Toma y dame en Pacaembú

Muchos siglos atrás, en la Antigua Grecia, Heráclito dejó constancia de uno de los más sustanciosos aforismos que se recuerde: “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Amén del filósofo, el mundo es el resultado del eterno flujo cambiante. Pero el hombre, caprichoso animal, no da tregua en su afán por hallar patrones, dar orden al caos y, en definitiva, forzar la idea de que las aguas del ayer guardan relación con el ahora.

¿Ruiz e Ibargüen?

Hablar de mecanismos y automatismos naturales a esta altura del año no queda nada bien. De hecho, la fluidez de los movimientos y la coordinación de los comportamientos no es la misma en enero que en mayo, por ejemplo. Sin embargo, quien más evidenció en la Superliga tener las ideas claras fue el Atlético Nacional de Reinaldo Rueda. Y sin varios de sus titulares y estandartes del último año.

Hernández dejó la serie abierta

El Estadio Palmaseca se vistió de verde para recibir a Deportivo Cali y a Atlético Nacional. El actual campeón y el líder del todos contra todos, dos de los pesos más pesados del campeonato, se enfrentaban por la ida de los cuartos de final del torneo. Sin lugar a dudas, un encuentro entre dos de los equipos que son favoritos a llevarse el título de la Liga Águila II.

Fernando Pecoso Castro mandó a Hernández; Palacios, Quintero, Mera, Lucumí: Rentería, Balanta; Mojica, Roa: Borré y Preciado. Su idea era que el equipo presionara a Nacional en salida para recuperar el balón rápido y coger mal parada a la línea defensiva rival. En el otro lado del tablero, Reinaldo Rueda envió al terreno de juego a Armani; Bocanegra, Murillo, Henríquez, Díaz; Bernal, Mejía; Chará, Torres, Copete; Duque. La intención del estratega vallecaucano era desacomodar a la defensa rival por medio del ya conocido juego veloz y preciso de sus dirigidos.

La baja más sensible del Cali fue la de Andrés Pérez; la de Nacional, Alejandro Guerra

En el primer tramo del partido, la presión del Cali fue desordenada y eso favoreció a su rival porque cuando Macnelly recibió entre líneas tuvo mucho espacio para actuar. Si a eso le sumamos los movimientos de Duque y de Chará, que fueron productivos en la medida en la que arrastraban marcas y le abrieron espacios a Copete, y la potencia de Jonathan, con la que superó a su marcador, el resultado fue una serie de ataques vertiginosos que casi termina en el gol verdolaga. El problema estuvo en que los controles del extremo izquierdo no fueron precisos y en que la defensa supo aprovechar eso para despejar, por eso el marcador permaneció 0-0 en ese tramo del encuentro.

Con el paso de los minutos el Cali fue reaccionando y el partido se fue equilibrando. En este momento del encuentro ni Roa ni Mojica estaban siendo determinantes; Santos Borré, sí. Sus movimientos hacia el centro del campoestaban sacando de posición a Alexis Henríquez y, por consiguiente, abrían un hueco gigante que el equipo intentaba aprovechar enviándole balones al espacio a Harold Preciado.

En la medida en la que Andrés Felipe y Harrison se involucraron más, el elenco azucarero se volvió más peligroso. Sin embargo, la línea defensiva de Nacional mostró porque ha sido la más eficiente del campeonato y resolvió bien los problemas que el Cali le planteaba. Al mismo tiempo que esto pasaba, las referencias sobre Macnelly Torres estaban siendo efectivas y Nacional no lograba hilvanar una contra letal ni un ataque productivo en posicional.

El partido era intenso a pesar de que los equipos no estaban generando muchas oportunidades.

El segundo tiempo tuvo dos factores determinantes. El primero fueron las conducciones de Andrés Felipe Roa que sacaban de sí a los centrales y a los volantes. Esto se dio, principalmente, porque Harrison Mojica estaba recuperando muchos balones en campo contrario, con lo que desatoraba el embudo formado en esa zona de la cancha. El segundo fue la aparición de Yimmi Chará entre líneas, allí donde se ha destacado todo el torneo. Con el Cali volcado al ataque, el vallecaucano recibía el balón, lo tocaba y salía a correr. Ahí Nacional generaba más peligro que nunca.

Al final, Ernesto Hernández le atajó un penalti a Jefferson Duque y el encuentro terminó 0-0. Y es que a pesar del mal arbitraje de Wilson Lamoroux -que dejó pegar mucho y permitió que le manejaran el tiempo-, Cali y Nacional jugaron un partido intenso que dejó la llave abierta. Vallecaucanos y antioqueños se verán las caras el próximo fin de semana y decidirán quién va a ser el semifinalista de la Liga Águila.

Bienvenido, Daniel

Después de 128 días sin jugar, Daniel Bocanegra volvió a aparecer como titular en un partido de Atlético Nacional. Frente al Huila, el tolimense tuvo un rendimiento bastante alto y fue fundamental para que su equipo obtuviera una victoria frente a un conjunto opita que, al igual que Águilas Doradas, Junior e Independiente Medellín, tampoco pudo anotar en la portería de Franco Armani.

Nacional dominó el partido desde el comienzo. Macnelly Torres estuvo muy activo la mayor parte del tiempo. El 10 se puso el overol y comenzó a trabajar. El barranquillero encontró en Daniel Bocanegra y Yimmi Chará los dos socios que necesitó para acercar a su equipo al área contraria. Ambos jugadores supusieron un dolor de cabeza para Elvis González que no logró controlar sus salidas y sus sociedades por ese lado. Por ahí fue que llegó el gol después de que Torres le mandara un pase a Bocanegra que apareció allá, mandó un centro y encontró la cabeza de Jonathan Copete que envió el balón al fondo de la red.

Berrío jugó como centrodelantero y Copete corrió hacia el centro cuando Nacional atacó por derecha

Por su parte, Atlético Huila tuvo muchos problemas para producir. Al equipo de José Fernando Santa le costó superar la barrera que puso su rival. Lerma y Chávez intentaron buscar a Alarcon, Plata y, sobre todo, a Ferreira pero no lograron encontrarlos en una posición cómoda para producir. La marca efectuada por la visita fue eficiente y Franco Armani sólo apareció una vez en todo el partido. Otro factor que determinó la falta de profundidad del elenco huilense fue la poca presencia que tuvieron los laterales en ataque. Perlaza y González estuvieron muy contenidos a razón del trabajo que les estaban poniendo los jugadores de ataque rivales.

Al final Nacional ganó 0-2 después de que Jéfferson Duque ingresara al campo y recibiera un pase magistral de Yimmi Chará, que lo dejó cara a cara con Jhonny Da Silva, para que definiera. El equipo de Rueda ya acumula siete puntos de nueve posibles y se acomoda en la parte alta de la tabla de la Liga. El regreso de Daniel Bocanegra, sin lugar a dudas, es un aliciente más para un equipo antioqueño que, junto a Santa Fe, comienza a galopar en la Liga Águila. Por otro lado, Atlético Huila volvió a perder en casa y tendrá que corregir mucho si quiere tener una campaña como la del semestre pasado. A José Fernando Santa le toca trabajar mucho porque su equipo está teniendo muchas dificultades para generar y posteriormente definir. Por ahora, Nacional recibirá a Envigado en el Atanasio Girardot la próxima semana, mientras que el Huila jugará con Cortuluá en el estadio Centenario, su hogar provisional.

Un final inexplicable

El ciclo de Atlético Nacional con Juan Carlos Osorio fue bellísimo y plagado de emociones, tantas, que hasta los más incrédulos de su estilo y sus múltiples variantes acabaron rindiéndose a sus pies. Con los años, el ciclo triunfal fue haciéndose cada vez más difícil e incluso más limitado. Con los meses y luego de haber conseguido el momento cumbre en 2013 y principio de 2014, el fútbol del equipo antioqueño fue mermando, aunque el nivel competitivo era sostenido por las individualidades y los trucos de Osorio para desarmar, crear e imaginar sistemas que le facultaron a seguir compitiendo. Sin embargo, el ciclo triunfal parecía ir llegando a su final.

 Nacional sin Stefan Medina

Sin duda, el segundo semestre del año 2014 para Nacional estuvo marcado por la venta de Stefan. Medina era quien otorgaba la salida de balón limpia para sus compañeros a pesar del asfixie contrario. Cada uno de sus pases llevaban sentido y eran vitales para el dominio posterior del cuero por parte de Mejía que batía las líneas rivales con un pase vertical entre líneas a Sherman y/o Cardona o en su defecto cambiaba de dirección lanzando en diagonal buscando a los laterales o extremos.

Nacional fue un embudo a partir de la venta de Medina. La salida a ras de pasto fue el mayor inconveniente de Nacional y quizá el único detalle que Juan Carlos Osorio no logró finalmente terminar de ajustar. Un sólo problema que tuvo muchas soluciones que no fueron exitosas. Osorio intentó rearmar su escuadra y mantener el estilo de salir jugando desde atrás, generar ventaja en el juego interior, hacerse ancho y explotar las bandas, pero las cosas no funcionaron de la misma manera. Nacional atacó y defendió mal sin la salida de balón de Medina. Nájera, Henríquez, Murillo y Peralta como soluciones fueron devorados por la presión alta de los rivales y el equipo puesto en aprietos, asfixiado, entregaba más ventajas y pocas herramientas en el primer accionar. Más problemas que soluciones en esa zona.

Buscando soluciones, encontrando problemas

Luego de la frustración de la eliminación de la Copa Libertadores ante Defensor Sporting, en la Copa Sudamericana, Nacional logró saltar los obstáculos, hubo tropiezos y caídas, pero en la libreta de Osorio reposaban las soluciones inimaginables que lograban levantarle cada vez más fuerte y volver a competir. No obstante, transitó con irregularidad en cada llave hasta llegar a la final. Esta Copa resume lo que fue Atlético Nacional en el segundo semestre de 2014.

Hablar de un esquema fijo y un equipo de gala en la era Osorio sí que era difícil, pero en la Copa Sudamericana fue imposible. Nunca repitió los mismos nombres y el dibujo táctico era casi irrepetible. Juan Carlos Osorio movió todo el equipo y la posición de sus jugadores en busca de estabilidad en mitad de campo, profundidad en campo contrario y fluidez con la pelota en los primeros tercios. Los problemas del primer pase fueron minimizados cuando en el partido de ida ante Vitória, Daniel Bocanegra jugó como líbero. Con su conducción, buen golpeo en corto y en distancia media se sacudía de la presión ejercida por los rivales; su equipo en estático, empero, no lograba mover demasiado a sus rivales. Atlético Nacional tácticamente pasó de un 4-3-3 a un 3-3-1-3. Osorio aparecía con sus apuntes resolviendo problemas, mas éstos no acababan. Nacional carecía de profundidad por las bandas y el juego entre líneas tampoco fluía. Los problemas del conjunto verdolaga en defensa coincidieron con el bajo nivel de forma de Sherman. El balón ya no llegaba a Cárdenas de la misma forma y retrasarse metros, obligó a ralentizar la transición del ataque y fallar cuando lanzara en largo. Sherman no logró conectar los circuitos como los había establecido el semestre anterior.

Edwin Cardona fue el eje de Nacional en las noches más importantes. Osorio armó el equipo en ofensiva para el jugador antioqueño. Edwin firmó buenos partidos jugando como interior  izquierdo en el 4-3-3 que harto usó Osorio, pero sin duda el rendimiento de Cardona fue mejor cuanta más cercanía había entre el arco y él. En ese sentido, Cardona estuvo acompañado de dos mediocampistas defensivos en 4-2-1-3 y tres volantes de marca en 4-3-1-2  flotando como mediapunta, moviéndose entre líneas detrás de los volantes defensivos rivales. Su mejor compañero de aventuras fue Luis Carlos Ruiz, quien vivió un par de meses repleto de fútbol. Ocasiones de gol fabricadas por sus buenos movimientos de espaldas al arco, de frente a Cardona construyó paredes y su juego de primera hizo el equipo más rápido. Por los costados, Guisao/Berrío y Copete de extremos trazaban diagonales a los espacios que abría Ruiz, o, en su defecto, trazos verticales a línea de fondo. Era el verde de la montaña en su máximo esplendor del juego exterior.

Los mejores partidos de Atlético Nacional en la fase de Semifinal enfrentando a São Paulo y en el partido de ida de la Final en el Atanasio Girardot ante River Plate fueron acompañados sin los problemas que tanto venían lastrando al equipo de Juan Carlos Osorio: el bloque alto rival. Nacional al contar con libertad de entregar el primer pase, Mejía dominó en el centro del campo, y permitió que Cardona se moviera a la espalda de Ponzio y lograra pasar en diagonal a Berrío o Copete teniendo profundidad en sus lanzamientos y espacios creados por Ruiz que otorgaron opciones de mostrar una de sus mayores cualidades: el remate de media distancia. Al final fue la pegada de Pisculichi quien definió la final en El Monumental y dejó al equipo de Osorio con las manos vacías en el segundo semestre del año. Ya Santa Fe había cortado las alas de instalarse por cuarta vez consecutiva en las finales de la Liga colombiana.

Final de un ciclo

Osorio quizá sea el técnico más recordado en las últimas décadas en Colombia. Potenció no solo el fútbol de Atlético Nacional, sino todo el balompié colombiano. Su manera particular de expresarse, pensar y analizar los partidos ya es historia en un país que necesitaba a un revolucionario como Juan Carlos Osorio. En su lenguaje corporal de entrenador, sobre la raya, estuvieron las ideas más incoherentes –para los que nunca lo entendieron– y exitosas de la historia del club más grande de Colombia. Su sabiduría repercutió y conquistó América con el buen fútbol que practicó su equipo. Es muy fácil que se hable del equipo de Osorio antes que escuchar mencionar a Nacional, son pocos los técnicos que han logrado esa hazaña y Juan Carlos es uno de ellos. Perdón. Osorio no fue D.T., Osorio fue un maestro.

Juerga de goles y representaciones

Adentrándonos en el análisis del partido, de lleno, vaya diversión el Nacional-Cali. Dejó de todo por todo en todos. Asumió los galones Fernando Castro y se encomendó a un plan que extrajo sus frutos en detrimento de imprecisiones. Creyó que no los tendría y erró. Juan Carlos Osorio, otro día más, ejecutando mal la dirección de campo y regalando ventajas. En definitiva, sinfín de material táctico.

Sorprendió el Cali con su excelente presión

Osorio quiso arriesgar y proponer desde el primer segundo. Ordenó un curioso 3-2-1-4 con Berrío y Copete en la misma línea de Ruiz-Duque. Su modelo parecía tener lógica, puesto que jugó sin carrileros natos y anchó el equipo en campo propio para rellenar todos los espacios. Nájera y Murillo se abrieron, Henríquez sobrando y Palomino-Díaz entrerrenglones. No obstante, el fútbol no es de números y en su atípico sistema volvió a fallar. Nacional defendió con cinco (más Vargas) y atacó con la misma cantidad; básicamente así se plantó Osorio. A todo esto, Castro emparejó la salida rival, quien tuvo mayormente el balón, menos a Palomino, dejándolo aparentemente libre. ¿Por qué emparejar al resto y no a Jairo? Palomino es el futbolista que peor lee las salidas a lo que se refiere a movilidad para abrir líneas de pase, orientación corporal y pase ascendente. Así llegó el 0-1 del Cali, en una salida donde él se confió del pase de su defensor, giró antes de la recepción y Roa, súper astuto, robó el esférico, cambió el rimo y batió a Vargas.

El Cali jamás alteró su plan presionante. Tenían claro qué hacer y la confianza en el planteamiento aumentó con la cantidad de ocasiones fabricadas robando en campo adversario. Lo curioso fue que Nacional, pese a contar en ataque con Ruiz y Duque, jamás los buscó directamente. Ni siquiera los halló. Todo era a ras de piso, jugar con fuego, con la sangre hirviendo, y el Cali endulzándose. Sin embargo, como Nacional únicamente defendía con cinco futbolistas de campo, las pérdidas verdolagas eran igual de autovenenosas en cualquier zona, con Candelo de lanzador. Sin Santos Borré y con Murillo, las transiciones del Cali no tenían la máxima fuerza y velocidad: Murillo las ralentizó y, hasta la segunda parte, ni una sola ventaja creó. Preciado civilizó los pases largos de Candelo mezclando desmarques de ruptura y diagonales largas.

Osorio volvió a errar y Castro se sobreexcitó

Nacional tímidamente racionó espacios para activar a los atacantes con un pase, pero más inteligente fue el Cali. Pecoso logró dejar varios futbolistas en fase defensiva, por detrás de la primera línea de presión, a expensas de una opresión individual y recia. Ante este mérito azucarero y Berrío y Copete recibiendo en estático, mas no al espacio, el mismo Osorio se encerró. Nacional consiguió anotar tres tantos porque los hombres de banda del Cali nunca cerraron a tiempo los centros laterales y por una exquisitez de Luis Carlos Ruiz. De lo contrario, goleada y eliminatoria cerrada. Y en este aspecto tiene mucha culpa el Cali que no fue paciente y sereno. Fue superior en intensidad, sí, aunque ellos necesitaron entregarle al partido un ritmo menor en pos de impacientar a Nacional y no dejarlo reaccionar inmediatamente. Mantuvieron un plan por 90 minutos sin modificaciones ni tampoco variaciones, y esto originó la juerga de goles y representaciones.

Qué fácil lo hizo ver Fernando Castro y qué fácil lo deshizo.