Sebastián Viera y Macnelly Torres

Atlético Junior y Atlético Nacional protagonizaban el primer envite de semifinales por la Liga Águila I. Un enfrentamiento que históricamente se le reconoce por su gran rivalidad. Casi de épicas entre uno y otro. Sin embargo, para esta ocasión, y pese a las numerosas bajas sumadas en ambos, no dejó de ser atractivo y de tener su contenido táctico.

Un final inexplicable

El ciclo de Atlético Nacional con Juan Carlos Osorio fue bellísimo y plagado de emociones, tantas, que hasta los más incrédulos de su estilo y sus múltiples variantes acabaron rindiéndose a sus pies. Con los años, el ciclo triunfal fue haciéndose cada vez más difícil e incluso más limitado. Con los meses y luego de haber conseguido el momento cumbre en 2013 y principio de 2014, el fútbol del equipo antioqueño fue mermando, aunque el nivel competitivo era sostenido por las individualidades y los trucos de Osorio para desarmar, crear e imaginar sistemas que le facultaron a seguir compitiendo. Sin embargo, el ciclo triunfal parecía ir llegando a su final.

 Nacional sin Stefan Medina

Sin duda, el segundo semestre del año 2014 para Nacional estuvo marcado por la venta de Stefan. Medina era quien otorgaba la salida de balón limpia para sus compañeros a pesar del asfixie contrario. Cada uno de sus pases llevaban sentido y eran vitales para el dominio posterior del cuero por parte de Mejía que batía las líneas rivales con un pase vertical entre líneas a Sherman y/o Cardona o en su defecto cambiaba de dirección lanzando en diagonal buscando a los laterales o extremos.

Nacional fue un embudo a partir de la venta de Medina. La salida a ras de pasto fue el mayor inconveniente de Nacional y quizá el único detalle que Juan Carlos Osorio no logró finalmente terminar de ajustar. Un sólo problema que tuvo muchas soluciones que no fueron exitosas. Osorio intentó rearmar su escuadra y mantener el estilo de salir jugando desde atrás, generar ventaja en el juego interior, hacerse ancho y explotar las bandas, pero las cosas no funcionaron de la misma manera. Nacional atacó y defendió mal sin la salida de balón de Medina. Nájera, Henríquez, Murillo y Peralta como soluciones fueron devorados por la presión alta de los rivales y el equipo puesto en aprietos, asfixiado, entregaba más ventajas y pocas herramientas en el primer accionar. Más problemas que soluciones en esa zona.

Buscando soluciones, encontrando problemas

Luego de la frustración de la eliminación de la Copa Libertadores ante Defensor Sporting, en la Copa Sudamericana, Nacional logró saltar los obstáculos, hubo tropiezos y caídas, pero en la libreta de Osorio reposaban las soluciones inimaginables que lograban levantarle cada vez más fuerte y volver a competir. No obstante, transitó con irregularidad en cada llave hasta llegar a la final. Esta Copa resume lo que fue Atlético Nacional en el segundo semestre de 2014.

Hablar de un esquema fijo y un equipo de gala en la era Osorio sí que era difícil, pero en la Copa Sudamericana fue imposible. Nunca repitió los mismos nombres y el dibujo táctico era casi irrepetible. Juan Carlos Osorio movió todo el equipo y la posición de sus jugadores en busca de estabilidad en mitad de campo, profundidad en campo contrario y fluidez con la pelota en los primeros tercios. Los problemas del primer pase fueron minimizados cuando en el partido de ida ante Vitória, Daniel Bocanegra jugó como líbero. Con su conducción, buen golpeo en corto y en distancia media se sacudía de la presión ejercida por los rivales; su equipo en estático, empero, no lograba mover demasiado a sus rivales. Atlético Nacional tácticamente pasó de un 4-3-3 a un 3-3-1-3. Osorio aparecía con sus apuntes resolviendo problemas, mas éstos no acababan. Nacional carecía de profundidad por las bandas y el juego entre líneas tampoco fluía. Los problemas del conjunto verdolaga en defensa coincidieron con el bajo nivel de forma de Sherman. El balón ya no llegaba a Cárdenas de la misma forma y retrasarse metros, obligó a ralentizar la transición del ataque y fallar cuando lanzara en largo. Sherman no logró conectar los circuitos como los había establecido el semestre anterior.

Edwin Cardona fue el eje de Nacional en las noches más importantes. Osorio armó el equipo en ofensiva para el jugador antioqueño. Edwin firmó buenos partidos jugando como interior  izquierdo en el 4-3-3 que harto usó Osorio, pero sin duda el rendimiento de Cardona fue mejor cuanta más cercanía había entre el arco y él. En ese sentido, Cardona estuvo acompañado de dos mediocampistas defensivos en 4-2-1-3 y tres volantes de marca en 4-3-1-2  flotando como mediapunta, moviéndose entre líneas detrás de los volantes defensivos rivales. Su mejor compañero de aventuras fue Luis Carlos Ruiz, quien vivió un par de meses repleto de fútbol. Ocasiones de gol fabricadas por sus buenos movimientos de espaldas al arco, de frente a Cardona construyó paredes y su juego de primera hizo el equipo más rápido. Por los costados, Guisao/Berrío y Copete de extremos trazaban diagonales a los espacios que abría Ruiz, o, en su defecto, trazos verticales a línea de fondo. Era el verde de la montaña en su máximo esplendor del juego exterior.

Los mejores partidos de Atlético Nacional en la fase de Semifinal enfrentando a São Paulo y en el partido de ida de la Final en el Atanasio Girardot ante River Plate fueron acompañados sin los problemas que tanto venían lastrando al equipo de Juan Carlos Osorio: el bloque alto rival. Nacional al contar con libertad de entregar el primer pase, Mejía dominó en el centro del campo, y permitió que Cardona se moviera a la espalda de Ponzio y lograra pasar en diagonal a Berrío o Copete teniendo profundidad en sus lanzamientos y espacios creados por Ruiz que otorgaron opciones de mostrar una de sus mayores cualidades: el remate de media distancia. Al final fue la pegada de Pisculichi quien definió la final en El Monumental y dejó al equipo de Osorio con las manos vacías en el segundo semestre del año. Ya Santa Fe había cortado las alas de instalarse por cuarta vez consecutiva en las finales de la Liga colombiana.

Final de un ciclo

Osorio quizá sea el técnico más recordado en las últimas décadas en Colombia. Potenció no solo el fútbol de Atlético Nacional, sino todo el balompié colombiano. Su manera particular de expresarse, pensar y analizar los partidos ya es historia en un país que necesitaba a un revolucionario como Juan Carlos Osorio. En su lenguaje corporal de entrenador, sobre la raya, estuvieron las ideas más incoherentes –para los que nunca lo entendieron– y exitosas de la historia del club más grande de Colombia. Su sabiduría repercutió y conquistó América con el buen fútbol que practicó su equipo. Es muy fácil que se hable del equipo de Osorio antes que escuchar mencionar a Nacional, son pocos los técnicos que han logrado esa hazaña y Juan Carlos es uno de ellos. Perdón. Osorio no fue D.T., Osorio fue un maestro.

La cresta de la ola

Si bien Nacional ya se había impuesto de forma tiránica en 2013 como el mejor equipo del país, en 2014 llegaría a su cumbre, a la cual no pudo volver meses después. Eso sí, mientras se mantuvo ahí, fue el conjunto que mejor que jugó al fútbol en las canchas de Colombia en mucho tiempo.

En el camino hacia esa momentánea excelencia, Osorio se hizo con otro título de Liga Postobón en el segundo semestre de 2013, cuando jugó la final contra el Deportivo Cali. Dicho trofeo lo logró de manera muy parecida al anterior, sólo que apostó un poco más por las transiciones rápidas hacia la portería rival. Para esto, el técnico risaraldense trabajó en mejorar la defensa estática de su equipo, y obtuvo resultados notables, primero gracias a la constancia de la columna vertebral de su equipo, y segundo por el bajo ritmo característico de la liga local. El bicampeonato fue una realidad en las vitrinas del club.

La Copa Libertadores, objetivo y escenario perfecto

El reto para el año siguiente -2014- estaba claro: la Copa Libertadores. El sorteo emparejó a la escuadra paisa con Gremio, Newell’s Old Boys y Nacional de Montevideo en el mismo cuadro. Un update se antojaba más que necesario para salir avante del escollo. Y Juan Carlos Osorio planeaba punto por punto en los vericuetos de su prodigiosa mente al verde que mejor movería el cuero de los últimos lustros. Los mimbres estaban, sólo había que acoplarlos bien y que estos respondieran. Todo coincidió. O bueno, casi todo.

De atrás hacia adelante, el eje de Atlético Nacional estaría compuesto por Stefan Medina, Alexander Mejía y Sherman Cárdenas más Edwin Cardona. Los demás se encargarían de estirar una alfombra tensa para que estos se pasearan. La pelota saldría rasa y limpia desde atrás, y el dominio línea por línea, a partir de esa fase tan bien trabajada, sería una realidad. Newell’s puede dar fe de ello.

El choque de apertura del grupo fue en Medellín contra los de Rosario. Ese día el esquema de Osorio fue un 3-3-1-3, en el que el intercambio de posiciones fue constante y de precisión suiza. La línea posterior, conformada por Daniel Bocanegra, Stefan Medina y Óscar Murillo otorgaba ventajas en salida de balón por sí sola gracias al amplio abanico de conceptos de Medina, la prudente toma de decisiones de Bocanegra, y la tensión de los envíos de Murillo. El mediocentro fue Álex Mejía, flanqueado por Farid Díaz, quien trocaba posición con Sherman Cárdenas de extremo izquierdo, y por Alejandro Bernal. La mediapunta fue para Edwin Cardona, la punta para Juan Pablo Ángel, y la derecha para Orlando Berrío.

La respuesta de los rivales era nula ante el movimiento verde

Ese marco, el cual representa bien el fútbol que alcanzó el verde ese semestre, era imparable. Siempre, pero siempre había una referencia abierta, fuera un extremo, un interior, o los mismos Cardona/Sherman. Ello tenía como objetivo que por dentro se liberara espacio para que Mejía y Medina pudieran sacar la bola a través de conducciones -Medina- y cambios de orientación tensos hacia los costados -Mejía-, y para que Sherman y Cardona hicieran de las suyas. Todo esto era rematado por un factor técnico mayor: el pie de Cárdenas llegaba a todas partes, y el envío siempre tenía sentido. Era algo de dominio absoluto. La tarea del nueve de turno era entonces estirar, pelear con los centrales, pivotear, que ya los buenos harían sus deberes.

El ritmo, sobra decirlo, era endiablado. La ocupación de los espacios, de inicio, era tan coherente que la transición defensiva estaba asegurada. Sin embargo, fueron las carencias en esta fase las que sacaron de la competición continental a los de Osorio, porque aunque no tenía debes tácticos, sí se vio erosionada por el estado mental del grupo en determinado punto de los encuentros contra Defensor Sporting, además de que Stefan Medina se lesionó en abril para el resto de la temporada, lo cual ensucio un procedimiento diáfano desde su concepción.

La liga no corrió peligro nunca… excepto al final

¿Y en la Liga? Pues en el torneo del día a día, con el sistema de las rotaciones engrasado y en quinta marcha, más la calidad diferencial de varios de sus jugadores y un ritmo superior, Nacional terminó primero y accedió a cuartos de final. Sólo se vio vapuleado de manera evidente en fase regular contra el Millonarios de Juan Manuel Lillo en Bogotá. Cuando empezó la fase de los ocho mejores, el verde goleó a Envigado y pasó a semifinales contra Santa Fe. En la ida alineó con la nómina alterna en El Campín, perdió 1-0, y para la remontada en el Atanasio formó con los titulares de los días grandes. La superioridad fue tan evidente que luego del 2-0 le sobró tiempo, cosa le faltó contra Junior en la Final.

Nacional no se repuso de la ausencia de Medina

La ausencia de Stefan Medina fue prácticamente lapidaria. Contra un repliegue tan marcado como el de Defensor Sporting en Libertadores o el de Atlético Junior en liga, Osorio se quedó sin su jugador clave para aportar decisiones 100% cerebrales y acertadas desde atrás, sin una pieza para batir líneas y entregar la pelota en el momento propicio al compañero correcto. Eso hizo que todo el engranaje se alterase, pues si Sherman, que era el otro módulo neurálgico del equipo, retrocedía su posición, Cardona se quedaba sin socios cercanos y sin las ventajas espaciales que necesita para lucir.

El Metropolitano vio a su equipo ganar por 1-0 en la ida, con un solitario gol de Édison Toloza, quien hizo lo mismo en la vuelta. Pero Nacional, esa vez, por empuje y sobre la hora, marcó el 2-1 que los llevó a los penaltis, y así a ganar su tercer título liguero consecutivo. Impresionante, sí, pero visto con perspectiva fue poco premio para un conjunto que logró estar en boca de prácticamente todos como “el mejor equipo de América”. Aunque fuese por unas semanas, la gente lo vio, la gente habló, y la gente escuchó. Algo grande se había gestado en Colombia. Y todavía tendría episodios por contar, no tan lindos, pero por supuesto emocionantes.

Sherman Cárdenas vs Newell’s

Esta sección del especial de Juan Carlos Osorio en El Dorado consiste en analizar a un futbolista por día, entre ellos Sherman Cárdenas, en el que se ha frecuentado una evolución en la etapa del entrenador risaraldense como máximo artífice del dominio verdolaga en clave fútbol colombiano. Sherman Cárdenas de interior profundo vs. Newell’s Old Boys.

El primer título liguero de Osorio con Nacional

El primer título liguero de Juan Carlos Osorio en su etapa con Atlético Nacional se obró en Bogotá, en El Campín, sobre Independiente Santa Fe. Este equipo, el de la Liga Postobón 2013-I, se caracterizó, además de sus máximas rotaciones, por su versatilidad sistemática y por tres figuras capitales: Stefan Medina, Alexander Mejía y Macnelly Torres. En un segundo escalón estaban Jefferson Duque, John Fredy Pajoy, Sherman Cárdenas, Óscar Murillo y Alexis Henríquez. ¿Por qué Medina, Mejía y Torres? ¿Por qué no otro? Básicamente porque este Nacional fundó su juego sustancioso por el carril principal, el central, entonces ellos se convirtieron en las tres armas disponibles a fundamentar el plan. Para más inri, fue el Nacional que más utilizó el pase en largo de Mejía y la polivalencia creativa de Medina, por ejemplo. En cambio, no fue el del mejor Macnelly Torres, pese a ser indiscutible en las convocatorias de José Néstor Pékerman para la absoluta.

La pizarra de Osorio

En aquel entonces era difícil conocerle una alineación de pies a cabeza a Juan Carlos Osorio. Era el Medina de multitud conversiones, el Bernal carrilero o segundo pivote, el Nájera lateral o central, el Mosquera extremo o segunda punta, etc. Ni sabíamos quién era su portero titular y el delantero inamovible, a pesar de la buena cuota goleadora de Duque. Esta lectura tenía dos justificaciones congruentes: primero, la plantilla era muy extensa para afrontar un primer semestre sin competición internacional de por medio; y segundo, era necesario probar y apostar con lujuria sin un juego de bandas reconocible.

El hecho de Medina carrilero, que lo empleaba en el 3-4-1-2, le permitía a Nacional orientar su juego hacia la banda derecha e ir sumándole al pase largo de Mejía el diagonal. Con determinación y recursos creativos, Medina comandó varios partidos jugando en esa posición (la Final en Bogotá de los de mayor dominio). Nacional contó en ese campeonato con el Alexis Henríquez más visionario y certero con el pie, entonces la salida con balón verdolaga no era lenta y sí prodigiosa, por lo que Osorio se permitía sacar a uno de adentro y llevarlo afuera para compensar movimientos y conducciones rentables por la creación de triángulos asociativos. Todo en busca de un beneficio colectivo.

Lo mismo pasó con Luis Fernando Mosquera por el costado izquierdo, donde sumó minutos partiendo pegado a la línea de cal, ya fuese como extremo o carrilero. Osorio les da esa ubicación dentro del sistema a los futbolistas llenos de juego interior y un digno control dirigido para facilitarles la recepción. A partir de esto, el entrenador risaraldense potencia la táctica ajustando matices y detalles pequeños.

El primer pase de Mejía

Como contábamos, el puñal verdolaga en los últimos años se forjó por dentro. La utilización del frecuente primer pase en largo de Alexander Mejía hizo crecer al equipo, ya que de esta forma Macnelly Torres recibía la pelota más cerca de la frontal rival y con la velocidad exacta. Macnelly se ubicaba en los puntos ciegos del mediocampo contrario, y el pase de Mejía podía recorrer tranquilamente 50 metros porque su tensión y rapidez derivarían en la recepción plácida del barranquillero.

La aceptación de su nivel e hiper valor con la redonda lo posicionó en el altar futbolístico del equipo. Pasó de ser un recurso a ser la esencia palpable en ataque estático para edificar cuidadosa y hábilmente las acometidas. De hecho, su fundamentación hizo de Atlético Nacional un conjunto con múltiples opciones desde atrás. Alexander Mejía se transformó en el jugador con superior cantidad de pases y destacado porcentaje de acierto.

La línea de pase de Torres

Macnelly Torres aprobó todas las materias en la era Santiago Escobar. Fue, indudablemente, su mejor época vestido de verdiblanco, realizando toda clase de acciones. El número 10 representó y creó un Nacional muy fuerte donde llegaba a zonas bajísimas a tomar el balón e instalarlo en terreno adversario. Macnelly fue lanzador, conductor y ejecutor de toda falta o tiro de esquina con Sachi. Prestaba todas las atenciones.

Sin embargo, en el Apertura 2013 asumió un rol de menor desgaste y de enlace entre mediocampo y delantero, casi de pegamento. No se sabe si por debilitación física –el futbolista con más minutos entre club y selección– o simplemente por un propósito de entregarle un papel específico a cada uno y de hacerlo sentir importante. Tras varias pruebas, se corroboró dicho efecto. Macnelly se movía menos, tenía un límite espacial de retroceso y su fin posicional era activar a Mejía desde atrás y repartir de balones a los delanteros (Jefferson Duque, John Fredy Pajoy, Fernando Uribe y Juan Pablo Ángel). Era una línea de pase adelantada y única, pero con autonomía en el eje horizontal. Números de confirmación: máximo asistente, segundo jugador con pases completados y cuatro dianas (los mismos que en todo 2012).

Los días y meses posteriores significarían la cumbre futbolística de Atlético Nacional versión Juan Carlos Osorio. Ya se iba fabricando una identidad que, poco después, dominaría el fútbol colombiano por tres semestres (2013-I, 2013-II y 2014-I) consecutivos. Esto sería un abrebocas de innovaciones y aciertos compuestas por rebeldía a lo que en su momento funcionaría en la élite del balompié local. El tornado no tardaría en llegar.

Santa Fe versus Santa Fe

Los centrales de Atlético Mineiro no corrieron riesgos en Bogotá. Una vez advirtieron el peligro de defender a Morelo y Quiñones lejos de su área, Jemerson y Edcarlos retrocedieron mucho, secundados por su equipo, y empezó la pesadilla de Santa Fe.

El acto de prudencia fue una gran notica para Mineiro en general, pues Morelo y Quiñones estaban siendo controlados. Todos estaban a gusto, a excepción de Sherman Cárdenas. El colombiano se le vio bastante cómodo en los primeros minutos juntándose con Carlos y Douglas por la banda. El olfato cazador de Cárdenas había elegido a Anchico como su víctima y todo apuntaba a que tendría una de esas noches espléndidas liderando desbordes por la banda. Pero Mineiro replegó y sin nadie con quién asociarse, Sherman Cárdenas se vino al piso.

Santa Fe se ve más cómodo contraatacando que teniendo la iniciativa

Así las cosas, Santa Fe tendría el balón por voluntad de Mineiro. Visto lo visto, el escenario fue el peor. Santa Fe con el balón y sin metros que correr es el peor Santa Fe. La densidad de Mineiro atrás no favoreció el menor desmarque de Morelo y Quiñones. Si el balón les llegaba, no era al espacio, tal como gustan. El argumento ofensivo fue delegado a Anchico, que levantaba centros sin dirección buscando a un Luis Páez que aún no había ingresado al terreno de juego. Mineiro devino en una fortaleza que sólo cedía una ventaja: los centros al área, los que Santa Fe poco sabe concretar.

Al final, Levir Culpi planteó el partido que Gustavo Costas hubiera soñado. Mineiro no cedió espacios atrás, Lucas Pratto llenó de ventajas a su equipo gracias a los contraataques que generaban sus recepciones y, con un cabezazo luego de un cobro de esquina, se llevó los 3 puntos de Bogotá. Santa Fe parece haber encontrado a su némesis: su clon. Su propio yo.