Agujero Blanco

Millonarios se presentó en el Atanasio Girardot acusando insuficiencia. Que sólo tuviese un delantero disponible es muestra de su precaria actualidad. Y, aunque cojeando, compitió. Los de Rubén Israel llegaron a dominar a un equipo serio como lo es el Independiente Medellín de Leonel Álvarez. El embajador murió con las botas puestas.

El regreso de Hernán Hechalar le caía como anillo al dedo al DIM. Con Hechalar por derecha, Goma Hernández podía regresar al doble pivote y, junto con Daniel Torres, protagonizar una salida de balón tremendamente eficaz. Pero la línea del medio albiazul espesó tanto al DIM que éste se vio obligado a desistir de la iniciativa. Desde entonces el DIM se dedicó a contraatacar, pero nunca pudo acelerar más que Elkin Blanco. Millonarios parecía impenetrable. Y peligroso, porque recuperaba el balón en campo del DIM y le bastaba con un toque para encontrar a Jonathan Agudelo. Era una tarde redonda para Millonarios: Agudelo desbordaba a complacencia por la zona de Fabra.

Daniel Torres mostró su mejor fútbol con la camiseta del DIM

No obstante, al DIM le bastó con un breve movimiento para batir a Vikonis. La proyección ofensiva de Andrés Mosquera por derecha sirvió para evadir a Elkin Blanco, el cerrojo defensivo albiazul, y arruinar el meritorio primer tiempo de Millonarios. La respuesta de Rubén Israel no fue del todo mala: el ingreso de Mario González sumó dinámica en un Millonarios desconcertado. Pero la salida de Elkin Blanco fue un precio que Israel no se podía permitir. Blanco dejó un agujero que Daniel Torres aprovechó a las mil maravillas: exhibió pases, controles orientados y lanzamientos exquisitos. Sabemos que Leonel Álvarez le delegó a Torres el timón. La mejor noticia de cara a los playoffs es que, junto a Goma Hernández, el timonel parece sentirse mejor que nunca.

Maxi Núñez y el tiempo

Él es energía, hiperactividad y voluntad. Maxi Núñez y el tiempo. Es un jugador que condiciona sí o sí el planteamiento de su equipo y su presencia ya basta para generar. Maxi surgió como extremo picante en un Estudiantes de la Plata sin problema de banda. Aunque es diestro natural, podía jugar también de extremo izquierdo. Su virtud más influyente es la activación de las zonas laterales del ataque en las que puede finalizar o bien con centro al delantero o con regate y disparo. El marplatense es eso: producción instantánea en el último tercio del campo.

Maxi es el punto de encuentro entre Insúa y Vargas

En Millonarios, los dos atacantes son el tiempo. Ellos deciden a qué velocidad se ataca. Cuando el balón pasa por sus pies el tiempo puede volar o puede caminar. En el caso específico del argentino, cuyo juego ha evolucionado y ya no es solamente electricidad pura, el tiempo se posa para decidir qué se hace en tres cuartos de campo. En este esquema azul, Maxi otorga varias respuestas: posicionalmente es el jugador que otorga amplitud al ataque por banda derecha, fase en la que destaca sobre todo con dos ejes del equipo: el ‘5’, generalmente Fabián Vargas, y el ’10’, generalmente Federico Insúa, que conforman los dos vértices verticales del rombo millonario. Con el primero, el tiempo camina, y con el segundo, el tiempo vuela.

La versión actual de Fabián Vargas tiene un amplio rango de pase, sobre todo diagonal y al pie del receptor. Envíos de 20 metros que tienen a Maxi como punto aparte y con los que activa la zona derecha del ataque en donde puede decidir y terminar desahogando a su equipo para apoyar, ocupar espacios y posicionarse en ataque. Cada nombre tiene un matiz, y en este caso hay uno importante: Rafael Robayo. Cuando el bogotano juega, la fase de ataque sufre una pequeña/gran alteración táctica, ya que el 8, además de su despliegue físico y su verticalidad, transporta la pelota, para bien y para mal, así que en muchas fases del juego, o debe ser saltado para estirar al equipo, o su juego por dentro rompe líneas en vertical generando variantes.

El aporte mayor de Maxi es su centro al área

Cuando Millonarios está en ataque posicional, y es Insúa quien retrocede a generar espacios con el balón en sus pies, Maxi rompe con diagonales centro-derecha desmarcándose del ‘6’ y a espalda del ‘3’, y ahí el tiempo empieza a volar. Su misión, ya una vez estirado el ataque azul y ganado el territorio, es buscar el centro. El centro en sentido estricto, porque no sólo incluye al delantero centro Michael Rangel, sino que puede aprovechar esa presencia entre los centrales para buscar la segunda línea de volantes embajadores que tienden a asomar al área con su gran precisión.

La mala noticia de la lesión del argentino vino acompañada de la salida por lesión muscular del delantero centro, así que Rubén Israel tuvo que cambiar tácticamente el ataque de Millonarios. La respuesta es Jonathan Agudelo, delantero inquieto, de movimientos rápidos y engañosos que acompañado de dos mediapuntas, en este caso Insúa y Otálvaro, tiene todo el espacio necesario para hacerse con el frente de ataque azul con dos pasadores a su espalda. Ahora para Millonarios, y hasta que vuelvan sus dos atacantes titulares, el tiempo no vuela ni camina. No tiene dos velocidades, sólo transcurre.