Pasando de página

Cuando José Pékerman llegó a la selección Colombia, seguramente la primera conclusión que sacó tras analizar el grupo de jugadores que tenía entre manos fue que el país tenía un problema generacional en los primeros compases del juego. A Colombia le hacía falta capacidad de dirección y creatividad en la base de la jugada, pues ni los centrales eran especialmente influyentes desde el primer pase, ni los mediocentros poseían esa capacidad para organizar con el balón desde el inicio de la jugada. Así, Pékerman decidió apostar por Aldo Leao Ramírez y Macnelly Torres, excluidos del proceso, para solventar esa situación. El samario se había convertido en un mediocampista de primera línea en México, justo lo que necesitaba la selección, pero dejaba dudas su desempeño defensivo. El barranquillero, por su parte, seguía destacando como el mismo volante creativo y de últimos metros de magnífica visión de juego, pero poco fútbol cerebral. Ninguno de los dos era más que un parche. Aun así, el siete de septiembre de 2012, Macnelly Torres salió al campo para jugar, teóricamente, al lado derecho de James Rodríguez; sin embargo, la labor que le indicó Pekerman fue la de participar y moverse mucho horizontalmente sobre el círculo central. Ese día Macnelly empezó una evolución que lo ha llevado a convertirse en un verdadero cerebro. Jugó muy bien y Colombia tuvo claridad en la base de la jugada, además de tomar un papel importante en la fase de ofensiva del equipo. Contra Uruguay nació el gran sistema que cimentó el brillante fútbol que Colombia jugó, con sus más o sus menos, de septiembre de 2012 a enero de 2014, es decir, hasta la lesión de Falcao. Para solventar las carencias de creación, el entrenador argentino formó un triángulo entre Zúñiga, Macnelly y Teófilo, que sacaban a Colombia desde atrás y asentaban el ataque del equipo muy arriba. Además de ellos, James jugaba desde la izquierda y se sumaba al festival de pases, activando a Pablo Armero con su cambio de orientación; Falcao era Falcao, legitimando el juego del equipo con su voracidad ofensiva; y Abel Aguilar hacia de puente en transiciones, ganando segundas jugadas y sirviendo de apoyo a la circulación, labor para la que estaba más que capacitado.

Macnelly Torres ha jugado 39 partidos con la Selección Colombia

Ese sistema fue muriendo paulatinamente con las lesiones de Falcao y Zúñiga, y el ostracismo al que se relevó a Macnelly. Desde entonces, Colombia ha tenido problemas crónicos para salir desde atrás y asentarse en campo rival. Para sumar pases. José ha probado varias alternativas que han fluctuado entre intentar hacer lo de siempre con piezas distintas, y variar a un fútbol más reactivo aprovechando la verticalidad de Cuadrado. Hasta ayer, ninguna de las variaciones de Pékerman había dejado un buen regusto, y la Copa América fue un punto de inflexión importante: no podía depender de Zúñiga, Falcao o Aguilar, porque simplemente no estaban, y ni Cuadrado ni Cardona lograban adaptarse a las exigencias del entrerriano. Había que mutar. La convocatoria para el amistoso contra Perú fue un verdadero revolcón, con muchos posibles debutantes, pero por sobre todos destacó el nombre de Gustavo Cuéllar. El jugador del Junior es un mediocampista muy versátil, mediocentro de formación, que está llamado a dar relevo a los Sánchez, Aguilar, Guarín y Valencia. Por talento y calidad, Gustavo podría ayudar a resolver varios de los problemas de Colombia y Pékerman trabajó en ello. Ante Perú, Colombia estrenó sistema y las sensaciones son muy positivas. Veamos.

Como novedades, Colombia presentó a Cuéllar y Macnelly en el mediocampo, escoltando a James y Sánchez; Arias y Fabra en los laterales; y Teo con Bacca arriba. El dibujo no era distinto al de siempre, un 4-2-2-2 torre con dos mediocentros, dos enganches y dos puntas. En la práctica, muchas fueron las cosas que cambiaron. Para empezar, Colombia presentó un mecanismo en salida inédito: los dos centrales se abrían ligeramente, los laterales subían muy arriba, Sánchez ejercía de eje y a sus lados, a la altura de interiores, se situaban Macnelly por izquierda y Cuéllar por derecha. Esa disposición creaba muchas alturas y facilitaba la progresión mediante el pase corto. Colombia involucraba a siete u ocho futbolista, dependiendo de James, en la salida del balón, dándoles opciones de pase fáciles a todos y sumando muchos futbolistas por detrás de la línea de balón, lo que por un lado permite tomar algo más de riesgo, porque ante pérdida hay armazón defensivo, y por otro ayuda a que Colombia se vaya ordenando mediante pases desde muy abajo. Así, tanto portero como centrales al salir veían delante de ellos líneas de pase tanto por dentro como por fuera, a diferentes distancias, que podían alcanzar sin que por medio hubiese una jugada de gran dificultad técnica. Murillo y Zapata encontraban rápido a laterales o mediocentro, y estos pasaban a los interiores, que formaban una línea de pase en diagonal difícil de defender. Una vez el balón llegaba al círculo central, Macnelly, el preferido en salida, o Cuéllar lo que hacían era mover el balón para asentar la jugada en campo contrario con la ayuda de un James muy móvil. Macnelly, sabio, imprimía una pausa ágil ante la presión peruana y usaba a James, Sánchez y Fabra como paredes, mientras Cuéllar compensaba con movimientos sin balón que creaban líneas de desahogo hacia adelante para el ’10’ de Nacional. Ahí estuvo la importancia del rol de Cuéllar: además de participar activamente en la salida desde atrás, Gustavo debía compensar la libertad posicional de James y Macnelly con movimientos por delante de la línea del balón que lo ponían por momentos como mediocampista más adelantado. El cambio de nivel lo hizo dudar por momentos, pero rápidamente se adaptó y hacia el finalmente del primer tiempo sumó minutos de muchísima calidad que, por forma, no están al alcance del resto de mediocampistas de selección. La presencia de Cuéllar le dio a la libertad creativa y posicional de James y Macnelly un sustento importante. No es casualidad que las dos jugadas de mayor peligro de Colombia hayan llegado desde la teórica posición de Cuéllar en el lado derecho del mediocampo, y por medio de dos futbolistas distintos. Colombia salía bien, sin prisa pero sin freno, y movía el balón con cierto dinamismo.

Cuéllar, Fabra, Balanta y Castillo debutaron de manera oficial con la selección de mayores

El resto del invento sí presentó más problemas. Por un lado, Arias no es Camilo Zúñiga. A pesar de que el lateral del PSV tiene mucho oficio y sabe correr la banda con propiedad, su capacidad asociativa no es alta, y ahí Colombia necesita alguien que sepa reposar la jugada y servir de apoyo creativo a los mediocampistas. Si Arias no logra ser eso, Colombia tarda más en poner el balón en campo contrario y su estructura en transición defensiva se debilita porque la calidad de la posesión disminuye y el posicionamiento de los futbolistas es más riesgoso ante pérdida de balón. Lo mismo para el lado izquierdo. La nueva disposición de Colombia equilibra ambas bandas y pide, más o menos, lo mismo a sus dos laterales. Fabra supo aportar en salida de balón, pero en fase ofensiva se mostró nervioso y no dio el nivel técnico que necesitan James y Macnelly de sus laterales. Además de todo esto, la integración de los delanteros en el entramado ofensivo no es buena, y ni Teo ni Bacca mezclaron bien con el mediocampo. Tampoco ayudó que James estuviera excesivamente acelerado y no masticara un poco más la jugada como en otros tiempos. A pesar de todo esto, el nuevo sistema de Colombia se mostró sólido y ayudó al equipo a ser superior a una muy organizada Perú.

En la segunda parte, Macnelly y Cuéllar salieron para dar entrada a Cardona y Balanta, lo que confirmó la apuesta por esta nueva organización táctica, así como también que ni Edwin ni Kevin están preparados para interpretarla de la misma forma que los dos barranquilleros. Balanta fue transparente. No jugó mal, pero no tuvo peso alguno en ninguna fase. No se notó su presencia y eso no es buen síntoma, aunque su juventud lo perdona. Cardona, por su parte, volvió a ser lo mismo de siempre: una amalgama de acciones técnicas muy desequilibrantes, incluso desde posición retrasada, pero que no ayudan a Colombia a sumar pases en ningún momento. Más interesantes fueron las intervenciones de Castillo, Roa y el otro Balanta. El delantero de la MLS se movió muy bien en el plano horizontal y desbordó a la defensa peruana, mientras que el enganche del Cali se adecuó muy bien a la diferencia de nivel entre el fútbol colombiano y el fútbol internacional, y fue participativo a su manera, jugando su fútbol. De Álvarez Balanta hay que destacar que es un plus importante en salida de balón, pues tiene el poso y la técnica para dar soluciones individuales a los retos colectivos que plantee el contrario.

En definitiva, este amistoso ante Perú debe ser marcado en el calendario como el día uno del proceso hacia Rusia 2018. El nuevo sistema promete y potencia muy bien las virtudes de Colombia. Hay cosas que ajustar y habrá que ver que roles tiene reservado José a jugadores como Cuadrado, Falcao, Zúñiga, Aguilar o Guarín, pero, a diferencia de los meses anteriores, el futuro se ve brillante. Colombia por fin pudo pasar página.

Jeison Murillo vs Brasil

(…) Para las pretensiones de Pékerman del buen trato del balón y que todo el juego empiece con un primer pase limpio a un primer apoyo clarividente, el barranquillero es ideal. Posee una salida con balón bastante elegante, como también entiende el juego desde el primer toque para evacuar presiones y no rifar fácilmente el esférico con envíos largos o pases exigidos. Sus pases largos vienen con un exposímetro en el pack. Sin embargo, por momentos, se llena de confianza y se fía mínimamente de la presión rival.

Otro punto alto viene de la identificación de jugar a campo abierto o cerrado. En campo abierto, sin ser rapidísimo, es inteligente para correr hacia su arco y se caracteriza por ser un central corrector y que cubre la zona con el eje corporal, mas no al jugador con el balón. En campo cerrado es donde más cómodo se siente, porque no tiene que ir sobre el ritmo impuesto por el rival, y fácilmente, se impone en su mejor faceta: el uno contra uno. Es un central más estático que prodigio del anticipo.*

*Extracto del artículo Mandamás Murillo.

De roca a muro

El todo es más que las sumas de las partes”: Aristóteles. Esa es la frase que se aprecia escrita en una de las paredes del vestuario colombiano que explica en gran parte el porqué de la derrota brasileña más allá del triunfo colombiano. Brasil depende de Neymar, y el futbolista de inspiración. El equipo brasileño corrió como lo ha hecho en los últimos años, pero no jugó. La Brasil que enfrentó a Colombia fue la del Mundial: esperó a que Neymar resolviera. Pékerman conociendo esta dependencia obligó a Carlos Sánchez ser la sombra del futbolista brasileño.  Sánchez en el uno contra uno es en jugador con unos números bastante favorables pero controlar o detener a Neymar era un reto que parecía imposible de cumplir, pues, lo mostrado ante Venezuela no era coherente con la tarea impuesta.

La primera parte de Colombia se resume en un nombre: Carlos Sánchez

La primera parte de Carlos Sánchez fue esplendorosa. La roca se convirtió en un muro impenetrable para Neymar y cualquier otro jugador que haya querido pasearse a su alrededor. Se multiplicó y anuló cualquier opción que intentaba gestar un desconectado Neymar que no hallaba la manera de superar a Carlos. Mirada fija a la pelota y robo seguro. La superioridad del mediocentro colombiano fue potenciada por la lenta y errónea circulación del balón por parte de sus rivales. Sánchez adivinaba el pase y robaba con facilidad. Ni Fernandinho ni tampoco Elías son futbolistas sobresalientes para lanzar un pase tenso entre líneas que superara a los medios colombianos, como resultado no existía conexión entre Neymar con los de arriba. Si hubo desmarques o movimientos a las espaldas de Zapata y Murillo no se notaron, estuvieron eclipsados por Sánchez que se encargó de que Firmino como ‘falso 9’ no tuviese suficientes y cómodos contactos.

Colombia tuvo un futbolista potenciado en cada línea. En defensa Jeison Murillo se ponía el traje de Mario Alberto Yepes. Invencible en el juego aéreo, timing perfecto para lanzarse a por el cuero y una salida mejorada de balón. En mitad, Carlos Sánchez podaba el campo y generaba cortocircuitos en todo el sistema brasileño. Sánchez firmó unos 45 minutos escandalosos y dignos de mostrar a los chicos que recién empiezan a jugar este deporte. Su claridad y velocidad a la hora de pasar fue importante para que James, Cuadrado y un descomunal Gutiérrez pudieran marcar diferencia. Teófilo fue la llave maestra. El futbolista de River Plate permitió a su selección enlazar y tener líneas de pases mejoradas cada vez que él decidía descolgarse unos metros y mover el sistema defensivo brasileño. Teófilo Gutiérrez tiene el manual de cómo jugar al fútbol: cuando recuerda lo leído y empieza a aplicar en la cancha, se exhibe.

En líneas generales, Colombia tuvo un repliegue seguro

En el segundo período con una Brasil obligada a ir por el empate superó en número a los jugadores en el mediocampo colombiano. Seis jugadores atacaban, cuatro defendían. El técnico argentino respondió con un 4-1-4-1 con Carlos Sánchez como puente entre defensores y volantes. Ibarbo taponaba el juego por la izquierda, Sánchez y James en el medio, Cuadrado por la derecha, y Bacca esperaba correr. Brasil más que atacar, controló al equipo colombiano e intimidó bloqueando la salida y cortando los contragolpes, no dando chances de ampliar el marcador. El equipo carioca solo produjo algunos sustos, pero su fútbol fue pobre. Futbolísticamente Brasil ya no es Brasil y sin Neymar… Brasil tampoco compite. Por su parte, Colombia aprendió que “El todo es más que las sumas de las partes” y ha renacido en la Copa América.

El problema medular

Hay preocupación en Colombia. Su debut en Copa América dejó una imagen para nada alentadora. La razón es que Colombia mantuvo la misma tara en los 90 minutos de partido ante Venezuela: el control del juego desde atrás. Ninguna de las piezas comprometidas en la salida de balón pudo revertir la inferioridad. ¿Qué nos queda esperar de Colombia ante Brasil?

Pékerman ha demostrado confianza en la capacidad de Zúñiga para generar juego

A raíz de la escasa generación de juego desde atrás, no sería extraño ver a Juan Camilo Zúñiga en la partida inicial acompañando a Carlos Sánchez o Edwin Valencia en el doble pivote. Ya ocupó la posición en el amistoso ante Brasil este mismo año. Podríamos estar hablando del jugador más creativo del plantel colombiano. Pero, actualmente, Zúñiga no representa una solución garantizada. Las lesiones lo aquejan desde hace un tiempo ya considerable y su estado de forma está muy por debajo de su potencial.

La buena noticia es que Zúñiga no tendrá una responsabilidad exagerada encima. A su labor puede contribuir Jeison Murillo. Murillo no sobresale por su salida de balón, claro, pero sus entregas son aceptablemente cómodas para el receptor y se atreve a romper líneas de presión si le marcan líneas de pase seguras. Otro buen cómplice de Zúñiga podría ser Pedro Franco. El central bogotano tiene buenos recursos para sacar el balón, sobre todo cuando se trata de montar contraataques. El riesgo de jugársela con Franco es la rigidez de su cadera, que en la mismísima zona de Neymar, estaría condenada a padecer.

Pero la salida de balón no necesariamente es el peor mal de Colombia. Ante Venezuela, Colombia fue incapaz de emprender contraataques a falta de calidad en el robo. A los jugadores que sobresalen en dicho aspecto –Zapata y Murillo–, se les vio defendiendo dentro del área exclusivamente.

Álex Mejía para desconectar a Neymar

La solución mas lógica sería Alex Mejía en la partida inicial. El ex Nacional podría resultar una buena forma de compensar el déficit de recuperación en la medular. La inclusión de Mejía sería coherente para mantener la crisis que mostraron Elías y Fred para encontrar a Neymar ante Perú. Además, sus soluciones con balón le caerían muy bien a Colombia: Mejía busca mucho a sus delanteros con envíos largos.

La precariedad de Colombia en la primera línea del medio tiene origen en la convocatoria y el partido ante Venezuela fue muestra de ello. El presente texto enfatizó en soluciones que no pasan de ser hipotéticas. Porque urgen soluciones: enfrente estará nada más y nada menos que el temible Neymar.

Colapso

Sería injusto categorizar lo sucedido ante Venezuela como una sorpresa. El declive de Colombia comenzó a ser evidente desde la Copa del Mundo, inmediatamente después de la lesión de Radamel Falcao, y en los meses recientes -debido a una gama de factores- se había intensificado. Era claro que en los últimos amistosos Colombia probaba, ante rivales de menor envergadura, distintos métodos para generar contextos cuya creación intrínseca se había hecho imposible con el desenchufe casi simultáneo de Edwin Valencia, Macnelly Torres y Radamel. Pero nunca hubo señales de consolidación. Ni la más mínima. A aquellas deficiencias sistémicas, se sumaron las presiones de la inflación mediática -tanto a nivel individual como colectivo- y de bajas de nivel y moral atroces, de tal manera que la tormenta, finalmente, tocó tierra. Lo sucedido era inevitable y, como todo, apenas cuestión de tiempo.

 Infraestructura defectuosa

Las primeras pistas de que algo extraño podía ocurrir llegaron desde que se dio a conocer alineación inicial. Ésta no disgustaba del todo, pero la aparición de Carlos Bacca como delantero titular junto a Falcao García, yuxtapuesta a la ausencia de un mediocampista interior con el criterio y dinamismo de Abel Aguilar, comenzaba a generar dudas. No quedaba claro cómo se avanzaría entre líneas sin balón. Ni siquiera si esto era posible. Casi de inmediato fue evidente que José Néstor Pékerman apostaba por un fútbol muchísimo más directo: no un derivado moderado como el juego resolutivo que había planteado durante la Copa del Mundo, sino un sistema directamente fundado en el lanzamiento y el choque, que dejaba cero espacio para la salida con pelota y conllevaba confiadamente a lucha de los delanteros en la profundidad del territorio rival. Pero ante el embudo forjado en la retaguardia venezolana esto no fue efectivo. Apoyada en la corpulencia de Túñez, Vizcarrondo y Amorebieta, la última línea vinotinto consiguió repetidamente superioridad aérea, y la primera línea de mediocampistas fue exitosa tanto al cerrarse hacia la defensa, como al neutralizar los rebotes.

Epicentro

Hay que destacar, no obstante, que la infertilidad en el último tercio no fue la única cause del fracaso, ni el único motivo de preocupación. En el contexto de la Colombia de los últimos tres años, la posesión y el dominio son prácticamente equivalentes, y con la pérdida lo primero, lo segundo fue inexequible. Venezuela fácilmente se hizo dueña del mediocampo, apoyada por el robo seco de Tomás Rincón y el dinamismo incansable de Luis Manuel Seijas. A eso, hay que decirlo, se sumó la conducción de Juan Arango -cuyos toques, aunque escasos, eran esenciales tanto en trámite como en la búsqueda de la finalización- y el desconcierto de los mediocampistas colombianos, quienes veían la pelota más volando sobre sus cabezas que llegando a sus pies. No hay duda de que Carlos Sánchez y Edwin Valencia se encuentran lejos de su mejor forma. Ellos intentaron, por naturaleza, acercarse a los centrales para intentar ejecutar salidas con pelota así fueran escasas, pero, su impacto se diluía en su falta de rapidez, la severidad de la presión rival, y la ausencia de un primer receptor. Esto, de hecho, pudo haber sido el epicentro de la tragedia. Los tres hombres en última línea -dos centrales y un mediocentro- jamás encontraron un escalón que sirviera como variante para el rechazo largo (e impreciso) y mucho menos un primer pase partiendo de esa posición. Valencia y Sánchez fueron nulos entre líneas y recibiendo de espaldas. No existían. Y eso también era de esperarse.

Ruptura

Ya más allá de los patrones sistemáticos fallidos, hay que decir que el nivel individual, nuestro principal argumento de adaptación, tampoco estuvo. El recurso de los laterales -Pablo Armero y Camilo Zúñiga- tanto en la salida como en la llegada fue bastante blando, y los defensores centrales se vieron deficientes en posicionamiento, velocidad y capacidad para la basculación. Los ataques de Venezuela fueron escasos, pero Murillo y Zapata, con frecuencia, se vieron exigidos. Por otra parte, sería injusto juzgar el partido de Carlos Bacca y Falcao García, ya que las deficiencias colectivas limitaron bastante su participación; sin embargo, es importante resaltar la inconsecuencia absoluta del fútbol de James Rodríguez. El ‘10’, hasta los últimos 20 minutos, sencillamente no apareció. Su accionar tras recibir de espaldas fue mucho menos eficiente de lo usual, y se mostró por lo general débil y ansioso en la conducción. El generador de momentos estuvo en freno y más allá de su impacto directo, su ausencia volteó la balanza de sensaciones completamente a favor del cuadro de Noel Sanvicente.

Recuperación

¿Es posible rescatar la Copa? Resulta difícil decir. Colombia, hacia el futuro cercano, es una incógnita completa. Sin embargo, parece evidente aquello que Pékerman quizá se rehusó a creer antes del partido: es necesario volver al comienzo. A la identidad del proceso. Y cueste lo que cueste. Colombia, hoy por hoy, tiene recursos cuya mejor forma no compagina con la idea que resucitó el argentino con su llegada, pero estos deben ser considerados dispensables ante el camino del éxito. Y todas las probaturas parecen sugerir que regresar a esa premisa inicial es el preludio ineludible para la victoria. Para tal propósito, restablecer la salida con balón como punto de partida -quizá con la inclusión de Pedro Franco o Carlos Sánchez como centrales titulares- pudiera ser una opción importante. Y posibilitar el ataque posicional con la inserción de Teo Gutiérrez en el once inicial parece ser necesario.

“De hecho, no es anecdótico que en el fútbol, como juego que se mueve entre lo místico y lo alegórico, se acuda tanto al concepto de identidad para explicar el éxito de determinados clubes y selecciones. Los equipos de fútbol son personificaciones de una historia y están compuestos por un ADN exacto. (…) Esa ha sido la función del fútbol en Colombia. La de contar chistes en los momentos más lúgubres. Es algo que se ve en nuestro estilo de jugar por jugar, a veces como si no hubieran porterías y pensando que estamos en el barrio jugando un picadito con amigos. Divirtiéndonos.»*

*Ustáriz, Eduardo. La Estrategia del Caracol en El Dorado Magazine (Edición #00). Bogotá. Julio 15, 2015. Pg. 24

Vigorización

Que hoy por hoy, para la Selección Colombia, un partido amistoso jugado contra Baréin no sirva como barómetro competitivo, no quiere decir que tal amistoso haya sido completamente inútil. Un 6-0, después de todo, es cosa exclusiva de estas épocas. Y en un momento en el que la confianza del equipo comenzaba a cuestionarse -por primera vez, quizá, desde el inicio del proceso Pékerman-, el encuentro sirvió, cuando menos, como una manera de revitalizar al grupo.

No está de más, tampoco, ratificar la idea; y esto también se consiguió. Mejor aún, con la incorporación de nuevos exponentes. Lo que al comienzo parecía un esquema inicial de 4-3-3, acabó siendo un 4-2-1-3, en el que Juan Fernando Quintero aparecía como mediapunta detrás de Carlos Bacca, Radamel Falcao y Juan Guillermo Cuadrado. El equipo armaba desde atrás apoyándose en los mediocentros y dándole salida larga a los laterales. Replegaba poco, presionaba rápido, y generaba a ritmo lento, avanzando escalonadamente con pases cortos que culminaban, a menudo, con algún lanzamiento magistral por parte del ‘10’ del Porto.

Por acá algunas notas sobre el encuentro:

1. A Radamel le hizo bien

El Tigre se ha convertido en uno de esos futbolistas que se hace fuerte con la camiseta nacional. La tricolor lo vigoriza. Y algo como lo de hoy le hacía falta. Más allá de la baja exigencia impuesta por el rival, el ‘9’ del Manchester United se vio confiado y voraz –bastante asociativo y muy acertado a la hora de finalizar-. Se acerca al récord goleador de Arnoldo Iguarán y tanto él como la hinchada respiran más tranquilos con la convicción de que, suceda lo que suceda con su club, en casa todo es distinto. Importantísimo.

2. De hecho, el partido le vino bien a más de uno

Adrián Ramos, Carlos Sánchez, David Ospina… La fortaleza grupal oxigena a los que han encontrado escasez de certezas en el extranjero, y así la camiseta tricolor se va convirtiendo en estímulo positivo para la confianza por asociación. Son sinergias que forjan campeones.

3. Atrás: presente y futuro

Lo de la línea defensiva de Colombia satisface bastante. Poca exigencia ante Bahréin, sí; pero los jóvenes que van entrando al proceso mostraron una vez más sobriedad y condición. Pedro Franco y Jeison Murillo, como centrales, llenan a Pékerman: Además de su velocidad y buena técnica defensiva, ambos dominan bien el pase y el criterio en la salida. El hombre del Granada, en particular, genera confianza, debido a su mesura y lectura de juego sin balón. Por su parte, los laterales también dejaron sensaciones gratas: Bocanegra, por derecha, con una actuación discreta pero pulcra; y Andrade por izquierda, con un partido ofensivo memorable. Mucho despliegue y capacidad de asociación. Johan Mojica, que entró como extremo zurdo en la segunda parte, lo hizo de forma similar y se hizo presente con asistencia y gol.

4. El pase final de Quintero, aquí y en la luna

Juan Fernando Quintero aún no llega a su pico especulado, pero su toque finalizador en último tercio… va más allá. Cada vez que agarró la pelota cerca de la media luna fue exquisitez pura. Es técnica, sutileza y visión. Picardía con efecto exponencial. Quintero ve el juego una fracción de segundo antes que el resto; y mediante su juicio siga mejorando en distintos contextos, su brillo se irá haciendo cada vez más ineludible.