Newton según Bacca

Primera lección: inercia. Todo objeto en reposo seguirá en reposo a menos que una fuerza actúe sobre él. O, por el contrario, todo cuerpo en movimiento tenderá a seguir en movimiento a menos que una fuerza igual o mayor lo detenga. En Sevilla, el equipo de fútbol profesional que lleva el mismo nombre a menudo pone en práctica el juego directo. La técnica de Carlos Bacca hace factible dicho escenario. Bacca pone su técnica al servicio de la primera ley de Newton y es capaz de amansar aquellos balones hechos proyectiles que le lanzan sus colegas. Bacca controlando el juego directo es la inercia bien sabida. Primera lección: aprendida.

Segunda lección: aceleración. Carlos Bacca porta el balón y se halla próximo al área rival. Su intención no es otra que colmar la obsesión de gol que lo acongoja, lo desvela, lo atormenta. Como centrodelantero puro que es, vive por y para el gol. Entonces, un rival le sale al paso y amenaza con truncar su cometido. La mecánica clásica define la aceleración como el cambio de velocidad por unidad de tiempo. Bacca no es precisamente el más veloz. Pero, en palabras de Newton, la aceleración de un cuerpo equivale a la fuerza que impera en él, y sobre Bacca impera la irreductible fuerza de la ambición. Por lo anterior, a Bacca le basta con un regate y, mediante el mismo, acelera lo suficiente como para dejar al rival en el camino. Segunda lección: aprendida.

Tercera lección: acción-reacción. La interacción entre dos cuerpos produce una fuerza de reacción igual y opuesta. Una vez Bacca se auto-fabrica el espacio como tanto lo disfruta, el camino triunfante al gol está a su disposición. Es entonces cuando Bacca golpea el balón contrariando su trayectoria. Sus derechazos rebosan sapiencias newtonianas. Tercera lección: aprendida.

Con la partida de Ivan Rakitic, todo apunta a que el Sevilla se encomendará a Carlos Bacca y sus erudiciones en mecánica clásica. Cuán feliz estaría Newton. Si estuviera vivo, seguro sería hincha del Sevilla.