Russo en la leonera

Los rumores que anuncian el regreso del clásico capitalino a sus mejores días son ciertos. Pese a que las estrellas se hospedan en Cali, Barranquilla y Medellín, no hay rivalidad que conjugue mejor la bonanza actual del fútbol colombiano como lo hacen Santa Fe y Millonarios. Al igual que en el primer clásico del semestre, anoche reinó el ritmo alto, el talento individual y la competitividad.

El As bajo la manga

Para abrir la 18ª jornada jugaban Envigado-Santa Fe. El Nuevo Gasómetro colombiano, por sus extensas dimensiones, dibujó dos clones tácticos (4-4-1-1). Y en ellos, no aparecía el agitador clásico. Era un tú a tú: te regalo la posesión, reculo lo más cerca de mi portería y, posterior al robo, transito. Santa Fe se benefició de esto, pues tenía en cancha la energía de Vargas, la siempre mejora en estático de Rivera y las carreras atléticas de Morelo. Esta superioridad para correr, esta mínima ventaja a la fase establecida del juego, la mermó Armando en la derecha para cumplir el cuatro en el mediocampo de Costas. Sin embargo, este movimiento fijo le dio orden con balón a Santa Fe.

Tras la reanudación, Yony González pasó a su banda natural. Envigado mejoró respecto a la primera parte, donde se mostró el doble de lento por los múltiples metros que tenía que recorrer para pisar el área cardenal; Santa Fe perdió el balón inteligentemente: sobre el pico del área de Castillo. En pos de desplegar en velocidad, Yony recibió en la izquierda y ralentizó los contragolpes a perfil cambiado. Sánchez ajustó, lo movió y González atacó a Villarraga y Seijas. Sumó verticalidad y aceleración en cada transición, encaró y regateó con la ventaja del mano a mano, y, sobre todo, ocasionó dos opciones de gol. En un ritmo que, a priori, parecía ser british y vertiginoso por la mayoría de protagonistas, Yony González acabó siendo el As bajo la manga de anaranjados y de 90 minutos serios. Otra demostración para alejarlo del mapa y situarlo al otro lado del charco.