A un paso de la final

El Feliciano Cáceres se había convertido en un fortín para un Sportivo Luqueño, que no había perdido ni un solo punto frente a su público. Santa Fe llegó a Luque para enfrentar a un equipo auriazul que había dejado en el camino a Aurora, Deportivo La Guaira, Deportes Tolima y Atlético Paranaense. El reto para los bogotanos era grande y por eso Gerardo Pelusso mandó a la cancha a los once jugadores que tienen a Santa Fe vivo en los tres torneos que participa.

El partido comenzó y los locales no perdieron el tiempo. Di Vanni y Ortega comenzaron a presionar la salida de Santa Fe e hicieron que Mina y Meza fueran imprecisos. Si los cardenales lograban superar este obstáculo, aparecía otro: la presión de los mediocampistas paraguayos sobre Salazar, Gordillo y los laterales. Sportivo Luqueño recueperaba el balón y encontraba al rival mal parado. Sumado a esto se debe destacar la labor de David Mendieta, ex Deportivo Cali, que siempre buscaba los espacios, en el centro o en las bandas, para poderse mostrar como el protagonista del partido.

Mendieta fue el eje del equipo paraguayo. De sus pies salieron algunas de las oportunidades más importantes de Sportivo Luqueño

A los 13 minutos los paraguayos abrieron el marcador. Un mal rechace de un cobro de tiro libre de Santa Fe dejó el balón en la zona central de la cancha. Allí, con dos toques, uno de Mendieta y otro de Ernesto Meza, el balón le llegó a Di Vanni que aprovechó un mal movimiento de Yerry Mina para quedar de cara al arco y mandar el esférico al fondo del arco.

Con el paso de los minutos, Sportivo Luqueño fue disminuyendo la presión y retrocedió. Santa Fe, ya con el balón, no encontraba el camino hacia el arco de Jorge Chena. El equipo era muy largo y predecible, cosa que facilitó el trabajo de los centrales auriazules. Ni Roa ni Seijas se vieron favorecidos por el contexto. Cuando recibían el balón no tenían lineas de pase, todas estaban bloqueadas por los jugadores paraguayos. Ni Salazar ni Gordillo adelantaron su posición para ofrecer un apoyo y desacomodar el ordenado bloque de los dirigidos por Eduardo Rivera.

Santa Fe solo se acercó al arco rival cuando Quiñones desbordó y mandó balones al área

Los paraguayos comenzaron la segunda mitad como lo hicieron en la primera. Volvió la presión asfixiante y Santa Fe sufrió. Sin embargo la entrada de Baldomero Perlaza cambió todo. En el primer balón que tocó, anotó. Fue él quien aprovechó la velocidad de los pases y los movimientos de Morelo y Quiñones para recibir con el espacio suficiente para rematar.

Además del gol, Perlaza le dio un nuevo aire a Santa Fe en ataque porque logró establecer una conexión correcta entre la zona defensiva y el ataque. Los cardenales comenzaron a sacar ventajas de los espacios dejados por un rival desesperado que estaba desbocado en ataque.

Al final no lograron anotar el 1-2 pero sí sacaron un resultado satisfactorio que los deja muy bien parados de cara al encuentro de vuelta. Santa Fe tiene una oportunidad única de jugar su primera final de Copa Sudamericana.

Zarpar sin brújula

El fallo en el fluido eléctrico en el Fernando Cáceres de Paraguay anunciaba, quizás sin quererlo, una noche oscura para el Deportes Tolima tras su empate en Bogotá. Y es que Alberto Gamero de alguna forma así lo quiso, pues decidió poner a su jugador artístico, Jonathan Estrada, en una posición en la cual no podía mover su pincel y exponer sus ideas.

Salir con Estrada en banda hizo que Tolima no contara durante el primer tiempo con una posesión óptima en campo rival. Al volante guía nunca se le pudo encontrar y, tampoco, su marcha sobre el campo hizo que obtuviera protagonismo. Esto, que cayó como anillo al dedo para Sportivo Luqueño, dejó ver un planteamiento erróneo desde el vamos del cual el rival se aprovechó para controlar y llevar peligro. Gamero trazó, desde el inicio, un camino equivocado en el mapa que conducía a cuartos de Sudamericana.

No contar con el desahogo en banda –no estaba Ibargüen- hizo que Tolima se viese forzado en salida y perdiese el balón en un pestañeo. Luqueño supo taponar el inicio y, además, nubló a los delanteros pijaos que nunca pudieron pivotear para oxigenar. Gamero para el segundo tiempo intentó modificar el transitar de su equipo que con la entrada de Bermúdez gozó de su mejor momento. La reacción fue tardía y, para más desconsuelo, la abordó el desamparo que significó la expulsión de Banguero cuando el empate empezaba a ser una posibilidad para aferrarse a la clasificación. Esta baja del lateral puso la firma a la postal de la eliminación de los tolimenses.

El reto de salir bajo presión

La visita de Sportivo Luqueño a Techo se llevó toda la atención. Principalmente porque el Tolima no acaba de acomodarse jugando de local en Techo. Es decir, su fortín, el Manuel Murillo Toro, no adhiere los mismos condimentos de su nuevo hogar. Fue aquí donde el Tolima-Sportivo Luqueño dejó muchas cosas por analizar, sobre todo porque no parecía haber un dueño de casa.

La imagen poco competitiva que venía mostrando el Deportes Tolima en el marco de la Copa Sudamericana tuvo una mejoría notable en Barranquilla frente al Junior. En este escenario, con la aparición de Jonathan Estrada, las situaciones y soluciones se repartieron entre Ibargüen y el antioqueño. Desde ellos dos, precisamente, fue lo mejor que mostró el Tolima en el primer cuarto de hora, hasta el 1-0. Estrada apoyando entre líneas e Ibargüen desbordando por fuera. Pérez sumó desde la derecha acelerando, pero su desacierto restó mucho más. El cuadro pijao prácticamente no circulaba el balón por sus dos pivotes, sino que directamente buscaba a sus cuatro atacantes por el simple hecho de que Sportivo Luqueño se comportaba jugando con interiores cuando su dibujo era un 4-2-3-1. En este instante Eduardo Rivera modificó la pizarra y el partido se inclinó a favor de los paraguayos.

La salida de balón del Tolima tiene muy pocos intérpretes creativos

Eduardo Rivera reajustó la estructura y el comportamiento estilístico los 75 minutos restantes. Sportivo Luqueño pasó a jugar con un 4-1-4-1 donde Godoy –sobre Estrada– era el mediocentro, Miño –Rivas– el interior diestro y Mendieta –Barrios– el interior zurdo. Los paraguayos anularon a Estrada, cerraron ambos carriles laterales y, dicho sea de paso, apretaron la salida de balón rival. El Tolima intensificó las pérdidas, pues Delgado, Quiñones, Monsalve y Banguero tocaron el balón mucho más de lo que están capacitados. Este singular detalle aclaró las cosas: iniciación plana versus presión alta. El Tolima dejó de pisar con cierta frecuencia campo contrario debido a su aguda ausencia de creatividad en los primeros pases.

Tras el descanso, Alberto Gamero buscó compensar estas limitaciones metiendo a su equipo arriba gracias al regate de Brayan Bermúdez. El Tolima lo hizo en contadas ocasiones, pero la frecuencia ya no era la misma. No habían perdido sólo regularidad, también acierto en la toma de decisiones. Sportivo Luqueño había diseñado un plan para empatar –colaboración desafortunada de Silva–, recogerse muy concentrado e intentar desplegar las veces que fueran posibles con Oscar Ruiz a la espalda de Didier Delgado. Pese al empate, que no es un resultado positivo para el vinotinto y oro, y reprobar el curso de salir bajo presión, la mala noticia es que su futbolista más autosuficiente y determinante en varios registros, Andrés Felipe Ibargüen, se pierde la vuelta por sanción.