Ebullición Zapata

Segunda jornada de la fase de grupos de la Copa del Mundo sub-20, y la Selección Colombia, en cuanto a huellas, no mejoró mucho. El balón parecía quemar y sin ella no había cómo llegar. Era un choque de espacios donde Colombia, en menos de 40-50 metros, quería juntarse para no peligrar tras pérdida y sumar muchos toques. Alexis Zapata con su fogosidad e inquietud llevó a pasos de un Rugrats a la tricolor a portería rival. Era el único argumento. Nadie acompañó con constancia

¿Dónde está el mediocampo?

Ganó Colombia en el debut, pero no logró convencer. Con nuevos nombres en el once inicialista, respecto a lo visto en el Sudamericano sub-20 de enero, y con Santos Borré alzado a la altura de estrella indiscutible, a Colombia le faltó el mediocampo. No comparecieron y el partido se complicó. Piscis tendrá que cambiar cosas de cara a los siguientes partidos del grupo

Al mejor estilo charrúa

La espera del debut en el Sudamericano sub-20 irradiaba las titularidades de Jarlan Barrera, Alexis Zapata y Rafael Santos Borré, tres de los mejores futbolistas en la lista de convocados para la competición que regala cuatro cupos a la Copa del Mundo de Nueva Zelanda a mitad de año. Ninguno de los tres partió en el onceno titular. Piscis conocía que el equipo denotaba la falta de un ‘10’ que restara electricidad entre líneas, que aportara la pausa necesaria y que mezclara con los atacantes, por dicho efecto posicionó a Joao Rodríguez casi a la misma altura de Alfredo Morelos y con libertades para caer a banda y recibir en tres cuartos. Pero ni Joao le dio astucia al equipo, ni Morelos estiró en ofensiva.

Quiñónez fue el más activo y ágil técnicamente de la tricolor

Uruguay se vio superada la primera mitad por los costados con la verticalidad de Lucumí por derecha y las combinaciones por izquierda de Angulo y Quiñones, los dos más destacados junto al capitán Quintero en el podio colombiano. Los anfitriones perdían línea de fondo y no eran sólidos con Cabaco y Lemos en el área, pero Colombia no sincronizó a su pareja de mediocentros para acompañar y ganar los numerosos rebotes que ofrecían en la frontal con Nández y Arambarri pegados a los centrales. Quiñones generaba la ventaja con Angulo o Morelos pero en la devolución o en la lectura del movimiento por el mismo compañero no hubo entendimiento.

En busca de los primeros tres puntos, sin ir tampoco endemoniados, Colombia propuso desde la salida con balón. Centrales abiertos, ya fuese Tello o Rovira entre ellos y laterales abiertos. Pero con Orejuela tímido para mostrarse y Angulo perdido para darle funcionamiento desde la izquierda, ¿qué sentido se le daban a los flequillos exteriores antes de sobrepasar la bomba central? El balón debía recorrer 30 metros del centro del campo a Quiñones para pisar campo rival y progresar ofensivamente. De lo contrario, Joao tapado y Quiñones sin mostrarse, Tello y Rovira podían quedarse todo el partido tocando la pelota –poco ritmo en la circulación–.

Pereiro pasó a jugar por dentro y Uruguay creció mínimamente

Sobre el final de la primera parte y gran parte de la segunda que estuvo en cancha, Coitó ubicó a Pereiro a las espaldas de Acosta y mandó a Báez a la banda. A partir de este movimiento y de la pelota parada, trasmitieron cierto peligro y le dieron sentido a la posesión. Arambarri atraía a Tello o Rovira, generaba el espacio vacío para Pereiro y el crack uruguayo, el 10 celestre, lanzaba la jugada con conducciones o paredes con Acosta. La segunda parte, con el desgaste en ambos, tuvo menos ocasiones y evidenció falta de pegada en Colombia, aunque Barrera y Santos Borré le aportaron ideas nuevas a las avanzadas al pórtico de Guruceaga. Pero la victoria llegó con una Uruguay intensa en los últimos, que sacó un córner de la nada apretando a Orejuela cerca del córner occidental y aprovechando la desconfianza de Montero para salir a blocar o despejar centros. Al mejor estilo charrúa.