Sin pase interior

Santa Fe ganó. Es lo importante. El gol en las postrimerías de Mosquera marcó la diferencia en un encuentro que, aunque parejo, fue dominado de cabo a rabo por el león. El equipo de Costas, impreciso, con muchos problemas, fue superior, tampoco mucho, a un muy pobre Inter de Porto Alegre. A ambos conjuntos les pesó la importancia de la cita, quizá la altura también jugó algún papel en contra del nivel del partido. Al final el resultado fue justo para lo que se presenció.

Santa Fe fue mejor durante los noventa minutos

El partido empezó trabado y desde muy pronto desveló sus cartas. Santa Fe se apoderó del balón e Inter esperaba para tratar de colar contragolpes. Nunca pudo por el excelso control de las segundas jugadas que el equipo bogotano ha esgrimido durante todo el semestre. La red de seguridad santafereña ganaba los rebotes mientras que la pareja Roa-Torres templaba la posesión y trataba de avanzar sumando pases. Nunca pudieron asentar el balón en la frontal y eso mermó la calidad de los ataques locales que culminaban siempre con un centro. La calidad de Seijas en el toque lateral fue lo más peligroso que tuvo Santa Fe, y el partido, en el primer tiempo. El problema fundacional se encontraba en que aunque Roa y Torres sí superaban líneas, por delante del balón la respuesta era pobre: Páez y Morelo perdían balones por falta de técnica y de movimientos que les permitiera recibir con ventaja, y Omar Pérez se había reciclado por detrás de la línea de la pelota. Le faltaba ritmo para imponerse en tres cuartos de cancha y así poder sacar a relucir su fantástico pase interior. Sin su último toque, Santa Fe quedaba reducido a la intensidad de Seijas y a las proyecciones de los laterales. Era muy poco. Lo mismo pasaba en el Inter, que veía como D’Alessandro tampoco lograba recibir con ventaja y ejecutar con velocidad, quedándose entonces sin lanzador para el ‘Licha’ López. Esa fue la dinámica de la primera mitad.

El segundo tiempo no varió mucho hasta que Santa Fe comenzó a ganar cobros de estrategia. Ahí el pie de Pérez comenzó a sumar y llegaron las ocasiones. Costas aprovechó el subidón para cambiar a la pareja de delanteros. Yámilson Rivera y Miguel Borja sí agitaron con movimientos y mejores recepciones la defensa brasileña, inclinando el partido para Santa Fe. Sumaron ocasiones e incluso Pérez logró recibir con ventaja en la media luna y puso un balón de tres cuartos de gol para Borja. Inter trató de refugiarse, pero sería en vano. En el último suspiro del partido Omar Pérez justificaría su presencia en todo el encuentro con un centro-pase a la cabeza de Mosquera que terminó en gol. La vuelta en Porto Alegre se prevé peleada. El 1-0 no es un resultado seguro y de locales el equipo brasileño seguramente mejorará sus prestaciones. También habrá más espacios y el ’10’ argentino del león tendrá un contexto mejor para brillar. La llave sigue abierta.

Inspiración ahora o nunca

Daniel Torres abre sus piernas, inclina su cuerpo hacia delante, da dos o tres zancadas largas, muy largas, y roba el balón. A su derecha procura estar Omar Pérez, que aleja de la pelota su pierna buena para golpearla ipso facto. El 10 aún no se ha hecho con el cuero, pero Wilson Morelo empieza a correr. Morelo sabe bien que Pérez lo ha de buscar y, de alguna forma, lo encontrará. Como prueba de sus buenos modales, los envíos del 10 llegan puntuales. Ha llegado la hora de la verdad: el momento en que Omar Pérez entrega el puñal que su elegancia oculta para nutrir el fiero instinto de Wilson Morelo.

Santa Fe, más que ser un sistema, es una jugada. Esa jugada. Daniel Torres disfrazado de bandido, Omar Pérez haciendo las veces de mariscal de campo y Wilson Morelo cumpliendo el rol de asesino. Esa jugada es la jugada a la que Santa Fe le confía su suerte. Y cuando no sale, se puede esperar de todo. Santa Fe actúa impulsado por el carácter radicalmente pragmático de Gustavo Costas y procura adecuarse a cualquier circunstancia. Hemos visto juego directo y salidas limpias, presiones altísimas y repliegues bajos, posesiones defensivas y defensa sin balón. La lista es larga. Lo hemos visto todo. El éxito del Santa Fe versátil depende más que nunca de la inspiración de sus piezas. Pero la inspiración es una amiga traicionera. Por eso nunca se puede dar a Santa Fe por favorito. Pero tampoco por perdido.

Santa Fe Rockets

Houston Rockets viene demostrando esta temporada que, si no es por James Harden, no estuviesen vivos todavía en los playoffs de la NBA. Kevin McHale basa toda su estructura de ataque, juego tras juego, en el barbudo. El equipo, ofensivamente, no depende de más nadie, únicamente de él. Así fue Santa Fe ante Estudiantes. En este caso, prácticamente, Wilson Morelo.

Estudiantes controló el trámite hasta la voraz actuación de Morelo

Fue un partido raro de Santa Fe, pero con un +/- positivo. Todos los futbolistas, desde el vértice inferior hasta el superior, sumaron. Defensivamente no dieron ventajas, en el centro del campo tuvieron altos rangos de pases cortos, y en ataque… sí dependieron exclusivamente de Morelo. Como Houston de Harden, por supuesto. Pero a partir del regate y la movilidad para moverse por todo el eje horizontal de Wilson, Santa Fe logró superar sin mayores percances a un Estudiantes que maniató el juego hasta que Milito dijo basta, pues Gabriel ubicó (tras el 1-0 de Meza) a Jara de tercer central y esto hizo que Ómar Pérez, quien no podía girar cómodamente o tener espacios para descargar aseadamente por Leonardo, pudiera recibir de cara, levantar la cabeza y tocar con Morelo, ya fuese al pie o al espacio… porque Wilson hizo el resto.

Juan Daniel Roa disfrazado de Jason Terry sostuvo la presión alta cardenal. Santa Fe no sólo buscó a los centrales de Estudiantes, que ninguno tiene un pie de seda para sacar el balón, sino que con Roa por la derecha (sobre Álvaro Pereira) le dio amplitud a la presión. Roa se puso las alas de Terry, sin duda.

Meza justificó su firma en la preselección a la Copa América

No fue la mejor versión cardenal en fase ofensiva, a lo que llevó al equipo a multiplicar variables. Santa Fe sumó muchos toques en campo rival y esto, de por sí, desorganizó a Estudiantes. Entre más toques, más se desorganizaba Estudiantes. Santa Fe no sufrió nunca, ya que con pérdidas lejanas y el desorden pincharrata, el ataque era tal para cual. Estudiantes trató de lanzar un par de veces a las espaldas de Yerry Mina y Francisco Meza, pero estos dos bichos físicos pusieron la valla.

Milito tomó la única medida viable para el final: embotellar el área. Con Carrillo, Cerutti y Jara (sí, Jara) en el área rival y Vera sobre la bomba central, Estudiantes buscó el juego directo o los centros laterales. Pero Estudiantes no esperaba la confirmación de Mina. Mina pareció Howard (ganando los rebotes) coronándose en los duelos aéreos. Una de las versiones defensivas más pulidas y dominantes del Santa Fe de Costas.

Wilson Morelo se divirtió sobre el final. Estudiantes tenía un defensor menos –Jara de centrodelantero– y quiso jugar con sus líneas adelantadas optando por Domínguez y Desábato de últimos hombres. El regate ya no tuvo límite, el primer control parecía prodigioso y el cambio de ritmo era insostenible. Faltó el gol para redondear una noche utópica. Faltó la triple decena (26 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias) de Harden anoche ante LAC. Pero el rival en Cuartos, ya sea Internacional de Porto Alegre o Atlético Mineiro, sufrirá a este Santa Fe Rockets.

El alquimista

Ayer, en El Campín, pudo pasar de todo. Pudo pasar que Atlas de Guadalajara le ganara a Santa Fe. De hecho, Atlas pudo golear. Pudo pasar que Arturo González no se lesionara, entonces no tendría que ser sustituido al minuto 24. Pudo pasar que, con González siempre en cancha, Atlas dañara la defensa cardenal. Porque con Ochoa jugando entre Meza y Mina -y la confusión que generaba entre ambos-; Barragán haciendo lo propio entre Anchico y Mina; y González aprovechando la confusión por la espalda de Anchico, Atlas las tenía todas consigo. Pudo ser que Carlos Ochoa no hubiese tenido un partido tan bueno, sino perfecto, entonces alguno de sus tantos arrastres de marca, recepciones entre líneas y ataques al espacio, hubiesen resultado en gol.

Ayer, en El Campín, pudo pasar que Atlas se fuera ganando 0-8 al descanso, porque efectivamente tuvo 8 situaciones de gol en 45 minutos. Pudo pasar que Atlas ganara, incluso goleando, porque en cuanto a generar peligro, los de Tomás Boy son metódicos hasta el cansancio. Atlas genera peligro por todas las vías posibles. Ayer, en El Campín, pudo pasar de todo. Y pudo pasar porque Atlas batía sus alas en un in crescendo que sugería, tarde o temprano, un huracán. Pudo pasar, pero la historia fue otra.

Lo que parecía un inevitable efecto mariposa fue, en realidad, una auténtica lección de alquimia. Porque en el fútbol, la piedra filosofal sí existe, y tiene la forma de pase a la red. Esto lo sabe Omar Pérez. Dos toques suyos, gol incluido, fueron suficientes para salvar una tarde, por lo demás, para el olvido. Cuán mesiánico es el 10. ¿Qué será de Santa Fe cuando se vaya?

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La piedra de Hércules por el balón de Omar

Santa Fe venía de dos derrotas por Copa Libertadores y la sensación, respecto a sus dos primeros partidos, era distinta. Y había una similitud: el rival lo obligó a jugar. El mismo rival fue Atlético Mineiro, quien lo venció en el doble enfrentamiento, que lo forzó a remar contracorriente con el resultado adverso y a tener la pelota. La sensación, entonces, tanto en competición internacional como en Liga Águila, es que a Santa Fe le quema el cuero. A Santa Fe, si no es Omar Pérez, no le fluyen las ideas. Santa Fe, sin espacios, toca una piedra que solo Hércules moviliza en su juego. Pero en Chile, no obstante, Santa Fe dejó esa piedra, ese estorbo, por el balón de Omar.

La superioridad Torres-Pérez fue abismal

Costas conocía las limitaciones de su equipo para conectar últimamente a Torres con Pérez. Colo-Colo se sorprendió a sí mismo al ver al argentino tan lejos de gravitar en la mediapunta. Omar estuvo muchas veces, hasta el 0-1, a la misma altura de Daniel, favoreciéndole a Santa Fe, porque el león no cargó su juego ni por derecha ni por izquierda, sino por dentro con sus dos futbolistas con mayor calidad. Gustavo sabía que juntarlos, así fuese a un metro de Castellanos, le daría dominio a los suyos. Colo-Colo no suele esperar, y esto generó un beneficio doble. Esta variante permitió que, posterior al giro contrario, Roa y Arias recibieran cerca de Morelo y Páez y sin marcas a las espaldas. Era constantemente atacar con ventaja de cuatro sobre tres; Fierro y Beausejour lejos de la jugada y Valdés-Baeza superados. Indirectamente, Santa Fe ganó profundidad entre líneas con la rapidez en los pases de este doble pivote providencial. Providencial porque el sistema, el plan, se alteró con el gol de Páez.

Eran tanto los pases y los sellos de flaqueza chilenos que Anchico y Roa no se resistieron. Pérez canalizó el juego hacia la derecha porque ambos sumaron combinaciones portentosas. Achico por dentro y Roa por fuera. O viceversa. Además, Páez cargó sus apoyos hacia allí, y la superioridad cardenal por el carril diestro colocolino era inminente. Cáceres vivió las diagonales internas de Luis y los locales, cuando se daban cuenta que estaban siendo girados, ya era muy tarde. La estrategia de Héctor Tapia no compitió en los primeros cuarenta y cinco minutos. Ni tampoco en los segundos.

El primer golpe le regaló el discurso pretendido a Costas

La segunda mitad fue propicia para Santa Fe. Tapia adelantó un par de pasos a sus tres centrales, otros dos a sus mediocentros y a los carrileros los situó a la misma altura de Vecchio y Figueroa, los mediapuntas. Esto trajo consigo mismo que hombres como Roa, Arias, Morelo y Paéz pudiesen correr. A ellos y al equipo les gusta correr. Pérez ya gravitó en su zona y el argentino deshizo con el rival e hizo con ángulos de pases magistrales. Es cierto que Colo-Colo no compitió en los dos enfrentamientos, pero se le notó más vulnerable en esta ocasión. Sin planta ni pachorra en el centro del campo, los centrales no sabían correr y corregir. Sorprendió que Morelo no se exhibiera porque podía recibirla al espacio y no al pie, pero se vio expuesto por Arias. Luis Carlos atacó la zona de Wilson y Fierro lo perseguía descontrolado, y si lo iba tomando, pues Morelo tenía menos espacios para ofrecer recepciones. Sin embargo, Pérez no se erigió únicamente a Wilson, sino a todos. Empero, todos se rindieron al ‘10’.

Ofensivas discontínuas

No es normal que luego de un Clásico que enfrentó a un Santa Fe partícipe de Copa Libertadores contra su rival de patio, nada menos que un histórico como Millonarios, quede tan, tan poco para el análisis. El nivel fue, sencillamente, muy bajo, casi llegando a pobre. Tampoco es normal que el resultado fuese 0-0 entre tantas imprecisiones producidas por la alta intensidad -que no ritmo- que le imprimieron ambos conjuntos. Los de Costas y Lunari saltaron al césped del Campín a intentar ganar el partido sin poner un poco de sentido a su fútbol. La precaución de parte de ambos fue tanta que la lógica que pide este deporte para puntuar terminó anulada.

Las cadenas de pases que superaron los diez toques se pueden contar con los dedos de las manos. La precipitación negativa fue una constante de la que nadie intentó escapar, en la que lucieron Machado y Reina del lado embajador, y Páez y Torres del lado cardenal. Hubo ocasiones de gol, sí, pero estas eran ajenas al (poco) fútbol que exhibieron las escuadras de la capital. Armando Vargas se quedó en la nada.  No aportó con sus características algo que hiciera que los hinchas rojos no extrañaran el golpeo sagrado de su 10 para contragolpear. Federico Insúa continuó inmerso en su levedad hasta que se rompió, y Fabián Vargas se mostró más lento que siempre antes de irse en camilla. La entrada de Robayo y su derroche de energía, y el desequilibrio que provocó Reina fueron los pocos motivos que tuvieron los azules para alegrarse. Para los rojos estuvo Daniel Torres, cuyo desempeño en este semestre amerita todos los elogios. Si lo de ayer llega a reiterarse, la situación será, por lo menos, preocupante para cualquiera de los dos.

Omar Pérez en el círculo central

A sus 33 años, Ómar Sebastián Pérez ha sabido reinventarse. Su forma de juego actual minimiza sus defectos y acentúa sus virtudes. Como si su carrera fuera poca cosa, Omar Pérez promete todavía más fútbol.

El cimiento sobre el cual se alza su reinvención no es otro que sus pases largos. En lo que va de temporada, el argentino ha mostrado una evolución notable en dicho aspecto. Ahora sus lanzamientos lejanos tienen potencia y altura: dos cualidades que le eran esquivas desde que aterrizó en Bogotá. Sobre todo ésta última, reflejada en tantos tiros libres estrellados contra la barrera. Sus días de envíos frágiles y de escasa altura han quedado en el pasado.

Los pases de Pérez entre líneas y a la espalda de la defensa están en su mejor versión

Que Omar Pérez haya devenido en un lanzador preciso a distancia significa que puede influir desde lejos, siendo posible que se limite a jugar en el círculo central. Significa que puede ahorrarse los recorridos hasta la frontal del área que debía hacer antes si quería ser determinante. Significa que, el derroche físico que le cobran sus rodillas al final de cada temporada, lo ha sabido reducir al mínimo.

La evolución del 10 no es sólo una victoria individual. El colectivo también se ve beneficiado. Jugadores como Quiñones, Morelo y Arias -que suelen desmarcarse a menudo- tienen más chances de recibir el balón. Además, los lanzamientos lejanos de Pérez, por definición, no pueden resultar contraproducentes en caso de fallo. Si la defensa rival ha de interceptar sus pases, el balón se hallará lejos de Róbinson Zapata. En caso de que el rival opte por rechazar el balón, Arias, Roa y Torres suelen ubicarse correctamente en la zona de rebotes para recuperar el cuero. En caso de que el rival elija salir jugando, la actitud agresiva de Morelo y Quiñones les resultará incómoda. De cualquier forma, Santa Fe está en capacidad para reiniciar sus ataques en un corto lapso de tiempo.

Por estos días, Omar Pérez logra influir en su equipo desde una zona reducida y lejana. El argentino no repara en distancias ni exige mayor espacio. Desde el círculo central, una superficie que por radio no tiene más de 9 metros, establece su centro de operaciones. Ahí necesita estar el 10. Ahí lo necesita Santa Fe.

Las razones de la Santa Fe

Aunque falta por disputar más de la mitad de la primera ronda, es cierto que en tan sólo dos partidos, Santa Fe ha expuesto minutos de mucha calidad. Tanto en Jalisco, ante Atlas, como en Bogotá, ante Colo-Colo, el equipo de Costas ha impuesto condiciones y se perfila como un potencial competidor de cara a la Copa Libertadores. ¿Cuáles son las razones de la ilusión de Santa Fe?

1. El equipo cree fervientemente en el plan de Costas. El camino más atractivo para el equipo es dejar mano a mano a dos especialistas en la materia: Luis Quiñones, por sus paredes en el último cuarto y Wilson Morelo, por sus desbordes letales. Ante Colo-Colo, la posibilidad de dejarlos mano a mano parecía desmoronarse. ¿La razón? Los centrales de Colo-Colo, Vilches y Cáceres, parecían invencibles en el anticipo. Unas veces cortando el pase, otras adelantándose unos pasos para dejar en fuera de lugar a Morelo y Quiñones. Aún así, Omar Pérez no desistió del plan de Costas y continuó lanzando balones con veneno. Así llegó el 1-0.

2. Tanto en Guadalajara como en Bogotá, Santa Fe ha sido quien impone el ritmo. En Guadalajara, un primer tiempo muy bien replegado en donde Atlas no tenía más opción que circular pasivamente el balón para después, en el segundo tiempo, aumentar el ritmo atacando con dos puntas y lograr el gol. En Bogotá, la circulación y posterior desmarque entre Anchico y Roa, los lanzamientos punzantes de Pérez y los disparos de media distancia de Arias le impusieron mucha intensidad al juego. Colo-Colo parecía sitiado.

3. Santa Fe remienda sus rasgaduras; compite. La ausencia de Daniel Torres en lo que va de Copa Libertadores ha significado perder al jugador que cubre más metros en el equipo (unas veces por la posición, otras veces por las circunstancias). Para remediar la ausencia, Francisco Meza ha sabido achicar permanentemente, reducir espacios entre líneas y ahorrarle al equipo recorridos hacia atrás.

4. Los pases largos de Omar Pérez tal vez están siendo los mejores desde que juega al fútbol. Eso significa un menor desgaste para él, puesto que no es indispensable que deba llegar a la frontal del área para ser determinante.

5. Wilson Morelo encaja perfectamente en el plan, tanto defensiva como ofensivamente. Su capacidad de engaño lo está haciendo parecer indefendible. Sin el balón, monitorea muy bien las intenciones del rival: hostiga y precipita la equivocación del contrario.

Sin planta ni pachorra

Santa Fe y Colo-Colo miden fuerzas en El Campín después de sus gratificantes e importantes victorias en el debut de la Copa Libertadores para ambos conjuntos. Los cardenales jugaron el mejor partido de la era Costas defensivamente, y el argentino, con su dirección de campo, hizo que los tres puntos viajaran desde México. En cambio Colo-Colo, que dominó de principio a fin a un pobre Atlético Mineiro, dio sensaciones de merecer más pese al 2-0 tranquilo.

Pese a que Atlético Mineiro viajó a Chile sin Lucas Pratto y Sherman Cárdenas, las dos flamantes contrataciones para este año del Galo, tuvieron armas en ataque. Insignificantes, insuficientes y estériles, pero detectaron problemas en el doble pivote de Colo-Colo, formado aquella noche por Jaime Valdés y Esteban Pavez. Mediocentros dotados técnicamente y que se mueven casi siempre en diagonal, cubriendo, generalmente, Pavez a Valdés. Héctor Tapia le encarga todo el ataque posicional al ex-Parma: desde la salida hasta hacer de lanzador. Es entonces cuando el Cacique, con Humberto Suazo, multiplica las líneas de pase entre líneas y los chilenos se hacen excesivamente resolutivos con Felipe Flores y Esteban Paredes.

Pávez y Valdés, centro del campo inestable

El problema en los chilenos no recae allí, ni mucho menos, sino en transición defensiva. Gonzalo Fierro y Jean Beausejour suelen generar superioridades por fuera y mostrarse en cada embestida a campo rival, sobre todo el ex del Wigan por su profundidad y verticalidad máxima. Pavez y Valdés, ante este movimiento, no suelen gozar para defender. Son mediocentros que abarcan poco lateralmente y a los que les cuesta correr hacia su propia portería. Wilson Morelo, el delantero con mayor libertad, mejores rupturas y letal en el uno contra uno en Santa Fe, ante esta ventaja y jugando al lado de otro delantero, disfrutará. Ómar Pérez, el pincel y el enganche rojo, recibirá a espaldas del doble pivote y con tiempo y espacio para maniobrar. Dependerá del ajuste de Tapia igual, y de dónde ofrezcan las pérdidas Suazo y Paredes, unos sabios en esto.

Siendo en casa el compromiso y ante su público, todo lo que no sea el usual 4-3-1-2 por parte de Costas sería una variación atípica. Los interiores serán fundamentales para atraer a los mediocentros hacia la banda y aprovechar algún ataque interno de Anchico, otrora centrocampista. Luis Carlos Arias será, sobre el papel, el lado débil a diferencia del interior derecho, Juan Daniel Roa, que asumirá por primera vez la opción de lado fuerte y tendrá que dar una lección de movimientos, apoyos, y desmarques.

¿Resignará de plan Costas por las condiciones del rival?

Escenario complicado para Gustavo Costas igualmente, que tendrá que resignar ir a presionar entre zona dos-tres –tres cuartos de cancha– para retroceder un par de escalones y a la postre darle utilidad a lo mencionado anteriormente. Que mejor mediocentro que Sebastián Salazar, que fija más y empuja menos, respecto a Daniel Torres, que recién sale de una lesión. Sin planta ni pachorra… difícil para Colo-Colo sostenerse en el medio.