¿Qué es un buen físico en el fútbol?

«¡Que viva el fútbol!» es un espacio para hablar de los entresijos de este deporte y, entre todos, discutir y aprender. Todo inicia con una pregunta: ¿Por qué pasa esto u aquello? ¿Qué dinámicas están cambiando el juego? ¿Hacia dónde nos dirigimos? y muchas más. Aquí no intentamos pontificar, sino buscar respuestas. Con curiosidad y, sobre todo, ganas de aprender.

Resignación

Es frustrante sentarse a meditar sobre la Selección Colombia cuando cada partido encaja tan inexorablemente en un patrón. Es repetitivo. Un déjà vu. La Copa América del combinado cafetero ha sido, desde un comienzo, una película trágica, cuyo desenlace tenía un destino inevitable y familiar -de los que se repite un domingo cada tanto en la televisión- y en el cual no cabía mayor sorpresa que algo entre las líneas de “el protagonista estaba muerto desde un comienzo.” El equipo de José Pékerman cayó lentamente y sin encontrar respuestas ante una conglomeración justa de circunstancias que estalló. Una Tormenta Perfecta. Un Titanic en el que, sin querer abandonar el barco, la tripulación se ahogó esperando a ver si los escombros flotaban.

Sin suerte y sin preparación, Colombia resolvió para subsistir

Absolutamente todo lo que ocurrió rumbo al partido ante Argentina indicaba que Colombia llegaba destinada a ser casi, o virtualmente, inexistente. No había interiores, no había mediocentros y no había Carlos Bacca. Nada. Ni para construir, ni para correr y buscar la contra. Pékerman comenzaba en jaque, y eso antes de siquiera pensar en que necesitaba detener al mejor futbolista del mundo. Resignado, el argentino planteó un partido sin opciones ofensiva sistemáticas: para no morir. Un 4-3-1-2 con James detrás de los delanteros y buscando el robo sobre la zona de Mascherano. Alexander Mejía -la única opción disponible- actuaba solo como mediocentro, y para apoyar su lucha desahuciada en la medular, José Néstor colocó a Santiago Arias como lateral izquierdo con ordenes de seguir a Messi y sus corridas hacia el centro. Fue un movimiento astuto y bien ejecutado donde había poco que hacer. Víctor Ibarbo ocupaba el extremo izquierdo, y tomaba la posición de lateral que tan a menudo abandonaba el hombre del PSV, intentado controlar el vértigo de las transiciones de la albiceleste.

Sin embargo, la circulación de Argentina era buena, y cobraba rapidez apoyada en las individualidades de sus mediapuntas (Messi, Di María y Pastore), de tal manera que Colombia se vio vulnerable desde el primer silbido. Nada inesperado. La salida del subcampeón del mundo era pulcra y su armado posterior, fácil. La salida de Colombia, por otra parte, era un circo. Comenzando el partido, el combinado tricolor intentó ganar claridad utilizando la modalidad lavolpiana, con Mejía parado entre Murillo y Zapata, pero, Argentina jamás dudó de aquello fuera un plante insostenible. Y apoyada en su dominio en posesión, salió a morder. El equipo de Gerardo Martino era preciso en el trámite y en el ataque escalonado y sus futbolistas siempre encontraban superioridad numérica tras sus pérdidas, de manera que el retorno a la posesión era casi inmediato. Cinco a seis hombres presionaban a uno o dos colombianos en cuestión de metros. Martino sabía que en Colombia no había quien ejerciera una pausa para corregir en territorio medular, o quien recibiera un pase largo en otra zona: no tenía nada que perder. Teo, desconocido y desconcentrado, no lidiaba bien con el rol asignado de estirar y a la vez recibir de largo y sus pérdidas comenzaron a hacerse costosas. Por eso, antes de llegar a los 30 minutos Pékerman realizó su primera substitución. Entraba, por el barranquillero, Edwin Cardona. El hombre más lento del plantel, a jugar como mediocentro. Y así, aferrada a los guantes de un colosal David Ospina, Colombia se dedicó a sufrir los minutos.

Ideas sin consolidación

Argentina es un equipo que finaliza sumamente mal en comparación con el nivel del resto de los aspectos de su juego: por el momento, recuerda aquellos equipos previos a la llegada de Alejandro Sabella, en los que la libertad que exigía la capacidad de Lionel Messi conllevaba a una pérdida de foco. De no ser por este déficit, y por las actuaciones monumentales de Ospina y Jeison Murillo, la goleada para Colombia hubiera sido segura. Sin duda. Y finalizada la Copa es imperativo pensar en el futuro, partiendo del pasado inmediato. ¿Cómo es que en cuestión de dos años el fútbol de la selección ha quedado tan obliterado y tan ausente de sus más intrínsecos pretextos? Ante la suerte nefasta que ha tenido Colombia en los últimos 24 meses, Pékerman ha sabido manejar las catástrofes bien en la inmediación del momento -la Copa del Mundo como principal ejemplo-, pero su visión a largo plazo no ha quedado tan clara. Y es posible que esto le haya costado bastante. Ante Argentina respondió bien a las ausencias, pero, ¿había manera de prepararse mejor desde antes?

En su llegada a Colombia, cada acción de José Pékerman parecía partir una visión coherente: la inclusión gradual de Cuadrado al proceso, el aumento de responsabilidad sobre James, las probaturas de Falcao como delantero centro con un acompañante, y hasta la primera convocatoria de Stefan Medina. Pero junto a esta última propuesta han quedado estancados otros proyectos que en la Copa podrían haber sido útiles, como la instalación de Zúñiga al mediocentro, o el uso de Cardona como interior profundo. Ante Perú y Venezuela, Colombia perdió oportunidades para ir cementando, bajo la competitividad, algún cambio, que alterando el grupo constante, quizá ayudara a retomar los principios y conceptos que se han perdido por mantener la consistencia grupal. Y de cara a las eliminatorias, oportunidades así no se pueden desperdiciar. Hay que recomponer. En medio de los infinitos interrogantes, lo único claro es que en el presente inmediato el fútbol de Colombia necesita el estimulo de una reformación paradigmática significativa. Y la primera pregunta debería ser si aquel hombre atrevido que desarmó la máquina torpe del Bolillo para hacerla delicada, es capaz de desensamblar su propia creación.

El problema medular

Hay preocupación en Colombia. Su debut en Copa América dejó una imagen para nada alentadora. La razón es que Colombia mantuvo la misma tara en los 90 minutos de partido ante Venezuela: el control del juego desde atrás. Ninguna de las piezas comprometidas en la salida de balón pudo revertir la inferioridad. ¿Qué nos queda esperar de Colombia ante Brasil?

Pékerman ha demostrado confianza en la capacidad de Zúñiga para generar juego

A raíz de la escasa generación de juego desde atrás, no sería extraño ver a Juan Camilo Zúñiga en la partida inicial acompañando a Carlos Sánchez o Edwin Valencia en el doble pivote. Ya ocupó la posición en el amistoso ante Brasil este mismo año. Podríamos estar hablando del jugador más creativo del plantel colombiano. Pero, actualmente, Zúñiga no representa una solución garantizada. Las lesiones lo aquejan desde hace un tiempo ya considerable y su estado de forma está muy por debajo de su potencial.

La buena noticia es que Zúñiga no tendrá una responsabilidad exagerada encima. A su labor puede contribuir Jeison Murillo. Murillo no sobresale por su salida de balón, claro, pero sus entregas son aceptablemente cómodas para el receptor y se atreve a romper líneas de presión si le marcan líneas de pase seguras. Otro buen cómplice de Zúñiga podría ser Pedro Franco. El central bogotano tiene buenos recursos para sacar el balón, sobre todo cuando se trata de montar contraataques. El riesgo de jugársela con Franco es la rigidez de su cadera, que en la mismísima zona de Neymar, estaría condenada a padecer.

Pero la salida de balón no necesariamente es el peor mal de Colombia. Ante Venezuela, Colombia fue incapaz de emprender contraataques a falta de calidad en el robo. A los jugadores que sobresalen en dicho aspecto –Zapata y Murillo–, se les vio defendiendo dentro del área exclusivamente.

Álex Mejía para desconectar a Neymar

La solución mas lógica sería Alex Mejía en la partida inicial. El ex Nacional podría resultar una buena forma de compensar el déficit de recuperación en la medular. La inclusión de Mejía sería coherente para mantener la crisis que mostraron Elías y Fred para encontrar a Neymar ante Perú. Además, sus soluciones con balón le caerían muy bien a Colombia: Mejía busca mucho a sus delanteros con envíos largos.

La precariedad de Colombia en la primera línea del medio tiene origen en la convocatoria y el partido ante Venezuela fue muestra de ello. El presente texto enfatizó en soluciones que no pasan de ser hipotéticas. Porque urgen soluciones: enfrente estará nada más y nada menos que el temible Neymar.

Interrogantes en un café

Entre tantas cosas que albergan los cafés, las conversaciones grupales vivas y sonoras son protagónicas en dichos espacios de integración. Toda clase de temas desfilan en una mesa con tres tintos y varios conocidos. Que si este hizo esto, que si lo otro, que él prometió tal cosa y no cumplió, etc, etc, etc. Va desde el chisme más bajo hasta la materia más distinguida. Y así se repite todos los días, sin término, porque al final eso es lo que mueve a la gente. En medio de todo esto, por supuesto, está el fútbol, y, coyunturalmente, una Copa América en Chile que ya comenzó.

Muchas preguntas rodean el presente deportivo de esta Selección

La Selección Colombia afronta el torneo con varias certezas recientes, y muchas preguntas todavía más frescas. La novedad de la incertidumbre obedece a las ausencias forzadas del combinado tricolor. José Pékerman se lleva 23 jugadores entre los cuales no están varios de sus habituales, aquellos a los que tanto respeta. Abel Aguilar, Fredy Guarín Juan Fernando Quintero, y Éder Álvarez Balanta son las bajas más sonadas. Luego, el grupo que sí viaja a competir está conformado por algunos futbolistas que no tuvieron su mejor temporada -Camilo Zúñiga, Pablo Armero, Radamel Falcao…-, lo cual, lógicamente, genera cuestiones que Pékerman termina por responder a corto plazo, pero que igual aquejan a esos que se sientan en un café a conversar. En sí ¿cómo llega Colombia para este reto?

La lista la integran tres porteros -Ospina, Vargas, Bonilla-, cuatro laterales -Zúñiga, Arias, Armero, Andrade-, cuatro centrales -Zapata, Franco, Murillo, Valdés-, tres mediocentros -Sánchez, Valencia, Mejía-, ningún interior nato, cuatro mediapuntas -James, Cuadrado, Cardona,-, un extremo -Ibarbo-, y cinco delanteros -Falcao, Jackson, Teófilo, Bacca, Muriel-. La polivalencia no es un factor común entre los mencionados, y quienes se puedan desempeñar en posiciones diferentes a las suyas, como por ejemplo Pedro Franco en el mediocentro, tampoco marcarán una diferencia mayúscula a partir de cambios posicionales salvo sorpresa mayúscula del seleccionador.

En ese orden de ideas, y teniendo pleno conocimiento de que Pékerman prioriza las jerarquías internas de la plantilla para definir su alineación titular, el once tipo probablemente sea prácticamente “el de siempre”, más Carlos Valdés entrando por Yepes, Edwin Valencia entrando por Abel Aguilar, y Falcao volviendo a la delantera en detrimento de Ibarbo. Al completo, sería: Ospina; Zúñiga, Zapata, Valdés, Armero; Valencia, Sánchez; Cuadrado, James; Teófilo, Falcao. 4-2-2-2. Algo muy parecido a toda la propuesta del ciclo que inició en 2012.

Las modificaciones que probó Pékerman no podrán ser en este torneo

Tras el quinto puesto conseguido en el Mundial, Pékerman buscó actualizar mecanismos, probar nuevas cosas. Por ejemplo, contra El Salvador, intentó adecuar el sistema a James al ubicarlo de mediapunta y darle mucha libertad detrás de dos delanteros y delante de dos interiores que tenían mucha movilidad en el eje horizontal. Poco más pudimos ver, ya que los demás amistosos -Kuwait y Bahrein- no fueron útiles para sacar una que otra conclusión, y el siguiente paso ya es este: la Copa América.

Entre medias, se lesionó el interior titular -Aguilar-, el interior suplente -Guarín-, y Aldo Leao Ramírez se quedó fuera de la lista. Balanta, alternativa poco probable para el centro del campo, también se rompió, y Stefan Medina, que hubiese sido una opción más que viable para el puesto, ha estado más fuera que dentro del proyecto desde el final de las Eliminatorias hasta ahora. Todo lo anterior da paso a la duda principal: ¿De qué manera funcionará Colombia teniendo en cuenta el déficit de centrocampistas? Hay que tener en cuenta que Mejía, Sánchez y Valencia son mediocentros defensivos puros. No son interiores. ¿Qué hará José Néstor? ¿A quién escogerá?

Las miradas apuntan hacia Camilo Zúñiga, pieza clave del engranaje cafetero hasta ahora. El punto con este jugador es que su participación en el Nápoli esta temporada fue testimonial. Carece de ritmo. Sin embargo, la balanza se decanta a su favor por la importancia que ha tenido hasta ahora, y aún más la que puede tener para paliar los defectos que habrá en la zona del círculo central de su equipo.

Camilo Zúñiga, ese lateral tan peculiar

La tendencia interior de Camilo es bien conocida, y Pékerman siempre ha actuado en pro de potenciarla. Ya incluso contra Brasil, durante el amistoso de septiembre del año pasado, lo ubicó de mediocentro para acompañar a Sánchez. El experimento no arrojó resultados por el inconveniente de la expulsión de Cuadrado minutos después. Pero la constancia está. Probablemente, cuando Colombia tenga la pelota, veamos al Zúñiga más merodeador del centro que nunca. La calidad técnica del 18 y su toma de decisiones no tienen nada que no tengan los demás centrocampistas colombianos. De hecho, puede significar hasta un plus respecto a ellos. La presencia de Valencia es capital en este punto, ya que Edwin puede compensar los movimientos de Camilo desplazándose hacia la cal con oficio y sin sufrir. Para sacar la jugada desde atrás y administrarla, el ex-Nacional será importantísimo.

Aún así, es necesario situar en contexto lo explicado antes. ¿Cuál será el plan global de Colombia? ¿Se parecerá más al del proceso de las Eliminatorias o al del Mundial? Lo más factible es que sea lo segundo, pero con varios matices.

En Brasil, Colombia optó por repliegue y contragolpe por varias circunstancias. Primero, que Falcao, el jugador que legitimaba el ataque estático de Colombia, se perdió la cita. Segundo, que Yepes se sentía más cómodo para hacer su trabajo estando cerca del área y no a 50 metros de ella. Y tercero, que James y Cuadrado, con espacio y juntos, son dinamita.

Para esta ocasión Falcao sí hará parte del conjunto y Yepes no está, pero el problema se encuentra ahora en la mitad. Un doble pivote Valencia-Sánchez no estaría apto para sostener cadenas de buenos pases que desordenen al rival. A cambio, blinda un poco más al equipo en campo propio. Sin embargo, el primer toque para romper la presión atacante y montar la contra no sería claro. James tendría que situarse cerca de la pérdida para tener opciones en esa faceta.

Lo normal sería ver a una Colombia más reactiva

¿Cómo va a mover la pelota Colombia? No sólo desde atrás, sino también en el medio y adelante. Quintero llegó para asumir el rol de Macnelly con mucha más calidad, pero tampoco podrá vestirse de corto en Chile. Queda Edwin Cardona, que brilla cuando otro la menea y él mata. En caso de elegir llevar la iniciativa con la pelota, se multiplican así las tareas para Zúñiga, como ya explicamos antes, y para James. La temporada del cucuteño en el Real Madrid, donde jugó de interior izquierdo y mostró un conocimiento del juego inusitado en él hasta para los que más le habían visto, resulta una excelente noticia de cara a la Copa América y al problema de los centrocampistas. Pero habrá que ver qué decide Pékerman. En sí, con el precedente del Mundial tan fresco, lo más probable es que opte por competir como en Brasil. Sería coherente, además, porque si el ataque estático no es sostenible, lo mejor es buscar alternativas.

El combinado cafetero se cuida, de esa forma, de no tener que defender contragolpes estando a 50 metros de Ospina sin garantías para hacerlo bien, y puede darle vuelo, de nuevo, a James y a Cuadrado más Teófilo en un rol de facilitador y no de finalizador teniendo en cuenta que Falcao jugará. El Tigre a la contra es un futbolista notable. Su calidad en esas lides está contrastada, se vio en el Atlético de Madrid.

Donde sí se puede decir que hay un inconveniente de gran calado es en la calidad que atesora el equipo para revolucionar un partido desde el banquillo. Quintero no está, y Cuadrado será titular. El cambio preferido de Pékerman durante buena parte del ciclo para darle un vuelco a los encuentros era sacar un pivote y poner a Cuadrado para formar con un 4-1-3-2. Luego, durante el Mundial, para encarrilar el partido contra Costa de Marfil sacó a Ibarbo, quien estaba cumpliendo una tarea puramente defensiva contra Aurier, y dio ingreso a Quintero. Estos movimientos tácticos estaban orientados a desbordar al rival con la pelota y empotrarlo en su área, y prácticamente siempre dio resultado. Era un seguro de vida. Sin embargo, en la Copa América no veremos esto, partiendo del hecho de que no hay nadie del perfil Quintero/Macnelly en la plantilla -o sea, un mediapunta 100% relacionado con la pelota y la distribución de juego-, y de que Cuadrado estará desde el pitazo inicial en cancha.

Bacca e Ibarbo podrían aportar, cada uno en la medida de sus posibilidades, energía y movimientos sin la pelota cuando más haga falta el aire, y Cardona podría sumar con sus toques definitivos o con un disparo de media distancia. Pero control de juego, poco.

La Copa América está por comenzar, y más allá de los peros, hay algo que este grupo de jugadores sí ha demostrado, y ha sido la gran impronta de Pékerman durante su periplo en Colombia: saber estar. El nivel de fortaleza mental está fuera de duda, y a partir de eso se construyen los títulos en torneos cortos. A los de José Néstor las circunstancias no les abruman, como sí sucedía antes. El que viaja a Chile es un conjunto que hasta ahora sólo ha evidenciado avances en lo psicológico. Eso en clave cafetera es exclusivo de esta época, y es el argumento principal para creer. Eso, sumado a los James, Cuadrado, Falcao, Ospina, Zúñiga, Téofilo y compañía, va a dar respuestas más pronto que tarde a los curiosos y propiciará más conversa. Como siempre.

Zúñiga y el enroque

Colombia evoluciona y por consecuencia enfrenta nuevos retos. Y los nuevos retos requieren mayor evolución. Ante El Salvador y Canadá, la Selección se topó con un nivel de disposición defensiva al que no estaba acostumbrada -a un enfoque absoluto en la negación- y la experimentación en los sectores laterales fue un invitado tan lógico como bienvenido.

Frente a El Salvador, Santiago Arias y Pablo Armero fueron dueños absolutos de las bandas, por donde consiguieron fácilmente la línea de fondo debido al mal regreso de los carrileros rivales y al enfoque del contrincante sobre el sector central. Sin embargo, al enfrentar a Canadá, Pékerman prefirió que su lateral izquierdo fuera Juan Camilo Zúñiga para que éste ejerciera un rol distinto. El del Nápoles sería el catalizador de un mecanismo de que resultó sumamente fructífero durante las eliminatorias: el enroque con el interior. Cerrándose hacia una posición central en posesión, Zúñiga le otorgaba libertad absoluta a Juan Guillermo Cuadrado (como interior izquierdo) para tomar un puesto ofensivo sobre la banda desde el cual maniobrar con el desborde como fin principal.

Cuadrado no aprovechó las ventajas que Zúñiga generó a su favor

Tácticamente, el gesto cumple varios fines colectivos. Al permitir el desdoblamiento del interior, la movida agiliza la transición con espacio y rompe la marca fija, creando así ventajas que se proliferan aún más cuando los delanteros logran aprovechar los huecos consecuentes. En ocasiones, hasta da paso a la sorpresa y genera superioridad numérica en el carril central. Sin embargo, la utilidad de tal enroque en Colombia depende en gran parte de la calidad de la posesión del interior/extremo: una necesidad que quedó gravemente expuesta en el partido del martes ante la deficiente actuación de Cuadrado. El pobre desempeño del hombre de la Fiorentina no sólo desperdició las ventajas de las cuales él mismo era el enfoque, sino también aquellas que se prestaban para los demás.

Queda claro: Pékerman necesita un método de ajuste para cuando sus participantes fallen. La profundidad de Arias por el costado opuesto tampoco estuvo presente, y dio la sensación de que con Pablo Armero corriendo por la línea de cal izquierda desde un comienzo el daño a Canadá pudo haber sido mayor. Sin embargo, vale destacar el rol del actor que sí estuvo a tono, Zúñiga, quien cada vez ratifica más su comodidad en los alrededores del mediocampista central. No sería sorpresivo que en esta ocasión, el experimento de Pékerman haya tenido como objetivo alterno el seguir cocinando al paisa como su próximo mediocentro: un esfuerzo más en la determinación de continuar evolucionando.

Neymar en la dimensión desconocida

El primer día de la nueva era Pékerman enfrentó a Colombia a la nueva Brasil de Dunga. Como los dos anteriores partidos ante Brasil, el encuentro en Florida estuvo llenado por una intensidad inusual que se tradujo en un partido de imprecisiones donde prevaleció el futbolista desequilibrante en el uno vs uno. Neymar y Cuadrado se erigieron reyes un partido donde primó la paridad y en el que sólo la capacidad individual de ambos futbolistas dio emoción.

Colombia salió al terreno de juego con su 4-4-2 torre con un matiz: Jackson Martínez se escoraba en fase defensiva formando un 4-5-1 con James liberado tal y como se produjo en el Mundial, en el que él o los delanteros colombianos se encontraba excesivamente alisados del mediocampo. Brasil, por su parte, presentó un 4-2-4-0 en el que los cuatro mediocampistas ofensivos por delante del doble pivote se turnaban las posiciones sin una referencia clara. La primera parte estuvo marcada por la falta de control de ambas escuadras ante la imposibilidad de ambos medicampos para imponerse, y las facilidades que tuvieron los futbolistas desequilibrantes de cada equipo para crear peligro en cada transición.

Colombia puso en problemas a Brasil desde la habilidad de Cuadrado, pero le faltaron mecanismos colectivos para darle claridad al ataque

Neymar jugó en una especie de dimensión desconocida en la que los pivotes de Colombia no tuvieron control. El astro del Barcelona recibió con tiempo y espacio para regatear y decidir, a espaldas de los mediocentros contrarios, y su velocidad tanto de ejecución como de juego causó problemas al equipo colombiano, llevándolos incluso hasta la expulsión. A partir de ese momento el encuentro se desnaturalizó y, aunque siguió siendo parejo a nivel de llegadas, el partido se volcó a favor de Brasil que terminó ganando con un golazo de Neymar de tiro libre.

Más allá de la victoria, Colombia demostró ser un equipo con un legado que ha calado muy profundo: sin importar el rival y la situación, Colombia siempre cree en la victoria. Por eso, incluso con diez, los cafeteros arrinconaron a Brasil en los últimos minutos. Como colofón es necesario resaltar que hubiera sido importantes descifrar si Zúñiga puede jugar de mediocentro tal y como quiso Pékerman desde el inicio de la segunda parte. Colombia perdió porque la transición defensiva de sus pivotes fue deficiente y, en la dimensión desconocida para Neymar, el brasileño es el rey.