El señor del aire

Era el año 1976 cuando, en Santiago de Cali, un tal Carlos Salvador Bilardo insistía en que el juego a balón parado no era un capricho del reglamento, sino un partido dentro del partido que debía trabajarse como tal. Más de 30 años después, esa dimensión antes menospreciada de la competencia se ha convertido en la batalla decisiva para definir campeones. O campeón. Porque en Colombia, desde hace un lustro, la autoridad de los aires ha estado en manos del mismo soberano.

Lo que esconde la fe

Si el fútbol fuera exclusivamente una cuestión de fe, Santa Fe lo ganaría todo. La llegada de Omar Pérez en 2009 fue el primer hervor en la sangre de un equipo destinado a forjar una voluntad irreductible. Un corazón espartano. Los fieles santafereños no tardaron en conmoverse con aquel equipo que jugaba como si fuera uno de ellos, y vigorizaron el aliento de sus guerreros. Como en los viejos tiempos. “¡Y dale, y dale, y dale, rojo, dale!”.

La penúltima exhibición

El peor inicio de todos los posibles para Independiente Santa Fe: un gol abajo que lo obligaba a remontar el marcador ante un equipo cuyo repliegue y ritmo en salida lo había sacado ya de quicio la última vez que se cruzaron en este cancha. El destino deparó que en los cuartos de final de la liga se re-encontraran los finalistas de la Copa Águila. Claro, esta serie cuenta con distintos matices porque la ventaja de localía está invertida y porque Santa Fe tiene su cabeza puesta en otra parte.

El equipo de Alexis Mendoza volvió a Bogotá a repetir la labor del segundo tiempo de la final de la Copa donde expuso la deficiencia en ataque de Santa Fe e impuso su ritmo. El entrenador, por consiguiente, dio entrada a Roberto Ovelar en el once y, como gusta decir aquí en El Dorado, con el paraguayo Junior es más Junior. Con este cambio, el equipo puede – y debería – dominar también el ataque estacionado en campo rival. No necesita correr para hacer daño. Está bien que un delantero se mida por los goles que marque y el tanto anotado en la madrugada del partido lo retrata de pies a cabeza, pero es que este es un delantero que juega y lo hace muy bien. Tiene la técnica depurada y la maña para fajarse con los centrales, para pelearse con ellos y dominar. Su constitución física potente contrasta visualmente con lo fino que es su pie con el balón. Debido a su capacidad de dominar el balón y los tiempos que este secreto trae consigo, los extremos y el mediocampo descansan en su espalda en las transiciones. Es el único futbolista de Junior que se siente cómodo jugando de espalda al arco rival. El campeón de Copa quería replegarse y despegar, pero a diferencia de cuando no está Ovelar, si no puede hacer daño de esta manera puede tomarse un respiro y servir el plato frío.

Gerardo Pelusso nunca renunció a la fase ofensiva de su equipo aún cuando Santa Fe cuenta con un bajón creativo preocupante. A causa de esto, buscó cambios tácticos y estratégicos durante todo el partido: modificó la posición de Omar Pérez en varias ocasiones y su equipo en el primer tiempo dejó de filtrar balones verticales desde la base –sin éxito en las recepciones- y pasó a recargar el ataque por zonas para luego cambiar la posesión al lado más liberado y a partir de allí decidir por talento individual. Tras el descanso, la penúltima exhibición de uno de los mejores futbolistas del siglo XXI en el fútbol colombiano. Independiente Santa Fe solo metió realmente miedo en su rival cuando el diez actuó casi a la misma altura en el campo que Baldomero Perlaza. Pelusso le dio al equipo, por fin, un receptor a las filtraciones verticales desde la base con la entrada de Armando Vargas, de manera que hubo continuidad en las jugadas cerca al área y ahí el argentino derrochó visión de juego y precisión. Un lujo que se pudo dar gracias a que el entrenador uruguayo puso a su disposición dos laderos guardando su espalda en zonas más retrasadas: Baldomero Perlaza por izquierda y Sergio Otálvaro por derecha, que había entrado por Jordy Monroy, formando casi un triángulo cuyo vértice más adelantado era el futbolista más talentoso sobre el campo. Roa debía retroceder para equilibrar el riesgo pero terminaba los ataques siempre como extremo derecho bien cerca de la linea de cal. Santa Fe rompiendo por dentro con Omar de lanzador y creando peligro por fuera porque los delanteros en cada acción lograban producir y activar varias zonas del ataque cerca del área de Sebastián Viera. El equipo en defensa se sostuvo entre el cerrojo de Perlaza, que fue una de las razones por las cuales el mediocampo visitante no se impuso, y la posición adelantada de los centrales, complementando la del ya mencionado Otálvaro.

Junior terminó apurado con el reloj al que todavía le resta por transcurrir la otra mitad de la serie; más lejos de las estrellas pero más cerca del mar. El tiburón se lleva un interrogante de Bogotá cuya respuesta imposible de digerir la canta Joaquín Sabina: donde has sido feliz no deberías tratar de volver.