Un aroma regular

Las tarde-noches europeas del mes de abril se han acostumbrado con el pasar de los últimos años a percibir el aroma de un buen café. Cerca a los estadios en los que se juega el mejor fútbol del mundo cada año para estas fechas, se asoma un olor familiar, delicioso y penetrante que cautiva tanto como la zurda de James, la cadera de Cuadrado, o la fuerza indómita de un viejo y sabio Falcao.

James a sus anchas en el Calderón

Allá por septiembre, James Rodríguez todavía era un neófito en la disciplina blanca. Corría la tercera jornada liguera cuando el Real enfrentó por tercera vez en la temporada al Atlético de Madrid y el colombiano se vio maniatado entre los férreos muros que planta Simeone donde quiera que va. Ayer, en cambio, el cucuteño ofreció 45 minutos de fútbol de altísimo nivel contra el campeón de España en su patio. Los rojiblancos, durante medio choque, no pudieron detectar a James. El 10 hizo daño, y sólo un brutal Oblak evitó que su dominio se reflejara en el marcador. Después, con el cambio de plan de los locales, la presencia del ex-Mónaco disminuyó sobremanera hasta quedar casi en la nada.

James Rodríguez tuvo espacio para maniobrar, y no era fácil

Ancelotti dibujó el 4-3-3 de siempre. Ramos, Marcelo, James, y Cristiano por momentos, ocuparon el flanco izquierdo blanco. En el lado contrario jugaron Varane, Carvajal, Modric y Bale. En el eje vertical estuvieron Kroos -notable partido- y Benzema. El Cholo dispuso a los suyos en un 4-4-2. Los encargados de defender lo que hiciera la pareja James-Marcelo eran Gabi y Juanfran. El otro foco de acción radicaba en la movilidad de Ronaldo, quien se mediría con Miranda. El portugués cumplió con nota en la primera parte. Cada paso suyo resultó productivo en todos los sentidos; dividía atenciones de manera brutal, y eso daba tiempo y espacio a Marcelo y James, catapultados hacia arriba por la calidad del primer pase madridista: Kroos y Ramos -más allá de algún fallo puntual- lo bordaron. El Atlético, además, no mostró intenciones de querer empotrarse contra su propio arco. Había espacio a la espalda de Godín-Miranda, y la superioridad merengue antes de ellos era manifiesta.

El contexto resultó propicio para que James se luciera, y así lo hizo, pues con el esférico estuvo brillante. Desde su orilla del campo logró dar orden a la tenencia de la pelota con pases cortos, largos, cambios de orientación, centros cuando su equipo tenía ventaja para ganar el rebote, y pérdidas casi en línea de fondo. Para sumar más a su cuenta, de sus botas salieron dos oportunidades de gol. La primera de ellas, de haberse concretado, hubiese sido, por su belleza, historia viva de los derbis recientes -nada menos-, y de la Champions misma en clave colombianos en Europa.

Para el segundo round el Atlético se serenó, replegó más cerca de Oblak, y negó de forma vehemente los espacios que estaba concediendo. James se diluyó a medida que pasaron los minutos. Ya en la fase de dominio local no logró aportar algo que decantara la balanza hacia el Bernabéu. Habrá que ver si en una semana, Rodríguez da el toque de gracia para que su escuadra avance a semifinales por quinto año consecutivo. Queda un último derbi antes de que finalice el curso, y promete ser apasionante.

Un defensa más

Londres. Noche de Champions. Minuto 60. El Galatasaray busca descontar el 4-0 en contra filtrando un pase para Yilmaz. El turco provocó un mano a mano: situación determinante para cualquier portero. El menor descuido puede resultar en expulsión o en gol. Szczesny achicó llevándose por delante a Yilmaz y se fue expulsado. Fue entonces que el Arsenal acudió a David Ospina. Más que necesitar un reemplazo para Szczesny, el Arsenal necesitaba un portero para defender.

El Arsenal defendió mal pero Ospina fue su salvación

Ante la inferioridad numérica, el Arsenal optó por replegar. En dicha fase, el equipo de Wenger es evidentemente vulnerable. El mediocampo, ni hace achique frontal, ni cuenta con la habilidad para robar el balón. Los del medio se conforman con posicionarse delante de la defensa. La zaga, por su parte, le cuesta corregir los pasos en falso del mediocampo. Sí lo hace David Ospina. Su portería peligraba en cada momento y por cada lado. Llovían violentos disparos de Altintop y Sneijder. A falta de 10 minutos para el final del partido, Yilmaz conectó un cabezazo con dirección a la escuadra que parecía imposible de atajar. Pero allá llegó Ospina con una atajada heróica. Eso fue Ospina en Emirates: un héroe entre villanos.

Ospina ingresó para socorrer a su equipo. El colombiano resultó ser aquel defensa que Wenger tanto necesita. Si el entrenador buscaba un arquero capaz de enmendar los errores en el primer cuarto de cancha, lo visto en la noche de Londres justifica su fichaje. David Ospina compensa las flaquezas en defensa. Es lo que mejor hace. Lo hizo en el Mundial. Lo tiene todo para hacerlo en Champions League.

Las suposiciones de Carletto

Explicó alguna vez Nancy Cartwright, filósofa, que en un modelo teórico, las leyes o premisas no constituyen un resultado, sino guías para los objetos en cuestión. Es decir, que las suposiciones previas al dibujo de un modelo rigen la manera en que los objetos internos se comportan, no el desenvolvimiento de la realidad que tal modelo estima.

Esto Carlo Ancelotti lo entiende bien — y James Rodríguez es un objeto más en su proyecto; en su cálculo de la perfección. La naturalidad posicional del jugador no es de su interés. A fin de cuentas, él es solo un método y aquello, meramente una premisa — una suposición que sin un fin colectivo es poco más que una ficción.

El mejor James es una extensión del mejor Madrid

Tras haberlo probado como mediapunta y como extremo, para el partido de Champions ante el Basel, Carletto revirtió al colombiano al puesto que le había designado desde un comienzo: al de mediocampista interior. Ésta es quizá la posición en la que menos está acostumbrado a jugar el cafetero. Es también la que mejor le ha sentado. En Madrid James cumple un papel de facilitador — de enlace amoldable con el propósito de generar coherencia entre otras piezas más protagónicas — y desde una posición más retrasada logra hacerlo con más fluidez.

Parado en relativa cercanía a Marcelo e intermitente aproximación a Cristiano Ronaldo, James logra tanto asociarse como alternar posición con ambos. Su habilidad para ocupar espacios libres — quizá su característica más distintiva en este equipo — no queda limitada a los huecos ofensivos que genera el movimiento del portugués, ya que también queda habilitada por los carriles transitorios que deja el subir y bajar del brasileño. Lo que resulta es una cantidad de permutaciones que abren las líneas que al cuadro merengue tan a menudo le han costado cruzar.

El brillo de James no constituye el brillo del equipo

Queda claro: para muchos, en esta posición James es menos espectacular. Retrasado y tirado a un costado izquierdo, su desborde, su filtración en corto y, por qué no, su imaginación, quedan limitadas — visualmente es menos llamativo, menos protagónico en la finalización de las jugadas. Es más, sus dos habilitaciones más importantes ante el Basel ocurrieron desde el costado derecho (donde tuvo más libertad para desenvolverse hacia el final de la segunda parte).

Pero en Madrid las cosas no van a girar en torno al cafetero — su ego se sacrificará en beneficio del trámite. Dónde la afición ve un déficit económico, Ancelotti ve la optimización de sus recursos; el estiramiento de sus premisas. El italiano no busca un simulacro emocionante, sino la generación de una realidad colectiva más complaciente.