El DIM de espalda al arco

Leonel Álvarez abandonó el Palmaseca algo jocoso. Por su parte, Fernando Castro asistió a la sala de prensa más serio de lo habitual. Lo acontecido en la primera final de Liga hizo mella en el entrenador del Deportivo Cali a pesar de la victoria. No es para menos. Después de una primera mitad abrumadora por parte del equipo del Pecoso, el 1-0 resulta un muy mal premio de consolación.

El Deportivo Cali saltó a la cancha del Palmaseca dispuesto a jugar al fútbol, algo que no es obvio cuando se trata de una final. Dispuesto, convencido de su juego y atento a las claves para contrarrestar al Medellín. Fueron unos 45 minutos en los que el Cali cumplió cabalmente el plan necesario para anular al DIM. ¿De qué plan hablamos? Hablamos de un plan que priorice la posesión del balón lejos de Juan Fernando Caicedo y Juan David Pérez. Lo anterior; primero, porque al doble pivote entre Jherson Córdoba y Didier Moreno le cuesta ocupar espacios en defensa; segundo, porque conservar el balón lejos de la delantera del DIM es la forma de mantener a raya a una ofensiva que crea peligro casi sin esfuerzo.

El ataque del Cali es muestra de su gran despliegue

Esto lo supo y lo aplicó el Deportivo Cali. Yerson Candelo confirmó el poderío del Cali por la banda derecha lanzando a Harold Preciado y Helibelton Palacios, lateral de mucha profundidad. También se sumó Andrés Felipe Roa cambiando de orientación para Frank Fabra, otro lateral profundo que, junto con Palacios, certifica el despliegue del Deportivo Cali en ataque y su potencial para generar situaciones de riesgo.

La segunda parte del plan defensivo del Cali también fue bastante meritoria. Fernando Castro no apostó por una superioridad numérica para controlar al tridente ofensivo del DIM. Por el contrario, no tuvo inconveniente en proponer duelos hombre-a-hombre. Ahí estuvo la superioridad del Cali: las marcas sobre Marrugo, Caicedo, Hechalar y Pérez obligaron al Medellín a recibir siempre de espalda al arco contrario. Lo mejor de todo: Cali defendía con los jugadores necesarios y, cuando recuperaba el balón, tenía mínimo cuatro hombres arriba. El escenario era aún mejor dadas las certezas que poco a poco va brindando Harold Preciado como receptor de contraataques. El Deportivo Cali tuvo un primer tiempo redondo.

El cambio de esquema del DIM potenció lo mejor de Hechalar y Pérez: su llegada al área

Pero el plan del Cali se fue diluyendo a partir del ingreso de Hernán Pertuz y el paso al 5-4-1 del DIM, un esquema que le dio total libertad a Vladimir Marín para pasar al ataque y estirar la cancha. El resultado fue la apertura de espacios en el centro y la activación de Christian Marrugo, Hernán Hechalar y Juan David Pérez. Las cosas mejoraron para el DIM. Desde entonces, los de Leonel Álvarez al menos encontraban espacios para sus transiciones ofensivas.

El partido de ida de la Final de Liga no fue la excepción a la capacidad productiva del Deportivo Cali. Sumado a esto, el equipo de Fernando Castro contrarrestó perfectamente al DIM durante 45 minutos. Parecía muy difícil para Leonel Álvarez recomponer a su equipo. El hecho de que el DIM haya resurgido luego de un primer tiempo tan pobre deja un sin sabor en Palmaseca. La cara de Fernando Castro, finalizado el encuentro, lo dice todo: el Pecoso teme sumarse a la lista de quienes no hallaron respuesta para doblegar al DIM. Para fortuna nuestra, aún quedan 90 minutos para conocer el desenlace.

Caicedo, o figurar para no figurar

Para empezar, convengamos que Germán Ezequiel Cano fue un gran timonel. Lo fue porque su hoja de ruta, más que contar con la aprobación de los suyos, encaminó al DIM a protagonizar el fútbol colombiano. Hablamos del juego asociativo del equipo de Hernán Torres, del priorizar el pase seguro para avanzar en el campo, del ataque escalonado. Cano era capaz de poner un escalón más para la progresión del DIM, si hacía falta. Su técnica le permitía salirse del área en pro de brindar soluciones, entonces el DIM hallaba en él el peldaño restante. ¿Cómo compite el DIM sin Cano?

Si pensamos en el promedio goleador de Cano, el fichaje de Juan Fernando Caicedo tiene mucho sentido. Caicedo dejó el Atlético Huila habiendo anotado 14 goles en la temporada, superado solamente por Cano. Para mantener la cuota goleadora, Caicedo era indiscutiblemente la primera opción. Los 7 goles de Caicedo, a día de hoy, lo consagran como el goleador del equipo y ratifican el supuesto: si se trata de hacer goles, Caicedo puede hacer olvidar a Cano.

Caicedo aporta goles pero resta técnica

Pero en el fútbol, lo que menos ocurre son goles. Para retomar la analogía del barco, hablemos de la hoja de ruta que transita el DIM para llegar al gol desde que Caicedo tripula. En primer lugar, Caicedo no puede servir de escalón para que el DIM progrese en campo contrario. Sus gestos técnicos no representan mayor soporte. A Caicedo le cuesta mucho controlar el balón, por lo que requiere que éste le sea entregado de forma muy precisa. Si algún compañero se halla en apuros, entregarle el balón a Caicedo puede resultar un apuro mayor. En segundo lugar, sus soluciones con balón son escasas. Esto radica en su orientación, pues lo delata fácilmente y sus pases son anunciados. Caicedo tiene poca cintura y sus pases no son precisamente brillantes. Por lo anterior, aunque Caicedo tiende a retrasar su posición para recibir el balón, no necesariamente implica un verdadero escalón para el avance ofensivo del DIM.

Caicedo hace mejor al DIM cuando se anula a sí mismo

Que Caicedo no represente un peldaño para el DIM no es una mala noticia en absoluto. De hecho, Caicedo entiende muy bien cuándo debe anularse a sí mismo. Muchas veces sus retrocesos abren espacios para que lo extremos, Hechalar y Pérez, entren al área. Dicho esto, el DIM mejora cuando omite a Caicedo en el camino al gol. Que se obvie a Caicedo explica muy bien las razones para la verticalidad del equipo después de Cano.

Lo cierto es que Leonel Álvarez no da indicios de querer prescindir de Juan Fernando Caicedo y, por lo tanto, mantener el sistema diseñado por Hernán Torres. La apuesta puede resultar. En caso contrario, y como dijo Publilio Siro, no habrá derecho a culpar al mar por un segundo naufragio.

Ofensiva poderosa

Hay partidos que resumen equipos, como el de anoche, en el Atanasio Girardot, resume al Independiente Medellín. Desde la partida de Germán Ezequiel Cano, la fuerza centrípeta del poderoso, todo cambió para Hernán Torres. Esta vez fue Alianza Petrolera el testigo de las nuevas virtudes y los nuevos defectos del Medellín sin Cano. Un sumario de la temporada del DIM.

La defensa interior sigue siendo un calvario para Hernán Torres

La fase del juego en donde más padece el DIM es la defensa interior. Cuando la línea defensiva se adelanta –cosa que pasa la mayoría de veces–, el DIM tambalea. No es que sus centrales no sepan defender a campo abierto, ni mucho menos. De hecho, Hernán Pertúz y Andrés Mosquera son veloces, saben conducir al rival hacia la banda y son sumamente efectivos en el corte. Su gran defecto es su falta de reacción para perseguir la marca cuando ésta emprende una escapada. Ahí sí sufren. Pero la cosa se pone peor. A la debilidad frente a desmarques repentinos se suma la escasa presión en el medio. Los mediocampistas no presionan por cercanía. Cuando Jherson Córdoba es el único responsable de la presión, al rival le basta con una simple conducción para superarlo y hacer de su espalda un coladero. Por esa vía llegó el gol de Henry Rojas que puso en ventaja a Alianza Petrolera.

El segundo gol aurinegro castigó otra flaqueza del DIM: la salida de balón. El equipo subcampeón de Colombia contó con una gran versión de Vladimir Marín, quien orientaba los ataques desde el principio e influía notablemente en el juego interno, más cuando lograba conformar ese triángulo con Christian Marrugo y Yorleys Mena. Pero desde que Marín abusa del pase vertical, los ataques del DIM sufren muertes prematuras. Cuando Marín está errático, al DIM le cuesta pasar al ataque.

Las individualidades en ataque son la salvación del Medellín

Eso sí, cuando Marín logra conectar entre líneas con Caicedo, cuando Marrugo logra incorporar gente al ataque con sus pases, el DIM es cosa seria. Lo único que requiere el DIM para ser peligroso es conectar con las diagonales hacia afuera de Hernán Hechalar o con Juan David Pérez: dos jugadores letales cuando están mano-a-mano con los laterales. Ahí el DIM hace la diferencia. Gracias a las individualidades en las bandas, el DIM empató un 0-2 en contra y, de haber sido más preciso, la remontada sería una realidad. Cuando el balón llega a Hechalar o Pérez, la ofensiva del DIM se hace poderosa. ¿Será suficiente?

Ganar y no convencer

Independiente Medellín atraviesa cada jornada de Liga con problemas a la hora de mostrar el fútbol vistoso de la campaña pasada. El equipo de Hernán Torres carece de claridad con la pelota. Ante Equidad el equipo antioqueño continuó mostrando las falencias y dificultades que tiene para sacar con limpieza la pelota desde atrás.

Jhon Hernández es el más extrañado en el modelo del DIM y su ausencia no ha podido ser cubierta del todo

Otro de los detalles que nos truncan para ver al Independiente Medellín de la pasada campaña es que uno de sus pilares –Marrugo- sigue careciendo de la precisión acostumbrada. El juego interno del equipo no viene siendo su fortaleza a pesar de cambiar tácticamente en medio del partido de 4-3-3 a 4-2-2-2 y suelen columpiarse en exceso sobre el costado derecho donde caen siempre Valencia, Marrugo y en ocasiones Hechalar. Vladimir suele mostrar profundidad en cada encuentro pero la falta de sorpresa de su equipo no le lleva a ser mejor. El equipo de Hernán necesita de cambios de frentes que descongestionen el juego y aprovechen los espacios brindados por sus rivales –que ahora son pocos-.

La movilidad de Cano y sus continuos y casi perfectos desmarques no logran ser igualados a los sumados entre Caicedo y Pérez

Cuando hay alguien con la capacidad de poner la pelota donde quiere el trabajo de los delanteros suele ser más fácil. Brayan Angulo hizo con una facilidad lo que para unos podría tomarles toda una vida de hacer. Lanzar un pase entrelíneas y entre un montón de piernas con una naturalidad que solo tienen aquellos a quienes les sobra talento. Caicedo pintó la obra que maquetó Angulo. Brayan viene moviéndose bastante bien en cada oportunidad que tiene de entrar al campo y divertirse. Marcar la diferencia.

Hoy ganan a base de chispazos, muestran una sorprendente contundencia a la hora de ir al ataque. Parece ilógico pero es razonable. No crea en exceso ni marca mucho pero le alcanza para llevarse los partidos. DIM aprovecha las pocas oportunidades que viene creando y eso le permite quedarse con los partidos y dormir como líder. El equipo de Hernán Torres viene mostrando algo que tanto extrañó el semestre anterior. Efectividad. Hasta el momento le alcanza pero no se sabe hasta dónde ni cuándo. Siguen sin convencer pero continúan ganando.

Náufragos en tierras Verdolagas

Ciertamente el trabajo previo a un partido puede resultar pesado, tanto para el cuerpo técnico como para los jugadores, normalmente es una semana llena de supuestos y proyecciones deportivas que por el mismo hecho de ser meramente eso, suposiciones, unas más estudiadas que otras, no dan ningún tipo de certeza. El técnico espera con ansias haber acertado en el plan de juego mientras que los jugadores confían en que sus habilidades deportivas lleguen en el máximo nivel a la tan esperada contienda. Todo lo pensado y trabajado durante la semana puede derrumbarse con un error o simplemente pudo haber estado mal desde el inicio. La única certeza que tienen, jugadores y cuerpo técnico, es que solamente el pitido inicial de un encuentro puede comenzar a desvelar los aciertos y errores de cada conjunto.

Este fue el clásico 283 entre Medellín y Nacional

Tanto Hernán Torres como Juan Carlos Osorio intentaron, en el primer clásico paisa del año, mostrar la versatilidad de sus equipos y trataron de vencer al rival desde la pizarra, teniendo en cuenta que en cuanto a calidad individual los dos equipos están muy parejos. Torres paró a su equipo en un 4-3-3 con Marrugo como vértice adelantado en la mitad de la cancha y un tridente de lujo en ataque Hechalar, Caicedo y Pérez. Los extremos, Hechalar y Pérez, tenían que efectuar recorridos largos por banda mientras que Caicedo flotaba libre por el medio para asociarse con Marrugo. Por su parte Osorio decidió mandar a su equipo a la cancha con 3-5-2 muy amplio con el fin de facilitar la salida. Bocanegra volvió a jugar de tercer central junto a Henríquez y Murillo mientras que Juan David Valencia y Gilberto García se encargaron de ser los jugadores más abiertos en la línea de cinco volantes. En la zona central, como vértice retrasado, se ubicó Palomino mientras que Bernal y Díaz jugaron escorados levemente hacia los costados de la cancha. Adelante estaban Zeballos, oficiando de media punta, y Ruiz flotando por el frente de ataque haciendo uso de su movilidad, una de sus principales virtudes.

El plan a ejecutar por los dirigidos de Hernán Torres quedó claro en el inicio del partido. Presión alta sobre los tres centrales de Nacional para entorpecer la salida y recuperar el balón rápido. Este punto específico del planteamiento lo supo efectuar el DIM, logró complicar la salida a un equipo que tiene como una de sus principales fortalezas salir limpiamente desde su propia cancha. El problema vino a la hora de retener y hacer efectivo el uso del balón. Su disposición de extremos tan abiertos con una línea medular tan cerrada, generaba espacio entre los dos mediocampistas centrales, John Hernández y Didier Moreno, y los extremos. Espacio que sería aprovechado en varias ocasiones por los interiores de Nacional. Por otra parte, en la fase ofensiva, el equipo no logró conectarse. El poder ofensivo de su tripleta de atacantes se desvaneció con la amplitud exagerada de los extremos y el poco juego interior que generaba el equipo. Hechalar, Caicedo y Pérez estaban aislados de los circuitos, eran náufragos en campo de Nacional, no sólo apartados del equipo, también muy separados entre ellos.

El trabajo defensivo de Nacional estaba siendo efectivo

A pesar de haber ganado el encuentro no podemos considerar el partido de Nacional como bueno. Fue una elección inteligente que al final dio réditos, pero estuvo muy cerca de no darlos. El elenco verdolaga optó por retrasar, en varios tramos del partido, sus líneas con la idea de buscar espacios para que fueran explotados por sus mediocampistas, creó un espacio en su propio terreno en el cual aisló el ataque rival sin embargo eso también le costó mucho punch a la hora de atacar. Jugar tan cerca al golero tiene sus riesgos y en varios remates de larga distancia estuvo en peligro el arco de Atlético Nacional. Ofensivamente se le vio monótono en la primera mitad, con Zeballos soltándose para lanzar balones hacia Valencia y García con la intención de que estos jugaran con Ruíz, idea que probó ser poco efectiva ya que los laterales del DIM controlaron bien esa zona. El punto de inflexión en el partido se dio con la entrada de Andrés Escobar, el nuevo fichaje de Nacional, sin hacer un partido espectacular, logró desequilibrar a una defensa que daba muchos espacios cuando estaba lanzada al ataqué y en 10 minutos generó dos oportunidades claras de gol una que logró ser capitalizada por Ruíz. Al final Osorio venció a Torres, sin superarlo totalmente desde lo táctico, pero utilizando mejor sus armas, hasta ahora el mejor tridente ofensivo de la liga se está viendo desperdiciado.


Lo complicado de un nuevo proyecto

El inicio de un nuevo proyecto futbolístico es parte importante en la vida de un club. Unos, los que venían haciendo bien las cosas, tienen que demostrarle a sus hinchas que pueden seguir confiando en el equipo. Mientras que otros, quienes no tenían un proyecto ganador, tienen que renovarle la esperanza a sus seguidores. Más allá de los nombres que pueda traer cada club, con el fin de ilusionar a su hinchada, la hora de la verdad llega en el primer partido por los puntos. La mayoría de los veintidós jugadores salen a la cancha con instrucciones nuevas, ya sea por cambio táctico o porque se están estrenando en un nuevo equipo, contexto en el cual se puede esperar un poco de anarquía táctica o unos circuitos no tan aceitados. Los técnicos intentarán cosas nuevas, arriesgarán más entendiendo que las escuadras requerirán de una buena labor por parte de ellos para sacar ese temido primer partido adelante. Con todas esas nuevas esperanzas y con todos esos problemas saltaron a la cancha del Palogrande Once Caldas y el Deportivo Independiente Medellín.

Caicedo, Hechalar y Pérez fueron los fichajes más importantes del Medellín

Ambas escuadras formaron con un 4-3-3 ofensivo tratando de soltar un mediocampista para que se adelantara y se juntara con los 3 de la línea más ofensiva. Los extremos de los dos equipos tenían que hacer recorridos largos con el fin de que el lateral de su banda no quedara en un 2 contra 1 y fuera desbordado. Esto generó problemas para el Medellín, ya que los debutantes Hernán Hechalar y Juan David Pérez, que oficiaron de extremos, no están acostumbrados a tener labores defensivas tan marcadas. En cambio, en Once Caldas, Johan Arango y el debutante Michael Balanta cumplieron con sus funciones, el ida y vuelta constante, atacando la espalda de los laterales del DIM. El problema para los Albos surgió en el medio del campo, la combinación Sierra, Valoy, Henao resultó ser buena contención pero para nada creativa, por lo tanto el juego del Once Caldas se volvió repetitivo y sólo se concentró en las bandas haciendo que sus avances fueran mucho más fáciles de marcar.

Así se fue el primer tiempo, pocos riesgos más estudio. Para la segunda parte Flabio Torres decidió buscar el partido y activar más su juego interior, dándole entrada al volante creativo Jonathan Álvarez y al delantero César Arias, con esto buscaba concentrar más el juego en la zona central del campo para que Balanta y Arango atacaran los espacios que se generarían a espaldas de los laterales. Un cambio táctico que se vio empañado ya que 3 minutos después, en una recuperación rápida, Cristian Marrugo activaría, con un pase largo, al debutante Juan Fernando Caicedo para que éste eludiera al golero José Cuadrado y convirtiera el primer gol de la noche.

Valoy y Penco, dos de las nuevas caras del Once, fueron sustituidos al comienzo del segundo tiempo

Después del gol el DIM decidió refugiarse atrás y dejar que el Once Caldas se adueñara de la posesión y del terreno de juego. Dejando adelante a Caicedo para que buscara otro contra golpe. Los albos adelantaron sus líneas, ubicando a sus laterales en campo del Medellín, la idea ofensiva fue un poco excesiva, teniendo en cuenta que los tres delanteros del DIM son rápidos y que cuentan con un lanzador como Marrugo. En una recuperación rápida acabaron con la intención de empatar del Once Caldas, Marrugo tocó para Caicedo quien le devolvió de primera dejarlo frente al portero de los albos, Marrugo en lugar de disparar la pasó para que Hechalar se estrenara con su nuevo equipo, 0-2 y una victoria bastante importante para el DIM.


El fortín opita

Desde que Fernando Castro tomó las riendas del Club Atlético Huila, el Estadio Guillermo Plazas Alcid se convirtió en un fortín del que ningún equipo ha logrado sacar 3 puntos. Atlético Nacional no fue la excepción en la quinta fecha de los cuadrangulares. Los locales ganaron 1-0 con un gol de Juan Fernando Caicedo y todavía cuentan con una chance clara de clasificar a la final. En Manizales se jugarán su última oportunidad de volver a una final después de 5 años.

Para jugar la final, Atlético Huila debe ganar y esperar que Santa Fe no lo haga en Medellín

El “Pecoso” mandó un 1-4-3-1-2 con el que buscó atorar la salida verdolaga, incomodar a los mediocampistas rivales cuando recibieran el esférico y aprovechar las recuperaciones rápidas de balón para generar oportunidades de gol. En efecto, 2 minutos fueron suficientes para que los opitas anotaran en el arco de Cristian Bonilla. Tras recuperar el útil, los atacantes del Huila aprovecharon su velocidad para atrapar a los defensores visitantes mal parados. Una triangulación perfecta entre Blanco, Hechalar y Caicedo fue suficiente para llegar al 1-0.

Con el resultado a su favor, Atlético Huila mantuvo el planteamiento inicial y estuvo cerca de aumentar el marcador. La presión ejercida por los atacantes locales empezó a surtir efecto. El problema que ha aquejado a Nacional durante todo el semestre se hizo evidente una vez más. Los opitas dominaron a su antojo el primer tiempo e hicieron ver muy mal al finalista sudamericano. Las intervenciones de Bonilla en el arco y de Alexis Henríquez en el área evitaron que su rival terminara el primer tiempo con más goles a favor.

De los once de hoy, Henríquez fue el único que jugó la final de la Copa Sudamericana

Caicedo se puso el overol y comenzó a trabajar. Él bajó hasta el centro del campo, comenzó las jugadas, tiró diagonales que le sirvieron a su equipo y, con la ayuda de sus compañeros, desarticuló la medular verdolaga. Si bien es cierto que Diego Arias estuvo muy solo porque Pérez y Valoy no estaban bajando a hacer bien los apoyos, el Huila mostró un juego fluido, preciso e inteligente.

En el segundo tiempo, los opitas se replegaron y le dieron el balón a Nacional. Con su 1-3-3-1-3, Osorio buscó las bandas para hacer daño desde allí. Sin embargo, Guisao y Valencia no desbordaron, razón por la cual los centros fueron una constante que le facilitó todo al rival. Los verdolagas estaban desconcertados y tuvieron una noche oscura. Atlético Huila ganó con autoridad y se consolidó como la sorpresa del torneo. En su fortín, el equipo del Fernando Castro hizo la tarea y sacó 7 de 9 en los cuadrangulares y dejó abierto el grupo. Medellín todavía no tiene rival.

Old love with ‘Pecoso’

Ha tenido que buscar la directiva del Atlético Huila viejas andanzas para librarse del descenso y dejar en lo más alto este semestre la imagen del equipo. Una imagen que se había empañado con las directrices y dinamitado el ambiente con las declaraciones postpartido jornada a jornada de Virgilio Puerto. Es decir, el equipo necesitaba una reestructuración desde lo ancho y lo largo del club, y así ser, al menos, mínimamente competitivos y no cometer errores (tantos defensivos como ofensivos –organizacionales–) de benjamines. Así pues la llegada de Fernando Pecoso Castro al club.

La primera victoria del ‘Pecoso’ con el Huila fue frente a Millonarios en el Guillermo Plazas Alcid

Fernando Castro dejó claro lo que venía hacer desde el primer día a Neiva: “Trabajo, disciplina y respeto por estos colores. Y más trabajo aún.” Y eso, poco a poco, es lo que viene cosechando el entrenador manizalita. Desde su llegada, el Huila ha disputado 21 puntos y ha conseguido 17 de ellos. Ninguna derrota. Mejora retumbante en todas sus líneas. Pasó de zafarse por completo del descenso a meterse entre los ocho. Y, por si fuera poco, da la sensación de ser el equipo que mejor llega en forma para el tramo final del campeonato. Que, además, es decisivo y donde se necesita buen pulso.

Con Virgilio, el Huila se encargaba, principalmente, de regalarle la pelota y el protagonismo al rival. El plan se basaba, a partir del pitido inicial, de recular cerca de la frontal, juntar líneas y moverse en un mismo bloque. El problema venía en los últimos minutos, cuando el desgaste era el máximo y el equipo no terminaba de cumplir a la perfección la idea, y ahí el contrario tiene un cúmulo de probabilidades para llevarse el partido, o al menos de no sufrir. Además, con la figura sucia de Caicedo –sin ser dotado con el balón, se caracteriza por salir de su zona, anchar el campo y participar–, referenciando a los centrales, chocando y ganando segundos para desplegar, las variantes en ofensiva se hacían prácticamente nulas.

Caicedo y Hechalar han hecho 18 de los 24 goles del equipo

Otro problema que plasmó el funcionamiento colectivo con Puerto era la ubicación de los mediocentros. Compartían distancia y altura, por ende, cubrían desde su posicionamiento hacia su lado lateral, sin abarcar mayor terreno y verse expuestos en no salir para adelantar líneas. Cerraban el cuadro de centrales-mediocentros para no regalar sus espaldas y tener tiempo para el anticipo, pero el rival tenía la chance de tocar cómodamente sobre sus ojos y ambos sin permitirse ir al robo. Otro condicionante, y el más importante, era en ataque posicional, impedidos de cargar el área y sumar más efectivos en la elaboración. Es decir, el rol de ambos era exclusivo: defender.

Siendo el Pecoso un entrenador de la vieja escuela en el fútbol colombiano, el Huila se ha oxigenado y da la empatía de un fútbol ventajoso en las dos áreas. Defensivamente, el equipo recula rápidamente y, sobre todo, ordenadamente. Al contar con dos laterales como Elvis Perlaza y Yonathan Murillo, largos y profundos, Castro ha sido bastante ágil y les ofrece una altura, además de contar con dos extremos tan distintos como Elacio Córdoba y Hernán Hechalar. A partir de allí, toman mejores opciones en ataque y no se ven condiciones para las transiciones defensivas.

Los puntos de mayor crecimiento en lo colectivo: depositar nuevamente la confianza en el central John Lozano, permitirles a Didier Moreno y Juan Carlos Guazá acompañar desde segunda línea y liberar a Juan Fernando Caicedo y Jean Carlos Blanco en ataque. El 4-4-2 varía asimétricamente, ocupando Hechalar la mediapunta, Blanco a recostándose sobre la cal, Caicedo saliendo y entrando, y algún mediocentro sumándose. Idea que consiste en no desgastarse –sin presión sobre la salida contraria–, achicar la mayor cantidad de espacios posibles, buscar salir rápido con Caicedo y Blanco, y ser intensos en propia área. Y Hechalar, en este escenario de espacios y transiciones, se hace mago. La mano del Pecoso.