Numerología: el tesoro está entre líneas

El fútbol es un deporte vivo, en constante transformación. La cultura táctica evoluciona, cambia, muta. No se juega igual en un país que en otro, ni en una década que en otra. El juego está sujeto a diversas dinámicas incluso de carácter social. Por ejemplo, las oleadas migratorias que tuvieron como destino Alemania

Agujero Blanco

Millonarios se presentó en el Atanasio Girardot acusando insuficiencia. Que sólo tuviese un delantero disponible es muestra de su precaria actualidad. Y, aunque cojeando, compitió. Los de Rubén Israel llegaron a dominar a un equipo serio como lo es el Independiente Medellín de Leonel Álvarez. El embajador murió con las botas puestas.

El regreso de Hernán Hechalar le caía como anillo al dedo al DIM. Con Hechalar por derecha, Goma Hernández podía regresar al doble pivote y, junto con Daniel Torres, protagonizar una salida de balón tremendamente eficaz. Pero la línea del medio albiazul espesó tanto al DIM que éste se vio obligado a desistir de la iniciativa. Desde entonces el DIM se dedicó a contraatacar, pero nunca pudo acelerar más que Elkin Blanco. Millonarios parecía impenetrable. Y peligroso, porque recuperaba el balón en campo del DIM y le bastaba con un toque para encontrar a Jonathan Agudelo. Era una tarde redonda para Millonarios: Agudelo desbordaba a complacencia por la zona de Fabra.

Daniel Torres mostró su mejor fútbol con la camiseta del DIM

No obstante, al DIM le bastó con un breve movimiento para batir a Vikonis. La proyección ofensiva de Andrés Mosquera por derecha sirvió para evadir a Elkin Blanco, el cerrojo defensivo albiazul, y arruinar el meritorio primer tiempo de Millonarios. La respuesta de Rubén Israel no fue del todo mala: el ingreso de Mario González sumó dinámica en un Millonarios desconcertado. Pero la salida de Elkin Blanco fue un precio que Israel no se podía permitir. Blanco dejó un agujero que Daniel Torres aprovechó a las mil maravillas: exhibió pases, controles orientados y lanzamientos exquisitos. Sabemos que Leonel Álvarez le delegó a Torres el timón. La mejor noticia de cara a los playoffs es que, junto a Goma Hernández, el timonel parece sentirse mejor que nunca.

Daniel Torres en el último mes

Contratar a Daniel Torres significó para Independiente Medellín, desde un primer análisis, considerables mejoras en su posición de mediocentro posicional, debido a que los últimos en ocupar dicha plaza habían sido Julián Guillermo Rojas, Jherson Córdoba y Didier Moreno, futbolistas con una capacidad distributiva aceptable (o insuficiente en el caso de alguno) para un proyecto tan importante. Sin embargo, a Daniel Torres sí se le respetó su capacidad distributiva y su fútbol desde la dirección, pero en un rol de segundo pivote. Es decir, Leonel Álvarez le asignó el papel del centrocampista de vuelo, de dos áreas, y no le encargó la base de la jugada. Torres puede estar presente en el principio de la jugada treinta minutos hasta cuando su físico va cediendo y pide que actúe con cautela. En ese preciso momento deja de ser Daniel Torres.

Tanto es así que el mejor Independiente Medellín de Leonel Álvarez se compone con Daniel Torres en la base de la jugada. Christian Marrugo y Hernán Hechalar a distintas alturas tanto en vertical como en horizontal lo maquillan. Torres abajo y cargadito a la izquierda, Marrugo adelante y centrado, y Hechalar arriba y sobre la derecha. El escenario idóneo para potenciar a los tres futbolistas: el pase entre líneas de Torres a Marrugo, el cartagenero conduce, levanta la cabeza y suelta el balón para la diagonal fuera-dentro trazada por Hechalar. Este verdadero DIM lo hemos observado escasos minutos en el último mes por dos razones. La lesión del argentino, que sufrió recaída, es una de ellas; la otra, el cometido de Torres en un sistema ofensivo que cuenta con los cuatro atacantes más los dos laterales.

Pese a todo lo relacionado a su ubicación, Daniel Torres destaca por calidad

Ocupar la posición de pivote único no está entre las órdenes de Leonel Álvarez, pues el mismo entrenador reconoce analíticamente que, salvo Marrugo, son los únicos pases del equipo. Y sin esos pases, que no los daría tampoco la Goma Hernández, Independiente Medellín se encomendaría al vértigo total. Jugadores como Angulo, Pajoy y Burbano, quienes tendrán más minutos por las lesiones de Hechalar y Arias, necesitan ventajas como pausa en ataque organizado, porque si no se erigen a una fase del juego que no entra en las prestaciones de Leonel: transición ofensiva. Salvo que los recién citados se tomen confianza con balón y en crear sociedades en el juego de posesión, no estaremos ante el Independiente Medellín de las contrataciones y del codiciado ‘Daniel Torres cardenal’.

Pensado en un futuro, no convendría la reconversión de Daniel Torres en el marco de la Selección Colombia. Es el mediocentro ideal que esperan hace unos varios años para adueñarse de su posición natural. A ver cómo progresa la transformación. Es el ancla. No el discurso futbolístico.

Lenguaje ofensivo en la recta final

En la historia de los torneos cortos no hemos vivenciado una final en el fútbol profesional colombiano entre Deportivo Cali e Independiente Medellín. La peculiaridad añade el factor de ser una llave inédita. Lo que nos lleva a enmarcar que dicho partido, por lo representado, será un duelo ‘sacachispas’. Sin ningún tipo de favoritismo y con dos técnicos que viven el fútbol al límite.

Las piezas claves de los dos equipos se han conocido en sus mejores presentaciones durante el torneo. Independiente Medellín atesora en su nómina jugadores talentosos. Uno de ellos es Marrugo al cual dos perros de cacería y enamorados estarán atentos para que no esparza su magia. Si no lo logran, el efecto será mayúsculo, ya que Christian consigue efectuar pases magistrales que ponen a sus delanteros certeros, móviles y sagaces, casi siempre en situación de gol. Lo igualan pocos y cuenta con fichas que pisan el área de forma extraordinaria. Es una suerte de ‘10’ poético cuando la mina de su pie está afilada. Pérez y Caicedo se deleitan con su literatura futbolística, pues saben que ese tipo de jugadores están en extinción, aunque todavía se resistan y quieran disolver la idea de nuestras mentes.

Preciado es la (semi)culminación intuitiva del Cali sin Borré

Si Fernando Pecoso Castro continúa con su terquedad –que no se piense que terco es algo negativo–, es decir, teniendo la convicción de atacar, de ir arriba, cuenta con elementos trascendentales para que su ataque germine. El principal, por supuesto, es Preciado. La capacidad de Harold para aguantar, chocar, no renunciar a ninguna pelota y meter a los suyos en campo contrario es un arma que escasea en la liga. Luego, está Candelo, figura que potencia al mencionado delantero con sus lanzamientos. De encontrar acierto, la pierna derecha de Yerson puede rasgar entre líneas al equipo de Leonel. Lo que implicaría mayor vigilancia y estacionamiento de Marín, enfrentándose al flanco de ataque preferido por los vestidos de verde.

Por último, y sin restarle méritos por mencionarle ahora, se encuentra Andrés Felipe Roa. Llegó para este semestre y en instancias definitivas, como si nada, tomó la titular. Fue ese aire que da potencia al velero cuando el mar está agitado e invencible. Fernando confió en él en detrimento de Mendieta e hizo ver, como con el equipo, que no siempre la experiencia es criterio de elección. Y no lo es porque Roa condiciona todo. Lo hace por una capacidad –si se quiere–: perseverancia. Es el fiel reflejo en el campo de aquella frase que dice que “una gota no rompe una piedra por su fuerza, sino por su constancia”. No desfallece aunque haga miles de cosas y todas les salgan mal. Acciones que inician, la mayoría, porque es Roa quien viste de cazador furtivo de segundas jugadas.

El DIM deberá reformular su defensa interior sobre Roa

Independiente Medellín debe referenciar con un binóculo a Andrés Felipe. Eso sí, puede que ni le enfoque, o que este no siembre y coseche, pero sus caídas a espaldas del doble pivote y conducciones, en fusión con su atrevimiento y técnica para golpear y pasar, son virtudes a considerar para Hernández, Didier, Jherson o quién esté. La libertad concedida por Fernando ha sabido a miel. Es un gozad que los partidos son cortos como la vida. Cosa que disfruta Roa, sin ser la maravilla, jugando en el césped con el mismo descaro que lo hacía en la arena.

Roa ve en el Pecoso un padre, como todos los hicos, pero sigue desobedeciéndolo al tener pérdidas que empujan al colectivo al abismo. No siempre elige lo mejor para la jugada por querer sobresalir. Peca de individualismo y la excesiva obsesión por la redonda. Jugar a uno o dos toques, que lo sabe hacer, sería un artefacto dañino que contempla pólvora fina con Preciado y Casierra.

En teoría, nos encontramos ante una final pareja. La sobriedad del equipo de Leonel para jugar a ras de piso y construir a partir de la pelota, todo a una circulación inconstante, enfrentada al espíritu de un equipo joven y batallador que lucha cada partido repitiendo en sus mentes los versos de sacrificio hechos por Fernando. Chocan dos equipos eléctricos. Es complejo vislumbrar la balanza inclinada hacia algún lado. Será una final apasionante, de principio a fin. Sólo queda esperar a que los ojos disfruten y nuestras mentes se deleiten. Motivos los habrá. Es una Final. Es fútbol; es fútbol colombiano.

Ganar y no convencer

Independiente Medellín atraviesa cada jornada de Liga con problemas a la hora de mostrar el fútbol vistoso de la campaña pasada. El equipo de Hernán Torres carece de claridad con la pelota. Ante Equidad el equipo antioqueño continuó mostrando las falencias y dificultades que tiene para sacar con limpieza la pelota desde atrás.

Jhon Hernández es el más extrañado en el modelo del DIM y su ausencia no ha podido ser cubierta del todo

Otro de los detalles que nos truncan para ver al Independiente Medellín de la pasada campaña es que uno de sus pilares –Marrugo- sigue careciendo de la precisión acostumbrada. El juego interno del equipo no viene siendo su fortaleza a pesar de cambiar tácticamente en medio del partido de 4-3-3 a 4-2-2-2 y suelen columpiarse en exceso sobre el costado derecho donde caen siempre Valencia, Marrugo y en ocasiones Hechalar. Vladimir suele mostrar profundidad en cada encuentro pero la falta de sorpresa de su equipo no le lleva a ser mejor. El equipo de Hernán necesita de cambios de frentes que descongestionen el juego y aprovechen los espacios brindados por sus rivales –que ahora son pocos-.

La movilidad de Cano y sus continuos y casi perfectos desmarques no logran ser igualados a los sumados entre Caicedo y Pérez

Cuando hay alguien con la capacidad de poner la pelota donde quiere el trabajo de los delanteros suele ser más fácil. Brayan Angulo hizo con una facilidad lo que para unos podría tomarles toda una vida de hacer. Lanzar un pase entrelíneas y entre un montón de piernas con una naturalidad que solo tienen aquellos a quienes les sobra talento. Caicedo pintó la obra que maquetó Angulo. Brayan viene moviéndose bastante bien en cada oportunidad que tiene de entrar al campo y divertirse. Marcar la diferencia.

Hoy ganan a base de chispazos, muestran una sorprendente contundencia a la hora de ir al ataque. Parece ilógico pero es razonable. No crea en exceso ni marca mucho pero le alcanza para llevarse los partidos. DIM aprovecha las pocas oportunidades que viene creando y eso le permite quedarse con los partidos y dormir como líder. El equipo de Hernán Torres viene mostrando algo que tanto extrañó el semestre anterior. Efectividad. Hasta el momento le alcanza pero no se sabe hasta dónde ni cuándo. Siguen sin convencer pero continúan ganando.