Sebastián Viera y Macnelly Torres

Atlético Junior y Atlético Nacional protagonizaban el primer envite de semifinales por la Liga Águila I. Un enfrentamiento que históricamente se le reconoce por su gran rivalidad. Casi de épicas entre uno y otro. Sin embargo, para esta ocasión, y pese a las numerosas bajas sumadas en ambos, no dejó de ser atractivo y de tener su contenido táctico.

Debut correcto

En la rueda de prensa posterior al encuentro en el que Atlético Nacional venció a Águilas Doradas, el nuevo entrenador verdolaga, Reinaldo Rueda, afirmó que «el partido hoy tuvo esos dos tiempos: uno en el que hubo un equipo agresivo que nos cerró espacios y otro en el que hubo un Nacional colectivo y profundo». Las palabras del vallecaucano resumen lo que fue su primer encuentro con el elenco verdolaga.

Durante la primera mitad, los dirigidos por Óscar Héctor Quintabani salieron a presionar a Nacional. El equipo visitante tuvo el balón, pero le costaba pasar el tercer cuarto de cancha. El colombo-argentino mandó a Luis Felipe Chará para que siguiera a Macnelly y lo hiciera retroceder en el terreno. Asimismo mandó a Carlos Mario Arboleda y a Hilton Murillo para que contuvieran la salida de los laterales verdolagas. En este sentido, con Torres anulado, los laterales bloqueados y los delanteros metidos en el embudo formado por la doble línea de cuatro de Águilas, Nacional hizo de la posesión estéril y poco productiva.

Felipe Chará y Diego Chica contuvieron a Nacional desde el centro de la cancha

Sin embargo, Nacional comenzó a mandar pelotazos, se acercó al arco y provocó algunos cobros de tiro de esquina. Allí fue donde estuvo la clave del encuentro. En el balón parado, los de Rueda encontraron la anotación que partió el partido en dos. Un centro de Macnelly al primer palo y allí encontró a Berrío que mandó un cabezazo hacia atrás. En el área pequeña apareció Luis Carlos Ruiz solo y mandó el esférico al fondo de la red al final del primer tiempo.

Para la segunda mitad, Quintabani mandó a la cancha a Vladimir Marín y a Juan José Mezú en búsqueda del empate. Su equipo comenzó a dejar espacios en transiciones defensivas tras pérdida y ahí comenzó a aprovechar Nacional. Los centrocampistas salían rápido y buscaban la velocidad de Orlando Berrío y de Yimmi Chará. En esto, sumado a los movimientos de arrastre de Ruiz, el equipo encontró con mayor claridad el arco dorado.

La mayoría de balones de ataque pasaron por Macnelly Torres. El barranquillero realizó 96 pases correctos teniendo una precisión del 82,3%

La anotación que cerró el partido llegó cuando Rueda le pidió a Yimmi Chará que se pusiera a la misma altura de Macnelly y a Berrío que se fuera al centro a luchar balones en el área al lado de Luis Carlos Ruiz. El ex jugador del Tolima, en un contrataque, recibió y filtró un balón que dejó al cartagenero Berrío frente a Piedrahita que tapó en primera instancia, pero dio rebote. Tras esto, el delantero cabeceó sin la suficiente fuerza y el guardameta rival, con la complicidad de Fabio Rodríguez, dejó el balón suelto para que el rival llegara y anotara el 0-2.

Quintabani tendrá mucho trabajo para enfrentar Liga y Copa Sudamericana. Para ello, el otrora director técnico verdolaga va a contar con Luis Páez y con Víctor Giraldo que llegan al equipo para esta temporada y se incorporarán a los entrenamientos esta semana. Por su parte, el equipo de Reinaldo Rueda pasó la primera prueba. Yimmi Chará y Macnelly Torres se están adaptando bien y su rendimiento en este partido lo demostró. Frente a Junior y Medellín, por Copa y Liga respectivamente, Nacional tendrá la oportunidad de mejorar y consolidar su candidatura al título. El debut fue correcto y el equipo está comenzando a seguir la idea que tiene su nuevo timonel.

Un final inexplicable

El ciclo de Atlético Nacional con Juan Carlos Osorio fue bellísimo y plagado de emociones, tantas, que hasta los más incrédulos de su estilo y sus múltiples variantes acabaron rindiéndose a sus pies. Con los años, el ciclo triunfal fue haciéndose cada vez más difícil e incluso más limitado. Con los meses y luego de haber conseguido el momento cumbre en 2013 y principio de 2014, el fútbol del equipo antioqueño fue mermando, aunque el nivel competitivo era sostenido por las individualidades y los trucos de Osorio para desarmar, crear e imaginar sistemas que le facultaron a seguir compitiendo. Sin embargo, el ciclo triunfal parecía ir llegando a su final.

 Nacional sin Stefan Medina

Sin duda, el segundo semestre del año 2014 para Nacional estuvo marcado por la venta de Stefan. Medina era quien otorgaba la salida de balón limpia para sus compañeros a pesar del asfixie contrario. Cada uno de sus pases llevaban sentido y eran vitales para el dominio posterior del cuero por parte de Mejía que batía las líneas rivales con un pase vertical entre líneas a Sherman y/o Cardona o en su defecto cambiaba de dirección lanzando en diagonal buscando a los laterales o extremos.

Nacional fue un embudo a partir de la venta de Medina. La salida a ras de pasto fue el mayor inconveniente de Nacional y quizá el único detalle que Juan Carlos Osorio no logró finalmente terminar de ajustar. Un sólo problema que tuvo muchas soluciones que no fueron exitosas. Osorio intentó rearmar su escuadra y mantener el estilo de salir jugando desde atrás, generar ventaja en el juego interior, hacerse ancho y explotar las bandas, pero las cosas no funcionaron de la misma manera. Nacional atacó y defendió mal sin la salida de balón de Medina. Nájera, Henríquez, Murillo y Peralta como soluciones fueron devorados por la presión alta de los rivales y el equipo puesto en aprietos, asfixiado, entregaba más ventajas y pocas herramientas en el primer accionar. Más problemas que soluciones en esa zona.

Buscando soluciones, encontrando problemas

Luego de la frustración de la eliminación de la Copa Libertadores ante Defensor Sporting, en la Copa Sudamericana, Nacional logró saltar los obstáculos, hubo tropiezos y caídas, pero en la libreta de Osorio reposaban las soluciones inimaginables que lograban levantarle cada vez más fuerte y volver a competir. No obstante, transitó con irregularidad en cada llave hasta llegar a la final. Esta Copa resume lo que fue Atlético Nacional en el segundo semestre de 2014.

Hablar de un esquema fijo y un equipo de gala en la era Osorio sí que era difícil, pero en la Copa Sudamericana fue imposible. Nunca repitió los mismos nombres y el dibujo táctico era casi irrepetible. Juan Carlos Osorio movió todo el equipo y la posición de sus jugadores en busca de estabilidad en mitad de campo, profundidad en campo contrario y fluidez con la pelota en los primeros tercios. Los problemas del primer pase fueron minimizados cuando en el partido de ida ante Vitória, Daniel Bocanegra jugó como líbero. Con su conducción, buen golpeo en corto y en distancia media se sacudía de la presión ejercida por los rivales; su equipo en estático, empero, no lograba mover demasiado a sus rivales. Atlético Nacional tácticamente pasó de un 4-3-3 a un 3-3-1-3. Osorio aparecía con sus apuntes resolviendo problemas, mas éstos no acababan. Nacional carecía de profundidad por las bandas y el juego entre líneas tampoco fluía. Los problemas del conjunto verdolaga en defensa coincidieron con el bajo nivel de forma de Sherman. El balón ya no llegaba a Cárdenas de la misma forma y retrasarse metros, obligó a ralentizar la transición del ataque y fallar cuando lanzara en largo. Sherman no logró conectar los circuitos como los había establecido el semestre anterior.

Edwin Cardona fue el eje de Nacional en las noches más importantes. Osorio armó el equipo en ofensiva para el jugador antioqueño. Edwin firmó buenos partidos jugando como interior  izquierdo en el 4-3-3 que harto usó Osorio, pero sin duda el rendimiento de Cardona fue mejor cuanta más cercanía había entre el arco y él. En ese sentido, Cardona estuvo acompañado de dos mediocampistas defensivos en 4-2-1-3 y tres volantes de marca en 4-3-1-2  flotando como mediapunta, moviéndose entre líneas detrás de los volantes defensivos rivales. Su mejor compañero de aventuras fue Luis Carlos Ruiz, quien vivió un par de meses repleto de fútbol. Ocasiones de gol fabricadas por sus buenos movimientos de espaldas al arco, de frente a Cardona construyó paredes y su juego de primera hizo el equipo más rápido. Por los costados, Guisao/Berrío y Copete de extremos trazaban diagonales a los espacios que abría Ruiz, o, en su defecto, trazos verticales a línea de fondo. Era el verde de la montaña en su máximo esplendor del juego exterior.

Los mejores partidos de Atlético Nacional en la fase de Semifinal enfrentando a São Paulo y en el partido de ida de la Final en el Atanasio Girardot ante River Plate fueron acompañados sin los problemas que tanto venían lastrando al equipo de Juan Carlos Osorio: el bloque alto rival. Nacional al contar con libertad de entregar el primer pase, Mejía dominó en el centro del campo, y permitió que Cardona se moviera a la espalda de Ponzio y lograra pasar en diagonal a Berrío o Copete teniendo profundidad en sus lanzamientos y espacios creados por Ruiz que otorgaron opciones de mostrar una de sus mayores cualidades: el remate de media distancia. Al final fue la pegada de Pisculichi quien definió la final en El Monumental y dejó al equipo de Osorio con las manos vacías en el segundo semestre del año. Ya Santa Fe había cortado las alas de instalarse por cuarta vez consecutiva en las finales de la Liga colombiana.

Final de un ciclo

Osorio quizá sea el técnico más recordado en las últimas décadas en Colombia. Potenció no solo el fútbol de Atlético Nacional, sino todo el balompié colombiano. Su manera particular de expresarse, pensar y analizar los partidos ya es historia en un país que necesitaba a un revolucionario como Juan Carlos Osorio. En su lenguaje corporal de entrenador, sobre la raya, estuvieron las ideas más incoherentes –para los que nunca lo entendieron– y exitosas de la historia del club más grande de Colombia. Su sabiduría repercutió y conquistó América con el buen fútbol que practicó su equipo. Es muy fácil que se hable del equipo de Osorio antes que escuchar mencionar a Nacional, son pocos los técnicos que han logrado esa hazaña y Juan Carlos es uno de ellos. Perdón. Osorio no fue D.T., Osorio fue un maestro.

Juerga de goles y representaciones

Adentrándonos en el análisis del partido, de lleno, vaya diversión el Nacional-Cali. Dejó de todo por todo en todos. Asumió los galones Fernando Castro y se encomendó a un plan que extrajo sus frutos en detrimento de imprecisiones. Creyó que no los tendría y erró. Juan Carlos Osorio, otro día más, ejecutando mal la dirección de campo y regalando ventajas. En definitiva, sinfín de material táctico.

Sorprendió el Cali con su excelente presión

Osorio quiso arriesgar y proponer desde el primer segundo. Ordenó un curioso 3-2-1-4 con Berrío y Copete en la misma línea de Ruiz-Duque. Su modelo parecía tener lógica, puesto que jugó sin carrileros natos y anchó el equipo en campo propio para rellenar todos los espacios. Nájera y Murillo se abrieron, Henríquez sobrando y Palomino-Díaz entrerrenglones. No obstante, el fútbol no es de números y en su atípico sistema volvió a fallar. Nacional defendió con cinco (más Vargas) y atacó con la misma cantidad; básicamente así se plantó Osorio. A todo esto, Castro emparejó la salida rival, quien tuvo mayormente el balón, menos a Palomino, dejándolo aparentemente libre. ¿Por qué emparejar al resto y no a Jairo? Palomino es el futbolista que peor lee las salidas a lo que se refiere a movilidad para abrir líneas de pase, orientación corporal y pase ascendente. Así llegó el 0-1 del Cali, en una salida donde él se confió del pase de su defensor, giró antes de la recepción y Roa, súper astuto, robó el esférico, cambió el rimo y batió a Vargas.

El Cali jamás alteró su plan presionante. Tenían claro qué hacer y la confianza en el planteamiento aumentó con la cantidad de ocasiones fabricadas robando en campo adversario. Lo curioso fue que Nacional, pese a contar en ataque con Ruiz y Duque, jamás los buscó directamente. Ni siquiera los halló. Todo era a ras de piso, jugar con fuego, con la sangre hirviendo, y el Cali endulzándose. Sin embargo, como Nacional únicamente defendía con cinco futbolistas de campo, las pérdidas verdolagas eran igual de autovenenosas en cualquier zona, con Candelo de lanzador. Sin Santos Borré y con Murillo, las transiciones del Cali no tenían la máxima fuerza y velocidad: Murillo las ralentizó y, hasta la segunda parte, ni una sola ventaja creó. Preciado civilizó los pases largos de Candelo mezclando desmarques de ruptura y diagonales largas.

Osorio volvió a errar y Castro se sobreexcitó

Nacional tímidamente racionó espacios para activar a los atacantes con un pase, pero más inteligente fue el Cali. Pecoso logró dejar varios futbolistas en fase defensiva, por detrás de la primera línea de presión, a expensas de una opresión individual y recia. Ante este mérito azucarero y Berrío y Copete recibiendo en estático, mas no al espacio, el mismo Osorio se encerró. Nacional consiguió anotar tres tantos porque los hombres de banda del Cali nunca cerraron a tiempo los centros laterales y por una exquisitez de Luis Carlos Ruiz. De lo contrario, goleada y eliminatoria cerrada. Y en este aspecto tiene mucha culpa el Cali que no fue paciente y sereno. Fue superior en intensidad, sí, aunque ellos necesitaron entregarle al partido un ritmo menor en pos de impacientar a Nacional y no dejarlo reaccionar inmediatamente. Mantuvieron un plan por 90 minutos sin modificaciones ni tampoco variaciones, y esto originó la juerga de goles y representaciones.

Qué fácil lo hizo ver Fernando Castro y qué fácil lo deshizo.