La magia del crack

La magia de Ómar Sebastián Pérez sigue intacta. En un General Santander en el que había más de 35000 personas, el jugador argentino hizo dos asistencias con las que su equipo logró sacar un punto de una plaza complicado. El capitán cardenal sigue vigente y, además, sigue siendo el eje, la pieza fundamental, de un Santa Fe que tiene entre ceja y ceja el bicampeonato.

Animados por un ambiente excepcional en su casa, los motilones saltaron al campo en un 1-4-4-2 en el que los dos volantes centrales tenían la importante tarea de defender y de generar fútbol con sus envíos largos. Para esa tarea, el entrenador Suárez puso a Gerardo Bedoya y a Mauricio Marín. En un principio el plan funcionó ya que Jonathan Palacios recibió estos balones a espaldas de Mina y se acercó con peligro al arco de Robinson Zapata.

Santa Fe salió con un 1-3-4-1-2 en el General Santander

Sin embargo, Santa Fe comenzó a desnudar una de las principales falencias del Cúcuta Deportivo: la salida limpia del balón. Así entonces, Morelo y Páez comenzaron a presionar a los defensas rivales cuando tenían el esférico y comenzaron a recuperarlo en campo contrario. Allí emergieron las figuras de Ómar Pérez y de Yulián Anchico. Estos dos jugadores encontraron el espacio suficiente para enviar centros que buscaban a los dos delanteros cardenales. De este modo llegó el primer gol. Tras un lanzamiento excepcional del 10, con su varita mágica, Luis Páez superó en el salto a su rival, cabeceó y anotó en la portería de Wílmer Mosquera.

Santa Fe jugó un partido muy inteligente y dominó, durante el primer tiempo, a un rival en el que los volantes abiertos no pesaban. Palacios y Murillo no volvieron a recibir cómodos y, por consiguiente, tenían problemas para desequilibrar y generar peligro. Y es que pesar de haber empatado, los motilones tenían problemas en la elaboración de juego interior, el equipo solo recurría a los balones largos y el rival controló esto sin mayor problema.

En defensa, Arias, Anchico, Meza y Mina estaban controlando las salidas por las bandas del rival

En la segunda mitad, un gol tempranero de Wilson Morelo, a pase de Pérez, volvió a poner el marcador a favor de los bogotanos. Desde ese momento, Cúcuta Deportivo se hizo del balón y comenzó a atacar a un rival cuyo rendimiento físico comenzó a mermar. Jiménez y Lazaga salieron del área y generaron faltas en las cercanías. Los nortesantandereanos aprovecharon las deficiencias físicas del rival, se acercaron al arco de “Rufay” y anotaron otro gol con su complicidad.

La magia de Ómar Pérez sigue intacta y ese es uno de los mayores activos de Santa Fe. Las nuevas piezas del equipo cardenal seguirán engranando con el paso de los partidos y el proyecto seguirá consolidándose. Por otro lado, Cúcuta volvió a la primera división a ser protagonista. Sin dar las mejores muestras de su fútbol, los dirigidos por Alberto Suárez demostraron que tienen jugadores interesantes como por ejemplo Jonathan Palacios. El 11 “motilón” desarticuló la defensa de Santa Fe con sus acciones individuales y se movió bien por todo el frente de ataque. Él fue el que mejor aprovechó los movimientos de apertura de espacios de Edwars Jiménez y de Marco Lazaga. Al final, las diferencias en el partido las marcaron Ómar Pérez, por lo ya mencionado, y Robinson Zapata por los errores que cometió.


Saber y hacer

La inteligencia y la lectura de cada partido llevaron a Cúcuta de vuelta a la primera división del fútbol colombiano. Su director técnico Alberto Suárez quien ya había sido campeón del primer campeonato del año en el Torneo de la ‘B’ con Jaguares, hizo una lectura clara y completa de las debilidades de su equipo, y buscó cómo mejorarlas.

Cúcuta vuelve a primera división después de un año

Una de las líneas reforzadas fue la delantera; era uno de los puntos más débiles del equipo Cucuteño. Había una notoria escasez de goles en cada partido del torneo de segunda división. Para ello, el equipo contó con las incorporaciones de Edwards Jiménez y Marcos Lazaga. En defensa el refuerzo más importante de Cúcuta fue la llegada de Franco Sosa – ex Boca- quien marcó un gol clave para que su equipo lograra el ascenso.

Cúcuta tuvo jugadores experimentados que sabían qué se estaban jugando y cómo debían hacerlo. “Gerardo Bedoya, quien carga en su lomo ya casi dos décadas de fútbol, necesitó un toque para hacerse con el partido, dos para sentenciarlo y unos cuantos más para exhibirse. El antioqueño ha dedicado, literalmente, la mitad de su vida al fútbol profesional, y en el primer partido de los cuadrangulares de ascenso a la Liga Águila se paseó sobre el césped de Techo con aura de general, de quien tantas batallas sólo le han dado más sabiduría. Contó con la complicidad de Edwards Jiménez, otro viejo zorro, para golear a Real Cartagena, un equipo joven que demostró ligereza ante un conjunto sólido con dos jugadores bien curtidos en las canchas colombianas”. Sebastián Duque.

La veteranía de Bedoya y Jiménez pesó en el ascenso motilón

El equipo Motilón desde un 4-4-2 clásico encontró el equilibrio necesario en cada juego y pudo ganar los partidos apoderándose del medio campo. Bedoya estuvo acompañado casi siempre de Arboleda quien le apoyó en marca y brindo aire en los momentos necesarios. Gerardo tenía mayor exigencia en sus pies, pues, era el  encargado de armar y destruir el juego. Cúcuta no solo halló solidez defensiva con el doble pivote de Bedoya – Arboleda sino mucha explosión y desequilibrio con Diego Espinel, quien fue el más inquieto al atacar por las bandas. Espinel no paró de moverse, apoyar en defensa a Sosa y asociarse con Bedoya, Edwards y Lazaga.

Sin la pelota el equipo de Suárez no se siente tan incómodo. Repliega sus líneas defensivas cerca de su portero y deja poco espacio para que sus rivales se muevan e intenten rematar al arco. Con la pelota y espacios al atacar, los jugadores y en especial Gerardo Bedoya, juegan a placer. Cúcuta puede ser un rival incómodo para cualquier equipo pues se adapta a todo tipo de partido. Puede ser dominado, jugar a la ida – vuelta o someter a su rival. Los motilones son un equipo que debe mejorar y potenciar cada línea de su campo, pero que entiende qué debe hacer y lo hace bien.