Maxi Núñez y el tiempo

Él es energía, hiperactividad y voluntad. Maxi Núñez y el tiempo. Es un jugador que condiciona sí o sí el planteamiento de su equipo y su presencia ya basta para generar. Maxi surgió como extremo picante en un Estudiantes de la Plata sin problema de banda. Aunque es diestro natural, podía jugar también de extremo izquierdo. Su virtud más influyente es la activación de las zonas laterales del ataque en las que puede finalizar o bien con centro al delantero o con regate y disparo. El marplatense es eso: producción instantánea en el último tercio del campo.

Maxi es el punto de encuentro entre Insúa y Vargas

En Millonarios, los dos atacantes son el tiempo. Ellos deciden a qué velocidad se ataca. Cuando el balón pasa por sus pies el tiempo puede volar o puede caminar. En el caso específico del argentino, cuyo juego ha evolucionado y ya no es solamente electricidad pura, el tiempo se posa para decidir qué se hace en tres cuartos de campo. En este esquema azul, Maxi otorga varias respuestas: posicionalmente es el jugador que otorga amplitud al ataque por banda derecha, fase en la que destaca sobre todo con dos ejes del equipo: el ‘5’, generalmente Fabián Vargas, y el ’10’, generalmente Federico Insúa, que conforman los dos vértices verticales del rombo millonario. Con el primero, el tiempo camina, y con el segundo, el tiempo vuela.

La versión actual de Fabián Vargas tiene un amplio rango de pase, sobre todo diagonal y al pie del receptor. Envíos de 20 metros que tienen a Maxi como punto aparte y con los que activa la zona derecha del ataque en donde puede decidir y terminar desahogando a su equipo para apoyar, ocupar espacios y posicionarse en ataque. Cada nombre tiene un matiz, y en este caso hay uno importante: Rafael Robayo. Cuando el bogotano juega, la fase de ataque sufre una pequeña/gran alteración táctica, ya que el 8, además de su despliegue físico y su verticalidad, transporta la pelota, para bien y para mal, así que en muchas fases del juego, o debe ser saltado para estirar al equipo, o su juego por dentro rompe líneas en vertical generando variantes.

El aporte mayor de Maxi es su centro al área

Cuando Millonarios está en ataque posicional, y es Insúa quien retrocede a generar espacios con el balón en sus pies, Maxi rompe con diagonales centro-derecha desmarcándose del ‘6’ y a espalda del ‘3’, y ahí el tiempo empieza a volar. Su misión, ya una vez estirado el ataque azul y ganado el territorio, es buscar el centro. El centro en sentido estricto, porque no sólo incluye al delantero centro Michael Rangel, sino que puede aprovechar esa presencia entre los centrales para buscar la segunda línea de volantes embajadores que tienden a asomar al área con su gran precisión.

La mala noticia de la lesión del argentino vino acompañada de la salida por lesión muscular del delantero centro, así que Rubén Israel tuvo que cambiar tácticamente el ataque de Millonarios. La respuesta es Jonathan Agudelo, delantero inquieto, de movimientos rápidos y engañosos que acompañado de dos mediapuntas, en este caso Insúa y Otálvaro, tiene todo el espacio necesario para hacerse con el frente de ataque azul con dos pasadores a su espalda. Ahora para Millonarios, y hasta que vuelvan sus dos atacantes titulares, el tiempo no vuela ni camina. No tiene dos velocidades, sólo transcurre.

Dos ritmos favorables a Vladimir

El Millonarios-Junior se compuso por una clara vertiente: el ritmo bajo. El local no aceleró y el visitante no sufrió. Es decir, el juego se decidió a favor de Alexis Mendoza, aunque de la mano de Rubén Israel se evidencian notorias mejorías, sobre todo porque ya hay funciones específicas para el segundo pivote, Maxi Núñez y la relación Insúa-Candelo. Vargas o Robayo vuelan sin freno; Núñez sacude; Federico y Mayer interactúan constantemente. Lo de los dos enganches tiene trampa puesto que no crearon ventajas, pero eso llegará con el paso de los compromisos mientras el entrenador uruguayo implanta un sistema ofensivo que los potencie.

Guillermo Celis fue de lo más destacado

Millonarios establecía sus posiciones rápidamente en campo rival en búsqueda de Insúa y Candelo. Los dos marcaban opciones de pase a la misma línea pero en diferentes carriles. Siempre se buscaban. Hasta en los tiros de esquina. Y aquí destacó la presencia de un futbolista como Celis que con libertad posicional expone su amplio físico. Para atacar y defender. Para subir y bajar. Millonarios jamás superó la barrera de Guillermo. No dominó el partido en su totalidad, pues en fase ofensiva cargaba mal el área y no recogía la cantidad suficiente de rebotes, pero en él estuvo el partido.

Está claro que los mecanismos de salida de balón y la calidad en los primeros de pases no es la misma con y sin Cuéllar. Sin embargo, la clave del Junior no estuvo en sacar mejor o peor el marrón, sino en pillar a contrapié a Millonarios. El azul, evidentemente, no defiende igual en los metros finales con Henríquez-Vega a diferencia del jefe Torres y el inspirado Díaz. Blanco llevó el partido a donde pudo, pues los controles de Ovelar, las conducciones de Pérez y las acciones espectaculares de Vladimir mandaron.

Vladimir Hernández, muy decidido en todo lo que hace

En la segunda mitad, cuando el ritmo aumentó, Junior pegó el último tiro. Millonarios se partió en dos bloques donde cuya disciplina en el repliegue desapareció, Blanco se juntó a los centrales y quedó en inferioridad numérica tras la expulsión de Mosquera. Junior logró y catapultó la victoria cediendo la posesión, armándose sobre el círculo central y corriendo a toda luz. Vladimir volvió a destacar. En la lentitud, encaró y desbordó con determinación; en el ida y vuelta, ofreció las jugadas que viene dejando desde finales del torneo pasado. Dos ritmos favorables.

El partido de los laterales

La noche se antojaba memorable. Déiver Machado y Helibelton Palacios en la misma cancha y en la misma zona. El duelo no definía al mejor lateral de la Liga, ni mucho menos, pero daba gusto imaginarlo. Aquel duelo quedó en fantasías. La prudencia y el respeto mutuo entre los laterales prevaleció. Ni Machado ni Palacios pasaron al ataque temiendo que el otro lo hiciera. No por eso el juego dejó de ser de los laterales. En la banda opuesta, Lewis Ochoa y Jeison Angulo fueron determinantes en el resultado.

Millonarios saltó a la cancha con un ritmo abrumador. Rafael Robayo y David Macalister Silva se impusieron en el medio, de tal manera que el Cali parecía un espectador. Todos los balones eran suyos y elegían a Lewis Ochoa para atacar el lado débil del Cali: Jeison Angulo. Débil porque no podía frenar los centros laterales de Ochoa, pero también porque no podía perder de vista a Maxi Núñez. El dos contra uno en la banda de Angulo estaba siendo incontestable.

Entre Kevin Balanta y Harold Preciado contrarrestaron a Lewis Ochoa

Y aunque el Cali tardó en reaccionar, su respuesta fue contundente. Kevin Balanta abrió su posición para compensar la inferioridad de Angulo. Pero Fernando Castro fue aún más ambicioso y envió a Harold Preciado para atacar la espalda de Ochoa. Fue entonces que el Cali equilibró las cosas.

Eso sí, el Cali estuvo lejos de ser reconocible. El kínder del Pecoso no dio muestras de aquella facilidad para mover el balón en campo contrario que lo caracteriza. No obstante, el Cali tuvo bastantes opciones de gol. Es por esto que Andrés Pérez es un baluarte. Pérez renunció al papel de mediocampista tapón y plantó al Cali en campo rival. Entre recuperaciones, toques y remates a puerta, Pérez y el Cali lo tuvieron todo para ganar. Andrés Pérez se dejó la piel. Y supo dominar el partido de los laterales.