Sebastián Viera y Macnelly Torres

Atlético Junior y Atlético Nacional protagonizaban el primer envite de semifinales por la Liga Águila I. Un enfrentamiento que históricamente se le reconoce por su gran rivalidad. Casi de épicas entre uno y otro. Sin embargo, para esta ocasión, y pese a las numerosas bajas sumadas en ambos, no dejó de ser atractivo y de tener su contenido táctico.

Bonita eliminatoria

Nos regalaron una bonita eliminatoria Independiente Medellín y Junior tanto en el transcurrir de los 180 minutos como en los penaltis. Esta es la esencia de la Copa Águila en rondas avanzadas. Quedamos con ganas de otro partido o de una eliminatoria aún más linda entre Santa Fe y Once Caldas para definir al segundo finalista que acompañará al tiburón.

A lo que se refiere el partido, el DIM fue superior en el transcurso de los segundos 90 minutos. Como Junior en los primeros. Los de Leonel Álvarez fueron tan superiores que dos futbolistas insuperables en Junior, Gustavo Cuéllar y Vladimir Hernández, pasaron inadvertidos. Menos Sebastián Viera. El uruguayo sostuvo la balanza obligando a definir la serie desde la fortuna de los jugadores y la gloria de los porteros.

La organización de Cuéllar y Celis fue un problema defensivo para el Junior

Dos movimientos metódicos del DIM controlaron a un Junior transparente en ambos campos. En primer lugar, Fabio Burbano atacando la zona de Jossymar Gómez. El ex del Envigado guió el juego hacia el uno contra uno ante el tercer lateral rojiblanco (después de Vélez y Murillo). Comiéndose a Jossymar, Burbano sacudió con el regate interior o ganando línea de fondo más centro. Alexis Mendoza no corrigió, pues el pivote derecho era Gustavo Cuéllar y no Guillermo Celis. Celis no pudo compensar defensivamente con ayudas a Jossymar porque era el mediocentro lejano y desatender a Pajoy estaba fuera del presupuesto. En segundo lugar, Leonel Álvarez preparó toda la semana anular a Vladimir Hernández y lo hizo sobremanera. El lateral derecho fue Didier Moreno, quien impidió cada recepción del araucano de cara, imposibilitándole encarar. Lo hizo con anticipos que requerían coral lectura o forzándolo a recibir de espalda y achicándole el giro.

Junior no hacía ningún merecimiento para descontar y empatar la serie, pero apareció Jarlan Barrera con un gol que puede consagrarse como el gol del año en el fútbol colombiano. Un gol de un peso de talento que debe desbocarse. En el actual sistema constituye una disociación entre Ovelar, Pérez, Vladimir y Cuéllar.

Mal Leonel en la gestión de campo ulterior al gol de Jarlan

Leonel Álvarez terminó inclinando el resultado al 2-1 sacando a Christian Marrugo y metiendo a Félix Micolta. El DIM perdió su único movimiento entre líneas para los pases de Daniel Torres. Y el objetivo no fue pasar a línea de tres y ganar una opción de pase por delante del balón, sino ofrecer más vértigo a los ataques poderosos. Y en los cobros desde el punto penal ocurrió lo que ocurrió: Sebastián Viera confirmó su espectacular actuación y agrandó su estatua en Barranquilla como ídolo.

Mucho ruido y pocas nueces

Lo vivido en el Estadio Polideportivo Sur fue de espanto. Paupérrimo. Fantasmagórico. El Envigado-Junior dejó una opaca tarde de fútbol que sirvió como pésimo argumento en el llamado a la población hacia los estadios del balompié colombiano. En un partido desastroso desde todo aspecto, el local se valió de un cobro de pena máxima para vencer por 1-0 a un Junior de Barranquilla que jugó con 10 hombres desde el minuto 13.

Andrés Felipe Correa fue expulsado comenzando el encuentro e inmediatamente el cuadro tiburón se convirtió en el inmóvil saco de boxeo para un Envigado que no pegaba bien. O más bien, que no pegaba. Vale decir — aunque en este espacio la controversia arbitral no sea un habitual invitado — que la tarjeta roja directa fue bastante severa: una de varias decisiones cuestionables de un Wilson Lamoroux que, minutos antes, le perdonó la expulsión a Andrés Tello tras una patada a la rodilla de un contrincante, y que después también exoneró a Sebastián Viera cuando éste derribó con los taches a un hombre que entraba solo al área chica.

El penalti que le dio la victoria a los naranjas fue cobrado por Neider Morantes

Envigado tuvo control absoluto de la posesión durante todo el encuentro, pero nunca se vio capaz de infiltrarse efectivamente en los metros más avanzados del territorio juniorista. El fútbol de los botines de Cuéllar no apareció porque Junior nunca lo encontró. El de los tacos de Jarlan no apareció porque éste entró tarde en el segundo tiempo y se encontró con un tiburón ya moribundo. Afortunadamente, el que sí estuvo presente durante 70 deliciosos minutos fue el fútbol de Neider Morantes, quien parado detrás de todos los demás volantes de Envigado firmó una exhibición de organización y creatividad clásica, y de las suyas. Los balones de Neider, junto un par de atajadas redentoras de Viera y alguna que otra corrida al espacio de Faider Burbano, acabaron siendo los detalles más brillante de una tarde bastante oscura.