El nuevo Hechalar

Hernán Hechalar es una de las grandes incógnitas para los playoffs. Quien otrora conformaba uno de los grandes tridentes que se recuerde en tiempos recientes, hoy se encuentra sumido en la discreción. ¿Qué cambió de un semestre para acá?

Sin Juan David Pérez y con Daniel Torres, Hechalar debió reinventarse

La reinvención de Hernán Hechalar surge a partir de dos momentos. El primero fue la partida de Juan David Pérez al Junior de Alexis Mendoza. Sin Pérez en el tridente ofensivo, Hechalar ya no encuentra con quién intercambiar posiciones y aparecer por cualquiera de los tres carriles para exponer eso que lo hacía diferente: su capacidad para llegar al área con sorpresa.

El segundo momento, y no menos importante, fue el cambio de discurso que significó la llegada de Daniel Torres. Leonel Álvarez tradujo la llegada de Torres en pases para el DIM. El paso a seguir debía ser sistematizar las recepciones de dichos pases para hacer sostenible el discurso. Así fue que Hechalar pasó a vivir en la banda derecha. Desde ahí es menos agresivo, sí. Pero lo que más interesaba a Leonel era hallar un continuador de los pases que aporta Daniel Torres. No decimos que Marrugo no sea un cómplice en este sentido. Lo que hace a Hechalar el verdadero continuador es que, fijo en la derecha, garantiza sistemáticamente el pase a la banda de Torres. Y así como Torres cuenta con un receptor seguro, también puede contar con que el pase le sea devuelto. Desde la banda, Hechalar está más enfocado a la asociación y menos al atrevimiento individual.

Hechalar tiene condiciones para revertir su rol secundario en el DIM

Como vemos, Hechalar ha pasado a interpretar un papel secundario. ¿Será posible revertir esto en los playoffs? Hay dos posibilidades, pero ambas conllevan riesgos. La primera, la más lógica, es devolver a Hechalar a su rol desequilibrante. Físicamente es capaz de hacerlo. De hecho, acude a su actitud de antaño en momentos de desespero. El riesgo está en que aumenta su margen de desacierto y, al apresurar la pérdida del balón, le resta tiempo a Daniel Torres para llegar a campo rival y, en efecto, el DIM es menos capaz de presionar.

La segunda posibilidad está en llevar la capacidad asociativa de Hechalar a un nivel superior. Técnicamente, también es capaz de ello. Desde la derecha, Hechalar ha dejado una serie de pases con rosca que resultan muy interesantes. La pregunta es: sin Luis Carlos Arias, ¿quién se perfila como receptor por izquierda? La solución más lógica es dar libertad total a Frank Fabra para pasar al ataque. El riesgo está en enfocar a Daniel Torres a hacerle coberturas. Esta es una opción que no parece contemplar Leonel Álvarez, puesto que en este semestre ha mostrado su obsesión por liberar a Daniel Torres de neutralizar a cambio de disfrutar de sus prestaciones ofensivas.

La banda izquierda será el termómetro en adelante para el DIM. No habrá que descartar la inclusión de Ángelo Rodríguez como segunda punta si es que es cierto que Hernán Hechalar todavía puede dar de qué hablar los lunes en la mañana.

¡Viva el Junior de Curramba!

S  omos Junior, somos capaces de todo: de lo mejor y… de lo peor también”. No es igual. Tendrían que haberlo escuchado ustedes mismos. Escrito es solo una expresión muerta, incluso genérica y que pudo haber dicho cualquiera sin ningún contenido especial. Pero no fue así. Siempre pensé que la escritura y las letras no tenían limites y, para efectos prácticos, en un punto es cierto, pero confirmé que hay un lugar al que la tinta y el papel no podrán llegar jamás. Las palabras trasmiten sensaciones también según la forma en la que son dichas y se corre el riesgo (abismal) de que quien las recibe con el solo hecho de leer no descifre la verdadera dimensión de las sensaciones que allí se quieren trasmitir, así que se pierden en el soplo natural del viento los complementos de la palabra: un gesto arrugado, una seña cansada, y la profundidad que alberga una mirada. Aquella frase fue dicha, además, con la cadencia y armonía del acento barranquillero de un hombre que ha visto a su equipo ganar y perder infinitas batallas de manera absurda y pasional.

Santa Fe dependió exageradamente de Seijas

El ganador de la Copa Águila iba a estar entre dos de los mejores equipos del país. Junior llegó a Bogotá con una ventaja de dos goles y sin ninguno encajado en el Metropolitano de Barranquilla, y Santa Fe, vivo en los tres frentes que disputa, quería en la primera final llevar el trofeo a sus vitrinas. Junior inició con un 4-3-3 con Narváez de pivote ancla, Gustavo Cuéllar a su izquierda y Guillermo Celis a su derecha. Con Vladimir Hernández y Juan David Pérez en los extremos y Toloza de delantero centro, pero con un matiz: dependiendo de por cuál central salga la pelota jugada, el extremo de ese sitio debe cerrarse para tomar a cualquiera de los medios de Santa Fe que bajara a recibir la pelota, porque tanto Gordillo como Salazar tendían a iniciar la jugada en el mediocampo local. Todo esto para evitar que el equipo cardenal salga jugando. Funcionó. Dos jugadas, dos veces revoleó Santa Fe la pelota. Por supuesto, de una de esas jugadas, a priori desesperadas, vino la segunda jugada que generó la falta y el golazo de Luís Manuel Seijas. El venezolano a partir de ahí, tomó el partido por los cuernos y se exhibió. Tiene el veinte en su camiseta, pero jugó como un diez: libre, dominante y tiempista. Santa Fe sofocó casi 20 minutos a un Junior que no pudo mantener el ritmo y salir de la presión albirroja salvo cuando el balón pasaba por Cuéllar. Ya vamos a ir para ahí, pero Cuéllar ayer, en un partido por la gloria, mostró que está técnica y tácticamente por encima de cualquier mediocampista de la Liga. Santa Fe inició con un 4-2-2-2. Alta intensidad recompensada con el gol. Presión, ahogo y excitaciones. La dictadura de los primeros minutos tuvo dos apellidos: Seijas y Gordillo. Este último robaba en la salida de Junior y, ni más ni menos, lograba que Santa Fe se asentara en campo rival todo el tiempo. Precisión en el corte y en el pase. Maravilloso. Los dos volantes ofensivos, Seijas y Roa, con despliegue sobre la segunda jugada para robar el balón; y si la recuperaban, estaban ya en zona decisiva. De a poco, el tiburón logró que por lo menos Santa Fe tuviese que iniciar cada jugada desde sus centrales para incomodarle el juego limpio por abajo. Así que ante esta carencia, Pelusso bajó a Seijas a la base. Claro, era el más nítido de todos, y si con él bajaba un jugador más en ataque de Junior, tanto mejor. Así podrían contraatacar aún menos. Que salgan por los laterales, dispuso Alexis Mendoza. Cerrojo al centro.

Junior usó dos mecanismos para salir de la presión: balones largos a Toloza para estirar a Santa Fe y Vladimir en conducción por los espacios libres que dejaba un local necesitado y abierto en ataque. No funcionó. ¿Por qué? Meza y Mina llegaron siempre a tiempo a la cita y ganaron todos sus duelos iniciales. Junior en sus minutos más bajos aguantó a base de Cuéllar, que generaba confianza en cada contacto con el balón jugando siempre sencillo, al compañero libre y a un toque. Y en defensa, tácticamente cerraba la espalda de Narváez, entonces mantenía consistente el planteamiento de Mendoza. Posesión roja, territorio compartido, pero llegadas claras de gol para ninguno. Empezaba a jugarse como quería el visitante. Vladimir, mientras tanto y cuando podía, conducía, limpiaba la jugada desde el regate y ganaba tiempo sacándoselo al rival. En este contexto y en la batalla por el título, se citaron a duelo los dos medios más importantes de cada equipo: Gordillo y Cuéllar. Victoria enfática para el barranquillero. Todo bien hizo. Todo. Desactivaba la presión porque recibía en el centro, obligaba a la defensa a irse hacia él en su apuro por robar la pelota, y dotado de suficiencia técnica abría la posesión y encontraba a un compañero abierto con espacio y tiempo para jugar. Eso es lo que necesitaba Junior: que transcurriera el tiempo en paz y el 8 se lo estaba otorgando. Sí, en ataque, en área rival con llegada al espacio, también decidió bien en una acción que terminó con Zapata revolcado para sacar el gol que podía haberle dado el título de manera anticipada a Junior. Cuéllar lo tiene todo para dominar en el FPC: técnicamente es superior y tácticamente entiende las necesidades del partido. Pero se irá y se le extrañará.

Siempre, detrás de un jugador vistoso, talentoso y llamativo, hay uno silencioso que cuida su espalda y lo sustenta. Narváez tiene un buen pase en la base cuando no se lo incomoda, así que una vez descansaba Junior en Cuéllar, el pivote ponía a los medios de Santa Fe a decidir si salir a recuperar la pelota o esperar, porque si no lo hacían la posesión iba a descansar y el reloj a seguir corriendo, y si salían podía filtrar un balón a Cuéllar o a Vladimir. Decidieron no salir y el dominio pasó a ser tiburón.

Junior fue Junior con Ovelar. Y en Bogotá

Volvió Seijas al rescate con apoyos desde la base y despliegue físico al servicio del equipo. Dominio territorial, pero otra vez sin profundidad. Izquierda, derecha, juego de apoyo de espaldas y posesión. Obligó a Junior a cambiar, no podía no vender cara su derrota y lo apuró a formar dos líneas de cuatro con Pérez de extremo izquierdo, Vladimir de mediapunta y Ovelar de ‘9’. Celis abierto por la derecha y Cuéllar y Narváez en el medio y a dos alturas, así evitó que le tomaran la espalda. Vladimir tomó a Gordillo. Cuéllar a Roa, Pérez a Salazar y Narváez a Seijas que estaba bajando constantemente a liderar la remontada. Celis cerraría la espalda libre. Huecos tapados en posicional. Posesión inocua. El peligro se generó de ahí en más entre la hiperactividad de Roa y el pase claro de Seijas, aunque sin crear ventajas reales. Obligaba Junior a Santa Fe a tocar a una intensidad técnica alta mientras el reloj seguía andando.

Junior, entonces, cuando sus piernas no jugaron más, impuso su acento, su canto y su melodía en un campo amenazante y difícil. Tomó un instante por asalto a una ciudad acostumbrada a las noches frías y silenciosas, robándole un pedacito de sí que no regresará jamás. Esta vez fue capaz de lo mejor.

Las teclas y el mensaje de Alexis Mendoza

La Copa Águila en estas fechas es un escenario que, sin más, divierte en su máximo esplendor. Divierte porque cada uno de los equipos se va tomando el certamen con mayor seriedad que, por ejemplo, la misma fase de grupos. Esto evidenciaron tanto Junior como Independiente Medellín en un interesante juego que pudo acabar con dos o tres goles más en el electrónico.

Cuéllar y Vladimir, el nuevo sello

La marca potencial del Junior, conocida por muchos, que consiste en tener la mayor parte del balón entre Cuéllar y Celis, dos futbolistas que potencian el juego de posición, creando ventajas desde el primer pase, está teniendo un impacto brutal en el cómputo global. Ahora Alexis ha tomado medidas específicas para intensificar las sensaciones. Celis como mediocentro derecho y Cuéllar como mediocentro izquierdo (en el carril de Vladimir) le da un dominio que hoy por hoy no tiene nadie en el fútbol colombiano. El primero por su dominio físico y respetuoso poso; el segundo, sin descubrir nada, significando el fútbol en Colombia. Mendoza quiere aliar con frecuencia a Cuéllar y Vladimir, convirtiendo esta relación en la más potente y fulgurante en el marco local. Macnelly junto a Chará sería la otra, aunque necesitaríamos conocer su cuota de producción.

Alexis, desde su dirección de campo, dictó el trámite

Al DIM, el último detalle, se le hizo complejo defender. En ese carril derecho defensivo Leonel juntó a un extremo reconvertido en lateral (Micolta) y a un delantero reconvertido en extremo (Pajoy). En resumidas cuentas, escaso talento defensivo en estático y en carrera. Junior no marcó más goles o creó más situaciones porque la única forma de frenar tanto a Cuéllar como a Vladimir era por medio de infracciones o doblajes defensivos. Si era lo primero, el DIM controlaba el juego aéreo gracias a Mosquera, Cahais, Moreno y Henríquez; si era lo segundo, lo menos recurrente, Ortega (muy lento) proponiendo y Pérez (muy desacertado) conduciendo tenían kilómetros.

En la segunda mitad, cuando el resultado parecía finiquitado, Junior comenzó a perder el balón mal, impropio de un contexto favorable (2-0). Los ingresos de Jarlan Barrera y Jorge Aguirre le cayeron muy mal al tiburón. Junior necesitaba ser lento para dormir un partido que dominaba bajo mínimos altibajos. El DIM era incapaz de sumar tres toques en campo contrario, como también era incapaz de generar múltiples ventajas saliendo. Daniel Torres, sobrepasado con y sin balón en el juego, superado por el ritmo del mismo, no apareció cuando el DIM más necesitaba su templanza y serenidad.

¿Marrugo estuvo en cancha?

De cara a la vuelta, Junior dependerá de sí mismo para afrontar los últimos dos partidos de la competición. A este ritmo, sostenible por las facultades de los jugadores, se le dificulta a cualquier rival competirle óptimamente. Sobre todo cuando Alexis parece haber dado en la tecla: Cuéllar y Vladimir por el carril zurdo, y Celis por la zona de Pérez, abriéndole el espacio a conducir más metros. Independiente Medellín, por su parte, deberá corregir si no quiere que Marrugo pase por anónimo.

Las virtudes del búfalo

Cuando Roberto Ovelar ingresó frente a Nacional en el partido de vuelta de los Octavos de Final de la Copa Águila, Junior encontró sus mejores minutos en el partido. Las primeras impresiones que dejó la sociedad que comenzó a formar con Juan David Pérez son bastante positivas. El búfalo encontró a un compañero que lee muy bien sus movimientos y que le da sentido a los ataques del equipo, sobre todo si hay espacio para correr. El cordobés -que no estuvo en una posición fija durante todo el encuentro- ejecutó los contraataques. En uno de ellos, el paraguayo recibió y no perdonó, a diferencia de los partidos pasados.

Ovelar lucha, gana, controla y habilita. Roberto le da tiempo a sus compañeros para que se incorporen a las jugadas de ataque. Incomoda a los centrales, los estira y los distrae. Así provocó la falta del primer gol. Recibió atrás, condujo, enganchó y cayó en el borde del área cuando un rival lo tumbó. Y es que es esto lo que hace importante el trabajo del delantero centro tiburón. En la medida en la que Alexis Mendoza explote las virtudes del paraguayo, y a ello le sume la labor en cancha de Juan David Pérez, Junior podrá mejorar y ser más peligroso. Nacional lo evidenció y quedó eliminado de la Copa.

Cuidado: ¡niños jugando!

El fútbol colombiano vivió de un semestre exótico, con partidos rebosantes de emociones y jugadores que dejaron ver de qué están hechos. Quizá haya sido el semestre con el nivel futbolístico más alto de los últimos años; los playoffs así lo confirmaron. La expectativa para conocer quién iba a ser el nuevo campeón crecía y tan sólo quedaban 90 minutos.

El DIM de espalda al arco

Leonel Álvarez abandonó el Palmaseca algo jocoso. Por su parte, Fernando Castro asistió a la sala de prensa más serio de lo habitual. Lo acontecido en la primera final de Liga hizo mella en el entrenador del Deportivo Cali a pesar de la victoria. No es para menos. Después de una primera mitad abrumadora por parte del equipo del Pecoso, el 1-0 resulta un muy mal premio de consolación.

El Deportivo Cali saltó a la cancha del Palmaseca dispuesto a jugar al fútbol, algo que no es obvio cuando se trata de una final. Dispuesto, convencido de su juego y atento a las claves para contrarrestar al Medellín. Fueron unos 45 minutos en los que el Cali cumplió cabalmente el plan necesario para anular al DIM. ¿De qué plan hablamos? Hablamos de un plan que priorice la posesión del balón lejos de Juan Fernando Caicedo y Juan David Pérez. Lo anterior; primero, porque al doble pivote entre Jherson Córdoba y Didier Moreno le cuesta ocupar espacios en defensa; segundo, porque conservar el balón lejos de la delantera del DIM es la forma de mantener a raya a una ofensiva que crea peligro casi sin esfuerzo.

El ataque del Cali es muestra de su gran despliegue

Esto lo supo y lo aplicó el Deportivo Cali. Yerson Candelo confirmó el poderío del Cali por la banda derecha lanzando a Harold Preciado y Helibelton Palacios, lateral de mucha profundidad. También se sumó Andrés Felipe Roa cambiando de orientación para Frank Fabra, otro lateral profundo que, junto con Palacios, certifica el despliegue del Deportivo Cali en ataque y su potencial para generar situaciones de riesgo.

La segunda parte del plan defensivo del Cali también fue bastante meritoria. Fernando Castro no apostó por una superioridad numérica para controlar al tridente ofensivo del DIM. Por el contrario, no tuvo inconveniente en proponer duelos hombre-a-hombre. Ahí estuvo la superioridad del Cali: las marcas sobre Marrugo, Caicedo, Hechalar y Pérez obligaron al Medellín a recibir siempre de espalda al arco contrario. Lo mejor de todo: Cali defendía con los jugadores necesarios y, cuando recuperaba el balón, tenía mínimo cuatro hombres arriba. El escenario era aún mejor dadas las certezas que poco a poco va brindando Harold Preciado como receptor de contraataques. El Deportivo Cali tuvo un primer tiempo redondo.

El cambio de esquema del DIM potenció lo mejor de Hechalar y Pérez: su llegada al área

Pero el plan del Cali se fue diluyendo a partir del ingreso de Hernán Pertuz y el paso al 5-4-1 del DIM, un esquema que le dio total libertad a Vladimir Marín para pasar al ataque y estirar la cancha. El resultado fue la apertura de espacios en el centro y la activación de Christian Marrugo, Hernán Hechalar y Juan David Pérez. Las cosas mejoraron para el DIM. Desde entonces, los de Leonel Álvarez al menos encontraban espacios para sus transiciones ofensivas.

El partido de ida de la Final de Liga no fue la excepción a la capacidad productiva del Deportivo Cali. Sumado a esto, el equipo de Fernando Castro contrarrestó perfectamente al DIM durante 45 minutos. Parecía muy difícil para Leonel Álvarez recomponer a su equipo. El hecho de que el DIM haya resurgido luego de un primer tiempo tan pobre deja un sin sabor en Palmaseca. La cara de Fernando Castro, finalizado el encuentro, lo dice todo: el Pecoso teme sumarse a la lista de quienes no hallaron respuesta para doblegar al DIM. Para fortuna nuestra, aún quedan 90 minutos para conocer el desenlace.

Sólo necesita cicatrizar

Desde el pitazo inicial, Independiente Medellín y Deportes Tolima bajaron la guardia y pactaron un juego de agresión total. Los equipos de Alberto Gamero y Leonel Álvarez se hirieron en demasía, al punto de exponer todas sus flaquezas. Fue de suponer, entonces, que entre tantos asaltos, el equipo que encontrara espacio para cicatrizar se haría con la llave. Así fue como Independiente Medellín, en un acto introspección, recordó su golpe letal, su ataque vertiginoso, y hoy es finalista del fútbol profesional colombiano.

Tolima logró imponerse en el primer tiempo

Para que el DIM se hiciera con la llave, tuvo que pasar, incluso, por la agonía. El Deportes Tolima nunca fue un rival fácil. De hecho, en los primeros 45 minutos se mostró superior. Fue un primer tiempo en que el DIM no hallaba respuesta a la sociedad entre Jonathan Estrada y Andrés Felipe Ibargüen. Los de Alberto Gamero parecían inalcanzables; primero, porque Ibargüen y Estrada se asociaban a espalda de los mediocampistas del DIM; segundo, porque Estrada lo hacía tocando de primera, moviendo tanto el balón como su propio cuerpo a una velocidad que ni John Hernández ni Cristian Restrepo podían alcanzar.

Y cuando al DIM le correspondía el balón, el escenario favorecía nuevamente al Tolima. La primera línea de presión del vinotinto y oro –Ibargüen, Estrada y Pérez– lograba desconectar a Cristian Marrugo del resto del equipo. La marca cercana de Wilmar Barrios fue otro factor en contra para Marrugo. John Hernández quiso tomar cartas en el asunto y superaba la línea de presión descolgándose inteligentemente. No obstante, Hernández no es ningún prodigio del pase en largo y lo del DIM eran prácticamente todos pelotazos.

En la segunda mitad, Tolima le dio una comodidad que no le podía permitir al DIM

El declive del Tolima llegó con el bajón de Jonathan Estrada. Quien otrora inclinaba la cancha a favor del Tolima, fuera juntándose con Ibargüen o presionando, tuvo un segundo tiempo más bien discreto. Los de Alberto Gamero ya no tenían argumento alguno para mantener el balón lejos de su portería, lo cual sirvió al DIM para cicatrizar heridas y volver a la pelea. Leonel Álvarez cambió el dibujo táctico: pasó a jugar con tres centrales y sumó un jugador a espalda de la línea de presión del Tolima.

Una mejor salida de balón era lo único que necesitaba el DIM. El resto corre por cuenta del tridente ofensivo: Hechalar y Pérez permutan posiciones sin parar, abren espacios permanentemente y, junto con Caicedo, atacan el segundo palo como ningún otro en nuestro fútbol colombiano. Lo único cierto en todo esto es que el Medellín necesita poco para agredir. A lo largo del semestre, nadie quiso enfrentarse al tridente ofensivo del DIM. El Deportivo Cali, en la finalísima del fútbol profesional colombiano, no será la excepción.