Superioridad diluida

La derrota ante el Barcelona por Copa Libertadores causó mella. Atlético Nacional domina desde hace varios años el fútbol colombiano basado en una superioridad táctica marcada por un ritmo tan alto para lo que es el rentado nacional que ningún equipo lo puede alcanzar. Cuando Nacional prende la máquina, los contrarios tienen que luchar con la inferioridad. Ayer ante el Cali algo de eso se vio, Nacional jugaba muy rápido, tomaba decisiones a una velocidad que su rival no podía leer, a la que no se lograba adaptar, pero había algo extraño: Nacional no se tenía confianza con balón. Jugaban rápido, pero no tomaban decisiones con pelota que causaran daño. El Cali sobrevivió.

Nacional tiene ventaja sistemática en el fútbol colombiano

Nacional salió al campo con un 3-3-1-3 ya característico, mientras que el Cali volvió a abrir a Candelo y Mendieta en las bandas, ajustado en un 4-2-2-2 que se volvía 4-3-1-2 cuando el equipo defendía. No jugaba Andrés Pérez ni tampoco Quintero, los dos futbolistas que mejor sacan el balón desde atrás en el equipo azucarero, y eso marcó la primera parte del juego. El Cali, que es un equipo bastante lento, estaba entumecido por la velocidad con la que Nacional ocupaba los espacios en transición defensiva y no lograba salir de su campo. Candelo, que es el jugador más creativo del equipo, decidió entonces bajar a su propio campo para lanzar los ataques. Esa decisión, aunque le permitió al Cali escapar un par de veces de la presión verdolaga, significó que no había nadie que recibiera a espaldas del mediocampo de Nacional. Helibelton Palacios leyó el problema y comenzó a tirar rupturas larguísimas para recibir por detrás del carrilero izquierdo de Nacional. La conexión Candelo-Palacios sirvió para que el Cali recuperara confianza: había escapatoria; sin embargo, su impacto futbolístico fue poco. Nacional seguía teniendo ventaja basado en un movimiento arriesgado, pero que funcionaba: uno de los tres centrales daba un paso hacia adelante y se posesionaba a modo de puente entre defensa y mediocampo, casi como un mediocentro, generando una superioridad por dentro que, junto con la decisión de Yerson de retroceder su posición, formaba un bloque que el Cali nunca logró superar.

Entonces apareció Rafael Santos Borré. El delantero costeño tiene una capacidad única para detectar las zonas débiles de los sistemas defensivos y los ataca con veneno. Una vez entendió que Nacional despoblaba la zaga para sumar en mediocampo, y que la espalda de los carrileros era un un jardín, Borré comenzó a tirar diagonales hacia las zonas deshabitadas, a mover la defensa y a mostrarle a los suyos cuál era el camino. Fue tan determinante su juego sin pelota que creó ocasiones de gol y obligó a Nacional a desactivar su movimiento puente para tener más efectivos contra Borré. La superioridad de Nacional se diluyó, la confianza del Cali aumentó y Borré se aprovechó de eso. Comenzó a combinar rupturas con apoyos muy largos en zona de mediapuntas y ayudó a su equipo a transitar. El gol tardó poco en llegar.

Borré metió a los suyos en el partido

La segunda parte fue algo distinta. Osorio optó por bajar el ritmo para ganar más seguridad en el pase y así detener el fútbol del Cali. La decisión le funcionó y con la entrada de Sebastián Pérez, a quien no le fluye el fútbol, pero sí tiene técnica y personalidad para sumar con balón, Nacional se hizo con el balón, pero no creó ocasiones de verdad. En el momento más alto, logró meter al Cali contra su portería, pero le faltó calidad en los últimos toques. Castro, enfurecido, ordenó a lanzar la línea defensiva y lo de Nacional se acabó. La tentación de lanzar a espaldas de la defensa oscureció la visión del equipo y comenzaron a jugar en modo catapulta: verticalizar y verticalizar sin sentido. El Cali aprovechó para contraatacar y marcó dos goles más. Victoria muy merecida.

No fue como lo pensamos

Atlético Nacional recibía a Barcelona de Ecuador a quien hace una semana le había vencido 1-2 en Guayaquil. Juan Carlos Osorio para esta ocasión había planificado un partido con mucho control y posesión por parte de los suyos. Se vio un fútbol vistoso por parte de Nacional y un dominio notable –hasta que Guerra estuvo-, pero todo se vino abajo muy rápido. Un error garrafal de Camilo Vargas más unos minutos del pletórico Brahian Alemán le alcanzaron a Barcelona para revivir en la Copa Libertadores.

Desconcentraciones y errores en defensa siguen costándole partidos a los verdolagas.

Nacional demostró una vez más que sabe mucho con la pelota. O que tiene jugadores que pueden darle un trato fascinante al cuero. El primer tercio del partido estuvo lleno de un fútbol exquisito por parte de Mejía y Guerra, estos vienen siendo los más destacados en cada partido. Como ante Medellín, por Liga, Nacional en el inicio arrolló a un tímido Barcelona que no sabía ocupar la zona defensiva del campo y que ante la movilidad de los de Osorio brindó muchos espacios.

Las botas de Mejía dominan y dan mejor control en cada partido.

Osorio dispuso en mitad de campo de quienes cree que son los más técnicos y talentosos con el balón. El esquema táctico de Juan Carlos fue 1-3-5-2. Palomino como mediocentro, Bernal y Mejía como interiores. Guerra y Copete de carrileros. Y en punta de lanza estuvo Zeballos, con mayor libertad que Ruiz. Este modelo le permitió a Nacional ser profundo por la banda derecha. El pase diagonal de Mejía a Guerra brindó mucha claridad al equipo, sobretodo porque Zeballos bajó a bascular en ese sector. Pablo retrocedió varios metros y conectó además con Bernal y Mejía, descargó siempre con precisión al jugador libre y a partir de ahí Nacional creció en el juego e inventó espacios. Yulián está siendo muy importante en la dinámica de este Nacional. Mejía se muestra siempre para recibir, se ubica entre líneas rivales y se encarga de darle circulación al juego. Se destaca en exceso la capacidad que tiene para dar el último toque. Puede ser al pie de su compañero o al espacio.

Nacional no logra hallar equilibrio entre defensa y ataque.

Mantener la concentración a lo largo del partido le viene costando mucho a Atlético Nacional. Ya había dado muestra de esto en Ecuador y en su último partido por el torneo local. Y en ellos, resolvió Osorio y su libreta. Anoche fue la excepción, en un par de minutos Barcelona empató el partido y tras el descanso logró ponerse en ventaja. Defensivamente Nacional no ha sido ordenado, siempre ha tenido fallas pero justo ahora se vienen haciendo más evidentes. El retroceso le cuesta mucho, no hay equilibrio en mitad de cancha. Cuando debe recuperarse la pelota Mejía y Bernal no presionan. En estático defensivamente no son los mejores, no saben morder y lo hacen poco. Nacional entregó muchos espacios en la última zona de su campo, no acumulaba gente y generalmente quedó 3×3. Con este sistema cualquier desconcentración y un posible desmarque rival los deja en desventaja. Y si se suma que tu mejor hombre en transición de defensa a ataque está impreciso el panorama se vuelve tétrico. Bocanegra no estuvo fino y en la oscuridad que viven sus compañeros en defensa remontar fue imposible.

Nacional llegó a soñar con la victoria, quedarse con el partido e incluso golear. La noche pintaba muy buena, romántica y encantadora. Nacional coqueteó para que fuese de esa manera y creímos que al final le iban a dar el sí. Cerró los ojos y cuando los quiso abrir ya la victoria no estaba, se había escapado. Sencillamente no fue como lo pensamos.

Los cambios funcionaron de nuevo

En el clásico 284 Nacional retomó el liderato de la Liga Águila. Los cambios hechos por Juan Carlos Osorio fueron claves, de nuevo, para que el equipo verdolaga venciera al Independiente Medellín. Los rojos perdieron su segundo juego en el semestre – ambos contra Nacional- y quedaron en la cuarta posición del torneo.

En los primeros minutos Nacional arrolló al Medellín. Yulián Mejía y Alejandro Guerra volvieron a mostrar que su sociedad hace mejor a su equipo. Con toques muy rápidos y precisos desarticularon el mediocampo del rival. Allí debe hacérsele una mención especial a Pablo Velázquez que, además de haber anotado al minuto 3, se movió muy bien y fabricó espacios que sus compañeros aprovecharon para hacer daño. También debe mencionarse que durante este tramo inicial del partido, los verdolagas recuperaron muy rápido el balón en el centro del campo y desde ahí abrieron la cancha. En las bandas aparecían Berrío y Escobar, también Díaz y García cuando se proyectaban.

Mejía se sigue consolidando en el centro del campo de Nacional

Sin embargo, el paso de los minutos fue despertando al “poderoso”.  Hernán Torres adelantó líneas y comenzó a presionar la salida de Nacional. Allí recuperaron un par de balones y se acercaron al arco de Camilo Vargas. Como ya se ha dicho, los de Osorio tienen problemas en este aspecto y los rivales lo aprovechan. A esto se le debe agregar que cuando Palomino, Guerra o Mejía recibieron el balón, dos o tres jugadores del Medellín aparecieron para marcar y recuperar el esférico.

Al estar ausentes Hechalar y Marrugo, Torres puso a Daniel Hernández y a Brayan Angulo. El primero comenzó a filtrar pases a Caicedo y a Pérez, que estuvo muy activo en la banda izquierda. El segundo rompió la defensa con sus conducciones y con sus paredes. A Nacional le costó durante un buen tramo del partido superar la mitad de la cancha.

Juan David Pérez fue uno de los jugadores que más desequilibró

En el segundo tiempo, con el partido ya empatado, Nacional volvió a tomar la iniciativa. Sin las mismas facilidades del primer tiempo, los de Osorio recuperaron el balón y dominaron. Para esto fue fundamental, de nuevo, la labor de Velázquez. El paraguayo estuvo más activo que en la primera mitad y bajó muchísimo más a pivotear y a asociarse con Guerra y Mejía que eran los que aparecían detrás de él.

El problema con el que se encontró Nacional aquí fue con el de los espacios dejados atrás. El equipo estaba muy adelantado y sus rivales vieron que por ahí podrían acercarse al arco de Vargas. Con balones largos, los rojos buscaron a Pérez y a Caicedo para que aprovecharan su velocidad para pasar a los centrales verdolagas.  En la mayoría de jugadas ganaron los centrales verdolagas, pero cuando no fue así, el portero de Nacional apareció para atajar los remates de los delanteros rivales.

Palomino lució muy solo en algunas ocasiones

Ahí fue donde Osorio volvió a corregir. Sebastián Pérez y Jonathan Copete entraron por Andrés Escobar y por Orlando Berrío. El 1-4-3-3 se mantuvo pero Guerra ya no era el interior, en ese momento se había vuelto extremo derecho. Por ese lado, el venezolano terminó de gestar un partido redondo. Primero anotó el gol con el que su equipo se puso al frente de nuevo, luego de que en un tiro libre, Gilberto García le mandara un pase para que él llegara a espalda de Caicedo y definiera sin dejar rebotar el balón en el suelo. Luego, el equipo focalizó todos los ataques por ese lado y él fue fundamental para mantener el dominio que se tuvo sobre el rival.

Al final el equipo ganó 3-1. El último gol fue anotado por Jefferson Duque. El goleador antioqueño volvió a las canchas después de 7 meses sin jugar y aprovechó la única oportunidad que tuvo para anotar en el partido. Con esto, se cerró el clásico 284 que se jugó a un ritmo altísimo y que fue muy intenso. A Osorio, los tres cambios le funcionaron de nuevo.

Frenesí verdiblanco

Once Caldas y Atlético Nacional se enfrentaron en el Estadio Palogrande de Manizales y ofrecieron un espectáculo que evidenció la evolución de la liga local. El fútbol que mostraron ambos equipos, sobre todo en la segunda parte, no es ni siquiera comparable a lo que se veía hace años en los campos de Colombia. Esto se explica, en buena parte, gracias a que en el banquillo de uno de los protagonistas estaba Juan Carlos Osorio, el revolucionario contemporáneo del balompié profesional de este país. El resultado por sí mismo hace pensar que fue un partidazo, pero hay que contar más, y para desglosar este empate a tres hay que ir por partes.

El conjunto verdolaga saltó al césped en 4-2-3-1: Sebastián Pérez y Diego Arias conformaban el doble pivote, y por delante de ellos se ubicaba Alejandro Guerra. A los costados estaban Valencia y Quiñones, y en punta Pablo Velásquez. Flabio Torres dibujó un 4-2-2-2 en el que los cuatro atacantes eran, de izquierda a derecha, Arango, Penco, Arias y Álvarez. El pivote derecho del blanco blanco fue John Valoy. Más adelante se profundizará sobre su incidencia en el encuentro.

El partido fue de ritmo alto desde el inicio

El ritmo, de entrada, fue muy alto, y se mantuvo así durante prácticamente todo el choque. Estaba cantado, a priori, que Nacional trataría de llevar la iniciativa con la pelota y que Once Caldas esperaría. Los primeros compases del envite fueron favorables a los verdes, pues Alejandro Guerra se mostró muy activo, veloz, y su capacidad de desborde es sobresaliente. Por lo tanto, el local se veía en problemas. Sin embargo, con el paso de los minutos, el venezolano se diluyó hasta quedar en la nada más absoluta en zonas interiores, y los de Osorio se quedaron sin ideas para atacar. Sin Guerra, no había una figura que diera sentido a la posesión visitante.

Nacional intimidaba menos, y el Once aprovechó esto para sacudirse. Los contragolpes locales olían cada vez más a peligro. Emergieron distintos nombres propios: Arango, Arias y Valoy. El primero, porque con su brutal y extensa zancada superaba a su opositor y luego elegía bien a quién pasar la pelota; el segundo, porque dotó de claridad la transición ofensiva con toques de primera espectaculares; y el tercero, porque mostró una dinámica exterior interesante con rupturas hacia afuera, conducciones notables y pases tensos hacia arriba. El Once estaba a gusto. Nacional, lo contrario, e incluso peor porque Velásquez marró un penalti que hubiese significado el empate.

El inicio de la segunda parte fue una continuación de lo explicado en el párrafo anterior. Tanto que llegó el 2-0, que parecía la sentencia. Pero Osorio, justo antes, había movido ficha. Envió al terreno a Yulián Mejía en detrimento de Quiñones, y ordenó a Guerra ocupar la banda derecha. Al tiempo, sentó a Velásquez por Luis Carlos Ruiz. El dibujo no se alteró. La calidad de quienes ocupaban las posiciones, sí. El 2-1 llegó de manera casi inmediata tras el 2-0. Mejía encarnó esa figura que añoraba Nacional ante la desaparición interior de Guerra. Yulián condujo desde atrás por dentro, dividió el sistema defensivo blanco, abrió la pelota hacia el Lobo, y este tocó con clase para Sebastián Pérez, quien había hecho una ruptura hacia área rival. Este remató, y Ruiz cazó el rebote que dejó Cuadrado.

La libreta de Osorio dio vuelta al choque

Mejía era indefendible para los de Flabio Torres. El 2-2 vino de un pase diagonal perfecto de Mejía hacia una carrera brutal de Farid Díaz por la izquierda. Farid centró hacia Juan David Valencia, quien provocó un penal que Ruiz transformó en gol. El 2-3 nació como el 2-1. Pase de Yulián a Guerra, regate, centro raso y potente, y autogol. La sabiduría de Juan Carlos Osorio deslumbró una vez más.

El Once Caldas no bajó los brazos, Torres movió el banquillo, y lo empató sobre el final. Le quitó de la boca a Nacional una remontada que sabía a gloria por cómo la consiguió. Sin embargo, no se puede decir que el resultado final es injusto. El trámite del partido, eso sí, fue mucho mejor de lo que el electrónico señaló al final. Más partidos como este harán que la competición doméstica siga creciendo. Y más técnicos que sigan el legado de Osorio, por supuesto.

La tranquilidad que da un buen resultado

El modelo 2015 de Atlético Nacional todavía está en formación. Frente a Libertad, en el estadio Nicolás Leoz, quedó evidenciado esto, a pesar del empate que sacó el grupo dirigido por Juan Carlos Osorio. Los goles del equipo colombiano los anotaron Pablo Zeballos y Luis Carlos Ruiz, este último de penalti.

En los primeros minutos de partido, Libertad ejerció presión sobre la salida de Nacional y lo complicó en las primeras jugadas del partido. Sin embargo, un pase de Yulián Mejía para Jonathan Copete que apareció a espaldas de Moreira, el lateral derecho del rival, terminó en un pase para Pablo Zeballos que acomodó bien su cuerpo, remató y anotó el 0-1 al minuto 5.

Es el tercer gol de Zeballos con la camiseta de Atlético Nacional

Desde ese momento, el elenco verdolaga siguió buscando a Copete por medio de pelotazos lanzados por Mejía y por Bocanegra. El extremo izquierdo, durante esos primeros minutos, incomodó bastante a Moreira que no estaba moviéndose a tiempo y, como consecuencia, siempre le ganaba y desboradaba. Con el paso de los minutos, el lateral supo reducir la influencia de Jonathan en el encuentro y por consiguiente disminuyó el peso ofensivo de Nacional.

En este contexto, Libertad comenzó a aprovechar las falencias defensivas del rival. En primer lugar, la presión efectuada por los delanteros terminaba con la pérdida del balón en zonas de compromiso. Luego, los defensas no estaban en su mejor encuentro y sus movimientos como línea no estaban sincronizados, razón por la que Rodrigo López y Santiago Tréllez recibían muy cerca del arco de Armani, con suficiente espacio para hacer daño. En una jugada de estas se generó el tiro de esquina en el que se marcó el empate.

El penalti, que terminó en el segundo gol de Libertad, se dio por una mano en una jugada de balón aéreo

Durante la segunda mitad, el rendimiento del equipo fue más eficaz en la medida en la que los envíos de Molinas desde el centro del campo ya no estaban generando tanto peligro. Esto, por el contrario, no significó que la presencia ofensiva de Nacional haya sido continua o eficiente. Sin embargo, un envío largo desde el centro del campo, por parte de Daniel Bocanegra, para Jonathan Copete, que volvió a ganarle a Moreira, terminó en falta del defensor y en penalti a favor del conjunto colombiano.

Desde que Nacional empató, el partido decayó. La entrada de Sebastián Pérez por Juan David Valencia le dio más control a un equipo que no había tenido el balón en terreno rival. Esto se dio porque el recién ingresado se ubicó en el centro del campo y le permitió a Yulián Mejía soltarse más para poder influir más en el encuentro. En efecto funcionó y, a pesar de que su equipo no fuera muy profundo, alejó a Libertad de la portería de Armani e incluso generó una falta que terminó en un balón que golpeó el palo de la portería gumarela.

Faltando 14 minutos salió Mejía y Nacional perdió el control del balón

Al final, Nacional sacó un empate de Asunción sin haber jugado bien. El proceso de reinvención del equipo de Juan Carlos Osorio todavía sigue en camino. Para el entrenador es fundamental que sus dirigidos saquen buenos resultados mientras su nueva idea se consolida. Por ahora el futuro futbolístico de Nacional es una incertidumbre pero con buenas resultados, hay más tranquilidad a la hora de planificar.

Detrás del golpeo de Piscu

River Plate obtuvo la Copa Sudamericana en tres suspiros. Los mismos en los que Pisculichi conectó como se debe su botín con la pelota. Uno fue gol. Los otros dos, asistencias. Atlético Nacional llegó hasta este punto de forma accidentada y perdió justo así. Sin embargo, siempre mostró empuje y determinación… hasta que recibió el golpe de gracia. Los dos equipos regalaron 180 minutos de emociones para propios y extraños, para sus hinchas y para los neutrales. Y antes de que Leonardo Pisculichi dijera presente en el partido, pasaron cosas para contar.

Osorio se expresó desde la alineación. Él y sus jugadores siempre hablaron de una prioridad: mantener el 0 fuera de casa. El técnico, en pro de esta premisa, realizó un cambio fundamental respecto al esquema de hace una semana en Medellín. Introdujo a un lateral (Valencia) por un extremo (Copete) y cambió el dibujo de 3-3-1-3 a 4-3-1-2. Nájera y Henríquez eran los centrales; Bocanegra y Valencia los laterales. Más adelante, en el centro del campo, Mejía ejercía de mediocentro flanqueado por Bernal y Díaz. Cardona partió de enganche con Berrío y Ruiz por delante. La tarea de los jugadores era distinta. Si en el Atanasio el verde salió a proponer, en El Monumental quiso defender cerca de su arco.

River quiso salir a complicar la salida de Nacional

Las intenciones del conjunto de Marcelo Gallardo quedaron claras desde el pitazo inicial: asfixiar a los jugadores más retrasados de Nacional, forzar pérdidas, dividir la pelota, transitar y buscar jugadas de pelota quieta. Desde su 4-4-2 en rombo ancho River logró parte de su cometido durante toda la primera parte. Como en esta ocasión Nacional no tenía superioridad numérica desde atrás a diferencia de hace una semana, Teo y Mora se emparejaban con los centrales, a Mejía lo mordía Pisculichi y Bocanegra no encontraba receptores cercanos. Así, Nacional no salía jugando desde atrás y el cuero no tenía dueño. Pisculichi comenzó a avisar y Armani a salvar a su equipo.

Entre tanto desorden se abrían espacios y la idea de Gallardo se materializaba. Algún jugador de River enviaba la pelota hacia una parcela vacía, algún otro atacaba ese lugar, y se generaba peligro. Ponzio empujaba hacia adelante a Sánchez -bien abierto en derecha- y a Rojas para presionar. Así continuaba el caos que buscaban.

Cuando Nacional tomaba la pelota era por poco tiempo, y si lograba que el balón llegara de cualquier forma a sus hombres más adelantados, las condiciones de la jugada eran precarias. Berrío fue inofensivo en comparación a hace ocho días porque recibía en estático y no corriendo a la espalda de Vangioni. Además hoy comenzó como delantero centro. Cardona no tuvo su noche. En ningún momento deseó pausar un poco para dar un pase que diera sentido a la tenencia y permitir a sus compañeros moverse mejor. Quien sí estuvo inspirado una vez más fue Luis Carlos Ruiz. Su rendimiento en el torneo es digno de cualquier elogio. Decisiones correctas y acierto técnico traducidos en peligro de forma constante. Nacional comenzó a encontrarle con más facilidad gracias a la decisión de Osorio de abrir a sus dos puntas.

Pisculichi decidió a través de su mejor facultad: el golpeo

El partido se fue a los descansos con 0-0 en el marcador, la sensación de que River pudo haber logrado más, y de que Nacional podía marcar en cualquier momento de inspiración individual. Esto último se esfumó cuando Mercado, a los 55’, remató la perla que Pisculichi envió al corazón del área desde el punto de córner. Cuatro minutos después se repitió la secuencia, pero fue Pezzella quien obró el segundo tanto.

Murillo entró justo después para reemplazar Francisco Nájera, otro central. También salió Farid Díaz -mal partido- para que jugara Wilder Guisao. Sin embargo, en este punto las implicaciones tácticas estaban en un segundo plano. Para Nacional el impacto de recibir dos goles de la misma forma no fue nada fácil de digerir, y así se consumieron los minutos hasta el final del partido. De vez en cuando Pisculichi inquietó otra vez. Y Osorio le dio 18 minutos a Sherman Cárdenas, en los cuales el bumangués demostró que con la pelota es, de largo, el que más fútbol atesora del equipo, y al que menos se potenció.

División de honores

El espectáculo que se vio en la grama del Estadio Atanasio Girardot estuvo a la altura de la fiesta montada por la hinchada de Atlético Nacional, en la final de ida de la Copa Sudamericana. Un tiempo dominado por los locales, el otro por los visitantes. Colombianos y argentinos empataron 1-1 y dejaron abierta la serie que define al campeón del torneo continental.

Berrío y Pisculichi anotaron los goles

En la primera mitad, el elenco verdolaga salió con la iniciativa y comenzó a generarle problemas a los defensores del cuadro bonarense. Con su 1-3-3-1-3, Nacional dominó al Rival. Mejía le dio limpieza a la salida, pues se encontró con la libertad suficiente para tomar la decisión de mandar pases cortos o pases largos. Cardona encontró su espacio entre Rojas-Sánchez y Ponzio, y desde allí abrió la cancha buscando a los extremos o a los interiores, que aparecían, de manera constante, en las bandas.

River Plate no encontró el balón durante todo el primer tiempo. Los argentinos no lograron recuperar el esférico con facilidad. Cardona generó muchas faltas e, incluso, estuvo cerca de anotar un gol de tiro libre en los primeros minutos. La labor de recuperación de Ponzio era ineficiente. Por otra parte, Mammana vio cómo por la derecha bonaerense, Copete y Díaz encontraban el espacio suficiente para herir. Así mismo pasaba por la banda izquierda, donde velocidad de Berrío comenzaba a hacer estragos. Por este lado llegó el gol. Cardona, con mucho espacio, le mandó un balón largo a Orlando que, aprovechando su velocidad, superó a Vangioni entró al área y mandó un remate fortísimo que venció la resistencia de Marcelo Barovero al minuto 34.

Bernal ayudó a Mejía en la manutención del equilibro de su equipo

En la segunda mitad, la actitud y el modo de juego de River Plate fueron diferentes. Los dirigidos por Marcelo Gallardo adelantaron líneas y, conociendo los defectos del rival, empezaron a apretarlo en salida. Fue tan efectivo esto que, en los primeros minutos de la segunda parte del encuentro, Carlos Sánchez tuvo una oportunidad clara tras una recuperación de sus compañeros antes de que los contrincantes pasaran la mitad de la cancha.

Bajo estas circunstancias, Nacional no encontró las facilidades de la primera mitad. Con la lesión de Alejandro Bernal, al minuto 37, Mejía quedó muy solo en esa zona del campo. Alejandro Guerra, remplazante de Bernal, no está acostumbrado a hacer coberturas como lo hace su compañero y eso se evidenció. Los visitantes se hicieron de la pelota y desnudaron las deficiencias defensivas de los verdolagas. Pisculichi estaba siendo incisivo por su pegada. Primero con un cobro tiro libre bien atajado por Franco Armani, luego con un remate de media distancia que no pudo detener su compatriota y que, por consiguiente, terminó siendo el 1-1.

Teófilo Gutiérrez, con sus movimientos, fue un dolor de cabeza para los defensas rivales

De ahí en adelante, el encuentro se abrió un poco. River dominó y estuvo a punto de anotar el 1-2. Sin embargo, Nacional se acercó en un par de ocasiones con peligro al arco de Barovero cuando Farid Díaz, que con la entrada de Sebastián Pérez se tiró a la izquierda, se proyectó y mandó centros que buscaron la cabeza de Luis Carlos Ruiz.

Al final, verdolagas y riverplatenses dividieron honores en una final muy entretenida. La llave sigue abierta y en el Monumental, el miércoles 10 de diciembre, la Copa Sudamericana tendrá un nuevo campeón.

La progresión de Armani

El artífice de la clasificación de Atlético Nacional a la final de la Copa Sudamericana ha sido, en gran medida, Franco Armani. El argentino, que llegó en 2010 y gozó de pocos minutos en sus primeros dos años y medio, se consolidó como guardameta titular de su equipo gracias a sus influyentes actuaciones en Liga Postobón, Copa Libertadores y Copa Sudamericana.

Durante todo el 2013, Juan Carlos Osorio rotó, de manera constante, a Luis Martínez, a Cristian Bonilla y a Franco Armani. Sin duda alguna, los 3 porteros de Nacional tuvieron una sana competencia que le permitió a su equipo gozar de buena salud en esa zona de la cancha, sin importar el nombre que estuviera en la planilla.

Nacional no tenía un portero titular fijo

Sin embargo para 2014, Armani se consolidó y jugó los partidos más importantes. Habitual en la Copa Libertadores, titular en las finales de Liga Postobón e indiscutible en los onces puestos por Juan Carlos Osorio en Copa Sudamericana. El argentino dio el paso adelante que Bonilla, Martínez e incluso Vargas, no lograron dar. Se ganó la confianza de Osorio y ha respondido con buenos argumentos bajo los 3 palos, en especial en la segunda mitad del año.

Así entonces, la Copa Sudamericana ha permitido que Franco sea identificado como uno de los referentes, en esa posición, del continente. Su flexibilidad y su velocidad han influido de manera notoria en la progresión del equipo colombiano, pues, por ejemplo, frente a César Vallejo se exhibió y logró sacar su arco en 0 frente a un rival que arrinconó durante 70 minutos a su equipo. Allí, Armani mostró un nivel suficiente para poner a rondar rumores de una posible nacionalización para ser convocado a la Selección Colombia o, incluso, para ser convocado por Gerardo Martino para la Selección Argentina.

Armani salvó a Nacional de quedar eliminado en cuartos de final

La progresión de Franco ha sido fundamental para Nacional. A pesar de no ser el mejor con los balones aéreos o de equivocarse ocasionalmente por fallas de comunicación con sus compañeros, el argentino se ha exigido al máximo y ha sacado balones que han llevado a los verdolagas a una final de torneo internacional después de 12 años. Frente a River Plate, Armani podrá cerrar una copa excepcional al darle a su equipo un título internacional después de 14 años.

Aferrarse a un intangible

Atlético Nacional ha sorteado obstáculos de manera encomiable hasta llegar a donde está hoy: la final de la Copa Sudamericana. Abrirá la serie en su patio frente a River Plate. Resulta curioso que el conjunto de Osorio haya logrado este hito en un semestre en el que su fútbol menguó tanto respecto al anterior. Nacional era, en palabras de muchos entendidos, la escuadra que mejor jugaba de todo el continente. El momento futbolístico en el que llega el verde a esta instancia definitiva no es el mejor, pero tampoco lo ha sido durante todo el resto de la competición. Apoyados en una determinación admirable y en saber aprovechar las oportunidades más pequeñas, los de Medellín son finalistas. Sin embargo, juego les ha faltado.

El primer problema con la pelota es la salida rasa

El verde pasó aprietos a lo largo de toda la competición sobre todo ante presiones altas. La salida rasa de los colombianos está lejos de ser limpia. El Nacional-Vitória es un claro ejemplo de ello. El equipo brasileño jugó en la capital de Antioquia con una nómina alterna y desangró a los locales a través de una presión asfixiante. Los de Osorio se quedaron a segundos de perder ese partido. El encuentro más plácido para Nacional en este sentido fue en el que recibieron a Sao Paulo. Ni Fabiano ni Kardec ejercieron una presión importante sobre los defensas y centrocampistas de Nacional, y Kaká y Ganso tampoco están para esos trotes. En tal encuentro Nacional sí fue capaz de salir con la pelota controlada, pero por beneplácito de su rival. La alternativa es el juego directo sobre Luis Carlos Ruiz, pero esta variante no ha dado tantos réditos como debería, en parte porque no es el plan principal.

Cuando Nacional logra salir con el cuero pegado al césped aparece otro problema. No tiene capacidad para mover al equipo contrario de forma eficiente. El ataque estático es un marrón para este Nacional. El partido del Vitória sirve de nuevo como ejemplo. Osorio tomó la decisión ese día, durante el encuentro, de ubicar a Bocanegra de líbero para lograr salir por el piso. Daniel envió balones a sus compañeros más adelantados a través de conducciones y pases limpios. Sin embargo, los ataques eran inofensivos. Esto se manifestó también durante otros encuentros de la Copa. La baja forma de Sherman Cárdenas y la irregularidad física de Alejandro Guerra perjudican al verde en este apartado. Su única fuente para generar por dentro es el envío de Álex Mejía hacia alguien que esté sin marca en la mediapunta. También tienen la opción del cambio de frente del capitán hacia uno de los extremos. Pero poco más.

La ofensiva verde recae en la inspiración individual

La ofensiva de Nacional se basa, hoy por hoy, sobre todo, en aventuras individuales. Calidad y determinación no le falta a los jugadores de Nacional. Ahí aparecen Cardona, Ruiz, Guisao, y compañía. El primero es agua en el desierto para el equipo con sus disparos de media distancia, sus pases finales y sus regates. Ya durante la Libertadores pasada se erigió como una pieza ultra-resolutiva. El estado de forma de Luis Carlos Ruiz es excepcional. Su eliminatoria contra Sao Paulo es digna de verse repetida cada vez que se pueda. A través de su potencia, su juego de espaldas, su fuerza y su capacidad para entender qué necesita la jugada, fue un incordio para la defensa paulista. Además le sale todo lo que intenta. Está de dulce. Wilder Guisao ha demostrado poder dar un respiro a su equipo basándose en conducciones y regates cerca de la línea de cal, a pierna natural. También está lo que puedan aportar Copete, Berrío, Sherman -quien probablemente no sea titular-, Guerra y demás.

En defensa el estado de forma de los integrantes de la zaga es fundamental, pues el funcionamiento colectivo muchas veces no les cobija. El éxito estará en las ventajas que puedan generar por sí mismos los encargados de proteger al equipo paisa. Daniel Bocanegra es una garantía para atacar y defender con y sin la pelota. Pero sobre todo con la pelota. Alexis Henríquez, Francisco Nájera, y Óscar Murillo son los más habituales en el centro de la zaga. Ninguno de los tres es muy rápido, por lo que si Osorio decide ubicar su línea defensiva lejos de Armani pueden sufrir. A este punto nos referimos cuando se dice que el funcionamiento colectivo no protege a la defensa, pues Nacional tiende a perderla en zonas peligrosas sin haber tejido antes un ataque que les permita estar bien posicionados para recuperarla rápido. En caso de que Osorio decida replegar, como contra Sao Paulo en Morumbí, protegerá más a su defensa, pero tampoco es que sea el colmo de la consistencia. Entonces aparece Franco Armani, gran responsable de que Nacional haya superado tantas rondas hasta la final. Del portero argentino ya se habló aquí.

Lo mental será clave para Nacional, como siempre en la Copa

Expresado a grandes rasgos, Nacional no tiene estructura para jugar a lo que jugaba en la primera mitad de este año, y a lo que ha querido jugar durante buena parte de este semestre. La confianza que se tienen el equipo y el técnico es lo que les ha llevado a esta posición, y probablemente se aferrarán a eso. Habrá que esperar al pitazo inicial para observar lo que determine Osorio. Si esperar o proponer. Es una ocasión de lujo para un equipo colombiano. Noche grande en Sudamérica.