Coherencia para Alexis

Hace unos meses cuando Alexis Mendoza fue anunciado como director técnico del Junior de Barranquilla, escribimos por este medio sobre las consecuencias que podría tener tal decisión. En particular, discutíamos la falta de apoyo que han tenido los últimos entrenadores rojiblancos, especialmente aquellos que se han inclinado hacia un proceso a largo plazo, como el que Alexis eventualmente llegaría a implementar. Así lo explicábamos:

Si Alexis Mendoza llega a establecerse como un estratega riguroso, es posible que no reciba el tiempo y el apoyo necesario como para montar un proceso a largo plazo y fracase. Y si llega simplemente como un motivador en su condición de ídolo y exjugador, entonces ni hablar de un proceso, y su éxito quedará a la merced de la suerte y de alguna contratación espectacular hasta que la directiva lo despida para traer por octava vez al “Zurdo” López.

Finalizada su primera participación como entrenador en el Fútbol Profesional Colombiano, hay que decir que el trabajo de Alexis Mendoza ha sido bastante bueno, aunque también hay que mencionar que el estratega ha tenido suerte de su lado. Aquella hipotética contratación estrella, por ejemplo, se le dio, en la forma de Macnelly Torres, quien aún estando lejos de su tope futbolístico, sirvió en numerosas ocasiones para engendrar la victoria con alguna asistencia fantasiosa. Mac también funcionó como pretexto para un sistema de juego vistoso fundado alrededor de un ataque posicional que nunca se perfeccionó, pero que mejoró considerablemente a lo largo de la temporada. El comienzo de torneo fue rocoso para el tiburón, pero ayudado del genio intermitente de su número ‘10’ el equipo consiguió componerse justo a tiempo para quedar dentro de los ocho mejores y evitar -a pesar del posterior bochorno- lo que sin duda hubiese sido considerado como un rotundo fracaso. Aún en medio de la incoherencia, Alexis todavía no está despedido.

El plantel de Junior necesita más sumas que restas

¿Cuál es el siguiente paso? El próximo semestre Junior jugará Copa Sudamericana y tendrá que evaluar de la mejor manera posible sus resultados del presente lapso. Los aspectos positivos comienzan con los nombres propios de Roberto Ovelar y de Gustavo Cuéllar, quienes en los partidos finales del torneo tuvieron actuaciones excelentes y comenzaron finalmente a consolidarse como las piezas importantes que pueden llegar a ser. Estos dos, de hecho, comienzan a dibujarse como bases de un equipo a futuro. La zaga rojiblanca, por su parte, dejó también grandes sensaciones, con tres centrales sólidos (Andrés Correa, Nery Bareiro y, particularmente, William Tesillo) y un Iván Vélez revitalizado que emergió como símbolo implícito de superación ante la adversidad. Finalmente, hay que decir que la evolución en el mediocampo dejó buenas sensaciones por su capacidad de ir moldeándose de acuerdo a sus propias necesidades hasta el punto en el que fue posible dispensar de Luis Narváez.

Para mejorar harán falta, sin duda, algunas individualidades. Mientras Alexis no confíe en Michael Ortega, Junior necesita opciones en el mediocampo que releven y añadan sorpresa al fútbol complementario de Vladimir Hernández y Jorge Aguirre. También podría utilizar alguna opción en la delantera, ya que los semestres de Edinson Toloza y Luis López dejaron mucho que desear.

Más importante aún, no obstante, Junior necesitará continuidad. Tanto la observación cualitativa como la cuantitativa muestran una mejora exponencial en el fútbol del cuadro barranquillero, sobre la cual vale la pena apostar. Dentro de su gusto por el fútbol elaborado y fluido, Alexis es un tipo bastante metódico y poco susceptible a la experimentación. Como buen alumno de Reinaldo Rueda, evita salirse del guión, y esto puede generar críticas a su manejo de partido; sin embargo, su trabajo con el equipo presenta una oportunidad futbolística rara en Barranquilla, que quizá justifique algún error de contabilidad al realizar sustituciones.

El tercer extranjero

A Macnelly Torres le gusta mucho el fútbol del paraguayo Roberto Ovelar. “Él es un punta”, explicaba el barranquillero hace unos días. “Pero por su técnica viene, se enlaza y después trata de buscar la profundidad”. Macnelly entiende que, en un Junior que se ha fortalecido de la mano de su ataque posicional, esto es importantísimo. Tanto para él, como para los demás volantes, Ovelar se ha convertido más en una base que en un blanco lejano. En el ámbito ofensivo, el búfalo muchas veces acaba siendo la meta; pero más importante aún, siempre es un escalón. Sus apoyos interiores y sus recepciones a espalda son íntegras para el juego colectivo, hasta el punto que en los últimos encuentros ha quedado claro que cuando Ovelar no está, el juego no fluye. Tal fue el caso en el partido de hace dos semanas ante el Huila -quizás el más insípido de la temporada para el cuadro tiburón-. Aquel día Ovelar no estuvo por lesión y Junior no halló conexión en el último tercio, ni en los 45 minutos que jugó Luis López, ni en los 45 que jugó Leiner Escalante. Tampoco halló el gol.

Ovelar ha marcado 4 tantos en los últimos 2 partidos, y ha sido, indudablemente, el mejor

Para el frente de ataque, Alexis Mendoza cuenta con un delantero de rupturas profundas (Toloza), uno de área (López) y otro de desmarques posicionales a las esquinas (Escalante). Ovelar no sólo es el único que maneja bien el regreso al mediocampo y el juego de espaldas en el borde de las dieciocho, sino también el único que maneja aptamente todos los otros movimientos en cuestión. Es quizás, a la vez, el delantero más técnico que ha tenido el cuadro rojiblanco desde la partida de Teo Gutiérrez. Su recepción es tremenda, sobre todo por aire. Lucha, gana, controla y habilita. Funciona casi como una fórmula infalible. No agacha la cabeza cuando va perdiendo. En el área se ubica bien y gana mejor por arriba. Es una garantía para la salida en largo de la defensa. Presiona incansablemente. No agacha la cabeza cuando le sangra la frente. Es extranjero. Para Junior, es indispensable.

La reencarnación del búfalo

Dictaminaba la cita de Junior en La Independencia de Tunja bajo dos respuestas: entrar o no a los playoffs de la Liga Águila I-2015. El equipo sacó cuatro puntos de Medellín en dos partidos al hilo, y tuvo la inmejorable remota opción de cerrar con candado su presencia a la segunda ronda del campeonato en casa, pero apenas sacó un punto de seis ante Tolima y Huila. Estaba en la obligación de ganarle al Boyacá Chicó en su casa, sitio donde en su historia nunca había conseguido ganar (sí a Patriotas).

Alexis Mendoza, consciente de todo, sacó a Ramírez y Cuéllar en la sala de máquinas. A priori, parecía ser un Junior con mejor salida en corto y cierta velocidad para mover el balón. El trámite del juego los primeros minutos no fue el esperado por todos. Chicó se animó a tomar el balón, moverlo de banda a banda y depender del triángulo Rodríguez, Gordillo y Sanguinetti con algún pase filtrado para el delantero Viáfara. Todo en excesiva lentitud y con pases que en cuanto a velocidad y tensión no se completaban. Junior no metió el pie, pues, le era más fácil llegar corriendo a la pelota y no anticipar.

El Cuéllar-Ramírez no cumplió las expectativas

Los minutos, a medida que fueron avanzando, le dieron protagonismo al guion ‘juego de posición’ rojiblanco. Cuéllar y Ramírez, más como recurso que como concepto, ejecutaban la lavolpiana, aunque no había superioridad numérica en la salida ya que Vélez y Noguera no subían el par de escalones necesarios para estirar a Junior tanto a lo largo como a lo ancho. Macnelly no fue una línea de pase adelantada en campo contrario, sino que bajaba a recibir muy lejos de la portería de Chaux, a la altura del segundo mediocentro, en pos de ir metiendo a Junior a pasitos. La lectura individual de Macnelly no produjo una respuesta colectiva coherente, puesto que en una misma zona tocaban la pelota Cuéllar, Ramírez y Torres, tres futbolistas que gustan de la posesión y comparten una cantidad considerable de espacio.

El único problema del doble pivote no fue con balón, también sin él. Chicó encontró fáciles recepciones a las espaldas de Gustavo y Yhonny. Los ajedrezados no le sacaron la máxima producción a esta ventaja por las limitaciones en cuanto a calidad de su propia plantilla en el último pase más protecciones y toques de primera en la frontal. La fuente ofensiva es la batería aérea, pero anoche se descargó sin Mostasilla. Esto sobre el final de la primera parte; la segunda sería otra cosa contando con la reencarnación del búfalo.

Ovelar se vistió de MVP

La imagen de Macnelly Torres disminuyó, los centrocampistas circularon menos agarrotados la redonda, Jorge Aguirre chispeó la ofensiva y Roberto Ovelar se contagió del ex del Envigado. El paraguayo dio un clínic, popular en él, de movimientos y conducciones. No es rápido; sí temible y pertinaz. Sus compañeros no sumaron acciones o situaciones fáciles, entonces Ovelar no buscó alejarse del balón trayendo a colación la habilitación de espacios y activación de zona muertas, sino que fue más que eso. Muchísimo más que eso. Brilló regalando apoyos cerca de la bomba del ecuador y potenció en exposición una faceta: cómo meter el cuerpo. Ganó todos los choques, marcó los dos goles y clasificó a Junior a los playoffs. Echó fuego por los ojos. Le espera el DIM de Leonel Álvarez.

Virtudes desapercibidas

Se habla poco del Tolima. Muy al estilo de Alberto Gamero, el pijao de este semestre es un equipo sumamente disciplinado, con gran capacidad de presión. Adelantando a sus extremos y a su mediapunta, suele complicar la salida de rivales de buen juego colectivo, y ante Junior no fue la excepción. El cuadro tiburón encontró bastantes dificultades para la gestación desde atrás, y logró resolverlo parcialmente sólo gracias a la lectura de Cuéllar, a quien Alexis Mendoza colocó por primera vez como mediocentro fijo en la base. De esto también se habla poco: paso a paso, Mendoza comienza a darle más responsabilidad a Gustavo, quien podría ser la base de su proyecto a futuro.

De Cuéllar sí se habla bastante, y es merecido. Ante Tolima puso una actuación notable con una combinación de compostura, técnica y capacidad física, que sorprendentemente ya se está convirtiendo en norma. Se habla bastante (y merecidamente) también de Macnelly Torres y Andrés Ibargüen, quienes a pesar de su poca participación en el encuentro, continúan reiterando su capacidad anonadante de sacar oro de la nada. De hacer diamantes del carbón. Y hace falta hablar, también de los paraguayos de cada equipo: Roberto Ovelar y Joel Silva. El primero fue, quizá, el jugador más importante para el trámite de Junior con sus recepciones de espalda y su retención de balón; y el segundo, con dos atajadas indescriptibles, mantuvo vivas las esperanzas del Tolima.

Con un gol al minuto 88’, Tolima rescató un empate merecido

A pesar de haber abierto el marcador en el primer tiempo con una buena jugada preparada a balón parado que definió Jorge Aguirre, Junior nunca se vio superior al cuadro de Gamero en el calor del Metropolitano. El juego le otorgó al tiburón dos oportunidades clarísimas que éste no logró aprovechar ante la destreza del portero rival. Tras la salida de Cuéllar por problemas físicos, el cuadro rojiblanco comenzó a desmoronarse por el medio ante una intensa presión que culminó con un gol de Isaac Arias a dos minutos del final del tiempo reglamentario. El punto equitativo, finalmente, presentó un saldo justo para dos equipos que, a pesar de su similitud en cuanto a nivel, se encuentran en predicamentos bastante distintos gracias a la naturaleza de la tabla del Fútbol Profesional Colombiano.

El fútbol de Macnelly Torres

Santa Fe le dio a Macnelly Torres los espacios suficientes para que se exhibiera y para que el Junior lo venciera en el Estadio Roberto Meléndez de Barranquilla. El “10” tiburón, con su pie derecho, filtró muchísimos pases que terminaron en opciones claras para su equipo. Debe anotarse que las muy buenas labores de Gustavo Cuéllar, Jorge Aguirre, Edison Toloza y Roberto Ovelar le facilitaron todo a Torres.

La nómina que Santa Fe mandó estaba conformada, principalmente, por suplentes

El equipo de Alexis Mendoza volvió a dar una muestra de las buenas cosas que puede hacer. Una de sus mayores virtudes es que aprovecha bien la velocidad de Aguirre y de Toloza para hacer daño. Lo mismo puede decirse de los movimientos de Ovelar. El paraguayo podrá no ser muy rápido, pero con sus recorridos desacomoda la defensa rival. También se puede hablar bien del trabajo de los laterales, en especial de Iván Vélez. El vallecaucano, que ha tenido buenas actuaciones desde su regreso, se proyecta bien y ayuda en ataque, además retrocede a tiempo. Sus apoyos son beneficiosos para su equipo porque hace que este gane volumen y profundidad cuando está atascado.

Finalmente volvemos al “10” barranquillero, al eje, a la pieza que hace eficiente el funcionamiento de la máquina, al administrador del tiempo y del esférico. Esa velocidad mental que él tiene es vital para desarmar defensas, para darle aire al equipo y para hacerlo mejor. Con sus pases, Junior le anotó tres goles a Santa Fe. Macnelly Torres y su fútbol aparecieron en la cancha del Metropolitano para hacer sonreír a propios y extraños.

Ráfagas letales

En Palmaseca se vio un partido plagado de errores defensivos por parte del Cali y el Junior. El resultado fue un 3-2 con el que los vallecaucanos tomaron por asalto la tercera posición de la Liga. Por su parte, Junior llega a la mitad del torneo con 10 puntos de 24 posibles y se ubica en la posición 13.

Desde el principio, Junior dejó claras sus intenciones. Los dirigidos por Alexis Mendoza se hicieron del balón e intentaron acercarse al arco de Ernesto Hernández. En defensa, los barranquilleros estaban parados en un 1-4-3-1-2 y en ataque en un 1-4-2-2-2. El jugador que se movió mucho fue Juan Guillermo Domínguez. Él y Macnelly Torres comenzaron a mover los hilos de un equipo cuyos delanteros estaban ganando todos los balones largos que recibían y los centros altos que les enviaban. Así entonces, el 10 barranquillero envió un balón aéreo que rebotó en un central rival y que luego le quedó a Ovelar. El paraguayo abrió el marcador con un remate rastrero que Hernández no pudo atajar. 0-1 a favor del Junior.

Hasta ese momento, la ejecución del plan juniorista era eficiente

Llegó la primera ráfaga del Deportivo Cali. Con el resultado en contra, los dirigidos por Fernando Castro comenzaron a atacar por las bandas, en especial por la derecha. Palacios y Candelo comenzaron a asociarse y, como consecuencia de ello, empezaron a mandar centros. Borré tuvo la primera y una gran atajada de Viera evitó el gol. Después de eso, los azucareros siguieron enviando balones al área del rival y la figura del portero uruguayo del Junior se impuso. Sin embargo, un balón largo de Palacios para Fabra, que llegó a espaldas de Vélez, terminó en un centro que le quedó a Harold Preciado para que empatara frente al solitario arco del Junior, pues Sebastián Viera había salido mal a cubrir ese envío largo del lateral derecho del Cali. Era el 1-1.

Cuando los vallecaucanos empataron, el equipo rojiblanco ya había retomado el control del encuentro. Narváez y Celis se hicieron del medio del campo y recuperaron muchos balones. Junior se volvió a acercar al arco de Hernández y se puso al frente del marcador en una jugada de balón parado que terminó en un cabezazo de Toloza.

Los volantes junioristas jugaron sus mejores minutos juntos frente al Cali

Al minuto 49, Guillermo Celis se hizo expulsar y el partido cambió. En un principio, los rojiblancos aguantaron al rival y no lo dejaron ser profundo. Mendieta no aparecía y Candelo no estaba siendo claro. Mendoza había puesto en el centro del campo a Narváez, a Aguirre –que entró por Ovelar apenas comenzó el segundo tiempo- y a Domínguez. El problema estuvo cuando Bareiro agarró a Preciado y el árbitro pitó penalti.

El Cali empató y desde ahí comenzó su segunda ráfaga ofensiva. Candelo y Palacios superaron constantemente a Noguera, Mendieta probó de media distancia, Preciado y Borré tuvieron varias oportunidades pero Viera evitó el gol del Cali. Estas atajadas del uruguayo, sumadas a las del primer tiempo, lo hacían la figura del partido.

Ambos equipo presentaron problemas en el juego aéreo defensivo

A pesar de esto, los barranquilleros no resignaron sus oportunidades y, por medio de contraataques, estuvieron cerca de hacer el 2-3. Los envíos largos de Macnelly para Toloza le hicieron daño a un equipo que estaba jugado en ataque.

Al final, Toloza se hizo expulsar por protestar, Borré por haberse ganado la segunda amarilla en una falta en la mitad de la cancha y Bareiro por agarrar a Cristian Nasuti en el área al minuto 94. Miguel Murillo, que había entrado unos minutos antes, cobró y anotó el 3-2 definitivo. El partido fue emotivo y ambos equipos ofrecieron un espectáculo que, como se dijo en el Once Caldas vs Nacional, evidenció la evolución de la liga local.