Roa individualmente

En un encuentro de pocas novedades de inicio, el Deportivo Cali sumó su segunda victoria al hilo y se acercó al grupo de los ocho de la Liga Águila. En un primer tiempo igualado por el bajo ritmo y la timidez constatada en ambos conjuntos con la posesión, pero tácticamente favorable a los de Jaime De la Pava por planeación y realización, la gran noticia azucarera recayó en Andrés Felipe Roa, fundamental en la obtención del triunfo como factor técnico.

Palmaseca jugó

Para el Estadio Monumental de Palmaseca alojar una final de Liga no será ninguna novedad. Ya en 2015, cuando Fernando Castro dio vida al inolvidable ‘Kinder’, la nueva cancha del Deportivo Cali se estrenó en la senda de las grandes historias. Y en la senda de la identidad, porque en Colombia ninguna grada celebra una forma de ganar –la de valerse del talento de la casa– como la verdiblanca

La embestida del torito

Víctor Castillo y Rafael Carrascal se siguen consolidando como una de las parejas de volantes centrales más interesantes que hay en la liga de fútbol colombiana. El mejor ejemplo de esto fue el primer tiempo del partido que enfrento a Alianza Petrolera con Deportivo Cali, en el cual los dos volantes dominaron y repartieron el balón a placer. En la banda derecha encontraron a Juan Guillermo Arboleda que se erigió como el socio ideal para hacerle daño a la línea de cinco defensores que presentó el elenco azucarero en el estadio Daniel Villa Zapata.

Carrascal completó el 87.8% de los pases que intentó, hizo 13 recuperaciones y 5 intercepciones

Los vallecaucanos viajaron a Barrancabermeja con una nómina alterna que sumó la experiencia de Juan Carlos Guazá, Ernesto Hernández, John Pérez y John Lozano con la juventud del resto de jugadores. Sin embargo la idea no salió bien, al menos en la primera mitad. Alianza estaba superando al Cali en el centro del campo y la defensa estaba ofreciendo muchas ventajas. Juan Suárez, el lateral izquierdo, estaba siendo doblegado por Arboleda y por el compañero que apareciera para apoyarlo, algunas veces Rodríguez, otras Nieto e incluso Figoli, que se asomó por ese sector de la cancha en varias ocasiones. El equipo de Óscar Upegui abrió el marcador cuando Nieto recibió en la derecha y mandó un centro. Allí apareció Arley Rodríguez que controló el balón con el pecho y luego lo al fondo del arco con un remate de pierna derecha.

La alegría no le duró mucho a los locales. El rival apeló a su efectividad y consiguió el empate 16 minutos después. El gol llegó en una de las pocas apariciones de John Pérez en el partido. El bumangués le filtró un pase a Mateo Casierra que vio a Murillo solo para definir en el centro del área, le mandó el balón y este lo envió al fondo del arco norte del Daniel Villa Zapata. A pesar de esto, Alianza reaccionó y se volvió a poner en ventaja después de tres minutos. Rodríguez anotó de nuevo. Esta vez el que centró fue Arboleda y la definición del artillero fue con la cabeza, no con el pie. Así finalizó el primer tiempo.

Arley Rodríguez ya lleva tres goles en la Liga Águila II

Alianza le cedió al rival el balón y se retrasó. Cali, sin ser claro del todo, comenzó a acercarse al arco de Ricardo Jérez. El equipo de Pecoso trató de explotar las bandas con Orejuela y con Escobar, que había ingresado por Suárez en el inicio del segundo tiempo. Allí se sumaba Mateo Casierra pero no era suficiente, a los azucareros les costaba quedar cara a cara con el portero guatemalteco. El problema del local fue que en un despiste, Casierra recibió solo en el borde del área, aprovechó todo el espacio que tuvo y le mandó un balón a Murillo que anotó su segundo gol en la noche.

Con la entrada de Nelson Barahona, cinco minutos antes del empate del Cali, los aurinegros ya habían recueperado el balón y el dominio había vuelto. El equipo de Upegui fue agresivo y complicó al Cali. Sumado a esto, Martín Arzuaga ingresó a falta de 20 minutos para el final. El torito de Becerril embistió al Cali al minuto 91 con un cabezazo certero, de un balón que fue lanzado desde la banda derecha, y le dio la victoria a uno de los únicos tres elencos que aún sigue invicto en el torneo.

Juerga de goles y representaciones

Adentrándonos en el análisis del partido, de lleno, vaya diversión el Nacional-Cali. Dejó de todo por todo en todos. Asumió los galones Fernando Castro y se encomendó a un plan que extrajo sus frutos en detrimento de imprecisiones. Creyó que no los tendría y erró. Juan Carlos Osorio, otro día más, ejecutando mal la dirección de campo y regalando ventajas. En definitiva, sinfín de material táctico.

Sorprendió el Cali con su excelente presión

Osorio quiso arriesgar y proponer desde el primer segundo. Ordenó un curioso 3-2-1-4 con Berrío y Copete en la misma línea de Ruiz-Duque. Su modelo parecía tener lógica, puesto que jugó sin carrileros natos y anchó el equipo en campo propio para rellenar todos los espacios. Nájera y Murillo se abrieron, Henríquez sobrando y Palomino-Díaz entrerrenglones. No obstante, el fútbol no es de números y en su atípico sistema volvió a fallar. Nacional defendió con cinco (más Vargas) y atacó con la misma cantidad; básicamente así se plantó Osorio. A todo esto, Castro emparejó la salida rival, quien tuvo mayormente el balón, menos a Palomino, dejándolo aparentemente libre. ¿Por qué emparejar al resto y no a Jairo? Palomino es el futbolista que peor lee las salidas a lo que se refiere a movilidad para abrir líneas de pase, orientación corporal y pase ascendente. Así llegó el 0-1 del Cali, en una salida donde él se confió del pase de su defensor, giró antes de la recepción y Roa, súper astuto, robó el esférico, cambió el rimo y batió a Vargas.

El Cali jamás alteró su plan presionante. Tenían claro qué hacer y la confianza en el planteamiento aumentó con la cantidad de ocasiones fabricadas robando en campo adversario. Lo curioso fue que Nacional, pese a contar en ataque con Ruiz y Duque, jamás los buscó directamente. Ni siquiera los halló. Todo era a ras de piso, jugar con fuego, con la sangre hirviendo, y el Cali endulzándose. Sin embargo, como Nacional únicamente defendía con cinco futbolistas de campo, las pérdidas verdolagas eran igual de autovenenosas en cualquier zona, con Candelo de lanzador. Sin Santos Borré y con Murillo, las transiciones del Cali no tenían la máxima fuerza y velocidad: Murillo las ralentizó y, hasta la segunda parte, ni una sola ventaja creó. Preciado civilizó los pases largos de Candelo mezclando desmarques de ruptura y diagonales largas.

Osorio volvió a errar y Castro se sobreexcitó

Nacional tímidamente racionó espacios para activar a los atacantes con un pase, pero más inteligente fue el Cali. Pecoso logró dejar varios futbolistas en fase defensiva, por detrás de la primera línea de presión, a expensas de una opresión individual y recia. Ante este mérito azucarero y Berrío y Copete recibiendo en estático, mas no al espacio, el mismo Osorio se encerró. Nacional consiguió anotar tres tantos porque los hombres de banda del Cali nunca cerraron a tiempo los centros laterales y por una exquisitez de Luis Carlos Ruiz. De lo contrario, goleada y eliminatoria cerrada. Y en este aspecto tiene mucha culpa el Cali que no fue paciente y sereno. Fue superior en intensidad, sí, aunque ellos necesitaron entregarle al partido un ritmo menor en pos de impacientar a Nacional y no dejarlo reaccionar inmediatamente. Mantuvieron un plan por 90 minutos sin modificaciones ni tampoco variaciones, y esto originó la juerga de goles y representaciones.

Qué fácil lo hizo ver Fernando Castro y qué fácil lo deshizo.

De cohete a lanzador

Nació como un cohete. Se movía muy rápido, con toques explosivos y clara preferencia por los carriles laterales. El Yerson Candelo que recibe Fernando Castro era un extremo. Hoy es otra cosa. Casi no se queda, pero lo hizo. Era imprescindible. Candelo bien podría ser el mejor futbolista del Cali, al menos el más formado entre los de más calidad. Y eso se nota. Sin él, el Cali no se entiende; sin él, el Cali es un puzzle sin piezas. Candelo es la llave maestra.

Candelo es la clave del sistema del Deportivo Cali

‘Pecoso’ Castro lo tenía claro. Históricamente siempre ha alineado a sus equipos en un 4-3-1-2 donde los extremos no tienen cabida, pero luchó por la permanencia de Candelo con uñas y dientes. Él sabía que lo iba a necesitar. También sabía que su posición ya no iba a ser la del extremo puro. Lo necesitaba en el medio. Ya no se iba a dedicar a desbordar y centrar, rol que le había venido perfecto hasta entonces y en el que había jugado los mejores partidos de su carrera. ¿Qué virtudes veía Castro en él para jugar de enganche? ¿Cómo podía un futbolista que como extremo no había demostrado un juego interior palpable transformarse en el ’10’ de un equipo que trataba de organizarse con balón? Pues, para empezar, una gran técnica. Candelo bien podría ser el jugador de mejor técnica de su plantel. Tanto conduciendo como pasando la pelota, en largo y en corto, destacaba. Además, poseía un gran golpeo que se veía potenciado por su posición más centrada y definía bien, y jugando más cerca al gol podía hacer valer esa cualidad. Castro no le pedía que hiciera de cerebro, sino que hiciera de lanzador: que hiciera de quarterback, acercándose a la base de la jugada para trazar las jugadas ofensivas del equipo haciendo uso de su toque de balón. Tenía cierto sentido.

El problema sobrevino cuando se dieron cuenta de que, a pesar de que técnicamente tenía todas las condiciones para brillar en su nuevo rol, Candelo no sabía moverse desde esa posición. Ni sabía a dónde hacerlo, ni en qué momentos. Le faltaba ritmo para crearse recepciones positivas por dentro, incluso dentro del fútbol colombiano que facilita ese trabajo por definición, y se sentía claramente incómodo. Asimismo, el Cali tenía un problema colectivo: era demasiado lento. No movía el balón con velocidad y sus ataques no eran diáfanos, y terminaban siendo telegrafiados para el rival. Esta situación era acentuada por la dificultad de Candelo para jugar por dentro y lo engorroso que le resultaba a Mendieta escorarse a la izquierda. La solución estaba en el punto medio. El Cali cambió su sistema por uno en el que Candelo estuviese a medio camino entre su antigua posición y en la que lo quería ‘Pecoso’, y ahí el jugador explotó. Poder abrirse a la banda derecha lo ayudó a cogerle el tranquilo a la dinámica de movimientos interiores que su equipo necesitaba de él. Aprendió a bajar y perfilarse para recibir en transición por dentro y comenzó a lanzar ataques con suma facilidad, coadyuvado por la ristra de desmarques de Santos Borré; comenzó a sumar pases interiores, desbordes por banda e incluso desmarques de ruptura a gol. Fue sensacional. Además, su sacrificio defensivo lo llevaba a tapar pasillos laterales o interiores indistintamente, ayudando a su equipo en transición defensiva con mucho aplomo.

La transformación de Candelo de cohete a lanzador hizo del Cali uno de los mejores equipos del torneo en su fase regular. Su acierto técnico y compaginación con los atacantes, Borré, Preciado y Murillo, derivó en que el Cali fuese uno de los equipos con mayor facilidad para crear ocasiones en la liga. Su contraataque se convirtió en uno temible y Yerson rozó un nivel que, si no fuese porque en su posición están valores indiscutibles en la selección Colombia, bien habría servido para llamar las puertas de la absoluta. En otra época así hubiera sido.

La bomba del área

Cali y Millonarios protagonizaron un partidazo de locura en el Pascual Guerrero. Dos equipos que tenían las mismas obligaciones desde el pitido inicial: la victoria. El Cali, para mantenerse dentro de los ocho, recuperarse anímicamente y no perder trecho con los de arriba; Millonarios para seguir con vida con el objetivo de los cuadrangulares. De hecho, terminó siendo lo esperado: un partido de ida y vuelta, con muchísimas ocasiones y ambos con la necesidad de lograr los tres puntos, pero bastante errático en ambas áreas.

Una derrota dejaba a Millonarios sin opciones de clasificar a los cuadrangulares

Héctor Cárdenas sacó su característico 4-4-2 asimétrico con mínimas variantes. Quizá, la única, la inclusión de Miguel Murillo por Carlos Rivas, apostando más por el juego directo y menos por el dinámico. El Cali, sin embargo, le obsequió el protagonismo inicial y la posesión a Millonarios, que se sintió cómodo y leyó el pasillo central y, sobre todo, derecho. Máyer Candelo vs. Andrés Pérez por dentro y Javier Reina vs. Juan David Cabezas por fuera. Es decir, Daniel Torres o Ganizita Ortiz tenían terreno para acompañar, sorprender y generar superioridades.

El Cali viene mostrando falencias en la sala de máquinas (Pérez y Cabezas)

El 0-1 de Reina activó al Deportivo Cali y empezaron a dominar el balón, mas no las ocasiones. Y fue en un ataque posicional mal organizado, con la defensa de Millonarios mal posicionada, con una definición aceptable de Miguel Murillo y con una floja respuesta de Luis Delgado que llegó el 1-1. Pero priorizando lo que quería Héctor Cárdenas: el juego directo con los apoyos largos de Sergio Herrera y Miguel Murillo. Millonarios optó por la pausa, el toqueteo horizontal, durmió el partido y ambos tomaron fuerzas para afrontar una segunda etapa atronadora y apoteósica con 5 goles.

Millonarios es el equipo que más goles ha recibido en el torneo

El Cali jamás utilizó los carriles externos frecuentemente como en otros partidos. Todo el juego pasaba por las conducciones peligrosas de Cabezas y por Miguel Caneo, que ralentizó el juego más de lo normal en él tanto en transiciones como en estático. Pero fue en otra desorganización de Millonarios, esta vez en ataque, que procedió el 2-1 de Miguel Murillo. En ese preciso momento la mirada de Lunari demandaba a Fabián Vargas, por su ausencia y la necesidad de tenerlo en cancha para juntar a dos bloques y no generar pérdidas peligrosísimas de las que costaran resarcirse corriendo hacia su propio pórtico.

Al final, el veneno impuesto por Miguel Murillo fue una bomba del área en todo momento. Fuerte en el juego aéreo, perfectamente posicionada para posibles continuaciones, generando espacios con sus diagonales de adentro hacia afuera para atraer marcas, y fino para transformar cada balón a gol (donde estaba sin confianza). Román Torres y Andrés Cadavid soñarán de por vida con la memorable actuación del delantero de nada más 21 años. Y con hat-trick en el día de su cumpleaños.