Jhon Pérez en soledad

Jaime De la Pava, técnico del Atlético Bucaramanga, ha manifestado en no pocas ocasiones, casi a modo de día de la marmota en cada conferencia de prensa, la falta de concentración de su equipo para cerrar los partidos. Y aunque éste sea uno de los males endémicos más resaltables del conjunto leopardo, lo cierto es que, hasta cuando juntó a Yulián Anchico, Gabriel Gómez y Bryan Rovira en el medio

Invitación de calidad

El fútbol es un escenario que aguarda a que los hechos menos esperados se produzcan. Impregnado de un encanto único da lugar a que todos puedan disfrutar de su arte. Unos más y otros menos, pero a fin de cuentas el goteo mágico llega a todos. Los secretos se difunden sin esperar a que el baúl encuentre la llave adecuada. No da tiempo de abrir y cerrar los ojos ante cada novedad. Siempre llega el momento y John Fredy Pérez lo puede retratar. Emergió como un obsequio estimulante que Fernando Castro no dudo en asir.

El Deportivo Cali de Fernando Castro con Candelo siempre tuvo un lanzador para sus insaciables delanteros. Contó –y cuenta– con jugadores explosivos, insistentes y habilidosos. Lució una banda derecha imponderable. Pero, aún con ese compendio de cosas positivas, el equipo exigía un timbre luminoso ante situaciones extremas. Cuando en los partidos apareció la puerta indescifrable que requería un toque diferencial, una pausa, una pizca de imaginación; todo tendió a ser negro. Envigado, Huila y Patriotas lo pueden biografiar. Incluso el Cortuluá de Jaime De la Pava. No contar con espacios en campo rival llevó a la previsibilidad, al ser plano. Esto, sumado al sufrimiento de la esporádica presencia de Borré en el plantel debido a sus llamados a la absoluta sub-20, hizo que la propuesta ofensiva se ahogara ante equipos sólidos, cerrados, ordenados y compactos. Cuestión que, a priori, debería contrarrestarse. ¿Por qué razón? Simple: la presencia de John Pérez.

El volante bumangués, al que le gusta retener la pelota al igual que soltarla a un toque cuando sea necesario, se suma a la estructura azucarera como una polea necesaria para destrabar partidos. Resulta ser una especie de aceita tres en uno que agrega fluidez a la circulación. Talento causante de grietas en el rival debido a la magia que atesora en sus botas. Sus cualidades, implementadas al poseer la pelota, lograrán que los suyos no pequen de lentitud en ataque posicional y sí se satisfagan de sorpresa, verticalidad y ese último toque que sabe a gloria. Combinar en campo rival, sobre el tapiz, no debería verse como una circunstancia difícil si al ‘10’ se le permite maniobrar. De tener espacios en la frontal garantizará que su golpe reluzca sobre la mesa para dictar una resolución irrefutable.

El volante santandereano tiene un buen pie que racionaliza las posesiones. Acelera y da pausa a gusto pese a no tener una lectura privilegiada. Controla y organiza. Tendrá inconvenientes en su juego, pero no son de tal significancia para impedir que se adecue al contexto colectivo del que dispondrá el Pecoso. Mejor dicho, sus soluciones en el juego aumentarán las alternativas cuando la petición sea asociarse, lograr profundidad y crear opciones. No tendría problema en recoger la pelota sobre el círculo central, atar fichas, correr y crear una situación de peligro a favor.

Solo hay un tinte en su transitar y es el afán futbolístico de ser todo cuando su equipo tiene la posesión. Este desenfreno por acaparar lleva a que no explote su inteligencia sin el traje de orientador que le otorga la pecosa. Cuando siente que las condiciones de las recepciones son perjudiciales se excede en el retroceso posicional y sus decisiones, aunque ayudan al progreso, descienden en agresividad, pues, además de estar alejado de su zona de influencia, resta en el riesgo del pase, porque no hay mayor cosa que le cause bienestar que hacer una entrega segura.

¿Será el guía preponderante que Deportivo Cali anhela desde hace ya un buen tiempo? ¿Podrá el equipo sostenerse en él cuando el horizonte en los 90 minutos intente desvanecerse? Desde la inmediatez podríamos decir que John Pérez no reparará en calzarse el overol para protagonizar partidos de alto rendimiento, pues como se expuso anteriormente en el texto, sus controles dirigidos, maniobras sustanciales y remates en campo rival desde cualquier distancia le permiten sentirse capaz de cualquier cosa.

«Hace rato quería estar en la primera división”, declaró a un medio nacional. Llegó a jugar en la segunda división y lo hizo demostrando una habilidad que se tenía que haber conocido con más frecuencia en los focos que ofrece la Liga. Ahora en el Deportivo Cali tiene una ocasión sumamente grata para que se le conozca más a fondo. Llega al campeón y deberá escalar nuevos retos de mayor exigencia en los que, seguramente, tendrá amarrados los guantes para superarlos.

Mediapuntitis crónica

Se viene ratificando en la Liga Águila que la superioridad en el ritmo es un factor fuertemente diferencial. Ritmo en la circulación e intensidad en la presión en una sagrada zona. Cali y Nacional, por ejemplo. Sin embargo, en el Torneo Águila, a lo que se refiere la segunda categoría del fútbol colombiano, hay un equipo que es drásticamente superior para mover la pelota, atacar los espacios y correr hacia atrás: Atlético Bucaramanga.

Jhon Pérez es el jugador más desequilibrante y técnico de la categoría

En el Alfonso López, en el mejor partido de la 6ª jornada, enfrentaba a leopardos y ex-Rionegro. Sí, hoy Leones de Urabá. Líder y escolta, respectivamente. A lo que indica ya el partido, Leones trató de igualar en intensidad al Bucaramanga, pero le fue imposible. El 4-2-3-1 no consiguió cerrar del todo las líneas de pase auriverdes, ya que evidencia una mediapuntitis crónica. Pese a los primeros minutos, donde el local se vio en momentos grises, no tardó en llegar el gol. El gol que siempre logra Jhon Pérez. Error en la salida de Leones, recuperación local, conexión Cataño-Pérez y derechazo infalible del segundo. A partir del gol, el partido se volcó búcaro y Leones perdió. Sin plan A favorable, el improvisado, el plan B, el típico, era nulamente competitivo; entonces pasó al plan C: la nada, la confusión.

Amaya se adaptó de ‘falso 9’, ahora Rojas

Bucaramanga se organizó, luego del 1-0, en un 4-2-4-0. El hipotético ‘9’, el vértice superior, Pablo Rojas, retrocedió a la misma línea de Mosquera, Cataño y Pérez. En la salida con balón de Leones, dependiente de Moya y Muriel, no habían quién superase el poblado centro del campo del Bucaramanga. El tiempo aumentó y Leones montó su línea defensiva cerca del círculo central y desdibujó el 4-2-3-1 inicial por un 4-3-3. Así, con esta sobrepoblación en la medular, Leones no tenía opciones de regate y desborde ante Sierra y Giraldo, dos mediocentros puros. Luis es el oxígeno de sus laterales por su ocupación lateral; por otra parte, Carlos en robar más cerca de portería rival que de portería propia. Álvaro Hernández llevó el juego a 60 metros y se definió por defender a campo abierto, donde no tardó en llegar la punzada final.

Centrocampismo marcado y, en absoluto, el leopardo se hizo con el partido y su escenario perfecto para activar su mejor arma al espacio: Luis Aníbal Mosquera. Tanto el 2-0 como el 3-0, ambos de Mosquera, llegaron de contraataque. Rojas marcó rupturas largas, idénticas a las de hace exactamente una semana ante Fortaleza, con un dote táctico: detectar el lado débil de las defensas rivales: espalda de los marcados centrales, sin cintura para recuperarse y zancada para alcanzarlo. 1-0, el golpe; 2-0, la herida; 3-0, la muerte.