El buque de Rueda

La estrategia del ‘Pecoso’ Castro era competir desde el primer minuto a hombros de un envión alto en ritmo que le permitiera incomodar y sacar del libreto a Atlético Nacional. De esta manera iba a propiciar ventajas en los espacios que dejaría un equipo, a priori, más dispuesto a la creación que a las transiciones.

Para llevarla a cabo inició en el mediocampo con un trivote conformado por Andrés Pérez, Carlos Rentería y Kevin Balanta. Andrés Felipe Roa completaba el rombo como vértice adelantado; y los dos puntas, Mateo Casierra y Harold Preciado. Sorprendía la no titularidad de Rafael Santos Borré, aunque el delantero nariñense de 18 años que lo reemplazó tuvo unos 25 primeros minutos tan espectaculares que hizo olvidar la ausencia de la maquina. Funcionó. El plan. Sí, estaba funcionando. El Deportivo Cali estaba ganando los duelos individuales y superaba en cadencia a todo un Nacional en el mismísimo Atanasio Girardot. Además, cuando se estacionaba en campo del local, mantenía posesiones largas con Casierra como eje haciendo daño entre los defensores centrales y el cinco Alex Mejía. Encima, un Roa inquieto creaba líneas de pase y participaba activamente. El verde paisa intentaba salir en contragolpe y allí llegaban los centrales, en especial Quintero para anticipar. El barco del campeón exponía armas y tiranizaba.

El partido fue, más que nunca, una batalla estratégica entre los entrenadores

Reinaldo Rueda metió mano: cambió pronto porque se vio tan superado en el mediocampo que tuvo que bajar la posición de Chará para tomar a Rentería. Con ese cambio táctico, empezó a compensar un poco la sangría y a cambiar el partido. Ahora, ¿por que Yimmi Chará en ataque se quedaba en la base y Sebastián Pérez permutaba entre líneas? Por puro despliegue físico ante una posible pérdida. A ese punto de precaución llevo el planteamiento del Pecoso a Nacional. Uno de los mejores jugadores entre líneas de la Liga obligado a jugar fuera de posición. Con este posicionamiento Nacional, tras el gol visitante, tomó la iniciativa en el momento más crítico. Claro, una cosa es Chará entre líneas y otra es Chará en la base, de modo que ante el déficit creativo, el Rey se hizo cargo de nuevo. Fue él, Macnelly Torres, quien desactivó la presión en el medio de los tres centrocampistas del Deportivo Cali. Jugaba a un toque e invitaba a la asociación, sobre todo con Sebastián Pérez, que se lanzaba hacia delante para compensar la posición baja de Yimmi y con Marlos Moreno que se mostraba siempre a la espalda de Balanta.

Una vez el Cali tuvo que cerrarse para proteger su centro del campo, llegó el segundo movimiento táctico que terminó de desgarrar el partido. El portaaviones, entonces, vio despegar a sus laterales. A los dos. Faryd Díaz y Gilberto García, sueltos por diseño en el planteamiento del Cali, empezaron a jugar. Alcatraz ejercía casi de doble pivote al lado de Alex Mejía y exhibió su técnica con cambios de frente que saltaban el medio del campo descaradamente e iban a parar a los pies de Marlos Moreno. El paisa de 19 años manejaba la profundidad, la amplitud y el desborde del partido de manera absoluta. El movimiento es clave y muy indicativo de lo que es jugar contra Atlético Nacional hoy día. La salida pasó por los laterales en cada una de las jugadas desde las que iniciaba el juego para, desde allí, recargar la jugada por la zona izquierda de su ataque por donde llegaban a juntarse Faryd Díaz, Macnelly Torres, Marlos Moreno y Sebastián Pérez. El daño empezaba a ser irreparable, agujeros por todas partes y el agua que se filtraba irremediablemente tendía a hundir al campeón.

Nacional derrotó al campeón haciendo un partido técnico casi perfecto

El cambio de Juan David Cabezas por Carlos Rentería respondió al intento de tener un poco más de control post-recuperación y, como consecuencia, llevar a Balanta a la zona de Alcatraz para cortar el flujo desde la fuente. Para el equipo, el cambio, significaba la necesidad de respirar desde la seguridad en el pase y la búsqueda de una salida más limpia. El Pecoso emparejó el duelo, pero Nacional es un equipo muy difícil de defender porque sus jugadores en ataque cambian de posición con mucho sentido y precisión. Cuentan con una técnica para ejecutar verdaderamente de altura.

El campeón se va habiendo puesto en grandes apuros al mejor equipo de la fase regular y llevándolo al límite de su juego táctica y estratégicamente. El proyecto del Deportivo Cali, pese a esta derrota, sigue a flote descansando también en el futuro enorme de jugadores como Mateo Casierra y Juan Sebastián Quintero, nombres sumados a los ya por todos conocidos. El buque de Reinaldo Rueda sale reforzado de una serie de máxima exigencia y ya apunta los cañones contra su rival más deseado.

Uno para todos

Durante el torneo ha visto desfilar en su zona de influencia variedad de volantes ofensivos y delanteros, con distintas características entre sí, y jugando bien con todos. Acoplándose porque el equipo lo requiere y, más importante, porque puede. Tiene con qué. Ese es Harold Preciado.

El ataque lo ha compartido, en su mayoría, con dos acompañantes: Mateo Casierra y Rafael Santos Borré. Casierra es un proyecto de delantero interesantísimo. Uno más de las prolíficas divisiones inferiores del Deportivo Cali. Su juego con Preciado puede ser muy productivo porque es un delantero que, pese a baches técnicos, resuelve bien, decide bien. Lo he visto asociarse, ser hiperactivo en los movimientos y descarado en las carreras al área. Maneja registros distintos y, aunque le falta rodaje en primera división y madurar como futbolista, no hay que perderlo de vista.

Santos Borré. ¿Qué decir que no se sepa ya? Entre los dos se reparten el juego de recepciones y continuidad del ataque. Borré es mejor futbolista que cualquiera que lo pueda acompañar y eso hace que las intervenciones de Preciado sean más detalladas. El barranquillero acapara más terreno y más balón, pero del iceberg siempre se ve solo un trozo. Preciado es un delantero completísimo y constante en su rendimiento. Cuando combinan son capaces de jugadas maravillosas, pero a Harold no se lo dimensiona lo suficiente porque Borré es tan bueno que le ahorra desgaste, trabajo y lo hace ver como un delantero centro puro. Así sea más que eso.

Preciado maneja de manera destacada y consistente casi todas las facetas del delantero centro moderno

Como no se le puede calificar sólo como un nueve de área, hay que evaluar su relación con las fases del juego. En transición ofensiva, su carrera para estirar el ataque en ruptura empieza cuando el balón está en la línea de volantes ofensivos, no antes, no después. No es un detalle menor: demuestra dominio del contexto de su equipo y conocimiento del espacio en el que se debe mover. El hecho de que el Deportivo Cali no cuente con un lanzador en el mediocampo lo obliga a esperar un poco más. Ahora bien, es raro verlo en banda en una transición. Sus desmarques diagonales tienen un límite: son tan horizontales como se lo permita la referencia del área grande. Es consciente de que su hábitat final es allí. Así salga, vuelve por puro olfato goleador.

Cuando no se puede correr y el equipo se estaciona en campo rival, se muestra siempre entre líneas para apoyar y darle volumen ofensivo a la jugada. ¿Qué tipo de recepción logra? Siempre su posición es diagonal a la posesión. Este movimiento toma siempre a los rivales de espalda y a los centrales demasiado lejos, así que le da un tiempo más para resolver. Lo interesante es que acá busca asociarse más que rematar o regatear, aunque bien podría hacerlo y no sería una opción descabellada.

Teniendo en cuenta que el doble pivote no filtra pases, no es creativo, los volantes ofensivos tienen que encargarse de este trabajo casi desde la línea media del campo. Por las características propias de estos, las presentaciones de Preciado varían. Mojica lo hace ver más vistoso, Roa le exige, y Benedetti le permite practicidad y comodidad. Harrison Mojica es experto en filtrar balones diagonales, aéreos o a ras de césped. Para efectos prácticos, a Preciado no le importa. Harold es especialista, como ya se dijo, en recepciones diagonales para apoyar, pero hay que verlo utilizando su cuerpo bajando balones y pivoteando un envío largo. Un espectáculo. Andrés Felipe Roa, por otra parte, exige devolución siempre que te involucra en el juego. Pasa y va. Así que, a nuestro protagonista, lo invita a descargar en pared hacia fuera y hacia delante, lo que lo puede tomar un poco retrasado cuando el balón llegue en forma de centro al área. Por último, Nicolás Benedetti. El volante de dieciocho años es, de los tres, el que más juego entre líneas genera de múltiples maneras. Además, es el más hábil en el regate, en el uno a uno y el más asociativo. Por consiguiente, Preciado tiene que hacer más labor sucia, más capolavoro. Trabajo de delantero centro: ir al área, fijar centrales y esperar que el balón llegue. Y llega.

Su influencia en el juego es insustituible

Su error más recurrente es intentar pasar largo en profundidad, acción que todavía no domina. Pero no se lo puede culpar. ¿Qué delantero en formación es, además, creativo en el pase? Ya lo perfeccionará. Mientras tanto debe ser paciente y participar en el juego tanto como le sea posible. Siempre cambia, siempre aporta, nunca el paso del balón por sus pies está de más.

Juventud y sabiduría

Deportivo Cali acogía en Palmaseca una doble jornada frente a rivales directos con la posibilidad de despejar sombras en lo que refiere a su clasificación. Pudo ante el primero -Medellín- ejecutar unos segundos 45 minutos que cambiaron el devenir del partido y recibía a un encopetado Santa Fe que batalla en tres frentes de forma sorprendente. Contra el expreso rojo, los dirigidos por Fernando Castro debían seguir tonificando su rendimiento, y para ello, el timonel incluía por primera vez a Rafael Santos Borré desde el inicio junto a Casierra y Preciado.

Gerardo Pelusso diseñó un cotejo en el que la presión en campo propio fue fundamental. Taponó cualquier línea de pase por el centro con Perlaza y Gordillo en el doble pivote e impidió que Casierra lograra progresar cada que hacía contacto con balón. Con la fase ofensiva de su rival totalmente controlada para generar daño, dispuso de algo sencillo: asentarse lo más rápido en campo rival tras pocos toques para luego poder causar peligro en portería de Hernández. Borré no podía gozar de un primer pase agudo y sustancioso que le permitiera recibir en su zona de acción, haciendo que los azucareros restaran calidad a su ataque cada que Rafael se veía obligado a pedirla en la bomba central.

En el primer tiempo, Deportivo Cali no encontró pases en tres cuartos de campo para superar a Santa Fe y producir ocasiones

Durante la primera etapa Deportivo Cali fue quien dominó la posesión pero no el juego. No dibujó el camino para perforar un Santa Fe compacto, aplicado y práctico. Dicho esto, el control del juego corría por parte de los capitalinos gracias a que el mecanismo impuesto en la derecha con Helibelton no funcionó en su máxima efervescencia debido a la lentitud de la circulación, error en la entrega y nula generación de contextos favorables para que el lateral desequilibrara y ganara línea de fondo. El conjunto cardenal únicamente se vio vulnerado en el final de la primera mitad, tras ver cómo su área empezaba a ser bombardeada con centros desde los costados a los que su zaga defensiva hacía agua.

Fernando Castro arriesgó y propuso un partido valiente para luego ser cauteloso

Casi desde el inicio del segundo tiempo Deportivo Cali se veía obligado a jugar en inferioridad numérica tras la expulsión de Lozano. Ante esto hubo varios cambios posicionales: Helibelton de central y Pérez con ayudas constantes en el andarivel derecho, donde Borré se encargaba de taponar las salidas de Villarraga. Pecoso asumió riesgos enviando a la cancha a Roa y no recomponiendo en defensa ante la aparición de grietas cada vez más visibles para Santa Fe que empezó a menoscabar en ellas con el ingreso de Quiñones. Sin embargo, justo en ese momento emergió la valentía, gallardía y vivacidad enfrascada en la juventud de Benedetti que, al encontrar una sociedad con Roa, consumó un gol precioso con un remate fuera del área que perforó las redes de un sobrio Castellanos.

Santa Fe no acudió a la pausa para mejorar el panorama en ataque

Santa Fe, a pesar de jugar con un hombre de más, no elaboró de forma paciente, pues se expuso al vértigo de Quiñones en ataque y no a un manejo cerebral y coherente para generar jugadas de gol. Ante la reestructuración del Deportivo Cali, Pelusso envió a Armando Vargas para aportar sentido a cada posesión, pero en las pocas que tuvo no fueron contundentes y, además, se toparon con un Hernández gigante.

Deportivo Cali consigue una victoria trascendental para seguir luchando por el sueño de la clasificación, exponiendo jerarquía y mimbres de un equipo campeón que combina el desenfreno de la juventud y la sabiduría de jugadores experimentados. Por otro lado, Santa Fe demostró que, pese a haber jugado con un equipo alterno, su rendimiento no varía de forma notoria, siendo capaz de complicar en cualquier plaza que visite.

Giro de 360°

Se reeditaba la final de la liga ocurrida hace muy poco. Deportivo Cali e Independiente Medellín estaban de nuevo viéndose la cara en una jornada que presentaba duelos directos. Había que medir fuerzas. Las balanzas no presentaban ninguna inclinación. No obstante, lo arrojado en la antesala envolvía el partido de Palmaseca como el más destacado, picante y atractivo en un FPC que hoy, más que nunca, es noticia porque Pékerman llamó a diez jugadores de la Liga Águila para los duelos iniciales de las eliminatorias.

Los errores del Deportivo Cali, en especial de Nasuti, lo mandaron a la horca en 4 minutos

No había empezado el partido y Medellín se encontraba con dos goles de ventaja. Mejor, si había empezado, pero no para el Deportivo Cali. La demora fue salir a jugar para que la noche, cuando el sol aun iluminaba, hiciera presencia en la comarca vallecaucana. Los dirigidos por Leonel, a partir de robos certeros y ataques al lado débil, vulneraron a Hernández sin piedad. Hechalar era el verdugo en apenas cuatro minutos gracias al caos de Nasuti con sus salidas descarriladas y a la inexperiencia de Lucumí para cerrar por dentro. Fue un saqueo fugaz que dejó a todos perplejos.

Ante esto fue Casierra quien decidió exhibir sus virtudes y asentar al Deportivo Cali más cerca del área de Anthony Silva. Sus recepciones siempre fueron progresivas, tanto que en una de ellas mostró su autosuficiencia para tallar un gol precioso.

Medellín no encontró obstáculos para cruzar la divisoria

La libertad de los laterales –especialmente Fabra-, propiciada por la poca ayuda de los volantes ofensivos caleños, permitía al poderoso una salida simple en la cual Marrugo encontraba abastecimiento. Christian era invisible para Pérez-Cabezas que no llegaban nunca a cubrir el ancho de la cancha. Huérfanos de una actitud defensiva colectiva insolidaria. La jugada siempre les dejaba colgados y ahí el diez rojo montó un carnaval para incrustar a los suyos en campo contrario.

Los dos goles fueron un mazazo para el local que veía como Benedetti y John Pérez no lanzaban ningún salvavidas en forma de ideas para evitar el naufragio absoluto. Medellín desarrollaba mejor su plan, sin sufrir y haciendo rotar la pelota. La Goma Hernández y Torres casi siempre aseguraban el destino de la pelota estando por detrás de la línea que la misma marca. Esto creó impotencia en Deportivo Cali que no hallaba la forma de interceptar algún pase en la red que dibujaba su rival. No olían el rastro, parecían jugar el partido a destiempo.

El ingreso de Rafael Santos Borré caló hondo en sus compañeros

En el inicio del segundo tiempo “Pecoso” Castro haría un movimiento ensordecedor: incluía a Rafael Santos Borre en remplazo de John Pérez. Por primera vez iban a jugar Casierra, Preciado y el chico que ofrece magia dentro de un césped como si recordara jugar descalzo en las calles arenosas de Barranquilla. El telón empezaría a enrollarse a medida que Borré entraba en calor. Su impacto futbolístico, pero sobre todo emocional, hizo que los azucareros crecieran. Fernando partió con un 4-2-1-3 en el cual Borré contó con libertad para moverse a placer, registrando todo tipo de acciones y siendo muchas cosas a la vez. Es un genio, y los genios son capaces de jugar donde quieran y hacer lo que deseen.

El ritmo del Deportivo Cali en el segundo tiempo dejó sin posibilidades a su rival

Independiente Medellín observaba como la pelota se le esfumaba y, al mismo tiempo, como el marcador se transformaba hacia la igualdad. Cosificándose el clímax del local, ya los de la capital de la montaña empezaron a quedar rezagados y a sentirse superados. Torres se difuminó en la tarea de la gestación haciendo cojear a su equipo con balón. Por el otro lado, Benedetti inició una dinámica positiva que minimizó al rival por medio de triangulaciones coherentes, siendo productivo desde la derecha y más trascendental. El fútbol, que es un universo paralelo al real, permite que sus practicantes resuelvan y definan sus conflictos. Y, claramente, Nasuti lo experimentó. Pese a ser el causante del desastroso primer tiempo, hizo presencia en el marcador para desmoronar la imagen inicial.

Leonel Álvarez no encontró explicaciones ante la pérdida de la ventaja. Quiso ofrecer soluciones con sus sustituciones pero estas no repercutieron al quedar en inferioridad numérica por la expulsión del guardameta Silva. En el otro banquillo, Fernando Castro hizo una gestión estupenda al dar ingreso a un inspirado Borré que desempolvó la jerarquía almacenada en los jugadores que no demoraron en solidificar la remontada. Los vestidos de verde golpearon a un Medellín que no vive un momento ideal tras la eliminación de copa. Eso sí: hoy, quien se regocija, es Rafael Santos Borré. Ratifica lo que significa contar en la plantilla con un astro deslumbrante.

Cuidado: ¡niños jugando!

El fútbol colombiano vivió de un semestre exótico, con partidos rebosantes de emociones y jugadores que dejaron ver de qué están hechos. Quizá haya sido el semestre con el nivel futbolístico más alto de los últimos años; los playoffs así lo confirmaron. La expectativa para conocer quién iba a ser el nuevo campeón crecía y tan sólo quedaban 90 minutos.

Lenguaje ofensivo en la recta final

En la historia de los torneos cortos no hemos vivenciado una final en el fútbol profesional colombiano entre Deportivo Cali e Independiente Medellín. La peculiaridad añade el factor de ser una llave inédita. Lo que nos lleva a enmarcar que dicho partido, por lo representado, será un duelo ‘sacachispas’. Sin ningún tipo de favoritismo y con dos técnicos que viven el fútbol al límite.

Las piezas claves de los dos equipos se han conocido en sus mejores presentaciones durante el torneo. Independiente Medellín atesora en su nómina jugadores talentosos. Uno de ellos es Marrugo al cual dos perros de cacería y enamorados estarán atentos para que no esparza su magia. Si no lo logran, el efecto será mayúsculo, ya que Christian consigue efectuar pases magistrales que ponen a sus delanteros certeros, móviles y sagaces, casi siempre en situación de gol. Lo igualan pocos y cuenta con fichas que pisan el área de forma extraordinaria. Es una suerte de ‘10’ poético cuando la mina de su pie está afilada. Pérez y Caicedo se deleitan con su literatura futbolística, pues saben que ese tipo de jugadores están en extinción, aunque todavía se resistan y quieran disolver la idea de nuestras mentes.

Preciado es la (semi)culminación intuitiva del Cali sin Borré

Si Fernando Pecoso Castro continúa con su terquedad –que no se piense que terco es algo negativo–, es decir, teniendo la convicción de atacar, de ir arriba, cuenta con elementos trascendentales para que su ataque germine. El principal, por supuesto, es Preciado. La capacidad de Harold para aguantar, chocar, no renunciar a ninguna pelota y meter a los suyos en campo contrario es un arma que escasea en la liga. Luego, está Candelo, figura que potencia al mencionado delantero con sus lanzamientos. De encontrar acierto, la pierna derecha de Yerson puede rasgar entre líneas al equipo de Leonel. Lo que implicaría mayor vigilancia y estacionamiento de Marín, enfrentándose al flanco de ataque preferido por los vestidos de verde.

Por último, y sin restarle méritos por mencionarle ahora, se encuentra Andrés Felipe Roa. Llegó para este semestre y en instancias definitivas, como si nada, tomó la titular. Fue ese aire que da potencia al velero cuando el mar está agitado e invencible. Fernando confió en él en detrimento de Mendieta e hizo ver, como con el equipo, que no siempre la experiencia es criterio de elección. Y no lo es porque Roa condiciona todo. Lo hace por una capacidad –si se quiere–: perseverancia. Es el fiel reflejo en el campo de aquella frase que dice que “una gota no rompe una piedra por su fuerza, sino por su constancia”. No desfallece aunque haga miles de cosas y todas les salgan mal. Acciones que inician, la mayoría, porque es Roa quien viste de cazador furtivo de segundas jugadas.

El DIM deberá reformular su defensa interior sobre Roa

Independiente Medellín debe referenciar con un binóculo a Andrés Felipe. Eso sí, puede que ni le enfoque, o que este no siembre y coseche, pero sus caídas a espaldas del doble pivote y conducciones, en fusión con su atrevimiento y técnica para golpear y pasar, son virtudes a considerar para Hernández, Didier, Jherson o quién esté. La libertad concedida por Fernando ha sabido a miel. Es un gozad que los partidos son cortos como la vida. Cosa que disfruta Roa, sin ser la maravilla, jugando en el césped con el mismo descaro que lo hacía en la arena.

Roa ve en el Pecoso un padre, como todos los hicos, pero sigue desobedeciéndolo al tener pérdidas que empujan al colectivo al abismo. No siempre elige lo mejor para la jugada por querer sobresalir. Peca de individualismo y la excesiva obsesión por la redonda. Jugar a uno o dos toques, que lo sabe hacer, sería un artefacto dañino que contempla pólvora fina con Preciado y Casierra.

En teoría, nos encontramos ante una final pareja. La sobriedad del equipo de Leonel para jugar a ras de piso y construir a partir de la pelota, todo a una circulación inconstante, enfrentada al espíritu de un equipo joven y batallador que lucha cada partido repitiendo en sus mentes los versos de sacrificio hechos por Fernando. Chocan dos equipos eléctricos. Es complejo vislumbrar la balanza inclinada hacia algún lado. Será una final apasionante, de principio a fin. Sólo queda esperar a que los ojos disfruten y nuestras mentes se deleiten. Motivos los habrá. Es una Final. Es fútbol; es fútbol colombiano.

La delgada línea azul

Clasificó el Cali mediante los tiros desde el punto penal, pero su producción ofensiva bien debió haberle valido para acceder a la Final en los 90 minutos reglamentarios. Fueron superiores durante casi todo el transcurso del juego y generaron suficiente como para haber ganando con comodidad. No lo hicieron porque Luis Delgado estuvo estupendo bajo palos y porque sus delanteros estuvieron poco precisos en situaciones en las que el gol debía ser insalvable.

Cali fue mejor que Millonarios y pudo golear

Millonarios no jugó mal. De hecho, sostuvo bien el principal foco de ataque del Cali durante todo el encuentro. El Cali no desbordó a Millonarios con su fútbol habitual a pesar de que, a priori, el equipo azul es una víctima perfecta para sus principales virtudes. Eso es de aplaudir. El Cali suele utilizar su banda derecha para desordenar y lanzar sus ataques, apoyándose en el triunvirato que forman Palacios, Candelo y Preciado. Lunari decidió invertir en Cadavid como lateral por esa zona y en ayudas constates de su trío de mediocampistas, que se volcaba descaradamente a su lado izquierdo, dejando el otro sector del campo muy desprotegido, hecho que ayudó a que Andrés Roa firmara una actuación formidable. El resultado fue que Candelo nunca pudo sumar en campo contrario, que Palacios casi nunca se proyectó y que Preciado entró poco en el juego medio. Millonarios sujetó bien y obligó al Cali a jugar un fútbol hiper directo, con Candelo lanzando casi desde la posición de lateral derecho. Y ahí ganaron el partido. La línea defensiva azul estuvo esperpéntico, perdieron prácticamente todos los duelos aéreos con unos voluntariosos Casierra y Preciado, cargando especialmente contra Gabriel Díaz. El Cali así trazaba sus ataques y como Roa estaba siempre libre, ganaba muchas segundas jugadas y podía crear peligro. Como consecuencia, el Cali provocó un montón de situaciones de gol y exigieron a Delgado de todas las formas posibles.

La tendencia se mantuvo hasta la entrada de Mayer Candelo. Con él en el campo, Millonarios logró hilvanar varias jugadas en campo rival, sostuvo el balón, hizo correr al Cali y se metió en el partido. El cuadro azucarero sufrió por su exceso de intensidad sin recompensa en los primeros sesenta minutos y entregó el control del juego a Millonarios, esperando meter algún contraataque. En ese escenario emergió también un muy activo Maxi Nuñez, quien tuvo en sus botas las últimas acciones peligrosas del partido. Al final se impuso el Cali en los penaltis y es justo finalista.

Harold Preciado y Johan Arango

Alguna vez dijo Eduardo Ustáriz: El fútbol colombiano tiene estas cosas. Es un fútbol que se presta para las exhibiciones de jóvenes maravillosos. La lista de niños que se convierten en hombres un día cualquiera es relativamente larga. En el Cali, que desde hace unos años es un equipo de niños cuidados por un par de espartanos, Andrés Pérez y alguno más, saben de qué va esto. Las galopadas y los goles de Muriel todavía retumban con eco en la mirada del hincha nostálgico.” El eco nostálgico en la mirada azucarera estaba anestesiada por Santos Borré, aunque se agravó por su marcha al Mundial sub-20; pero lo que no sabían es que Harold Preciado continuaría asumiendo su rol y parte del de Rafael, como Mateo Casierra -18 años- el de finalizador.

En una primera parte insípida, casi sin golpes en El Palogrande, el Once Caldas se animó a buscar portería rival con posesiones extensas. Johan Arango asumió el papel de crack con constancia y regularidad. Empezó a inclinar el partido hacia la portería de Ernesto Hernández, con conducciones llenas de desbordes, combinaciones por la derecha (con los juveniles Israel Alba y John Freddy Salazar) y remates lejanos. Aunque su posición inicial, a priori, era la banda izquierda, Johan asimiló la rúa del futbolista con mayor calidad técnica y decisiva del equipo; por ende, su participación entre líneas. El Cali no lo pudo frenar con Andrés Pérez solo en la base medular. Sí, solo, porque Kevin Balanta, mediocentro de talla y pachorra, se desanimó a meterle el pie al hermano menor de Paulo César. A ese Once Caldas le faltó remate y mejores desmarques sobre los centrales (como todo el semestre con Penco) para activar el último pase o habilitar espacios, cosa que sí tuvo el Cali en los movimientos con Preciado y en el remate con Casierra.

El jugador de menos llenó de energía y riesgo la estructura del Once Caldas

Para la segunda mitad el blanco blanco sufrió otro golpe: la expulsión de José Leudo. La inferioridad numérica y la presencia de Leandro Díaz como mediocentro posicional le supuso al Cali mayor cantidad de metros desolados en pos de matar el compromiso. Sin embargo, Arango volvió a recordar qué es él para el Once Caldas y se marcó dos manjares de asistencias, tratándose de la Élite de Freezer y su rastreador en el ojo; más exacto, en la pierna derecha para Johan Arango. En ese lapso breve, del 0-1 al 2-1, destacó Daniel Salazar -19 años- aun, otro debutante. Defendiendo a campo abierto, cortó varios balones in extrema res al cruce y no sesgó tobillos. Completó números sobrios para su debut: 10/14 pases cortos, 2 entradas, 6 intercepciones, 4 despejes y 1 recuperación.

Después de ese único compás de fútbol alegre y atrevido del Once Caldas, el Cali tomó de a poco el canal de la victoria. Yerson Candelo, la pieza capital, leyó mal las ejecuciones de los espacios: prefirió correr en lugar de brindarle rapidez a las transiciones con pases largos. Preciado se cansó de tirar desmarques, Roa de ofrecerse abierto y Casierra de posicionarse en el lado opuesto para el pase de la muerte. Candelo poco después ejecutó sistemáticamente y logró tres cosas: derrotar a un brutal José Fernando Cuadrado, conseguir la remontada y sellar la clasificación a los playoffs.