Noche sin luceros

La Juventus ha pasado porque ha hecho las cosas mejor, fue lo que dijo Sergio Ramos después del encuentro.

No es cierto.

Es difícil hablar de “superioridad” en el fútbol con objetividad; sin embargo, hay que decir, que la mayoría de aspectos, el Real Madrid fue superior a la vecchia signora. En el contexto de su respectivo planteamiento, el cuadro merengue ejecutó de manera más efectiva que su rival. Por supuesto, el equipo estuvo lejos de su mejor forma. Bastante. Pero aún a medias, al campeón le bastó para generar la sensación de una inminente remontada durante la mayor parte de los 180 minutos. Ésta no se dio por simple cuestión de probabilidad: falta de efectividad, de situaciones; de suerte. Quién sabe. En cualquier caso, el Madrid pierde por factores que podría haber eliminado o minimizado con una actuación acorde a su potencial. A fin de cuentas, por lo tanto, vale decir que la carrera fatal del Real Madrid no fue contra la Juventus: se quedó corto fue ante sí mismo.

La ausencia de Modric le quedó grande tanto a Ancelotti como a sus compañeros en el campo de juego. Todos, con la excepción quizá de Marcelo y los dos centrales, estuvieron individualmente en un nivel bastante bajo. En el aspecto colectivo, el equipo se vio mucho mejor en el Bernabéu con un mediocampo compuesto por Kroos, James e Isco: con el ‘10’ jugando libre, el dinamismo del español resultó mejor hasta para cubrir las espaldas del alemán que el brío rústico de Sergio Ramos (quien había jugado como interior en el partido de ida). No obstante, a los tres les hizo falta lectura y, sobre todo, compostura, y estuvieron bastante faltos de apoyos por parte de los extremos y los delanteros, especialmente tras la salida de Benzema.

Como en el Juventus Stadium, el desespero (o quién sabe qué) llevó al Madrid a terminar el partido ahogado en su propio maremoto de centros infértiles hacia las cabezas de los colosales centrales italianos: Bonucci, Chiellini y Barzagli. Para los últimos 30 minutos, el cuadro merengue no tuvo la misma confianza ni la misma paciencia que tuvo durante su mejor lapso en los primeros 20’. El pase filtrado cerca al área no apareció. Los laterales dejaron de enlazar bien con los interiores, quienes al recibir la pelota también estuvieron poco precisos. Incluyendo al mismo James. Y las mejores jugadas de peligro acabaron en los botines de Gareth Bale, quien, a pesar de haber demostrado mérito llegando constantemente a las posiciones correctas, fue el más impreciso de todos. Buffon, por su parte, fue Buffon. Lo demás se fue rozando el palo. Los cuerpos en el cielo no alinearon. La Juventus tuvo una sola, en un tiro libre, y como dictan los dioses del fútbol -cuya ironía se vino a encarnar en Álvaro Morata-: la metió.

Un partido malo de James no es carente de momentos

Suene o no paradójico, James estuvo poco fino. Impreciso en los pases e inhabitualmente lejos de las jugadas, tuvo mucha menor participación de lo usual. Y al equipo le pesó. Aún así, tuvo un par de jugadas emocionantes -entre ellas, un magistral taconazo en el área que por poco resulta en gol-, y fue además el hombre que cayó derribado en el área para darle la oportunidad a Cristiano Ronaldo de marcar desde el punto penal. La estrella que lo persigue, parece, sigue a sus espaldas incondicionalmente. Lástima que esta vez no será la de la Champions; aquella dicha seguirá siendo, por ahora, única en Colombia para Iván Ramiro Córdoba.

Argumentos sin coherencia

Ante la Juventus, el Real Madrid jugó un partido extraño que deja sensaciones del mismo tipo. La actuación no fue del todo preocupante, pero sí bastante deficiente: el nivel individual de más de uno fue nefasto. Varane se vio inusualmente lento e impreciso; Carvajal, en más de una jugada desmesurado y, en el repliegue, algo desordenado. Se vieron también sumamente incómodos Gareth Bale y Sergio Ramos: el primero poco resolutivo, y fuera de contexto recibiendo de espaldas y sin espacio; y el segundo absolutamente carente de compostura ante el agite del mediocampo de la vecchia signora.

Lo más extraño, sin embargo, es quizá lo de Ancelotti. Primero, desde minutos iniciales, el cuadro merengue se vio enfrascado en una búsqueda vertiginosa por la línea de fondo que más que sorpresiva se vio infructífera. No queda claro si Carletto creyó que el centro rápido y el uso de la banda tras el robo podrían ser herramientas ante una posible línea defensiva con tres centrales, o si simplemente buscó innovar; pero lo cierto es que el equipo acabó embotellado en una corriente de centros que, más que ideas, generaba espacios a espaldas de los laterales. Y de Toni Kroos. Alrededor del alemán, de hecho, ocurría el problema más grave: si bien la inclusión de Sergio Ramos en el medio debería haber aportado (en teoría) mejor lectura y cobertura en la recuperación, es incomprensible que éste se encontrara tan a menudo lejos de una posición de respaldo defensivo para Toni. Tévez y Vidal son máquinas de movimiento y gestación -nada que no sepamos- y ante su partido sublime, Kroos quedó desnudo.

Hace falta Modric. Por supuesto. Los huecos a espalda del mediocentro no-mediocentro del Real Madrid no hubieran sido tan beneficiosos para la Juve con el criterio del croata sobre el campo. Tampoco lo habrían sido, quizá, con el galopar de Sergio Ramos a sus espaldas en vez de a sus costados. Pero, ¿qué se puede decir de la Juventus sin Pirlo? El partido del regista bianconero fue pésimo –Andrea fue, contra todo pronóstico, el jugador que más perdió balones en su equipo-, pero la Juve no dejó de verse espectacular. A Massimiliano Allegri se le puede acusar de ser muchas cosas, pero nunca de ser poco resolutivo. Los desmarques de Morata, el dinamismo libertino de Tévez y, sobre todo (¡sobre todo!), la plenitud física y exquisita de Arturo Vidal, son las bases del estratega para tomar riendas del carruaje ante el inminente (y tal vez cercano) descenso de l’architetto. Y en plena Semifinal de Champions League éstas demostraron, aunque sea parcialmente, ser un acierto.

James sigue siendo el generador de momentos

James Rodríguez se ha ganado tanto los murmullos como los alaridos del madridismo por su capacidad innata de sacar fantasía de los contextos más secos. Su técnica primorosa es la de siempre, pero sus movimientos son cada vez más peligrosos e incontenibles. De sus botines llegó la asistencia para el primero, y de su cabeza un remate al travesaño que tendrá aún vibrando el aluminio en el Juventus Stadium. Sobran ya las palabras para el ’10’ colombiano, que, sin duda alguna, será pieza clave para una posible remontada en el Santiago Bernabéu.

El toque de James

El partido del Vicente Calderón jamás finalizó, quizá solo presionaron ‘pause’, se fueron a merendar y siguieron jugando. En el Santiago Bernabéu el hilo de la historia fue el mismo: Real Madrid controló la pelota y el encuentro. Ante las bajas de Marcelo, Modrić , Benzema y Bale, el panorama pintaba complicado; Carletto debía armar un nuevo once, nombres distintos que brindasen la misma dinámica, sin que afectasen el sistema, aunque éste iba a estar sujeto a dos de ellos: Toni Kroos y James Rodríguez. Alemán y colombiano tenían la obligación de armar el juego y activar los ataques junto a Isco.

James tuvo los mejores minutos jugando como mediapunta

Ancelotti ante las bajas planteó su caprichoso 4-3-3 que mudó a 4-3-1-2 mostrando el invento de Ramos como interior derecho. El técnico italiano no sólo consiguió someter a su rival, sino que sus jugadores dominaron el partido con creces. La posesión nunca corrió riesgo, los laterales situados a la altura de ¾ de cancha rival permitieron el pase en diagonal que generó de vez en cuando ventaja de dos contra uno en los costados colchoneros. James entregó pases cortos y cambios de frente que fueron una opción válida, pero no muy efectiva para intentar sorprender a un equipo del Cholo que al ser superado no entregó muchos espacios a causa de lo replegado que estuvieron. El ‘10’ cafetero tuvo libertad de movimientos; cayó al medio y también a la banda donde estaba Carvajal dándole ocasionalmente profundidad a los ataques de su equipo.

James lució más horizontal, pero acertó en el momento de ser vertical

La calidad en el último pase de James fue lo que más creó ventajas para su equipo. A pesar que el colombiano no es buen regateador, creó ventajas sacando jugadores y gestó las mejores opciones para sus compañeros. Y como está dicho: “Una defensa cerrada se destruye construyendo con una pared”, James se acordó del libro del fútbol, dio con la página y aplicó lo aprendido. Los movimientos de Cristiano y el peligro que representa tenerle cerca más el brillante partido de Chicharito que tiró desmarques hasta que marcó y se lesionó fueron claves para obtener el tiquete a semifinales. James fue quien los invitó, él dio el pase para estar una vez más entre los cuatro mejores de Europa. De la Copa de Europa. Nada más. Nada menos.

James a sus anchas en el Calderón

Allá por septiembre, James Rodríguez todavía era un neófito en la disciplina blanca. Corría la tercera jornada liguera cuando el Real enfrentó por tercera vez en la temporada al Atlético de Madrid y el colombiano se vio maniatado entre los férreos muros que planta Simeone donde quiera que va. Ayer, en cambio, el cucuteño ofreció 45 minutos de fútbol de altísimo nivel contra el campeón de España en su patio. Los rojiblancos, durante medio choque, no pudieron detectar a James. El 10 hizo daño, y sólo un brutal Oblak evitó que su dominio se reflejara en el marcador. Después, con el cambio de plan de los locales, la presencia del ex-Mónaco disminuyó sobremanera hasta quedar casi en la nada.

James Rodríguez tuvo espacio para maniobrar, y no era fácil

Ancelotti dibujó el 4-3-3 de siempre. Ramos, Marcelo, James, y Cristiano por momentos, ocuparon el flanco izquierdo blanco. En el lado contrario jugaron Varane, Carvajal, Modric y Bale. En el eje vertical estuvieron Kroos -notable partido- y Benzema. El Cholo dispuso a los suyos en un 4-4-2. Los encargados de defender lo que hiciera la pareja James-Marcelo eran Gabi y Juanfran. El otro foco de acción radicaba en la movilidad de Ronaldo, quien se mediría con Miranda. El portugués cumplió con nota en la primera parte. Cada paso suyo resultó productivo en todos los sentidos; dividía atenciones de manera brutal, y eso daba tiempo y espacio a Marcelo y James, catapultados hacia arriba por la calidad del primer pase madridista: Kroos y Ramos -más allá de algún fallo puntual- lo bordaron. El Atlético, además, no mostró intenciones de querer empotrarse contra su propio arco. Había espacio a la espalda de Godín-Miranda, y la superioridad merengue antes de ellos era manifiesta.

El contexto resultó propicio para que James se luciera, y así lo hizo, pues con el esférico estuvo brillante. Desde su orilla del campo logró dar orden a la tenencia de la pelota con pases cortos, largos, cambios de orientación, centros cuando su equipo tenía ventaja para ganar el rebote, y pérdidas casi en línea de fondo. Para sumar más a su cuenta, de sus botas salieron dos oportunidades de gol. La primera de ellas, de haberse concretado, hubiese sido, por su belleza, historia viva de los derbis recientes -nada menos-, y de la Champions misma en clave colombianos en Europa.

Para el segundo round el Atlético se serenó, replegó más cerca de Oblak, y negó de forma vehemente los espacios que estaba concediendo. James se diluyó a medida que pasaron los minutos. Ya en la fase de dominio local no logró aportar algo que decantara la balanza hacia el Bernabéu. Habrá que ver si en una semana, Rodríguez da el toque de gracia para que su escuadra avance a semifinales por quinto año consecutivo. Queda un último derbi antes de que finalice el curso, y promete ser apasionante.