Danzar al compás del paso doble

El inicio de cualquier actividad lleva a afrontar a quien la inicia con distintos inconvenientes entre los que se encuentra el tiempo. Compañero e instigador. El reloj marca a la misma vez el progreso y dicta sentencia por medio de evaluaciones llenas o vacías. Insistir y ganar una lucha de este tipo fue la que experimentó Javier Torrente tras llegar al banquillo de Once Caldas. Descendió de un avión llevando a cuestas una etiqueta que en el mundo fútbol, por sí sola, carga consigo mística, respeto y atrae miradas: es un director técnico asociado a la filosofía futbolística de Marcelo Bielsa. Y del Palo Grande se descolgaron frutos -no era para menos- atiborrados de optimismo aunque la primera presentación no fuese tan favorable.

Dar continuidad a lo anterior e ir retocando fue clave

Javier Torrente fue astuto pues cuando llegó al Once Caldas sabía que debía iniciar con cambios menores. Ir tomando caminos cortos para llegar al destino final: construir su equipo. Y este empalme lo fue logrando con determinaciones claves como el posicionamiento en el campo, la elección y delimitación de libretos pero, sobre todo, ofreciéndole a Once Caldas una vestimenta diferente ante cada juego. Es decir, Javier es un técnico que hace que sus dirigidos luzcan un traje distinto, aunque bordado por el mismo hilo de la competencia, para los 90 minutos más próximos. Prepara los partidos con una fascinación desbordada tanto así que su equipo es puro espíritu cuando salta al terreno de juego.

Con un ojo especial para detectar características de sus dirigidos delegó el centro de la zaga defensiva a Franklin Lucena y Hernán Menosse, futbolistas que dan vida a una pareja que protege el área del conjunto blanco-blanco de forma sobrenatural. Cierres, coberturas, despejes, bloqueos y todo tipo de acciones defensivas las cumplen con experticia, solvencia y madurez. Sumado a ello, el plantel cuenta con dos arqueros que a la hora de pronunciarlos suenan a lo mismo: seguridad. Tanto José Cuadrado como Carlos Henao son prenda de garantía bajo los tres palos, configurando así una muralla en la zona posterior del equipo que resta las posibilidades al contrario para anotar. Les limita y el margen de acción del que rival dispone, de cara a portería, es mínimo.

Falta pulirlo, pero en Once Caldas se reconoce ya un sistema

Javier torrente realizó una asignación de funciones, acobijadas por su clarividencia, que terminaron de diseñar a un Once Caldas de cuidado. Su rapidez, agresividad e intensidad, aunque por momentos resulten esporádicas, termina siendo impactante. El orden que manifiestan en defensa lo llevaron a ser uno de los mejores visitantes durante el todos contra todos (perdió 4 partidos, superado únicamente por Nacional; el mejor equipo del semestre). Comprimen espacios, desdibujan líneas de pase y salen en transiciones ofensivas con una ferocidad y hambre de la que, por ejemplo, no se salvó de sufrir el campeón vigente del FPC.

En ataque, Once Caldas posee herramientas para causar naufragios

En ataque cuentan con hombres talentosos. Salazar y Pérez ofrecen apoyos y calidad a la circulación de la pelota. Piedrahita llegando a zona de remate y haciendo las veces de organizador lleva a que los partidos no se le salgan de las manos a los suyos y, por consiguiente, puedan estar siempre ocasionando peligro y dando coletazos de sobrevivencia junto a un Johan Arango que cuando define su tonalidad sobre el césped llega a desequilibrar partidos y ponerlos a favor de los suyos. El vallecaucano aglutina calidad, talento y técnica pero su mentalidad es la que entra en juicio pues no es da señal de resistir cuando sus compañeros tocan a la puerta pidiendo respuestas concretas, exigiendo ayudas de un jugador distinto, de mucho potencial y al que contextos específicos reclaman una salida positiva.

Por último, se encuentra el descubrimiento y excavación de jóvenes promesas como Michael Ordóñez y Estupiñan que se convirtieron en soluciones, incluso decisivas, para para sumar a un grupo que poco a poco se ha moldado a las directrices de un técnico que transmite emoción en cada una de las recetas previas a afrontar un compromiso.

El ‘tic tac’ de las manecillas del reloj emiten vibraciones que en Javier Torrente causan sensaciones para mejorar un equipo al que, en tan solo seis meses, puso puentes en el camino para surcar un panorama que se antojaba complicado pues no lograba levantar, superar fracasos (eliminado en repechaje de libertadores) y encender virtudes en jugadores que dentro del contexto nacional pueden presentar rendimientos excelentes.

Ahora el equipo de Manizales está listo para afrontar un reto que lo lleve a ser uno de los cuatro equipos para pelear la final. Cierran de visitantes y ese es un escenario idílico para consumar estrategias dibujadas por una mente brillante como la de Torrente. Pase lo que pase, ya hay una afluente que arrastra consigo esperanzas de un mejor amanecer en un futuro cercano para la ciudad que ya vio levantar una Copa Libertadores cimentada en la convicción y en la lucha de unos jugadores entregados en plenitud que danzaron mientras de fondo sonaba un paso doble.

Harold Preciado y Johan Arango

Alguna vez dijo Eduardo Ustáriz: El fútbol colombiano tiene estas cosas. Es un fútbol que se presta para las exhibiciones de jóvenes maravillosos. La lista de niños que se convierten en hombres un día cualquiera es relativamente larga. En el Cali, que desde hace unos años es un equipo de niños cuidados por un par de espartanos, Andrés Pérez y alguno más, saben de qué va esto. Las galopadas y los goles de Muriel todavía retumban con eco en la mirada del hincha nostálgico.” El eco nostálgico en la mirada azucarera estaba anestesiada por Santos Borré, aunque se agravó por su marcha al Mundial sub-20; pero lo que no sabían es que Harold Preciado continuaría asumiendo su rol y parte del de Rafael, como Mateo Casierra -18 años- el de finalizador.

En una primera parte insípida, casi sin golpes en El Palogrande, el Once Caldas se animó a buscar portería rival con posesiones extensas. Johan Arango asumió el papel de crack con constancia y regularidad. Empezó a inclinar el partido hacia la portería de Ernesto Hernández, con conducciones llenas de desbordes, combinaciones por la derecha (con los juveniles Israel Alba y John Freddy Salazar) y remates lejanos. Aunque su posición inicial, a priori, era la banda izquierda, Johan asimiló la rúa del futbolista con mayor calidad técnica y decisiva del equipo; por ende, su participación entre líneas. El Cali no lo pudo frenar con Andrés Pérez solo en la base medular. Sí, solo, porque Kevin Balanta, mediocentro de talla y pachorra, se desanimó a meterle el pie al hermano menor de Paulo César. A ese Once Caldas le faltó remate y mejores desmarques sobre los centrales (como todo el semestre con Penco) para activar el último pase o habilitar espacios, cosa que sí tuvo el Cali en los movimientos con Preciado y en el remate con Casierra.

El jugador de menos llenó de energía y riesgo la estructura del Once Caldas

Para la segunda mitad el blanco blanco sufrió otro golpe: la expulsión de José Leudo. La inferioridad numérica y la presencia de Leandro Díaz como mediocentro posicional le supuso al Cali mayor cantidad de metros desolados en pos de matar el compromiso. Sin embargo, Arango volvió a recordar qué es él para el Once Caldas y se marcó dos manjares de asistencias, tratándose de la Élite de Freezer y su rastreador en el ojo; más exacto, en la pierna derecha para Johan Arango. En ese lapso breve, del 0-1 al 2-1, destacó Daniel Salazar -19 años- aun, otro debutante. Defendiendo a campo abierto, cortó varios balones in extrema res al cruce y no sesgó tobillos. Completó números sobrios para su debut: 10/14 pases cortos, 2 entradas, 6 intercepciones, 4 despejes y 1 recuperación.

Después de ese único compás de fútbol alegre y atrevido del Once Caldas, el Cali tomó de a poco el canal de la victoria. Yerson Candelo, la pieza capital, leyó mal las ejecuciones de los espacios: prefirió correr en lugar de brindarle rapidez a las transiciones con pases largos. Preciado se cansó de tirar desmarques, Roa de ofrecerse abierto y Casierra de posicionarse en el lado opuesto para el pase de la muerte. Candelo poco después ejecutó sistemáticamente y logró tres cosas: derrotar a un brutal José Fernando Cuadrado, conseguir la remontada y sellar la clasificación a los playoffs.

Un gran partido entre dos buenos equipos

El Once Caldas que dirige Flabio Torres enfrentó al Atlético Huila de Fernando Castro en el Estadio Palogrande de Manizales. El encuentro terminó 0-0 pero las emociones estuvieron presentes durante los 90 minutos. Por los locales destacaron José Fernando Cuadrado, Marlon Piedrahita y Johan Arango, mientras que Juan Carlos Guazá, Hernán Hechalar y Jefferson Lerma fueron fundamentales en la ejecución del plan que propuso Pecoso Castro.

Con el empate, Once Caldas clasificó a los cuadrangulares

Torres mandó un 4-3-3. Su idea era que Leandro Díaz y Jaime Sierra, que jugaron como interiores, mandaran balones a Johan Arango y Sergio Romero que aparecían en los extremos de la cancha. En un comienzo, los locales hicieron daño. Con el paso de minutos, el planteamiento huilense empezó a anular esto. Castro envió un 4-4-2 estereotipo rombo en el que la presión de la salida del Once Caldas fue fundamental. Cuando Henao lograba pasarle el balón a Díaz o a Sierra, aparecían Lerma, Guazá y Canchila para hacer equivocar a los dos interiores blancos.

El éxito de esto estuvo en aprovechar los espacios que quedaban a espaldas de los volantes blancos. El balón le llegaba a Caicedo, a Hechalar o a Blanco que rotaban constantemente de posiciones. Los atacantes opitas aprovechaban la libertad que tenían para rematar de media distancia o para armar una jugada en la que vulneraran la defensa local. Fue ahí donde se erigió la figura de José Fernando Cuadrado para atajar los remates que sus rivales mandaron.

La dupla Hechalar- Caicedo hizo de las suyas otra vez

En la segunda mitad, Atlético Huila, por desgaste, no efectuó la misma presión de la primera parte. Por consiguiente, Once Caldas comenzó a dominar. Las proyecciones de los laterales, en especial de Marlon Piedrahita, fueron determinantes. El equipo albo generó fútbol desde los costados y arrinconó al rival desde allá. También fue fundamental el trabajo de Johan Arango. El goleador del conjunto caldense volvió a mostrar su mejor nivel y apareció por la izquierda como generador de juego al arrastrar marcas, habilitar a sus compañeros y al probar varias veces a Enrique Hernández.

A pesar de que el marcador no se abrió, Once Caldas y Atlético Huila mostraron sus mejores cartas. Los locales concretaron su clasificación y ya esperan los cuadrangulares. Por su parte, los opitas están cerca del segundo objetivo de su semestre: estar en el selecto grupo de ocho equipos que jugarán la fase final del torneo. Con estos dos equipos y su fútbol alegre, la fiesta de los cuadrangulares será especial.

El tercer portero

Millonarios, Deportivo Cali, Deportivo Pasto y Once Caldas han sido los clubes en los que ha jugado José Fernando Cuadrado. Su mejor momento lo vivió en el sur del país cuando era portero de los pastusos. Sus atajadas le valieron para recuperar el reconocimiento que tuvo en el inicio de su trayectoria como profesional. Allí se consolidó como uno de los mejores porteros del país.

Sin embargo, su carrera ha tenido bastantes altibajos. Cuando comenzó, en Millonarios, se ganó el puesto por exigirse al máximo cuando remataban a su arco. También se ganó el cariño de los aficionados pero no logró mantener su puesto en el once inicial, razón por la cual buscó un nuevo rumbo. Aterrizó en Cali y no le fue bien.

Fue así fue como llegó al Deportivo Pasto en 2011, cuando los nariñenses estaban en segunda división. De la mano de José Flabio Torres, Cuadrado triunfó. El valduparense volvió a tener un pico alto en su carrera gracias a sus extraordinarias atajadas. Fue fundamental en la consecución del ascenso y en los subcampeonatos de la Liga Postobón I y de la Copa Postobón de 2012.

Esta es la segunda vez que José Fernando Cuadrado es convocado a la Selección Colombia

El Once Caldas puso sus ojos en el portero y lo contrató en el 2013. Sin ser el gran portero que fue en Pasto, Cuadrado destacó por encima de los demás porteros del país, a excepción de Camilo Vargas y David Ospina. Más allá de los problemas que pueda tener con algunos balones altos, José Fernando se ganó el puesto en la Selección Colombia por ser un arquero difícil de vencer y por mantener un buen nivel en los últimos dos años y medio. Para su equipo, él es una garantía. Bastante correcto en los mano a mano, buenos despejes y buen control de su área. Es difícil encontrar en la Liga a otro portero que tenga estas capacidades, que fueron fundamentales para convencer a José Pékerman de que lo convocara. Ya veremos si el vallenato logra mantenerse dentro del selecto grupo de jugadores que defenderán la camiseta tricolor de cara a Rusia 2018.

Cambios lógicos y variaciones espontáneas

La convocatoria de Colombia para enfrentar a El Salvador y Canadá trae pocas sorpresas. Una que otra novedad, sí; en nombres: José Fernando Cuadrado, Pedro Franco, Jeison Murillo, Edwin Cardona y Yimmi Chará son las caras nuevas que se integran ahora al proyecto de Rusia 2018.

Con el retiro de Farid Mondragón, por ejemplo, la unión de Cuadrado al proceso era solo cuestión de tiempo. Era lógico, tanto por su constancia en Liga Postobón, como por la ausencia de mayor competencia, que al guardameta del Once Caldas le tocaba. Casi por ética de sucesión jerárquica.

El llamado de Franco y Murillo, esperado

Por motivos similares, tras la salida de Mario Yepes, el nombre de Pedro Franco emergía por inercia, mientras que el de Murillo le seguía los pasos. Es claro que, más allá de los matices individuales, Pékerman necesita dos centrales de alto nivel y está en el momento justo para comenzar a explotar sus minas. Junto a Éder Álvarez Balanta (también convocado) y Stefan Medina (descartado), Franco y Murillo personifican preliminarmente la combinación de solidez y coherencia asociativa en la zaga central que ha resultado tan intrínseca como elusiva para la Colombia del último par de años. Por el mismo motivo, Carlos Valdés, evidentemente incapacitado para cumplir tal rol a largo plazo, queda descartado de la lista.

Están por verse los roles de Cardona y Chará

Los casos de Cardona y Chará, por su parte, son los distintos. Con ellos es que Pékerman ejerce su creatividad. Dejando fuera nombres como los de Luis Muriel, Víctor Ibarbo y Aldo Leao Ramírez, el argentino busca matizar su mediocampo, la tarea más crítica para el proyecto. Tanto Cardona como Chará traen un nivel alto en Liga Postobón y una escala de detalles interesantes: El hombre de Nacional propone la pausa y visión en movimiento posicional que se quedó en el medio oriente con Macnelly Torres. El del Tolima aporta una combinación de claridad, potencia y dinamismo entre líneas que Pékerman podría utilizar en distintos lugares del terreno.

Así, con sensaciones de renovada competencia y nuevas perspectivas multidimensionales, Colombia inició su concentración este lunes en New Jersey de cara a sus primeros ensayos serios en el camino a Rusia 2018. “Los muchachos necesitan estímulos”, indicó Pékerman. Y su experimento va comenzando.

Mentiras del electrónico

Cuando el árbitro decreta el final de un partido y el placard está vacío, lo primero que llega a la mente es ‘aburrimiento’. Muchas veces es así, pero en otras ocasiones el marcador no tiene nada que ver con el desarrollo de un choque, tal y como en el Atanasio Girardot esta noche, cuando se enfrentaron Atlético Nacional y Once Caldas. Los de Juan Carlos Osorio y Flabio Torres jugaron un cotejo entretenido pero sin goles. Quien estuvo más cerca de lograr el grito sagrado fue el equipo verdolaga. Sin embargo, el blanco blanco, hoy de negro, aguantó el 0. José Fernando Cuadrado fue figura. Demostró otra vez que es uno de los porteros TOP del FPC.

Nacional saltó al campo en 4-3-3. Calle, Bocanegra, Mosquera y Farid Díaz ocupaban la línea defensiva de derecha a izquierda. El mediocentro fue Diego Arias. Osorio decidió juntar por primera vez desde el inicio a Edwin Cardona, Sherman Cárdenas y Alejandro Guerra, probablemente sus tres futbolistas más dotados con el balón en los pies. Así, ubicó al venezolano en la banda derecha y los interiores fueron Cardona y Sherman. A la izquierda, Páez, y en punta, Juan Pablo Ángel.

Nacional propondría y el Once esperaría

El visitante alineó con Piedrahita, Pérez, Moreno y Murillo en la zaga. El doble pivote fue para Lopera y Giraldo. Los costados para Arango y Sergio Romero, y la punta de ataque para Edwards Jiménez. A priori, los papeles estaban definidos. Nacional saldría a proponer en su terreno con viento en la camiseta por la clasificación en Copa Sudamericana, y Once Caldas, replegado, se agarraría a la velocidad y potencia de sus extremos más la calidad de Culma para encontrarlos en posiciones ventajosas.

Durante los primeros minutos la lucha fue de poder a poder. Cada uno empleó los recursos que escogió. Once Caldas demostró que cada día es un equipo más hecho, interesante, y que sin Izquierdo para proponer algo distinto en ataque posicional, prefiere encontrar ventajas al contragolpe. Compacto atrás y veloz a los lados, el conjunto de Flabio Torres no se dejó desbordar en el primer tramo del encuentro. Culma se erigió como el mejor de los suyos, ubicando con criterio a sus compañeros y haciendo daño a Nacional en transición. Si Edwards Jiménez no se hubiese visto tan superado a la hora de ofrecer apoyos largos, algo más habrían podido obtener. Los verdes encontraban ventajas en ataque organizado a través de la asociación de sus tres más talentosos. El trabajo de Guerra por banda fue admirable. A partir de él y de la presencia interior de Sherman Cárdenas, Nacional se hizo con el dominio. Los apoyos por fuera del venezolano eran amables, pues siempre habilitaban una línea de pase y una devolución propicia para seguir jugando. Entre Guerra y alguno de los otros dos ya mencionados, casi siempre Sherman, el local juntaba varios del cuadro de Manizales en un lado y un cambio de frente ya dejaba en situación ventajosa a Cardona o Páez. Con Ángel en el área, el peligro era inminente. En esa situación, Cuadrado se exhibió.

Osorio no acertó moviendo a Sherman a la banda

Para la segunda parte Osorio cambió a Farid Díaz por Óscar Murillo. Mosquera pasó a la posición de lateral izquierdo y el dominio siguió siendo local. En la segunda parte el Once no pasó tantos apuros como en la primera parte, aunque tampoco consiguió crear peligro contra el arco defendido por Vargas. Las revoluciones bajaron y Osorio buscó agitar metiendo a Sebastián Pérez por Luis Páez, probablemente para tener llegada constante desde segunda línea y un activo más físico en el centro del campo. La modificación desplazó a Sherman a un costado y ello resultó contraproducente, pues le restó presencia al bumangués por dentro, donde estaba rajando al rival. Flabio Torres insistía en poder salir jugando. Sin embargo, sus pupilos no lo lograron. Sólo las conducciones de Johan Arango plantaban por algunos instantes al Once en campo contrario.

Cardona tuvo tiempo para sacar un trallazo de media distancia que desvió Cuadrado para mantener las tablas. El 0-0 no hace justicia al gran partido que se vio en Medellín, en el que los verdes pudieron llevarse la victoria gracias a varias acciones de peligro bien hilvanadas. Nacional sigue en la lucha por meterse en Cuadrangulares, pues su cupo no está asegurado ni mucho menos, el Once, en una posición más cómoda, se mantiene arriba y continúa transmitiendo sensaciones positivas.