La montaña no vino a Marrugo; Marrugo fue a la montaña

Poderoso”, fue el canto de guerra. Leonel lo repitió durante la semana y la multitud le creyó. Leonel se sabía poderoso. Sobrellevó la ausencia de un crack, resucitó a otro en una posición perdida desde tiempos de Giovanni Hernández y, finalmente, recuperó a su ariete para la cita que no podía faltar, aunque su cuerpo dijera lo contrario.