América 2015-II

El primer semestre del 2015 recibió bastante mal al América de Cali. No sólo fracasó en los cuadrangulares de ascenso si no que, además, tuvo un nivel bastante bajo en el torneo regular, situación que lo ubica actualmente en el quinto lugar de la tabla a 12 puntos del Bucaramanga, líder de la competición. Pero no fue su posición en la tabla general la que más preocupaciones dejó, dentro del campo de juego se vio un equipo creativamente incompetente.

América no tenía un juego fluido

El conjunto escarlata luchó, no creó, peleó cada partido pero rara vez fue capaz de armar circuitos de juego lo suficientemente fluidos como para generar peligro constante en el arco rival. Fue un equipo rendido a lo individual, a los chispazos de Ayron, Urueña y Tapiero. Un equipo que intentaba atacar rápido por banda pero que no encontraba la precisión para hacerlo. Fue, sin lugar a dudas, un equipo perdido que generaba más caos que fútbol.

Pero entre tanta tormenta parece llegar un poco de calma. Porque para el segundo semestre del 2015 América hizo los mejores fichajes, al menos por nombre, desde que llegó a la segunda división del Fútbol Profesional Colombiano. Jugadores como Cristian Restrepo, Yesus Cabrera, Amílcar Henríquez y Carlos Bejarano de la liga local se suman a los extranjeros Rodrigo Canosa y Aníbal Hernández como refuerzos más relevantes.

Pero no es sólo el ruido que hace cada uno de ellos por lo hecho en su carrera profesional, es lo que generan en conjunto. Son fichajes con sentido, que buscan fortalecer el sistema por el cual parece estarse decantando Fernando Velasco, DT escarlata. Un 4-2-3-1 que América reforzará con un enganche, Yesus Cabrera, un volante externo, Aníbal Hernández, un mediocentro/interior, Cristian Restrepo, un mediocentro de corte defensivo, Amílcar Henríquez y un defensor central, Rodrigo Canosa.

Amílcar parece ser la solución para el problema del mediocentro defensivo

Con Amílcar busca cerrar el episodio nefasto que tuvo América el semestre pasado con los mediocentros defensivos, espera poder conseguir el compañero ideal para Tapiero o Cristian Restrepo, buscando solidez y salida en la primera línea de volantes. También le da la opción de jugar con un 4-3-3 sacrificando al enganche para jugar con dos interiores, sistema que seguramente usará contra rivales más exigentes.

Aníbal Hernández llega al equipo con la posibilidad de jugar de volante o extremo por derecha, posición en la que prácticamente no tiene competencia. El semestre anterior debido a la carencia de un jugador en esa posición el conjunto escarlata se vio obligado a utilizar futbolistas que no estaban acostumbrados a ejercer de extremos.

Con Yesus gana un enganche mucho más agresivo y móvil, acostumbrado a ocupar muy bien el frente de ataque generando muchos espacios con su regate, además aprovecha para dejar a Neider como un revulsivo muy interesante para enfrentar líneas defensivas estrechas que necesiten de un pase entre líneas antes que un regate.

Se puede decir que el segundo semestre del 2015 comenzó bastante bien para América, Velasco tiene los hombres que pidió y ahora sólo queda esperar que el equipo que tanto peleó en la primera parte del torneo comience a jugar en la segunda parte del campeonato.

El América de Marouane Tapiero

En el fútbol debes mostrar competitividad en ambas áreas, desde el portero hasta el remate. Si demuestras estar a la altura de la circunstancia, seguramente, te mantengas con vida todo el partido. No necesitas ser virtuoso en el remate, sólo oportuno. Pero este América, no obstante, no compite en nada. Ni en las áreas ni en el medio. El pizarrón cree que está maldito, sí, pero la razón no va de la cantidad de sistemas que ha probado Fernando Velasco (3-4-1-2, 4-2-3-1 o 4-4-2), sino que el tema es más estructural y colectivo. Ayer lo demostró, otro día más, recibiendo al Quindío.

Un «nuevo» con América con dos mediocentros posicionales y sin Morantes ni tampoco Palacios

América saltó al pantano de Buga (des)ordenado en un 4-4-2. La idea asimétrica de Velasco frotó señales, aunque centelleos. América resignó a tener la posesión por depender de sus transiciones ofensivas. Transiciones ofensivas que se desplomaron de fuerza a medida que fueron avanzando los minutos. Urueña erró en varios pases largos de tres dedos, Del Valle no explotó los espacios y Mercado poco sostuvo los ataques; únicamente Farías incomodó con su íntima presencia. América dejó pocos efectivos por delante de la línea del balón y, sin Morantes, el pase no era limpio. El esférico no le llegaba a Farías, y el argentino ha demostrado en Cali querer tocarla y jugar de espaldas, no sólo esperar en zona de remate, porque es consciente que puede llegar a no rematar ni medio balón. Aquí perdió la brújula el América.

La salida de Castañeda, por lesión, ocasionó un crecimiento rojo. Largacha pasó a jugar de primer marcador central y Tapiero, el ingresado, de mediocentro. La energía y efervescencia de Stiven bombea la máquina americanista. Tapiero no necesita de un rol 100% ofensivo o con muchos pases, pues él suma corriendo –usualmente correctamente– o en el juego aéreo. Y América, en el juego directo, se impuso con Stiven, uno de los maquinistas. Se impuso a innumerables retos en el salto, le permitió a su equipo ingresar a terreno del Quindío y produjo ocasiones de la nada. Con su pelo voluminoso, afrudo y sacando unos metros de ventaja, el ‘21’ activó al combinado escarlata. El problema es que en esa combinación de Marouane, tiene el distinguido apoyo alto de Fellaini y la floja terminación de Chamakh. Fue el América de Marouane Tapiero.

El pizarrón cree que está maldito

Seguramente escondido en un rincón de las instalaciones del otrora pentacampeón del fútbol colombiano se encuentra un pizarrón. «¿Por qué se esconde?», seguramente se preguntarán. La razón no es otra que el agotamiento. Por tres años y medio, que se prolongarán a cuatro, este pizarrón ha sido lugar de miles o tal vez millares de ideas todas en busca de un mismo fin, ascender a uno de los equipos más grandes del fútbol colombiano

Fútbol en el pantano

El Hernán Ramírez Villegas, uno de los mejores escenarios deportivos del país, vio como lentamente emergía de su grama, encharcada y sucia a causa de un aguacero, la figura oscura y tristemente determinante de Diego Escalante. El juez, decidido a llevarse todos los reflectores, quiso erigirse como el Poseidón todopoderoso de los pantanos y obligó a disputar uno de los partidos más importante de la segunda división colombiana en un terreno de juego impresentable.

La primera media hora de partido fue casi ofensiva para los espectadores que, fieles a sus equipos, pagaron la boleta. La bola prácticamente no corría y los jugadores estaban constantemente en el suelo. En esas condiciones era imposible pensar en funcionamientos de juego adecuados para cualquiera de las dos plantillas. Teniendo en cuenta la dificultad que presentaba el terreno de juego Velasco, técnico escarlata, decidió romper su férrea línea de tres y colocar a uno de sus centrales como delantero centro. Castañeda fue el elegido para cumplir esa función y el precio que pagó el cuadro americano fue altísimo. Un ordenado Deportivo Pereira anuló fácilmente al improvisado atacante, ni siquiera le permitieron bajar un balón en los más de veinte minutos que estuvo en la delantera, con los pelotazos verticales de América controlados los matecañas decidieron presionar a la también improvisada línea de cuatro defensores, Velasco normalmente se decanta por la línea de tres, esto llevo al primer gol del partido. Una mala conducción de Leyvin Balanta lo obligó a jugar el balón hacia atrás sin alzar la cabeza, mal pase, intercepción de Castro que se llevó por delante al siempre lento Tardelis Peña y convirtió el primer gol del partido.

Después de una primera parte marcada por una mala decisión arbitral el segundo tiempo le dio inicio a un partido mucho más interesante, con un terreno en mejor estado. Pereira decidió replegarse, entregarle la bola y las labores ofensivas al América, esperando el momento para atacar a un equipo que tiene una transición defensiva muy débil, lo que se presta para que sea contragolpeado con facilidad. Velasco tomó de buena forma el regalo de Hernán Lissi, timonel matecaña, y decidió darle más fútbol ofensivo al equipo escarlata, a la cancha Ernesto Farías en lugar de un Cristián Subero discreto que salió con molestias físicas al igual que otros cuatro jugadores, dos por cada bando, cortesía del Poseidón del pantano.

Con Farías y Rivera en cancha, este último entró en lugar de Éder Castañeda, el equipo escarlata mostró veinte minutos de buen fútbol, balón al piso, cada vez que se pudo, transiciones rápidas a la hora de atacar y por momentos buenos movimientos interiores tanto de Ayron como de Farías para facilitar el juego por las bandas. Faltó precisión en los metros finales, pero por lo menos en ese pasaje parecía que América podía empatar. Todo esto hasta que, en una de esas transiciones desastrosas que hace el América de ataque a defensa, Cristian Correa quedara cara a cara con Tardelis Peña, caño al moreno y disparo rasante para acabar con las ilusiones de los diablos rojos. Cinco minutos después Escalanate daba el pitazo final y acababa con la lucha en el pantano.