Gustavo Cuéllar vs Cúcuta Deportivo

(…) No obstante, es necesario resaltar que la mayor capacidad de Cuéllar pudiera ser su velocidad mental. El pelirrojo percibe la jugada una fracción minúscula de segundos antes que el resto; y esto marca tremendas diferencias. Cuando un contrario se acerca a presionarlo, él elude porque ya lo ha visto; cuando otro se interpone en el camino del balón, Cuéllar traza otra vía porque ya lo ha presenciado. Al generar enlaces interiores, o al disparar paredes, su orientación, su intención y su anticipación voraz demuestran un conocimiento previo de lo que ocurre en el presente cronológico. Es clarividencia, de algún tipo. Incluso, al defender, Cuéllar tiene una facilidad singular para determinar la trayectoria del balón o del contrario sin exponer su conocimiento, que le genera ventajas enormes al robar.

*Extracto del artículo Tiempo-espacio reducido.

Coherencia para Alexis

Hace unos meses cuando Alexis Mendoza fue anunciado como director técnico del Junior de Barranquilla, escribimos por este medio sobre las consecuencias que podría tener tal decisión. En particular, discutíamos la falta de apoyo que han tenido los últimos entrenadores rojiblancos, especialmente aquellos que se han inclinado hacia un proceso a largo plazo, como el que Alexis eventualmente llegaría a implementar. Así lo explicábamos:

Si Alexis Mendoza llega a establecerse como un estratega riguroso, es posible que no reciba el tiempo y el apoyo necesario como para montar un proceso a largo plazo y fracase. Y si llega simplemente como un motivador en su condición de ídolo y exjugador, entonces ni hablar de un proceso, y su éxito quedará a la merced de la suerte y de alguna contratación espectacular hasta que la directiva lo despida para traer por octava vez al “Zurdo” López.

Finalizada su primera participación como entrenador en el Fútbol Profesional Colombiano, hay que decir que el trabajo de Alexis Mendoza ha sido bastante bueno, aunque también hay que mencionar que el estratega ha tenido suerte de su lado. Aquella hipotética contratación estrella, por ejemplo, se le dio, en la forma de Macnelly Torres, quien aún estando lejos de su tope futbolístico, sirvió en numerosas ocasiones para engendrar la victoria con alguna asistencia fantasiosa. Mac también funcionó como pretexto para un sistema de juego vistoso fundado alrededor de un ataque posicional que nunca se perfeccionó, pero que mejoró considerablemente a lo largo de la temporada. El comienzo de torneo fue rocoso para el tiburón, pero ayudado del genio intermitente de su número ‘10’ el equipo consiguió componerse justo a tiempo para quedar dentro de los ocho mejores y evitar -a pesar del posterior bochorno- lo que sin duda hubiese sido considerado como un rotundo fracaso. Aún en medio de la incoherencia, Alexis todavía no está despedido.

El plantel de Junior necesita más sumas que restas

¿Cuál es el siguiente paso? El próximo semestre Junior jugará Copa Sudamericana y tendrá que evaluar de la mejor manera posible sus resultados del presente lapso. Los aspectos positivos comienzan con los nombres propios de Roberto Ovelar y de Gustavo Cuéllar, quienes en los partidos finales del torneo tuvieron actuaciones excelentes y comenzaron finalmente a consolidarse como las piezas importantes que pueden llegar a ser. Estos dos, de hecho, comienzan a dibujarse como bases de un equipo a futuro. La zaga rojiblanca, por su parte, dejó también grandes sensaciones, con tres centrales sólidos (Andrés Correa, Nery Bareiro y, particularmente, William Tesillo) y un Iván Vélez revitalizado que emergió como símbolo implícito de superación ante la adversidad. Finalmente, hay que decir que la evolución en el mediocampo dejó buenas sensaciones por su capacidad de ir moldeándose de acuerdo a sus propias necesidades hasta el punto en el que fue posible dispensar de Luis Narváez.

Para mejorar harán falta, sin duda, algunas individualidades. Mientras Alexis no confíe en Michael Ortega, Junior necesita opciones en el mediocampo que releven y añadan sorpresa al fútbol complementario de Vladimir Hernández y Jorge Aguirre. También podría utilizar alguna opción en la delantera, ya que los semestres de Edinson Toloza y Luis López dejaron mucho que desear.

Más importante aún, no obstante, Junior necesitará continuidad. Tanto la observación cualitativa como la cuantitativa muestran una mejora exponencial en el fútbol del cuadro barranquillero, sobre la cual vale la pena apostar. Dentro de su gusto por el fútbol elaborado y fluido, Alexis es un tipo bastante metódico y poco susceptible a la experimentación. Como buen alumno de Reinaldo Rueda, evita salirse del guión, y esto puede generar críticas a su manejo de partido; sin embargo, su trabajo con el equipo presenta una oportunidad futbolística rara en Barranquilla, que quizá justifique algún error de contabilidad al realizar sustituciones.

Tiempo-espacio reducido

La parte más complicada de analizar a Gustavo Cuéllar es encontrarle los defectos. De que los tiene, no hay duda; pero también es cierto que éstos se esconden fácilmente tras el velo de una técnica sublime y una inteligencia diferencial. El fútbol de Gustavo es difícil de analizar porque resulta embelesante. Quizá haya sido esta misma calidad, incluso, la que atrapó al cazatalentos Agustín Garizábalo la primera vez que éste lo vio jugar. Aquel día, el scout esperaba para reunirse con un patrocinador en el barrio San José de Barranquilla, cuando la deslumbrante actuación del “mono” en una cancha local lo paralizó. A su lado, Alfredo Araújo (futuro asistente técnico de Julio Comesaña) confesaba estar en un predicamento similar: “El pelirrojo se las trae,” decía. “Hace rato que no me he movido de aquí por estar viéndolo”. Al día siguiente, Gustavo Cuéllar se encontraba en un avión rumbo al torneo Intercampus juvenil del Deportivo Cali.

Pero dado su talento indiscutible, ¿qué es lo que le falta hoy en día a Cuéllar? ¿Qué se interpone entre su calidad y las estrellas? Para responder estas preguntas, haría falta sustentar los axiomas que las sostienen. Es decir, es necesario profundizar sobre las virtudes de Gustavo. Y se podría empezar por su gesto técnico (ya mencionado), el cual pudiera ser, uno de los más finos de todo el fútbol colombiano. Si se observa la trayectoria de Cuéllar desde su paso por la sub-17 nacional hasta su momento actual, es fácil destacar que dentro del mediocampo ha cubierto prácticamente todas las posiciones (mediocentro, interior, extremo, mediapunta) y las funciones (recuperador, defensor, lanzador, etc); y esto, gracias a que su técnica actúa como perfecto mecanismo compensador. Gustavo no tiene gran visión, pero tiene un pase largo muy bueno, un control tremendo y un golpeo preciso; no es veloz, pero dribla con serenidad, pega la pelota al pie, y roba con quirúrgica puntualidad. También hay que añadir que goza de un físico notorio: fuerza, y cierta rapidez a trazos largos que, en combinación con su gran resistencia, remedia parcialmente su falta de aceleración.

El mejor Cuéllar ocurre en el contexto inmediato

No obstante, es necesario resaltar que la mayor capacidad de Cuéllar pudiera ser su velocidad mental. El pelirrojo percibe la jugada una fracción minúscula de segundos antes que el resto; y esto marca tremendas diferencias. Cuando un contrario se acerca a presionarlo, él elude porque ya lo ha visto; cuando otro se interpone en el camino del balón, Cuéllar traza otra vía porque ya lo ha presenciado. Al generar enlaces interiores, o al disparar paredes, su orientación, su intención y su anticipación voraz demuestran un conocimiento previo de lo que ocurre en el presente cronológico. Es clarividencia, de algún tipo. Incluso, al defender, Cuéllar tiene una facilidad singular para determinar la trayectoria del balón o del contrario sin exponer su conocimiento, que le genera ventajas enormes al robar.

De hecho, quizá es precisamente de esta virtud que deriva una de sus mayores debilidades. No es un argumento fácil de postular, ni de identificar, pero hoy por hoy parece que a Cuéllar le hace falta lectura de juego. Ahora, por supuesto, no se trata de una falencia grave. Pero teniendo en cuenta el estándar impuesto por sus demás características, es una carencia que lo frena. Su mente privilegiada saca ventajas de cualquier contexto en el que se involucre; pero el foco de su atención es su entorno inmediato, tanto en el plano espacial como en el temporal. Quizá por esto, su accionar busca optimizar lo que ocurrirá en el momento siguiente y en la próxima baldosa; lo cual no siempre coincide con la optimización del colectivo general. Esto se ve en su juego sin balón a veces, cuando sus salidas van más en búsqueda del robo, que de la protección general del equipo -y por consecuencia, acaba dejando huecos que no siempre logra arreglar-. Más aún, su falta de lectura se nota con el balón en los pies: sus pases son precisos, pero no siempre van en la dirección que requiere el flujo del juego, y sus conducciones suelen dirigirse a zonas poco fructíferas. Gustavo tiene gran control, pero aún así a veces evita la pausa; en su afán por imprimir su velocidad a la jugada próxima, se olvida, por momentos, de que el manejo de tiempo puede agilizar otras jugadas más adelante. Cuéllar no pierde el balón, pero en ocasiones, pierde el rumbo.

A meses de acabarse su préstamo, Cuéllar ha encontrado regularidad en Junior

Alexis Mendoza ha visto en Gustavo Cuéllar todo: virtudes y defectos, y le ha dado la responsabilidad que considera acorde. Primero, lo usó como suplente, luego como complemento fijo junto a la seguridad poco luminosa de Luis Narváez. En el último encuentro Cuéllar jugó en el doble pivote junto a Yhonny Ramírez; evidencia de que el entrenador comienza a confiar más en su criterio, y de que, en caso de que Gustavo sistematice su clarividencia, éste podría convertirse en una garantía para Junior, no solo en los presentes playoffs, sino también con vistas a un futuro.

La reencarnación del búfalo

Dictaminaba la cita de Junior en La Independencia de Tunja bajo dos respuestas: entrar o no a los playoffs de la Liga Águila I-2015. El equipo sacó cuatro puntos de Medellín en dos partidos al hilo, y tuvo la inmejorable remota opción de cerrar con candado su presencia a la segunda ronda del campeonato en casa, pero apenas sacó un punto de seis ante Tolima y Huila. Estaba en la obligación de ganarle al Boyacá Chicó en su casa, sitio donde en su historia nunca había conseguido ganar (sí a Patriotas).

Alexis Mendoza, consciente de todo, sacó a Ramírez y Cuéllar en la sala de máquinas. A priori, parecía ser un Junior con mejor salida en corto y cierta velocidad para mover el balón. El trámite del juego los primeros minutos no fue el esperado por todos. Chicó se animó a tomar el balón, moverlo de banda a banda y depender del triángulo Rodríguez, Gordillo y Sanguinetti con algún pase filtrado para el delantero Viáfara. Todo en excesiva lentitud y con pases que en cuanto a velocidad y tensión no se completaban. Junior no metió el pie, pues, le era más fácil llegar corriendo a la pelota y no anticipar.

El Cuéllar-Ramírez no cumplió las expectativas

Los minutos, a medida que fueron avanzando, le dieron protagonismo al guion ‘juego de posición’ rojiblanco. Cuéllar y Ramírez, más como recurso que como concepto, ejecutaban la lavolpiana, aunque no había superioridad numérica en la salida ya que Vélez y Noguera no subían el par de escalones necesarios para estirar a Junior tanto a lo largo como a lo ancho. Macnelly no fue una línea de pase adelantada en campo contrario, sino que bajaba a recibir muy lejos de la portería de Chaux, a la altura del segundo mediocentro, en pos de ir metiendo a Junior a pasitos. La lectura individual de Macnelly no produjo una respuesta colectiva coherente, puesto que en una misma zona tocaban la pelota Cuéllar, Ramírez y Torres, tres futbolistas que gustan de la posesión y comparten una cantidad considerable de espacio.

El único problema del doble pivote no fue con balón, también sin él. Chicó encontró fáciles recepciones a las espaldas de Gustavo y Yhonny. Los ajedrezados no le sacaron la máxima producción a esta ventaja por las limitaciones en cuanto a calidad de su propia plantilla en el último pase más protecciones y toques de primera en la frontal. La fuente ofensiva es la batería aérea, pero anoche se descargó sin Mostasilla. Esto sobre el final de la primera parte; la segunda sería otra cosa contando con la reencarnación del búfalo.

Ovelar se vistió de MVP

La imagen de Macnelly Torres disminuyó, los centrocampistas circularon menos agarrotados la redonda, Jorge Aguirre chispeó la ofensiva y Roberto Ovelar se contagió del ex del Envigado. El paraguayo dio un clínic, popular en él, de movimientos y conducciones. No es rápido; sí temible y pertinaz. Sus compañeros no sumaron acciones o situaciones fáciles, entonces Ovelar no buscó alejarse del balón trayendo a colación la habilitación de espacios y activación de zona muertas, sino que fue más que eso. Muchísimo más que eso. Brilló regalando apoyos cerca de la bomba del ecuador y potenció en exposición una faceta: cómo meter el cuerpo. Ganó todos los choques, marcó los dos goles y clasificó a Junior a los playoffs. Echó fuego por los ojos. Le espera el DIM de Leonel Álvarez.

El equilibrio opita

Resulta imposible, al menos desde mi punto de vista, tildar de azarosa la extraordinaria campaña del Atlético Huila. El líder de la Liga Águila I-2015 confirmó con su victoria en el Metropolitano que su fútbol aunque no es muy vistoso y es bastante efectivo tiene muchas horas de trabajo encima. El 4-1-4-1 en defensa que mutaba a 4-4-1-1 cuando el equipo hacía la transición ofensiva, con Jhony Cano como mediapunta, mostró la fortaleza táctica que tiene el equipo opita, fortaleza que se basa, principalmente, en la calidad de los relevos tanto ofensivos como defensivos. Para esta tarea el rol de Juan Niño fue sumamente importante, silencioso pero preciso. Se adueñó, posicionalmente, de la zona medular. Cuando tuvo que cuidar la espalda de Cano y Ferreira de los impulsos creativos de Macnelly Torres, que nuevamente fue el mejor del Junior, lo hizo con mucho criterio siempre complicándole el control y la conducción al 10 de los tiburones. Además, cuando el equipo necesitó que ocupara un lugar en la segunda línea de 4 para liberar a Cano, rápidamente ocupó el espacio dejando siempre bien parado a su equipo. Confiable y certero fue la piedra angular del equipo opita.

Junior falló explotando las bandas

Poco pudo hacer el Junior, que no jugó mal, y su 4-2-3-1 con tres volantes creativos como Hernández, Torres y Aguirre. Generó posesiones interesantes, con buenas combinaciones por el carril central, pero que muy pocas veces generaron real peligro al arco defendido por Jhonny Da Silva. El excesivo tránsito por el centro del terreno hizo que las bandas se convirtieran en meros territorios inhabitados que rara vez explotaron Gutiérrez y Vélez, pero que cuando lo hicieron llevaron algo de peligro a la portería opita.

Cuéllar y Narváez se mostraron pasivos en recuperación

El doble cinco formado por Cuéllar y Narváez resultó importante para mantener la posesión, pero a la hora de recuperar fue bastante pasivo, especialmente Narváez, lo que significó un problema importante cuando el Huila atacó ya que el equipo opita le apostó, como opción ofensiva, a pasar rápidamente el balón por la zona central, muchas veces con balones aéreos; por ende, si no se cortaba ágilmente la jugada, ésta terminaba con Jhony Cano de cara a la línea defensiva del Junior.

El otro protagonista del partido fue David Ferreira, el capitán del conjunto huilense fue muy criterioso con el balón. Casi siempre entregó bien y con sentido la pelota, buscando amplitud y encontrando con facilidad al compañero mejor ubicado. De hecho, de sus pies nació el gol de la victoria. Una pérdida en salida del Junior, cortesía de Andrés Correa, terminó en los pies del ’10’ opita quién habilitó rápidamente a Jhony Cano, quien desde la frontal del área asistió a Anderson Plata, éste recibió, aguantó la embestida de Vélez y definió ante la salida de Viera. Gol importantísimo para reafirmar al equipo opita en la primera posición y para demostrar una vez más que se debe tomar como un serio aspirante al título, un equipo que con trabajo y, sobre todo, con equilibrio en su fútbol ha llegado a sacar puntos de las plazas más complicadas.

Virtudes desapercibidas

Se habla poco del Tolima. Muy al estilo de Alberto Gamero, el pijao de este semestre es un equipo sumamente disciplinado, con gran capacidad de presión. Adelantando a sus extremos y a su mediapunta, suele complicar la salida de rivales de buen juego colectivo, y ante Junior no fue la excepción. El cuadro tiburón encontró bastantes dificultades para la gestación desde atrás, y logró resolverlo parcialmente sólo gracias a la lectura de Cuéllar, a quien Alexis Mendoza colocó por primera vez como mediocentro fijo en la base. De esto también se habla poco: paso a paso, Mendoza comienza a darle más responsabilidad a Gustavo, quien podría ser la base de su proyecto a futuro.

De Cuéllar sí se habla bastante, y es merecido. Ante Tolima puso una actuación notable con una combinación de compostura, técnica y capacidad física, que sorprendentemente ya se está convirtiendo en norma. Se habla bastante (y merecidamente) también de Macnelly Torres y Andrés Ibargüen, quienes a pesar de su poca participación en el encuentro, continúan reiterando su capacidad anonadante de sacar oro de la nada. De hacer diamantes del carbón. Y hace falta hablar, también de los paraguayos de cada equipo: Roberto Ovelar y Joel Silva. El primero fue, quizá, el jugador más importante para el trámite de Junior con sus recepciones de espalda y su retención de balón; y el segundo, con dos atajadas indescriptibles, mantuvo vivas las esperanzas del Tolima.

Con un gol al minuto 88’, Tolima rescató un empate merecido

A pesar de haber abierto el marcador en el primer tiempo con una buena jugada preparada a balón parado que definió Jorge Aguirre, Junior nunca se vio superior al cuadro de Gamero en el calor del Metropolitano. El juego le otorgó al tiburón dos oportunidades clarísimas que éste no logró aprovechar ante la destreza del portero rival. Tras la salida de Cuéllar por problemas físicos, el cuadro rojiblanco comenzó a desmoronarse por el medio ante una intensa presión que culminó con un gol de Isaac Arias a dos minutos del final del tiempo reglamentario. El punto equitativo, finalmente, presentó un saldo justo para dos equipos que, a pesar de su similitud en cuanto a nivel, se encuentran en predicamentos bastante distintos gracias a la naturaleza de la tabla del Fútbol Profesional Colombiano.

El equipo inconsistente

La versión 2015 de Atlético Nacional es la más inconsistente de la era de Juan Carlos Osorio. Las dificultades defensivas del equipo han sido la causa más importante del complicado momento que vive el equipo antioqueño. Frente a Junior, este problema, sumado a otros factores del trámite del encuentro, terminó por sentenciar un empate que parecía lejano a los 60 minutos.

Era la primera vez que Macnelly jugaba contra Nacional desde que se fue a medio oriente

Al inicio, el equipo de Alexis Mendoza salió con la iniciativa. Los jugadores más adelantados del equipo barranquillero, Macnelly, Toloza y Aguirre, comenzaron a presionar la salida del rival. Sin embargo, Nacional no estaba perdiendo el balón allí. El problema estaba cuando la bola llegaba a la banda, allí los jugadores no estaban desequilibrando.

La cosa cambió para el elenco antioqueño cuando Farid Díaz comenzó a recibir el esférico y a repartirlo. El codacense, que apareció como mediocentro en el 3-4-2-1 de Juan Carlos Osorio, comenzó a abrir la cancha y a dar el primer pase para que su equipo pudiera llegar a ser más profundo. En efecto, así fue como llegó el 1-0. Díaz abrió la cancha y encontró a Gilberto García, éste se sacó a un defensor rival y encontró en el borde del área a Alejandro Guerra que mandó un centro preciso que Jonathan Copete aprovechó tras anticipar al defensor rival.

Este fue el sexto gol de Copete en Liga

En ese momento Nacional tuvo sus mejores minutos. Bernal y Díaz supieron aprovechar el espacio que encontraron en el centro del campo para poner a jugar a sus compañeros. En las bandas, Copete y García estaban desbordando. Por su parte, Junior no produjo mucho en esos minutos. Macnelly Torres estuvo muy atrás y apareció poco, Gustavo Cuéllar corrió de un lado a otro de la cancha sin aportar mucho, Jorge Aguirre desubicado en el terreno y Edison Toloza perdido entre los centrales rivales. Los circuitos tiburones estaban desconectados. Llegó el 2-0 y se acabó el primer tiempo con un Nacional dominante.

Para la segunda mitad a Osorio le tocó hacer un cambio. Alejandro Guerra salió con una molestia e ingresó Yulián Mejía. El equipo mantuvo la tónica del primer tiempo e incluso tuvo dos oportunidades de aumentar el marcador. Zeballos se juntó, como lo hizo durante la primera mitad, con los centrocampistas y fue uno de los pilares del buen momento del equipo. Por su parte, Pablo Velázquez pivoteó, se batió con los centrales y con sus habituales movimientos le abrió espacios a sus compañeros.

A Junior le costaba quitarle el balón a Nacional

El problema para el equipo verdolaga se dio cuando ingresó Yhonny Ramírez por Andrés Felipe Correa. Luis Narváez, que hasta ese momento no había pesado en el encuentro, pasó a ser central, mientras que el recién ingresado ocupó su posición en el centro del campo. Desde que esto pasó los jugadores de Nacional ya no recibían libres en la mitad y la consecuencia fue que al no llegarle el balón a García y a Copete, Domínguez y Vélez tenían más libertad para salir, para ser profundos. Y es aquí donde aparece Macnelly Torres. El ’10’ solo filtró dos balones en todo el encuentro y con eso fue suficiente para que su equipo empatara. El primero fue un pase que le envió a Juan Guillermo Domínguez que apareció por izquierda, se sacó a un rival, centró y encontró a Iván Vélez que acomodó el balón entre las piernas de Camilo Vargas. En el segundo, el receptor del balón fue Vladimir Hernández que le ganó en la carrera a Francisco Nájera y venció al guardameta ex-Santa Fe.

Los cambios no le funcionaron a Osorio, a Mendoza sí

Al final, el encuentro terminó 2-2. Junior sacó un gran resultado de Medellín y se mantuvo dentro del grupo de los ocho clasificados a los playoffs finales. Por su parte, Nacional volvió a perder puntos en casa y dejó evidenciado lo inconsistente que es. Al equipo de Osorio le cuesta sostener los resultados y eso ha hecho que pierda puntos importantes, caso Barcelona y Libertad en Copa Libertadores y contra Once Caldas y Junior por Liga.