Una especie por descubrir

Parece gracioso, ni muy poco, pero en uno de los equipos que mejor defiende en el último tiempo desfila un futbolista raro. De un pie impropio para lo propio, principalmente. Un centrocampista excéntrico, pero completo. Así de raro es. En el apartado técnico, salvo Gustavo Cuéllar, Yulián Mejía y David Macalister Silva, no hay alguien como él en la Liga Águila. Tácticamente, sobre todo, es indetectable en el campeonato. Indetectable porque no se define. Se trata del mediocentro sincelejano Rafael Carrascal.

Vamos por partes. La evolución de Carrascal no parece ir acorde con sus dotes y cualidades. La primera sensación, en aquel Alianza Petrolera que logró el ascenso derrotando al América de Cali, era un segundo mediocentro. Escaso de agilidad y técnica en el robo, aportaba indirectamente al equipo aurinegro. ¿Cómo así indirectamente? Con pérdidas lejanas de campo propio y conectado mucho con Juan Pablo Nieto. Entre este par se armó aquel Alianza de Héctor Estrada para sobrevivir con el balón y no exigir al pivote Santiago Cardona. Aunque no fue una asociación directa para sobrevivir, sino para fascinar. Había otras armas autosuficientes y letales en ataque como Andrés Rentería, Cristian Palomeque y Michael Rangel, pero las terminaciones o pérdidas seguras le permitían al equipo tener tiempo para el rearmado.

¿Es razón la versatilidad de sus compañeros en el centro del campo la causa involutiva estilística?

Su juego interior es potable y tiene cosas que la mayoría de mediocentros colombianos no lo tienen. De hecho, maneja varios registros incalculables en un futbolista de su carácter, pero las grietas tácticas siguen vigentes. En esta reestructuración que ha sufrido Alianza y él mismo como profesional, ha tenido que compartir la base medular con distintos pivotes. Allí a que no se haya descubierto, en definitiva, su posición dentro de la cancha. Aparte de Cardona ha actuado con Víctor Castillo, Camilo Ayala, Daniel Santa y Giovanny Martínez. Todos diferentes.

En contextos donde el equipo requiere salir de una presión espinosa y física, él luce más. Carrascal disfruta encarando y sacándose rivales de encima. Le gusta arriesgar, le gusta jugar con fuego, por eso se atreve hacer esto cerca de su frontal del área o en la misma área. Confía en su control corto y dirigido, desplazamiento medio y habilidad para regatear. No es de un regate agresivo e incisivo, pero en espacio reducido suele no fallar. De hecho, con espacios amplios se encierra un poco en esa dimensión; no goza conduciendo sin obstáculos. El vértigo y el riesgo lo invocan a un ADN aventurero.

A pesar de lo que resta con su desorden, es más lo que suma Carrascal

Descifrar a un genio, para un defensor, es un dolor de cabeza. A veces abusa de la conducción y la tenencia, porque aún no conoces sus límites. No sabe puramente qué hacer con ella y qué no hacer ella. Pero sí sabe que no tiene límites en su genialidad. Igual puede estar en tu área, al minuto pisar área rival y al otro minuto jugar por detrás o a la misma altura del mediocentro posicional de su propio equipo. No siempre correr es sinónimo de jugar o actuar bien, y en este caso lo es. Su agilidad le permite realizar varias funciones, siendo este el motivo por el cual no mide sus fuerzas y termina haciendo más cosas de las permitidas; corre mucho y mal. Puede que en una jugada calcada sea un recurso sobresaliente en transición ofensiva, y también un inconveniente en el retroceso. Rafael es un arma de doble filo en este aspecto.

A lo que conlleva su juego como tal, él es una pieza del puzzle. ¿Pero las otras piezas sí lo completan? En ataque posicional no tiene un papel fijo y específico por su relieve, convirtiéndose en un efectivo angular. A lo que se refiere el triángulo junto a Santa y Vonder Putten, Carrascal o saca el balón, o recibe por delante del mediocentro rival para encarar, o recibe a las espaldas de ellos. Con su espléndido manejo de rango de pases cortos y largos es un aporte soberbio para salir jugando desde atrás, pese a que Alianza Petrolera, si no es en casa, basa su juego en esperar y contragolpear. Como en Floridablanca, en su patio, los aurinegros juntan el juego interno con los tres mencionados previamente más las diagonales hacia dentro y movimientos internos de Castro y Rodríguez, es allí donde el sincelejano es el filtro y eje de todo. Rafael hace del fútbol de Alianza menos lento, porque es el único argumento veloz, con sus pases y apoyos entre líneas. Sin embargo, los pases no son útiles del todo. Sin las figuras de Rentería, Palomeque y Asprilla para este curso, Alianza perdió amplitud, profundidad y agresividad externa. No ve posible, sin una letalidad de éstas, ejecutar un cambio de orientación, que tan eficiente y productivo puede ser.

Si hay en algo donde puede destacar por encima de todo, y no es dubitativo, es con su pegada, tanto en movimiento como detenido. En movimiento requiere de un control dirigido que lo tiene, aunque no es totalmente corto para dormir la pelota en su pierna diestra. A balón parado, una de las actuales fortalezas de Alianza con Balanta, Aguilar y Espínola, es el ejecutor de todo. Ya sea para buscar a un compañero o tirar entre los tres palos. Su borde interno reluce en clave Liga Águila, y lo ha demostrado con anotaciones y asistencias. Su golpe de balón, sin duda, es casi lo único que lo define como futbolista, mas no como mediocentro (posicional).

Tan solo 22 años y ya es un adulto maduro en unas cuantas decisiones, no en todas. El margen de mejora táctico tiene madera por pulir, como en el ámbito técnico está entre verde y amarillo. Equipos como DIM, Cali u Once Caldas son algunos de los equipos que buscan, necesitan y anhelan un perfil similar, ya sea con todo o con medio empaque. Alianza Petrolera sabe que los días están contados para despedirse de él. Mucho potencial en un todocampista que debe definirse para no fracasar, escribir exhibiciones y marcar el ritmo en nuestro fútbol. Una especie por descubrir.

Sin centro definido

Si bien el Junior de Alexis Mendoza comienza mostrar destellos de una idea elaborada, la consolidación de la misma sigue siendo apenas un prospecto. El récord fuera de casa es nefasto, y la falta de engranaje, preocupante. Junior complace en ciertas facetas: Hasta ahora, como bien ha destacado el entrenador, no ha sido dominado ni en la derrota, lo cual se debe mayormente a su satisfactoria gestión de pelota. Esto, claro está, es lo mínimo que se puede esperar de un equipo que acumula a futbolistas como Macnelly Torres, Michael Ortega y Guillermo Celis entre líneas compactas. Pero el cuadro tiburón ha quedado debiendo en varios otros aspectos. Su finalización, por ejemplo, y aún más, su creación, se han quedado cortas, especialmente al jugar en la altura, donde los aumentos de presión y desgaste han mermado el nivel de Mac. Más preocupante aún, ha sido el déficit en la transición defensiva, el cual no solamente le ha costado al equipo a la hora de proteger su arco, sino también al momento de recuperar puntualmente para ejercer el dominio que considera necesario.

Este último punto, precisamente, ha generado especulación con respecto a una posición en particular: La del mediocentro. En el sistema de 4-1-3-2 que ha venido trabajando el cuadro tiburón desde la pretemporada, Luis Narváez aparece como único hombre en primera línea: un eje que, con y sin pelota, tiene el deber de fijar su posición y utiliza el apoyo de las líneas adyacentes para facilitar y brindar equilibrio en todas las facetas. El asunto, sin embargo, es que Junior se ha visto vulnerable en esa zona, tanto por falta de piernas en el centro, como por falta de coberturas en los costados, y hasta ha carecido de fluidez la basculación. Los dedos, por supuesto, apuntan al hombre en terreno baldío. Pero… ¿el problema sí se trata de Narváez?

Bajo el actual sistema, las garantías son limitadas por naturaleza

Hay que considerar que el esquema en sí no facilita las transiciones en defensa; tal como el similar 4-4-2 en rombo o el 4-1-3-2 tradicional es conocido por las vulnerabilidades que genera, especialmente al contrapié. Su fortaleza en fase defensiva se basa en la cercanía de las líneas y para facilitar el robo prematuro, y se explota mejor cuando los futbolistas en zona de gestación tienen la versatilidad para sacrificarse en la recuperación: lo cual no es el caso con Macnelly y Ortega. A la misma vez, el sistema requiere de apoyos por parte de los mediocampistas que juegan a los costados para proteger a los laterales, y esto tampoco se ha dado. Narváez nunca ha sido un futbolista dotado a la hora de ejercer coberturas a los costados, es cierto; pero en este sistema, esa no es su función. El barranquillero debe agitar pero con mucho cuidado para mantener su zona, funcionando como primer obstáculo a la espera de apoyos que a menudo no llegan. Muchas veces, por lo tanto, queda expuesto, aunque virtualmente no haya dado un paso equivocado.

La fortaleza de Narváez es su juego sin balón

Con pelota, la historia es otra. Narváez consigue enlazar bien cuando los creativos ocupan sus espacios adecuadamente, pero bajo presión, le cuesta, y en Junior las opciones ‘más técnicas’ sobran. Gustavo Cuéllar, por ejemplo, es uno de los futbolistas más pedidos por la afición debido a su indiscutible exquisitez; sin embargo, realísticamente, no parece sostenible utilizar al ex Deportivo Cali como único hombre en base, ya que a pesar de su espectacular trato de pelota, éste simplemente se queda corto tanto en potencia como en habilidad defensiva para ocupar a solas ese rol. Por otra parte, Guillermo Celis y Yhonny Vásquez, quienes gozan de mayor despliegue y potencia, podrían ser candidatos a mediocentro titular, pero su posicionamiento no es óptimo y su tendencia a abandonar su zona ocasionalmente podría resultar desastrosa. Finalmente, está Yhonny Ramírez, quien podría ser el más lógico reemplazo para el perfil Narváez, pero, a pesar de su capacidad técnica, el exjugador de Millonarios, sufre de ocasionales lapsos de concentración que a un alumno de Reinaldo Rueda como lo es Alexis Mendoza podrían resultarle bastante preocupantes. ¿Quiere decir esto necesariamente que Narváez es la mejor opción? No, por supuesto. Quiere decir que bajo este sistema, cada variante significa sacrificios que deben ser evaluados cuidadosamente.

*Actualización: Ni Celis ni Narváez fueron concentrados para enfrentar a Envigado.

Para el próximo partido de liga ante Envigado, Alexis Mendoza dejó por fuera a varios jugadores del equipo titular que enfrentó el partido anterior ante La Equidad, entre ellos, Juan Guillermo Domínguez, Guillermo Celis, Luis Narváez, y la pareja de centrales William Tesillo y Andres Felipe Correa. No queda claro si el estratega quiere dar descanso a sus futbolistas, hacer un llamado de atención o, simplemente dar paso a una reconstrucción de su sistema. Los laterales derechos Iván Vélez y Jossymar Gómez fueron convocados, por lo que todo indica que Yhonny Vásquez (lateral derecho durante el partido anterior) podría actuar como mediocentro así como Yhonny Ramírez, quien también aparece entre la lista de 16.

El estatismo posicional

El modernismo global ha irrumpido en todos los ámbitos. Uno de ellos es el fútbol. Actualmente, más táctico que liberado. La Hungría del ’82 que, circunstancialmente, parecía un 2-3-5 por la proyección de sus laterales (Martos y Toth). O, inclusive, la Bélgica del ’54 con su peculiar 3-2-2-3 con la pareja Houf-Anoul en la mediapunta. Así y muchos más ejemplos hay en el fútbol del antepasado. Pero, actualmente, prevalece el equilibrio y el orden, con o sin la pelota. Ahí nace el trabajo y la movilidad para atacar en posicional. Se defiende pensando en agredir. Y allí está Gustavo Cuéllar, con su pierna que se asemeja a una varita mágica.

Junior demostró esta temporada, de la mano de Miguel Ángel López y Julio Comesaña, problemas en el armado de juego. Al menos, con López, juntó en algunos partidos a Michael Ortega, Edwin Cardona y Luis Carlos Ruiz. Pero eso fue ya sobre el final, con la soga atada al cuello. Mientras tanto, con Comesaña, un equipo que obsequiaba el protagonismo tanto del partido como de la posesión. Un juego directo plasmado en todas sus ideas bajo la amenaza de correr con Édison Toloza (I) y Yessy Mena (II). El plan funcionó en el primer semestre (subcampeón), pero en el segundo semestre dejó dudas (dejándolo al borde de la eliminación por Liga y sin posibilidades por Copa).

Jorge Ortega y Roberto Ovelar, delanteros de Junior, no han tenido un buen semestre

Comesaña entendió que el equipo, con los inconvenientes de Quiñones y con la mínima capacidad de resolución de Mena, tenía que cambiar de idea. Sin embargo, jamás apareció Cuéllar como pieza indiscutible. Jugó más de carrilero izquierdo que propiamente de mediocentro o interior organizador. Pero siempre detonó esquemas rivales con su varita mágica o con un simple movimiento interno que abría una línea de pase pero también un espacio para los delanteros tiburones. Él va un segundo por delante de todos analíticamente. Entiende qué movimiento hacer para fabricar espacios o qué sentido darle a la posesión para transformar un pase en peligro. Cuéllar es de los pocos mediocentros (junto a Rafael Carrascal) que potencian cada toque verticalmente, mas no horizontalmente.

Cuéllar es lo más razonable en el fútbol colombiano. Conoce sus condiciones, se toma libertad para salir de su zona y juntarse con Aguirre, Barrera o Vladimir, y también es responsable para bajar a cubrir su posición, aportar defensivamente y jugar cuando la jugada lo pide. Gustavo arma el pase y la maniobra. Él es el estatismo posicional.

Buscando punto de partida

El Junior de Barranquilla continúa dejando destellos y poco más. El domingo, ante la Equidad, los dirigidos por Julio Comesaña dejaron una exhibición que habría parecido brillante ante un Santa Fe en El Campín, pero que en casa y frente al último en la tabla de posiciones brinda -más allá de los tres puntos vitales- poco y nada.

Comesaña por fin alineó a Cuéllar de interior, mas no en la banda como venía actuando

Sigue siendo claro que, a pesar de tener una idea base para el tiburón, Comesaña aún no determina la mejor vía por la cual ejecutar la misma. Enfocado en el robo adelantado en el centro del campo seguido por la reacción rápida para habilitar en profundidad, el uruguayo alineó esta vez con un 4-3-3 en el que Braynner García y Gustavo Cuéllar (sí, finalmente Cuéllar) eran interiores frente a un impecable Luis Narváez . Tal dinámica en el mediocampo resultó siendo de lo mejor del encuentro. Nota para Comesaña: Con Narváez en Popa y Mena en Proa, Gustavo se siente sumamente cómodo tanto para buscar el balón en el primer tercio como para lanzarlo.

Con esta fórmula, Junior generó un considerable número de ocasiones durante el primer tiempo, de las cuales Mena -superdotado en el movimiento sin balón, aunque deficiente en la finalización- logró embocar una. Pero en la segunda parte, ante la entrada de Matías Jones, el cuadro rojiblanco se quedó sin respuesta. El uruguayo comenzó a enlazar con Fernando Battiste para gestar, y en los movimientos de velocidad a los cuales Narváez y Braynner no lograban anticiparse, comenzaron a ser evidentes las grietas entre líneas rojiblancas -entre esos, los espacios detrás de Cuéllar y, principalmente, las hectáreas detrás del sendero de Jossymar Gómez en el lateral derecho-.

Junior terminó pidiendo la hora

La cosa no pintaba bien para Junior, y a lo que Comesaña comenzó a mover piezas comenzó a verse peor. Nota para el uruguayo: Cuéllar en la banda es débil, y Vladimir en el carril central es prácticamente nulo porque recibe de espaldas. El tiburón pasó a un 4-2-3-1 en el que el doble pivote integrado por Narváez y Guillermo Celis no encontraba enlace y comenzaba a encontrarse más y más presionado. Comesaña se alejaba de la respuesta y la Equidad se acercaba al gol. Al final, fueron la fortuna, la terrible incapacidad para definir de Equidad y alguna que otra atajada de José Luis Chunga, los factores que evitaron el empate o hasta la victoria del equipo bogotano.

No para la debacle juniorista

Con un gol de Dairon Asprilla, Alianza Petrolera venció en Barranquilla al Junior. Los tiburones se encuentran en la parte baja de la tabla y comienzan a resignar su participación en los cuadrangulares finales. Por su parte, los santandereanos completaron 5 partidos sin recibir goles y se consolidaron como la mejor defensa del torneo (3 goles en contra en 8 partidos).

La tormenta eléctrica que estaba cayendo en Barranquilla no impidió que se jugara al fútbol en el Metropolitano. Julio Comesaña mandó al terreno de juego un 4-2-1-3. En el papel parecía que el equipo rojiblanco iba a explotar las bandas con Jarlan Barrera por un lado y Luis Quiñones por el otro. Sin embargo, el paso de los minutos mostró todo lo contrario. El carril central fue el utilizado ya que los dos jugadores nombrados anteriormente se cerraban. En ese sentido, Celis y Aguirre buscaban asociarse desde más atrás para generar peligro en el arco de Jorge Henríquez.

Para contrarrestar esta situación, Alianza plantó un 4-4-1-1 en el que jugaron Carrascal y Ayala en el doble pivote mientras que Juan Guillermo Arboleda y Henry Rojas aparecían como volantes abiertos. Sin embargo, el planteamiento del local hizo que estos dos jugadores siguieran los movimientos de Barrera y de Quiñones y se cerraran, complicando la circulación de balón juniorista por el carril interno. Así entonces, el elenco barranquillero no encontraba ideas y por consiguiente no lograba pisar el área del cuadro petrolero. El partido se suspendió al minuto 27 por la tormenta eléctrica.

Alianza obligó a Junior a jugar todo el partido en ataque posicional, la fase en la menos se siente cómodo.

Después de un rato el partido se reanudo. Junior comenzó a explotar las bandas y a centrarle balones a Yessy Mena que le estaba ganando por arriba a los centrales visitantes. En estos primeros minutos, los jugadores tiburones comenzaron a filtrar los balones que no habían logrado pasar la barrera puesta por Alianza. A pesar de esto, un contrataque comandado por Nelson Barahona y finalizado con un cabezazo de Dairon Asprilla que venció la resistencia de Sebastián Viera, apaciguó las intenciones de los locales.

Para comenzar el segundo tiempo, Julio Comesaña hizo un cambio. Gustavo Cuéllar entró por Guillermo Celis. Diez minutos después ingresó Vladimir Hernández por Jorge Aguirre. El partido cambió ahí. Los dos jugadores le terminaron de cambiar la cara a un equipo que ya mostraba una leve mejoría. Cuéllar visualizando los movimientos de sus compañeros e iniciando las jugadas, Hernández mostrándose por todo el frente de ataque y mandando centros para que Mena, Barrera y Quiñones hicieran a Jorge Henríquez la figura del encuentro.

Cuéllar, Hernández y Ortega dotaron de creatividad al ataque rojiblanco.

El Junior había arrinconado al rival y había creado oportunidades pero no encontraba el gol. Esto fue motivo suficiente para que Comesaña usara su último cambio al minuto 78. Michael Ortega entró por Narváez. El 10 le sumó volumen ofensivo al equipo e incluso realizó un tiro peligroso que casi se mete en el arco de los santandereanos.

Los locales siguieron explotando las bandas y continuaron enviando centros para aprovechar las deficiencias del juego aéreo rival. Sin embargo, los minutos pasaron y el gol no llegó. El elenco tiburón sumó su tercera derrota en cuatro partidos jugados en su casa. Por su parte, Alianza se metió al grupo de los 8 y espera mantenerse en la pelea por un cupo a los cuadrangulares finales.