El DIM de espalda al arco

Leonel Álvarez abandonó el Palmaseca algo jocoso. Por su parte, Fernando Castro asistió a la sala de prensa más serio de lo habitual. Lo acontecido en la primera final de Liga hizo mella en el entrenador del Deportivo Cali a pesar de la victoria. No es para menos. Después de una primera mitad abrumadora por parte del equipo del Pecoso, el 1-0 resulta un muy mal premio de consolación.

El Deportivo Cali saltó a la cancha del Palmaseca dispuesto a jugar al fútbol, algo que no es obvio cuando se trata de una final. Dispuesto, convencido de su juego y atento a las claves para contrarrestar al Medellín. Fueron unos 45 minutos en los que el Cali cumplió cabalmente el plan necesario para anular al DIM. ¿De qué plan hablamos? Hablamos de un plan que priorice la posesión del balón lejos de Juan Fernando Caicedo y Juan David Pérez. Lo anterior; primero, porque al doble pivote entre Jherson Córdoba y Didier Moreno le cuesta ocupar espacios en defensa; segundo, porque conservar el balón lejos de la delantera del DIM es la forma de mantener a raya a una ofensiva que crea peligro casi sin esfuerzo.

El ataque del Cali es muestra de su gran despliegue

Esto lo supo y lo aplicó el Deportivo Cali. Yerson Candelo confirmó el poderío del Cali por la banda derecha lanzando a Harold Preciado y Helibelton Palacios, lateral de mucha profundidad. También se sumó Andrés Felipe Roa cambiando de orientación para Frank Fabra, otro lateral profundo que, junto con Palacios, certifica el despliegue del Deportivo Cali en ataque y su potencial para generar situaciones de riesgo.

La segunda parte del plan defensivo del Cali también fue bastante meritoria. Fernando Castro no apostó por una superioridad numérica para controlar al tridente ofensivo del DIM. Por el contrario, no tuvo inconveniente en proponer duelos hombre-a-hombre. Ahí estuvo la superioridad del Cali: las marcas sobre Marrugo, Caicedo, Hechalar y Pérez obligaron al Medellín a recibir siempre de espalda al arco contrario. Lo mejor de todo: Cali defendía con los jugadores necesarios y, cuando recuperaba el balón, tenía mínimo cuatro hombres arriba. El escenario era aún mejor dadas las certezas que poco a poco va brindando Harold Preciado como receptor de contraataques. El Deportivo Cali tuvo un primer tiempo redondo.

El cambio de esquema del DIM potenció lo mejor de Hechalar y Pérez: su llegada al área

Pero el plan del Cali se fue diluyendo a partir del ingreso de Hernán Pertuz y el paso al 5-4-1 del DIM, un esquema que le dio total libertad a Vladimir Marín para pasar al ataque y estirar la cancha. El resultado fue la apertura de espacios en el centro y la activación de Christian Marrugo, Hernán Hechalar y Juan David Pérez. Las cosas mejoraron para el DIM. Desde entonces, los de Leonel Álvarez al menos encontraban espacios para sus transiciones ofensivas.

El partido de ida de la Final de Liga no fue la excepción a la capacidad productiva del Deportivo Cali. Sumado a esto, el equipo de Fernando Castro contrarrestó perfectamente al DIM durante 45 minutos. Parecía muy difícil para Leonel Álvarez recomponer a su equipo. El hecho de que el DIM haya resurgido luego de un primer tiempo tan pobre deja un sin sabor en Palmaseca. La cara de Fernando Castro, finalizado el encuentro, lo dice todo: el Pecoso teme sumarse a la lista de quienes no hallaron respuesta para doblegar al DIM. Para fortuna nuestra, aún quedan 90 minutos para conocer el desenlace.

Amor y desencanto con Hernán Torres

El fútbol da de comer a un sinfín de paladares. Los hay resultadistas, los hay fanáticos, los hay románticos. Estos últimos, los que admiran al fútbol cuando se expone en forma de espectáculo, abundan en la capital de Antioquia. El fútbol no sólo es espectáculo, claro está. Se trata también de competir, de neutralizar y de imponer. Pero en Medellín, los balones tratados con primor y elegancia son aquellos que roban corazones. Equipos que flirtean con la pelota suscitan aplausos en las tribunas y se juzgan menos por sus resultados.

Hernán Torres dio de comer al romanticismo antioqueño. Su paso por Independiente Medellín duró mientras su apuesta ofensiva tuvo porte de mujer seductora. Sí, hemos dicho ofensiva, que no es lo mismo que decir equilibrada. El DIM de Hernán Torres pasará a la historia por un poderío ofensivo digno de la compañía masiva de sus fieles en las tardes de primavera en el Atanasio. El de Torres fue un equipo fundado bajo tres principios ofensivos, a saber: posesión, conducción, agrupación. A continuación se expondrán cinco momentos en la era de Hernán Torres que declaran la conquista y el abandono de tales mandamientos. Cinco momentos que relatan una historia de amor y desencanto.

Vladimir Marín en la gestación de la jugada

El primer mandamiento del DIM de Torres, la posesión, requería volantes de primera línea bastante activos. John Hernández y Jherson Córdoba eran fundamentales para retroceder, recoger el balón y emprender el ataque, siempre con el propósito de mantener la pelota. Hilvanar largas secuencias de pases, si hacía falta. Pero la gran novedad en la salida de balón del Medellín era la participación de Vladimir Marín. Con Marín, el DIM tenía la oportunidad de usar las bandas para salir de su área. Pero Marín era más que eso. Su visión de juego le hacía importante por dentro. Marín ejercía influencia al interior tirando paredes, buscando líneas de pase en el centro e incluso conduciendo hacia ahí. El lateral zurdo iniciaba las jugadas, influía en el medio y, en ocasiones, se vestía de centrocampista.

El triángulo de posesión

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Arribaba Vladimir Marín al medio y la progresión no se detenía ahí. Christian Marrugo acudía a Marín en su defensa y señalaba la ruta para superar la primera presión rival. Más arriba, las caídas de Yorleys Mena a la banda izquierda estiraban la cancha y fijaban un tercer vértice, un triángulo. Las posesiones del DIM eran mejores cuando se juntaban los vértices del triángulo: Marrugo, Marín y Mena. Las posibilidades del DIM iban en aumento. Recostando al rival a la izquierda, aparecían los espacios en el medio para Daniel Hernández o Javier Calle. Por otro lado, el triángulo generaba una superioridad numérica en la banda que le permitía a Vladimir Marín desdoblarse. Era entonces que Marín sacaba a relucir su mejor cualidad como jugador: su golpeo de balón. Marín sorprendía rematando a portería o tiraba un centro lleno de veneno.

Las conducciones de Christian Marrugo

Hasta aquí, hemos descrito un equipo asimétrico, activo sólo por izquierda. Nada más alejado de la realidad. Cuando Christian Marrugo recibía en el triángulo, su primera intención era girarse, conducir en sentido opuesto a la jugada y descargar. El resultado: la banda derecha involucrada en el juego. Era entonces que Gilberto García o Carlos Valencia se sumaban al ataque. Marrugo hacía bascular pendularmente al rival al compás de sus conducciones y los espacios para su último pase estaban servidos. Desordenar al rival conduciendo.

Marrugo y Cano agrupando

Antes de seguir, retomemos los tres mandamientos del Independiente Medellín de Hernán Torres: posesión, conducción, agrupación. Como hemos dicho, las salidas de balón de Marín y la formación del mencionado triángulo le permitían al DIM mantener la posesión. En lo que atañe a la conducción, las diagonales de Marrugo y Marín representaron un argumento técnico importante para el equipo de Torres. Hablemos, entonces, del tercer mandamiento: la agrupación. Las conducciones de Marrugo, en efecto, juntaban puntos cardinales en la cancha. Pero él no era el único. Igual, o más importante, era Germán Ezequiel Cano. Los movimientos de Cano eran una forma de fuelle entre la delantera y el resto del equipo, sobre todo cuando se movía fuera del área. La capacidad técnica de Cano le hacía posible pasar el balón con precisión y sentido. ¿Cuál sentido? Juntar a todos en ataque. Los pases de Cano podían restarle velocidad al ataque del DIM, sí, pero posicionaban al equipo en campo contrario. Cano encarnaba el espíritu colectivo del equipo de Torres.

La diagonal de Hechalar

La partida de Yorleys Mena y Germán Cano transformaron profundamente al equipo. Mena, por los espacios que generaba con sus movimientos sin balón. Cano, por ser el abanderado del principio de agrupación. Sus reemplazantes, Juan Fernando Caicedo, Juan David Pérez y Hernán Hechalar, no suplen los aportes de Cano y Mena. En las primeras fechas del equipo post-Cano, resultaba extraño ver al tridente ofensivo tan distante entre sí, abandonando el principio de agrupación del equipo de Cano. Con el pasar de los partidos, lo que en principio era un sospecha se convirtió en realidad: el DIM se entregaría a las individualidades de Hechalar y Pérez por las bandas.

El DIM de la última temporada de Hernán Torres inició sus ataques en algo así como un 4-2-2-2, con Hechalar y Marrugo de doble enganche y Caicedo y Pérez en punta. Los ataques culminaban en un 4-2-1-3. ¿La razón? Hechalar emprende su típica diagonal hacia fuera y se convierte en un tercer delantero. Lo anterior con el fin de quedar mano-a-mano con el lateral derecho rival y Pérez haciendo lo propio con el lateral izquierdo.

Las implicaciones de la diagonal de Hechalar son considerables. En primer lugar, Hechalar deja solo a Marrugo detrás de los delanteros. Sin nadie fijando marca en el centro, como hacían Javier Calle o Daniel Hernández en su momento, Marrugo ya no es tan libre para caer permanentemente a la izquierda. En segundo lugar, el hecho de que Marrugo se ausente tanto en la izquierda deja sin socio a Vladimir Marín. Por consiguiente, Marín tiene menos opciones con balón, toma malas decisiones y pierde el balón donde al DIM más le duele: el centro. En tercer lugar, la diagonal de Hechalar, que requiere el balón en los extremos para crear peligro, verticalizó el juego del DIM. Ahora el pase debe ser vertical para resultar determinante. Bastante responsabilidad para los pasadores, entre ellos Jherson Córdoba, a quien le cuesta una infinidad reponerse después de fallar y está teniendo una temporada muy pobre.

Así fue como Hernán Torres talló su propio monumento y cavó su propia tumba. Torres fue capaz de diseñar un equipo con un profundo carácter colectivo. Tras la partida de Cano, el entrenador del Medellín encargó su destino a la individualidad. Son muchos los que vieron en tal reinvención una traición a sí mismo. Una facción de los fieles del DIM no lo perdonó. Nosotros no nos perdonaríamos omitir la hermosa página que escribió Hernán Torres para el libro de la historia del fútbol colombiano.

Ofensiva poderosa

Hay partidos que resumen equipos, como el de anoche, en el Atanasio Girardot, resume al Independiente Medellín. Desde la partida de Germán Ezequiel Cano, la fuerza centrípeta del poderoso, todo cambió para Hernán Torres. Esta vez fue Alianza Petrolera el testigo de las nuevas virtudes y los nuevos defectos del Medellín sin Cano. Un sumario de la temporada del DIM.

La defensa interior sigue siendo un calvario para Hernán Torres

La fase del juego en donde más padece el DIM es la defensa interior. Cuando la línea defensiva se adelanta –cosa que pasa la mayoría de veces–, el DIM tambalea. No es que sus centrales no sepan defender a campo abierto, ni mucho menos. De hecho, Hernán Pertúz y Andrés Mosquera son veloces, saben conducir al rival hacia la banda y son sumamente efectivos en el corte. Su gran defecto es su falta de reacción para perseguir la marca cuando ésta emprende una escapada. Ahí sí sufren. Pero la cosa se pone peor. A la debilidad frente a desmarques repentinos se suma la escasa presión en el medio. Los mediocampistas no presionan por cercanía. Cuando Jherson Córdoba es el único responsable de la presión, al rival le basta con una simple conducción para superarlo y hacer de su espalda un coladero. Por esa vía llegó el gol de Henry Rojas que puso en ventaja a Alianza Petrolera.

El segundo gol aurinegro castigó otra flaqueza del DIM: la salida de balón. El equipo subcampeón de Colombia contó con una gran versión de Vladimir Marín, quien orientaba los ataques desde el principio e influía notablemente en el juego interno, más cuando lograba conformar ese triángulo con Christian Marrugo y Yorleys Mena. Pero desde que Marín abusa del pase vertical, los ataques del DIM sufren muertes prematuras. Cuando Marín está errático, al DIM le cuesta pasar al ataque.

Las individualidades en ataque son la salvación del Medellín

Eso sí, cuando Marín logra conectar entre líneas con Caicedo, cuando Marrugo logra incorporar gente al ataque con sus pases, el DIM es cosa seria. Lo único que requiere el DIM para ser peligroso es conectar con las diagonales hacia afuera de Hernán Hechalar o con Juan David Pérez: dos jugadores letales cuando están mano-a-mano con los laterales. Ahí el DIM hace la diferencia. Gracias a las individualidades en las bandas, el DIM empató un 0-2 en contra y, de haber sido más preciso, la remontada sería una realidad. Cuando el balón llega a Hechalar o Pérez, la ofensiva del DIM se hace poderosa. ¿Será suficiente?

Mientras el capitán Speirs duró

La ciudad de Foy, Bélgica, fue testigo de una proeza histórica. La armada americana asaltaría el pueblo en lo que sería un golpe más a la Alemania nazi. Durante el asalto, la estrategia ofensiva americana tendría un giro inesperado. El reto sería poner al tanto a las distintas posiciones sobre la modificación táctica. Fue entonces que nació la leyenda de Ronald Speirs, capitán de la Easy Company capaz de atravesar todo el campo de batalla, de extremo a extremo, exponiendo su vida en medio del fuego cruzado. Cuentan quienes lo vieron que los alemanes quedaron dóciles ante aquella gesta. Speirs conectó a una compañía con otra, logró el acuerdo estratégico de todos, salió ileso y las tropas americanas se hicieron con la victoria.

El Atanasio Girardot vio a Christian Marrugo vestido de Speirs. Caía a la banda izquierda (la base del juego del DIM), pedía el balón y atravesaba el campo de lado a lado, esquivando patadas y sorteando marcajes. La zona de Valencia, en principio una zona muerta, resultaba integrada al juego. Al final, el DIM hacía bascular a Santa Fe a partir de las conducciones de Marrugo, que unía puntos cardinales como el capitán Speirs en sus días bélicos.

Las conducciones agresivas de Marrugo parecían sentenciar la final

Aunque la posesión que tuvo el DIM era de esperarse, Marrugo mejoró notablemente la calidad de la misma. El poderoso dominaba y se adelantaba en el campo cada vez más. Tanto así que Jherson Córdoba y John Hernández, volantes de primera línea, terminaban ocupando los espacios de la segunda línea. Entonces Marrugo ya no tenía espacio para conducir, el DIM ya no conectaba sus bandas y Santa Fe dejó de oscilar. El dominio duró hasta que Marrugo dejó de ser el capitán Speirs.

Berrear para crecer

Era el momento de recordar aquella llegada esperanzadora de Hernán Torres al DIM, uno de los entrenadores más especiales de la última época en el fútbol colombiano. Una llegada que despertaba sonrisas de oreja a oreja entre los hinchas poderosos tras la destitución del pragmático Pedro Sarmiento. La directiva apostó abismalmente tanto por el cambio generacional como filosófico. Una cosa utópica en el DIM tras Hernán Darío Gómez, Leonel Álvarez –de la escuela de Maturana y Bolillo–, y demás.

Lo vetusto afuera y lo lozano adentro: empezó Hernán Torres su andadura en el poderoso. Al principio, como en la música, desentonaban más de lo que armonizaban, por ende, había mínima sincronización, y la desazón futbolística era profunda. Equipo trabado y, sobre todo, expuesto físicamente. El desgaste mental y funcional era claramente notorio, porque plantilla y nivel para competir y entrar a los ocho había de lleno con Amílcar Henríquez, Giovanni Hernández, Yulián Mejía, Marco Pérez y compañía. Sin embargo, la zona de confort prevalecía y no había confianza.

Para encarar el segundo semestre, Torres decidió renovar la plantilla. Sin Amílcar Henríquez, Giovanni Hernández, Yulián Mejía y Marco Pérez, llegaron Diego Amaya, Vladimir Marín, Christian Marrugo, Daniel Hernández y Elton Martins. Probablemente, para caer como solera al equipo y recuperar posiciones flojas. Parecía Torres dejar su instinto ‘tímido’ y guiarse en Sierra, su asistente: el berrear para crecer. Tanto Amaya, Marín y Marrugo no venían de destacar en el Cali, pero él conocía su potencial y los tomó como sus juveniles para recuperarlos y volverlos a sentir importantes.

Hernán Torres ha logrado un equipo polivalente

En lo táctico, la evolución y la polivalencia del DIM son fundamentales. El equipo viene funcionando, usualmente, bajo el 4-4-2 torre, pero en transiciones defensivas se arma a través de un 4-2-3-1 en un bloque compacto adaptándose a la altura del rival. Es decir, miden a los delanteros contrarios y de ahí en adelante sincronizan el posicionamiento alto, medio o bajo. Yorleys Mena y Daniel Hernández, los sacrificados a bandas en el desplazamientos del 4-2-2-2 al 4-2-3-1.

Hernán Torres es un sabio del fútbol colombiano y socava a profundidad partido a partido. Entiende cuándo salir con el 3-4-2-1 o 3-4-1-2. La realización de este módulo táctico se empeña en equipos flexibles y dinámicos en el frente de ataque. Por ejemplo, Once Caldas, Santa Fe y Deportivo Cali. Ante equipos estructurados en faceta defensiva y que con un mismísimo pase o envío largo son capaces de hacer de una zona muerte la más fuerte, la defensa de tres con el apoyo de Jherson Córdoba, más el retroceso de Gilberto García y Vladimir Marín/Luis Tipton se hace trascendental para no sufrir.

Crece el dominio del balón y crece el DIM

El resurgir de Cristian Marrugo, la capacidad asociativa de Daniel Hernández, la mezcla en ataque de Yorleys Mena y los goles de Germán Ezequiel Cano son una contemplación al espectáculo. El poderío ofensivo está siendo crucial para la intimidación del contrario, y marcar un estilo y protagonismo inicial. El DIM alcanza, en promedio, casi el 60% de la posesión en la Liga Postobón II-2014. Cifra que se opone a etapas anteriores, donde el equipo prefería otorgar el dominio y apostar al juego directo y rápido con Felipe Pardo, William Zapata, Cléider Alzate, Marco Pérez y demás jugadores.

Por último, el punto más alto aparece bajo el doble pivote con Jhon La Goma Hernández y Jherson Córdoba, más Cristian Restrepo de revulsivo. Ninguno es un ‘5’ nato, pero Torres los ha sabido llevar y les ha encomendado intercambiar roles con el de ‘box-to-box’. Generalmente, Jherson Córdoba es el mediocentro posicional, encargado de ser el primer pase, abrir en banda y apoyar, así como hacerle llegar los balones a los conductores: Marrugo y Hernández.