Entrando a la rutina

El Real Madrid llegó al Nuevo Estadio los Cármenes, alineó a los mismos de Anfield y el Clásico, y salió ganando por cuatro goles. De ese póker de anotaciones, dos tuvieron el sello de James Rodríguez, que ya está asentado como pieza fundamental de la que hasta ahora es la propuesta de Ancelotti. El italiano ha resuelto la primera etapa del puzzle de esta 14-15 y el 10 de Colombia es imprescindible. A base de energía James se despliega sobre el terreno de juego. Así como choca, intercepta, mete el pie y va al piso, también toca, regatea, limpia, oxigena con cambios de frente, asiste y golea. Y lo está haciendo con una naturalidad impresionante incluso para quienes lo habían seguido desde su debut como profesional. El ex-Mónaco cumple a la perfección con dos conceptos claves para su entrenador: equilibrio e intensidad.

En el Madrid, James se volvió a salir. En el Granada, Murillo realizó un gran partido

Al otro lado estaban dos compatriotas del 10 blanco: Jhon Córdoba y Jeison Murillo. Ambos salieron de titulares en el Granada. El primero no tuvo mucha acción por el discurso y el desarrollo del partido. El segundo, por la misma razón, estuvo activo todo el encuentro y salió reforzado. El Madrid se ha mostrado inabordable en las últimas semanas. Sin embargo, Jeison se batió en un sinfín de acciones para evitar la caída de su defensa. Además, se dio el lujo de demostrar que sabe con la pelota y se incorporó al ataque en varias ocasiones. Fue el mejor de su equipo junto a Rochina.

En resumen, James se volvió a lucir y empieza a parecer rutinario. Su adaptación ha sido meteórica y la importancia que tiene en el sistema es enorme. Otro día en la oficina para el cucuteño y sus compañeros, que se la pasan de maravilla moviendo la pelota e intentando recuperarla. Los últimos días Rodríguez ha jugado por derecha, donde tiene un papel más finalizador. Sin embargo, la escencia es la misma. Sacrificarse para disfrutar. Estamos en noviembre y James va en una nube en la casa blanca.

Mandamás Murillo

Ante la jubilación de Mario Alberto Yepes y las malas decisiones de Carlos Valdés, han quedado dos cupos disponibles para ocupar la zaga central tricolor. Una de ellas, al menos por ahora, será ocupada por Jeison Murillo (Cali, 27 de mayo de 1992), un central que desde los 19 años se viene consolidando en el fútbol español, en esta ocasión con el olvidado pero histórico Cádiz C.F. en Segunda B –tercera categoría–.  Tanto fue así que su gran nivel lo posicionó por delante de un experimentado como Alexander Goikoetxea y lo consolidó de titular al lado de Pedro Baquero.

Desde el penúltimo Mundial sub-20, es decir, el disputado en tierras colombianos, ya venía Murillo dejando premoniciones de lo que podría ser en un futuro. Y eso viene ocurriendo, paso a paso. Primero consolidado en el Cádiz, luego en otro histórico como Las Palmas, y ahora en el Granada. Para más inri, en el Granada fue el único indiscutible la temporada 2013/14 entre Diakhaté, Mainz y él; ahora hace dupla con el francés Babin.

Murillo es otro cuya personalidad es encomiable

Uno de los pluses de Jeison Murillo, desde su participación en categorías inferiores de la tricolor, es su personalidad. Demuestra mayor madurez de lo que establece su documento de identidad. Transmite sobriedad y una seguridad brillante en todo lo que lo define como un marcador central para marcar una era, tanto con Colombia como en el balompié internacional.

Para las pretensiones de Pékerman del buen trato del balón y que todo el juego empiece con un primer pase limpio a un primer apoyo clarividente, el caleño es ideal. Posee una salida con balón bastante elegante, como también entiende el juego desde el primer toque para evacuar presiones y no rifar fácilmente el esférico con envíos largos o pases exigidos. Sus pases largos vienen con un exposímetro en el pack. Sin embargo, por momentos, se llena de confianza y se fía mínimamente de la presión rival. Por ende, termina rifando pérdidas peligrosísimas y ocasiones puntuales. Es más un tema secundario que propiamente técnico.

El uno contra uno, su mejor habilidad

Otro punto alto viene de la identificación de jugar a campo abierto o cerrado. En campo abierto, sin ser rapidísimo, es inteligente para correr hacia su arco y se caracteriza por ser un central ‘tiempista’ y que cubre la zona, mas no al jugador con el balón. En campo cerrado es donde más cómodo se siente, porque no tiene que ir sobre el ritmo impuesto por el rival, y fácilmente, se impone en su mejor faceta: el uno contra uno. Es un central más estático que prodigio del anticipo.

Quizás uno de los trabajos donde más ha mejorado ha sido en el juego aéreo. Al principio, en el Cádiz, era endeble y los contrincantes se oponían con facilidad, como Joselu Sanmartín, Álvaro Morata, Antonio Sánchez de la Calle y demás. Pero, poco a poco, ha venido mejorando y ha sido capaz de ofrecer una seguridad en este indicador. Es fuerte en ambas áreas por su salteo, pero su posicionamiento no es estándar. A ver si termina de convertirse en un peligro inminente para las jugadas de estrategia a la par de Pedro Franco, como la pareja Miranda-Godín en el Atlético de Madrid.

Merecida convocatoria la de Jeison Murillo, que a partir de este llamado sea un punto mayor de inflexión y se termine consolidando en cada uno de los listados del argentino José Néstor Pékerman. Stefan Medina, Éder Álvarez Balanta, Pedro Franco y Jeison, los centrales del hoy y del mañana. Y él, además, el mandamás.