El DIM del goce

Uno de los dos encuentros disputados ayer por los cuartos de final de la Liga entre Independiente Medellín y Atlético Bucaramanga estuvo marcado por la fragilidad defensiva del equipo de Flabio Torres. En lo individual, ninguno de sus zagueros alcanzó el nivel mínimo requerido para un partido de estas instancias, mientras que en lo colectivo formaron una caótica línea del fuera de juego que facilitó las cosas de sobremanera a su rival.

Geometría

El América de Cali quería continuar su asalto a la clasificación, esta vez ante un Independiente Medellín que reúne técnica e intención. El poderoso de la montaña se plantó en Cali en uno de los duelos más llamativos de la fecha en Colombia. En la oscura y profunda noche caleña, los cambios de posición de Ricaurte y Castrillón, bien a la colombiana, y la presencia inquietante de Germán Ezequiel Cano

Ricaurte es la pregunta

Independiente Medellín y Millonarios no jugaron un partido determinante en sus aspiraciones ni mucho menos, pero no por esto la atención dejó de estar puesta en el Atanasio Girardot. Al final las expectativas estuvieron justificadas, pues, a falta de rodaje colectivo en ambos casos (apenas normal para el inicio de temporada), poderosos y embajadores dieron muestra de ciertas individualidades que seguramente guiarán su camino en adelante.

Caicedo, o figurar para no figurar

Para empezar, convengamos que Germán Ezequiel Cano fue un gran timonel. Lo fue porque su hoja de ruta, más que contar con la aprobación de los suyos, encaminó al DIM a protagonizar el fútbol colombiano. Hablamos del juego asociativo del equipo de Hernán Torres, del priorizar el pase seguro para avanzar en el campo, del ataque escalonado. Cano era capaz de poner un escalón más para la progresión del DIM, si hacía falta. Su técnica le permitía salirse del área en pro de brindar soluciones, entonces el DIM hallaba en él el peldaño restante. ¿Cómo compite el DIM sin Cano?

Si pensamos en el promedio goleador de Cano, el fichaje de Juan Fernando Caicedo tiene mucho sentido. Caicedo dejó el Atlético Huila habiendo anotado 14 goles en la temporada, superado solamente por Cano. Para mantener la cuota goleadora, Caicedo era indiscutiblemente la primera opción. Los 7 goles de Caicedo, a día de hoy, lo consagran como el goleador del equipo y ratifican el supuesto: si se trata de hacer goles, Caicedo puede hacer olvidar a Cano.

Caicedo aporta goles pero resta técnica

Pero en el fútbol, lo que menos ocurre son goles. Para retomar la analogía del barco, hablemos de la hoja de ruta que transita el DIM para llegar al gol desde que Caicedo tripula. En primer lugar, Caicedo no puede servir de escalón para que el DIM progrese en campo contrario. Sus gestos técnicos no representan mayor soporte. A Caicedo le cuesta mucho controlar el balón, por lo que requiere que éste le sea entregado de forma muy precisa. Si algún compañero se halla en apuros, entregarle el balón a Caicedo puede resultar un apuro mayor. En segundo lugar, sus soluciones con balón son escasas. Esto radica en su orientación, pues lo delata fácilmente y sus pases son anunciados. Caicedo tiene poca cintura y sus pases no son precisamente brillantes. Por lo anterior, aunque Caicedo tiende a retrasar su posición para recibir el balón, no necesariamente implica un verdadero escalón para el avance ofensivo del DIM.

Caicedo hace mejor al DIM cuando se anula a sí mismo

Que Caicedo no represente un peldaño para el DIM no es una mala noticia en absoluto. De hecho, Caicedo entiende muy bien cuándo debe anularse a sí mismo. Muchas veces sus retrocesos abren espacios para que lo extremos, Hechalar y Pérez, entren al área. Dicho esto, el DIM mejora cuando omite a Caicedo en el camino al gol. Que se obvie a Caicedo explica muy bien las razones para la verticalidad del equipo después de Cano.

Lo cierto es que Leonel Álvarez no da indicios de querer prescindir de Juan Fernando Caicedo y, por lo tanto, mantener el sistema diseñado por Hernán Torres. La apuesta puede resultar. En caso contrario, y como dijo Publilio Siro, no habrá derecho a culpar al mar por un segundo naufragio.

Amor y desencanto con Hernán Torres

El fútbol da de comer a un sinfín de paladares. Los hay resultadistas, los hay fanáticos, los hay románticos. Estos últimos, los que admiran al fútbol cuando se expone en forma de espectáculo, abundan en la capital de Antioquia. El fútbol no sólo es espectáculo, claro está. Se trata también de competir, de neutralizar y de imponer. Pero en Medellín, los balones tratados con primor y elegancia son aquellos que roban corazones. Equipos que flirtean con la pelota suscitan aplausos en las tribunas y se juzgan menos por sus resultados.

Hernán Torres dio de comer al romanticismo antioqueño. Su paso por Independiente Medellín duró mientras su apuesta ofensiva tuvo porte de mujer seductora. Sí, hemos dicho ofensiva, que no es lo mismo que decir equilibrada. El DIM de Hernán Torres pasará a la historia por un poderío ofensivo digno de la compañía masiva de sus fieles en las tardes de primavera en el Atanasio. El de Torres fue un equipo fundado bajo tres principios ofensivos, a saber: posesión, conducción, agrupación. A continuación se expondrán cinco momentos en la era de Hernán Torres que declaran la conquista y el abandono de tales mandamientos. Cinco momentos que relatan una historia de amor y desencanto.

Vladimir Marín en la gestación de la jugada

El primer mandamiento del DIM de Torres, la posesión, requería volantes de primera línea bastante activos. John Hernández y Jherson Córdoba eran fundamentales para retroceder, recoger el balón y emprender el ataque, siempre con el propósito de mantener la pelota. Hilvanar largas secuencias de pases, si hacía falta. Pero la gran novedad en la salida de balón del Medellín era la participación de Vladimir Marín. Con Marín, el DIM tenía la oportunidad de usar las bandas para salir de su área. Pero Marín era más que eso. Su visión de juego le hacía importante por dentro. Marín ejercía influencia al interior tirando paredes, buscando líneas de pase en el centro e incluso conduciendo hacia ahí. El lateral zurdo iniciaba las jugadas, influía en el medio y, en ocasiones, se vestía de centrocampista.

El triángulo de posesión

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Arribaba Vladimir Marín al medio y la progresión no se detenía ahí. Christian Marrugo acudía a Marín en su defensa y señalaba la ruta para superar la primera presión rival. Más arriba, las caídas de Yorleys Mena a la banda izquierda estiraban la cancha y fijaban un tercer vértice, un triángulo. Las posesiones del DIM eran mejores cuando se juntaban los vértices del triángulo: Marrugo, Marín y Mena. Las posibilidades del DIM iban en aumento. Recostando al rival a la izquierda, aparecían los espacios en el medio para Daniel Hernández o Javier Calle. Por otro lado, el triángulo generaba una superioridad numérica en la banda que le permitía a Vladimir Marín desdoblarse. Era entonces que Marín sacaba a relucir su mejor cualidad como jugador: su golpeo de balón. Marín sorprendía rematando a portería o tiraba un centro lleno de veneno.

Las conducciones de Christian Marrugo

Hasta aquí, hemos descrito un equipo asimétrico, activo sólo por izquierda. Nada más alejado de la realidad. Cuando Christian Marrugo recibía en el triángulo, su primera intención era girarse, conducir en sentido opuesto a la jugada y descargar. El resultado: la banda derecha involucrada en el juego. Era entonces que Gilberto García o Carlos Valencia se sumaban al ataque. Marrugo hacía bascular pendularmente al rival al compás de sus conducciones y los espacios para su último pase estaban servidos. Desordenar al rival conduciendo.

Marrugo y Cano agrupando

Antes de seguir, retomemos los tres mandamientos del Independiente Medellín de Hernán Torres: posesión, conducción, agrupación. Como hemos dicho, las salidas de balón de Marín y la formación del mencionado triángulo le permitían al DIM mantener la posesión. En lo que atañe a la conducción, las diagonales de Marrugo y Marín representaron un argumento técnico importante para el equipo de Torres. Hablemos, entonces, del tercer mandamiento: la agrupación. Las conducciones de Marrugo, en efecto, juntaban puntos cardinales en la cancha. Pero él no era el único. Igual, o más importante, era Germán Ezequiel Cano. Los movimientos de Cano eran una forma de fuelle entre la delantera y el resto del equipo, sobre todo cuando se movía fuera del área. La capacidad técnica de Cano le hacía posible pasar el balón con precisión y sentido. ¿Cuál sentido? Juntar a todos en ataque. Los pases de Cano podían restarle velocidad al ataque del DIM, sí, pero posicionaban al equipo en campo contrario. Cano encarnaba el espíritu colectivo del equipo de Torres.

La diagonal de Hechalar

La partida de Yorleys Mena y Germán Cano transformaron profundamente al equipo. Mena, por los espacios que generaba con sus movimientos sin balón. Cano, por ser el abanderado del principio de agrupación. Sus reemplazantes, Juan Fernando Caicedo, Juan David Pérez y Hernán Hechalar, no suplen los aportes de Cano y Mena. En las primeras fechas del equipo post-Cano, resultaba extraño ver al tridente ofensivo tan distante entre sí, abandonando el principio de agrupación del equipo de Cano. Con el pasar de los partidos, lo que en principio era un sospecha se convirtió en realidad: el DIM se entregaría a las individualidades de Hechalar y Pérez por las bandas.

El DIM de la última temporada de Hernán Torres inició sus ataques en algo así como un 4-2-2-2, con Hechalar y Marrugo de doble enganche y Caicedo y Pérez en punta. Los ataques culminaban en un 4-2-1-3. ¿La razón? Hechalar emprende su típica diagonal hacia fuera y se convierte en un tercer delantero. Lo anterior con el fin de quedar mano-a-mano con el lateral derecho rival y Pérez haciendo lo propio con el lateral izquierdo.

Las implicaciones de la diagonal de Hechalar son considerables. En primer lugar, Hechalar deja solo a Marrugo detrás de los delanteros. Sin nadie fijando marca en el centro, como hacían Javier Calle o Daniel Hernández en su momento, Marrugo ya no es tan libre para caer permanentemente a la izquierda. En segundo lugar, el hecho de que Marrugo se ausente tanto en la izquierda deja sin socio a Vladimir Marín. Por consiguiente, Marín tiene menos opciones con balón, toma malas decisiones y pierde el balón donde al DIM más le duele: el centro. En tercer lugar, la diagonal de Hechalar, que requiere el balón en los extremos para crear peligro, verticalizó el juego del DIM. Ahora el pase debe ser vertical para resultar determinante. Bastante responsabilidad para los pasadores, entre ellos Jherson Córdoba, a quien le cuesta una infinidad reponerse después de fallar y está teniendo una temporada muy pobre.

Así fue como Hernán Torres talló su propio monumento y cavó su propia tumba. Torres fue capaz de diseñar un equipo con un profundo carácter colectivo. Tras la partida de Cano, el entrenador del Medellín encargó su destino a la individualidad. Son muchos los que vieron en tal reinvención una traición a sí mismo. Una facción de los fieles del DIM no lo perdonó. Nosotros no nos perdonaríamos omitir la hermosa página que escribió Hernán Torres para el libro de la historia del fútbol colombiano.

Berrear para crecer

Era el momento de recordar aquella llegada esperanzadora de Hernán Torres al DIM, uno de los entrenadores más especiales de la última época en el fútbol colombiano. Una llegada que despertaba sonrisas de oreja a oreja entre los hinchas poderosos tras la destitución del pragmático Pedro Sarmiento. La directiva apostó abismalmente tanto por el cambio generacional como filosófico. Una cosa utópica en el DIM tras Hernán Darío Gómez, Leonel Álvarez –de la escuela de Maturana y Bolillo–, y demás.

Lo vetusto afuera y lo lozano adentro: empezó Hernán Torres su andadura en el poderoso. Al principio, como en la música, desentonaban más de lo que armonizaban, por ende, había mínima sincronización, y la desazón futbolística era profunda. Equipo trabado y, sobre todo, expuesto físicamente. El desgaste mental y funcional era claramente notorio, porque plantilla y nivel para competir y entrar a los ocho había de lleno con Amílcar Henríquez, Giovanni Hernández, Yulián Mejía, Marco Pérez y compañía. Sin embargo, la zona de confort prevalecía y no había confianza.

Para encarar el segundo semestre, Torres decidió renovar la plantilla. Sin Amílcar Henríquez, Giovanni Hernández, Yulián Mejía y Marco Pérez, llegaron Diego Amaya, Vladimir Marín, Christian Marrugo, Daniel Hernández y Elton Martins. Probablemente, para caer como solera al equipo y recuperar posiciones flojas. Parecía Torres dejar su instinto ‘tímido’ y guiarse en Sierra, su asistente: el berrear para crecer. Tanto Amaya, Marín y Marrugo no venían de destacar en el Cali, pero él conocía su potencial y los tomó como sus juveniles para recuperarlos y volverlos a sentir importantes.

Hernán Torres ha logrado un equipo polivalente

En lo táctico, la evolución y la polivalencia del DIM son fundamentales. El equipo viene funcionando, usualmente, bajo el 4-4-2 torre, pero en transiciones defensivas se arma a través de un 4-2-3-1 en un bloque compacto adaptándose a la altura del rival. Es decir, miden a los delanteros contrarios y de ahí en adelante sincronizan el posicionamiento alto, medio o bajo. Yorleys Mena y Daniel Hernández, los sacrificados a bandas en el desplazamientos del 4-2-2-2 al 4-2-3-1.

Hernán Torres es un sabio del fútbol colombiano y socava a profundidad partido a partido. Entiende cuándo salir con el 3-4-2-1 o 3-4-1-2. La realización de este módulo táctico se empeña en equipos flexibles y dinámicos en el frente de ataque. Por ejemplo, Once Caldas, Santa Fe y Deportivo Cali. Ante equipos estructurados en faceta defensiva y que con un mismísimo pase o envío largo son capaces de hacer de una zona muerte la más fuerte, la defensa de tres con el apoyo de Jherson Córdoba, más el retroceso de Gilberto García y Vladimir Marín/Luis Tipton se hace trascendental para no sufrir.

Crece el dominio del balón y crece el DIM

El resurgir de Cristian Marrugo, la capacidad asociativa de Daniel Hernández, la mezcla en ataque de Yorleys Mena y los goles de Germán Ezequiel Cano son una contemplación al espectáculo. El poderío ofensivo está siendo crucial para la intimidación del contrario, y marcar un estilo y protagonismo inicial. El DIM alcanza, en promedio, casi el 60% de la posesión en la Liga Postobón II-2014. Cifra que se opone a etapas anteriores, donde el equipo prefería otorgar el dominio y apostar al juego directo y rápido con Felipe Pardo, William Zapata, Cléider Alzate, Marco Pérez y demás jugadores.

Por último, el punto más alto aparece bajo el doble pivote con Jhon La Goma Hernández y Jherson Córdoba, más Cristian Restrepo de revulsivo. Ninguno es un ‘5’ nato, pero Torres los ha sabido llevar y les ha encomendado intercambiar roles con el de ‘box-to-box’. Generalmente, Jherson Córdoba es el mediocentro posicional, encargado de ser el primer pase, abrir en banda y apoyar, así como hacerle llegar los balones a los conductores: Marrugo y Hernández.