Un 4 de julio memorable

El Estadio Nacional de Santiago se vistió de rojo para cerrar la cuadragésima edición de la Copa América. Chilenos y argentinos se enfrentaron en la final de un torneo plagado de garra, polémica y sorpresas. Por un lado estaba el equipo que se conocía a sí mismo y, por el otro, estaba el equipo de Messi y Pastore.

El partido comenzó con un ritmo arrollador que favoreció a los locales. Cuando los mediocampistas recuperaron el balón mandaron pases largos para Isla, que apareció con facilidad entre Marcos Rojo y Nicolás Otamendi. Allí el lateral derecho le intentó pasarle el balón a Sánchez o a Vargas que estuvieron en la búsqueda constante de espacio en el área argentina y en sus cercanías. Por su parte, la recuperación de balón albiceleste le permitió a los delanteros, en esos primeros minutos, quedar cara a cara con los centrales chilenos. Debe anotarse aquí que en algunas ocasiones fue más rápido el retroceso de los volantes para ocupar espacio y para apoyar en marca, que la ejecución de las jugadas por parte de Messi y compañía.

A Argentina le faltó precisión para aprovechar los espacios dejados por Chile

Durante ese primer tiempo de ritmo infernal, las jugadas dentro de las áreas aparecieron poco. Vidal y Aránguiz estuvieron atados cumpliendo labores defensivas mientras que Valdivia tuvo dificultades para deshacerse de la marca rival. En el otro lado de la cancha, Javier Pastore apareció de manera esporádica. Los acercamientos más claros de Argentina salieron de una recuperación y entrega suya.

En el segundo tiempo Chile lució mejor y eso se debió, en gran medida, a la mejora que tuvo Marcelo Díaz. El volante, que jugó como uno de los tres centrales de su equipo, erró en varias entregas de balón durante la primera mitad. Tras el descanso, el jugador del Hamburgo comenzó a ser más preciso y a conducir hasta el campo contrario. Con esto, su equipo se asentó en los aposentos albicelesetes.

Con el paso del tiempo se comenzó a ver el desgaste de los jugadores de ambos equipos, la prórroga parecía inminente. En los últimos quince minutos ninguno de los dos seleccionados tomó riesgo alguno. Sin embargo, Messi encontró a Lavezzi después de conducir el balón en una contra en la que encontró al rival mal parado. El “Pocho” vio a Higuaín llegar al área y le mandó un pase. El delantero del Nápoli llegó muy forzado y erró la oportunidad más clara que tuvo Argentina para abrir el marcador. Después de eso, Wílmar Roldán pitó y el tiempo regular terminó.

Las dos oportunidades más claras del partido las generó Argentina

En el tiempo extra el partido se luchó. Los chilenos se apropiaron del balón y comenzaron a atacar por el lado de Mauricio Isla, de nuevo. Desde allí los anfitriones comenzaron a mandar torpedos al área de Sergio Romero buscando a Vidal, a Henríquez, a Alexis y al que se sumara. Asimismo, Aránguiz y Fernández encontraron más facilidades para filtrar balones. El único problema de Chile tenía nombre: Javier Mascherano. Escudado por Demichelis y Otamendi, el Jefecito controló la ráfaga ofensiva del rival. La definición por penales fue una realidad después de los últimos 30 minutos de la temporada.

Alexis Sánchez tenía la responsabilidad de lanzar el cuarto cobro en la tanda de penales.. Si anotaba, la selección mayor de Chile obtendría el primer título de su historia; si erraba, el aguerrido equipo de Gerardo Martino tendría una chance más para luchar, para intentar obtener un título tras 22 años sin poner trofeos en las vitrinas. Al final el delantero del Arsenal se atrevió a «picarle» el balón a Romero y con ello le dio cierre a la Copa América y a un 4 de julio memorable para todo el pueblo chileno que gritó al unísono “chi-chi-chi-le-le-le”.

El escapista

La única constante positiva de la Selección Argentina esta Copa América, además de Messi, ha sido casualmente el rendimiento del único socio del 10: Javier Pastore. El hombre del PSG no contó para Sabella a lo largo de todo su proyecto. Por lo tanto, de buenas a primeras se vio beneficiado con el cambio de entrenador, ya que Martino traía consigo la idea de cambiar el juego de la subcampeona del mundo. Y Javier sería capital en ello.

Pastore ha ocupado la posición de mediapunta en el 4-2-3-1 argentino. Su adaptación fue inmediata, y su desempeño ha sido lo único ligero en medio de la espesura de la posesión de su conjunto. El ex-Huracán recorre todo el eje horizontal para tocar la pelota. Y siempre intenta darle ayudas asociativas a Messi. El flaco, dentro del esquema, es imprescindible. Lo mejor es que también demostró su valía al correr con pies ligeros, contra Paraguay hace unos días. Hoy, en la Final, contra Chile, en Santiago, Argentina competirá por un título que anhela. Ha sido demasiado tiempo sin tocar metal para un país tan devoto al balompié, y Pastore seguro será importante. Se lo ha ganado.

Mejor con pies ligeros

El agotamiento visual que provocaba ver a esta Argentina de la Copa América era tremendo. El Tata Martino había arrojado al campo una jaula con todos sus jugadores encerrados, y solo Pastore, el Flaco, podía colarse entre los barrotes. Los demás estaban limitados a ver qué sucedía en medio del hacinamiento. Sin poder gozar de espacio, los futbolistas albicelestes se movían intentando agitar algo mientras el reloj contaba los minutos. Por esa razón, el equipo no había disfrutado ni un minuto de los 360 que había jugado… hasta anoche, durante el segundo tiempo contra Paraguay.

A todos les cambió el semblante cuando vieron que por fin un rival estaba dejando algo de espacio para poder aprovechar. No habría más gestos de frustración. El panorama estuvo más claro, todos se lavaron la cara, esbozaron una sonrisa, y salieron a correr. Tal y como un reo sin grilletes, por fin libre, Argentina galopó hacia la portería de Villar. Y cayó un saco de goles. El combinado nacional que maravilló al mundo entre principios de 2012 y finales de 2013 con su arsenal ofensivo desatado volvió a hacer tal cosa ayer durante un rato. Y cómo no, si Messi volvió a sonreír.

Contrastes

Tocar y moverse para desarmar la defensa. Labor de los de arriba que formaban un rombo lleno de talento donde sobraba la técnica. Higuaín en punta, Di María por izquierda, Messi en derecha y Pastore entre Ángel y Leo. El cumpleaños 26 de Javier Pastore empezaba con los de arriba divirtiéndose en una primera mitad donde Argentina dominó a placer el partido. Un equipo adelantado, presionando alto y con constante movilidad entre líneas. Las combinaciones tenían siempre a Pastore como epicentro. Javier viene siendo el que se retrasa diez metros, recoja la pelota a los pies de Biglia o Mascherano y la lleve hasta las botas de Messi. La dinámica de todo el equipo argentino para pasarse la pelota fue notoria, había posibles receptores en cualquier zona del campo. Martino sonreía desde la grada. Sus jugadores cómodos en campo contrario trazaban líneas de pase con seguridad y precisión a un ritmo que los jamaiquinos no alcanzaban ni siquiera para cortar el juego con faltas.

Segunda parte, mismo compás. No había cambiado nada hasta que Pastore apagó la velita y se fue al banco. Se acababa la fiesta Argentina. Atascamiento a la hora de atacar, Argentina no pisaba con el mismo peligro el área rival, la verticalidad se torna un inconveniente si desaparece Pastore, no precisamente porque Javier sea quien cuele los pases sino que Messi pierde pisadas en el medio que le permitan conectar con el ariete o lanzar con rosca a la izquierda buscando a Di María y Rojo. Los últimos 15 minutos del partido Jamaica se abalanzó sobre campo contrario y generó nerviosismo en la defensa argentina. Argentina no remató el partido con las opciones que crearon en el primer tiempo, opciones claras de marcar que nuevamente fueron desaprovechadas, como ante Paraguay, cuando les empataron, y Uruguay, que terminaron derrotando agónicamente. Dos caras en un mismo partido. Fútbol en un tiempo y dudas en otro, es imposible conquistar América sin mantenerse competitivos todo el tiempo.

Todo por mitades

Hubo que esperar 270 minutos para ver el primer espectáculo en esta Copa América 2015. Argentina y Paraguay protagonizaron en La Serena un partidazo fragmentado por doquier. Lo único que tuvo constancia fue la movilidad de quienes ocupaban el eje horizontal de la albiceleste durante los 45’ iniciales. Lo demás estuvo roto y fue inconstante. Vamos, como el choque, por partes.

Messi comenzó imponiéndose

Los interiores de la albiceleste fueron Banega y Pastore, y los extremos Messi y Di María. El equipo de Ramón Díaz, por su parte, se organizó en un 4-5-1 con el que tapaba a estos últimos. En ese sentido, Garay, Mascherano y Otamendi debían buscar la forma de encontrar a los centrocampistas entre líneas. Un pase frontal que rompiera la defensa guaraní no parecía ser una opción, en buena medida porque ninguno de los tres de la zona posterior argentina posee esa capacidad en la que sí se prodigan tipos como Xabi Alonso o Toni Kroos, entonces una pérdida en salida equivalía a oportunidad de contragolpe para el rival. Ante dicho panorama, surgieron los envíos diagonales de Mascherano y los pases largos hacia el Kun para instalarse en campo contrario.

Una vez la pelota estaba en terreno rojiblanco, comenzaba el intercambio posicional de Banega, Pastore, Messi y Di María. El 10, en ese tramo, lo condicionó todo, como siempre que se encuentra medianamente cómodo. Pudo dar su ya característico cambio de orientación de derecha a izquierda, y completó varias paredes que terminaron en peligro de gol. Paraguay, embelesada por la dinámica que veía, no pudo salir de su parcela en todo el período inicial.

Luego de semejante declaración de intenciones de los del Tata Martino, nada hacía presagiar que el guión se alterase de la manera en la que lo hizo para la segunda parte. Sin embargo, Ramón Díaz apostó por Derlis González para resquebrajar el centro del campo argentino y dinamitar el encuentro. El ex-técnico de River conjeturó que dos mediapuntas -Banega y Pastore-, desempeñándose como interiores en un equipo que juega tan pocas veces al año, no seguirían el libreto defensivo de un partido de transiciones. Argentina cayó en la trampa y se partió en dos bloques. En dicho contexto emergió un Ortigoza que activó a Valdez y Santa Cruz.

No sólo Paraguay se lleva buenas conclusiones

Los cambios de Martino, cuestionados, apuntaban a cerrar el encuentro dentro de lo que proponía Paraguay. Aún así, el resultado fue el opuesto. El 2-2 llegó sobre la hora, y los que se llevan las sensaciones positivas son los actuales subcampeones del certamen. Aún así, Argentina puede sacar cosas buenas, como que logró imponer su fútbol de manera tiránica el día del debut, que es cuando más pesa llevar el discurso de un encuentro. En las próximas fechas habrá más pistas de hacia dónde van estos dos conjuntos que hoy regalaron muchas emociones.