías fueron Del Valle.

Dificultades en la zona de gestación

Deportivo Cali e Independiente Medellín cerraban la fecha 12 de la Liga Postobón II en el Pascual Guerrero. Ubicados en la parte alta de la tabla de posiciones, ambos equipos buscaban una victoria que los acercara a la clasificación a falta de 6 fechas. A pesar de esto, los goles de Vladimir Marín y Gustavo Bolívar completaron un 1-1 que no disgusta y que encamina a los dos equipos a la siguiente fase del torneo.

Héctor Cárdenas mandó a la cancha un 4-2-2-2 en el que destacaron la vuelta de Miguel Caneo y las ausencias de Juan David Cabezas y Frank Fabra. Por su parte, Hernán Torres les dijo a sus jugadores que se acomodaran en un 4-3-1-2. Dado esto, el poderoso tomó el control del esférico e intentó atacar al Cali por el carril central pero no lograba pasar. Allí los azucareros recuperaban e contratacaban. Apertura de cancha para Yerson Candelo que mandaba pases largos buscando a Carlos Rivas. Sin embargo, el artillero vallecaucano perdía el balón y ahí terminaban las jugadas.

Deportivo Cali encontró en la espalda de Marín una autopista y no la aprovechó

Con el paso de los minutos el partido se fue cerrando. Medellín empezó a mandar pelotazos y el Cali a ganar los rebotes. Después de recuperar el útil, los locales intentaban salir jugando pero un mal pase de Bolívar/Pérez o un exceso de Caneo terminaban con los esfuerzos de un equipo que no hallaba los caminos hacia la portería de Carlos Bejarano.

El desequilibrio del marcador lo causó un balón parado. Los antioqueños comenzaron a provocar faltas lejanas. Las primeras fueron intrascendentes porque la defensa rival controló los balones sin problema. Luego llegó la jugada preparada: Marrugo le toca el balón a Restrepo, que estaba a su lado, y este se lo pasa de primera intención a Vladimir Marín que remató libre, pues no hubo reacción de los volantes vallecaucanos, y anotó con la complicidad de Luis Hurtado, que vio pasar el esférico entre sus piernas. 0-1 en 40 minutos del primer tiempo.

Marín celebró a rabiar el gol frente a su antiguo equipo

La alegría solo le duró 4 minutos a los visitantes. Apertura de balón por parte de Carlos Rivas que encontró a Yerson Candelo. El 19 mandó un centro que despejó Mena y le quedó en el pie derecho a Gustavo Bolívar. El ex jugador del Tolima dejó a Jherson Córdoba en el piso con un enganche y mandó un remate fuerte que venció a Carlos Bejarano.

Desde ahí el partido volvió a lo mismo. El Cali se acercó explotando la banda de Vladimir Marín pero nunca fue totalmente claro. Por su parte, “el poderoso” apeló al juego largo sin mayores frutos. Marrugo y Caneo no asumieron con plenitud su rol y por esta razón a ambos equipos les costó. Los dos volantes talentosos no marcaron diferencias. Al juego le hizo falta un jugador diferente que rompiera líneas con un pase o que arrastrara marcas con una jugada individual para abrirle espacios a sus compañeros. Los volantes creativos nos quedaron debiendo un poco de su talento.