El primer título liguero de Osorio con Nacional

El primer título liguero de Juan Carlos Osorio en su etapa con Atlético Nacional se obró en Bogotá, en El Campín, sobre Independiente Santa Fe. Este equipo, el de la Liga Postobón 2013-I, se caracterizó, además de sus máximas rotaciones, por su versatilidad sistemática y por tres figuras capitales: Stefan Medina, Alexander Mejía y Macnelly Torres. En un segundo escalón estaban Jefferson Duque, John Fredy Pajoy, Sherman Cárdenas, Óscar Murillo y Alexis Henríquez. ¿Por qué Medina, Mejía y Torres? ¿Por qué no otro? Básicamente porque este Nacional fundó su juego sustancioso por el carril principal, el central, entonces ellos se convirtieron en las tres armas disponibles a fundamentar el plan. Para más inri, fue el Nacional que más utilizó el pase en largo de Mejía y la polivalencia creativa de Medina, por ejemplo. En cambio, no fue el del mejor Macnelly Torres, pese a ser indiscutible en las convocatorias de José Néstor Pékerman para la absoluta.

La pizarra de Osorio

En aquel entonces era difícil conocerle una alineación de pies a cabeza a Juan Carlos Osorio. Era el Medina de multitud conversiones, el Bernal carrilero o segundo pivote, el Nájera lateral o central, el Mosquera extremo o segunda punta, etc. Ni sabíamos quién era su portero titular y el delantero inamovible, a pesar de la buena cuota goleadora de Duque. Esta lectura tenía dos justificaciones congruentes: primero, la plantilla era muy extensa para afrontar un primer semestre sin competición internacional de por medio; y segundo, era necesario probar y apostar con lujuria sin un juego de bandas reconocible.

El hecho de Medina carrilero, que lo empleaba en el 3-4-1-2, le permitía a Nacional orientar su juego hacia la banda derecha e ir sumándole al pase largo de Mejía el diagonal. Con determinación y recursos creativos, Medina comandó varios partidos jugando en esa posición (la Final en Bogotá de los de mayor dominio). Nacional contó en ese campeonato con el Alexis Henríquez más visionario y certero con el pie, entonces la salida con balón verdolaga no era lenta y sí prodigiosa, por lo que Osorio se permitía sacar a uno de adentro y llevarlo afuera para compensar movimientos y conducciones rentables por la creación de triángulos asociativos. Todo en busca de un beneficio colectivo.

Lo mismo pasó con Luis Fernando Mosquera por el costado izquierdo, donde sumó minutos partiendo pegado a la línea de cal, ya fuese como extremo o carrilero. Osorio les da esa ubicación dentro del sistema a los futbolistas llenos de juego interior y un digno control dirigido para facilitarles la recepción. A partir de esto, el entrenador risaraldense potencia la táctica ajustando matices y detalles pequeños.

El primer pase de Mejía

Como contábamos, el puñal verdolaga en los últimos años se forjó por dentro. La utilización del frecuente primer pase en largo de Alexander Mejía hizo crecer al equipo, ya que de esta forma Macnelly Torres recibía la pelota más cerca de la frontal rival y con la velocidad exacta. Macnelly se ubicaba en los puntos ciegos del mediocampo contrario, y el pase de Mejía podía recorrer tranquilamente 50 metros porque su tensión y rapidez derivarían en la recepción plácida del barranquillero.

La aceptación de su nivel e hiper valor con la redonda lo posicionó en el altar futbolístico del equipo. Pasó de ser un recurso a ser la esencia palpable en ataque estático para edificar cuidadosa y hábilmente las acometidas. De hecho, su fundamentación hizo de Atlético Nacional un conjunto con múltiples opciones desde atrás. Alexander Mejía se transformó en el jugador con superior cantidad de pases y destacado porcentaje de acierto.

La línea de pase de Torres

Macnelly Torres aprobó todas las materias en la era Santiago Escobar. Fue, indudablemente, su mejor época vestido de verdiblanco, realizando toda clase de acciones. El número 10 representó y creó un Nacional muy fuerte donde llegaba a zonas bajísimas a tomar el balón e instalarlo en terreno adversario. Macnelly fue lanzador, conductor y ejecutor de toda falta o tiro de esquina con Sachi. Prestaba todas las atenciones.

Sin embargo, en el Apertura 2013 asumió un rol de menor desgaste y de enlace entre mediocampo y delantero, casi de pegamento. No se sabe si por debilitación física –el futbolista con más minutos entre club y selección– o simplemente por un propósito de entregarle un papel específico a cada uno y de hacerlo sentir importante. Tras varias pruebas, se corroboró dicho efecto. Macnelly se movía menos, tenía un límite espacial de retroceso y su fin posicional era activar a Mejía desde atrás y repartir de balones a los delanteros (Jefferson Duque, John Fredy Pajoy, Fernando Uribe y Juan Pablo Ángel). Era una línea de pase adelantada y única, pero con autonomía en el eje horizontal. Números de confirmación: máximo asistente, segundo jugador con pases completados y cuatro dianas (los mismos que en todo 2012).

Los días y meses posteriores significarían la cumbre futbolística de Atlético Nacional versión Juan Carlos Osorio. Ya se iba fabricando una identidad que, poco después, dominaría el fútbol colombiano por tres semestres (2013-I, 2013-II y 2014-I) consecutivos. Esto sería un abrebocas de innovaciones y aciertos compuestas por rebeldía a lo que en su momento funcionaría en la élite del balompié local. El tornado no tardaría en llegar.

Choque de sinergias

Ayer El Campín presenció un duelo a la altura de las circunstancias como hace mucho no sucedía, en todo el sentido de la expresión. Millonarios y el Deportivo Cali atravesaron, cada uno por pasajes, estados de máxima tensión competitiva, reflejada en la intensidad del movimiento de sus futbolistas. Del lado embajador, Fernando Uribe y Mayer Candelo llevaron la bandera. Los azucareros, por su parte, vivieron y sobrevivieron a lomos de un Andrés Pérez imperial. Todo un envite de semifinales que no defraudó a nadie.

Para esta ida de la eliminatoria, Lunari alineó a los de siempre excepto por Machado y Agudelo, quienes fueron reemplazados por Mosquera y Tello respectivamente. El Pecoso Castro, mientras tanto, envió al campo su línea defensiva habitual, más un centro del campo conformado por Andrés Pérez de mediocentro, Kevin Balanta y Yerson Candelo de interiores, y Andrés Felipe Roa de mediapunta. Arriba estuvieron Murillo y Preciado. Ambos técnicos dibujaron su 4-4-2 en rombo del día a día. Las bajas más sonadas en ambos equipos eran Jonathan Agudelo y Rafael Santos Borré, ya que sus ausencias restaban cosas parecidas a sus respectivos conjuntos: profundidad cimentada en buenos movimientos por delante de la pelota.

Millonarios hizo muy ancho el campo al inicio

El partido comenzó marcado por la presión adelantada del Cali, de la cual Millonarios escapaba a través de la amplitud de sus laterales e interiores para poder generar espacio por dentro. El equipo visitante no llegaba a los costados, y los locales lograban sacar muchos centros, sobre todo por el flanco de Frank Fabra. En el área esperaba nada menos que el goleador absoluto de la Liga. El desarrollo pintaba más azul, pero ello no se reflejó rápido en el electrónico, sobre todo, por el poco acierto de Edier Tello en los toques definitivos hasta su pase flotado para Uribe, que terminó en penalti, expulsión de Nasuti y 1-0. Tres minutos después llegó el empate, producto de un descuido del centro del campo de Millonarios y un gran envío de Andrés Pérez, quien ya comenzaba a avisar.

Fernando Castro, luego de quedarse con un hombre menos, ajustó enviando a Helibelton Palacios al eje de la zaga y situando a Yerson Candelo como lateral derecho, posición que hasta hace poco era toda suya en el Cali de Leonel Álvarez. Andrés Felipe Roa se paró de interior, y así estuvo el Cali buena parte del juego, con un 4-3-2. La conexión entre el centro del campo y la delantera, por lo menos con pases cortos, fue casi inexistente.

Andrés Pérez: 10 recuperaciones, 3/3 entradas, 4 intercepciones, 87% pases

Habría que ver si en la segunda parte Ricardo Lunari, al ver de la superioridad numérica, decidía mover ficha para acentuar el dominio de su equipo con la pelota a sabiendas de que el Cali replegaría cerca de su portero. Sin embargo, el técnico argentino no tocó nada para el inicio del período complementario. Ese fue el pasaje de más comodidad para los visitantes. Millonarios controlaba la pelota pero no creaba peligro. Esto se puede explicar porque la capacidad de desborde individual de los centrocampistas azules es poca y Federico Insúa no es de activar muchas cosas de forma constante a través de sus pases. El Cali se adelantó en el marcador con un golazo de Pérez y transmitió más peligro que nunca en el partido. Lunari quiso cuidarse, pidió sosiego, pero lo que pasó fue que los suyos bajaron la intensidad y sólo el 1-2 los despertó de un corto pero fatal letargo. Uribe, hoy por hoy la gran figura ofensiva del torneo gracias a sus movimientos incesantes, contestó con un testarazo espectacular a los pocos minutos tras uno de los muchos desmarques de ruptura más centros que ejecutó sin parar Maxi Núñez tras su entrada. 2-2.

Empezó entonces la exhibición de Mayer Candelo. Se movió por todas partes con la pelota, y con él se movía Millonarios. Como si él fuese un imán y los demás jugadores de Millonarios piezas de metal. El Pecoso resolvió empotrarse en su parcela de campo con un 4-4-1 y firmar el 2-2. Y casi lo logra, pero el ‘10’ ex-Cali la colgó del ángulo a falta de dos minutos bajo la delgada y molesta lluvia que ya caía en Bogotá. El domingo, en el Palmaseca, se jugará la vuelta y se conocerá al finalista. Partidazo.

Tirar los papeles

Millonarios continúa su curva ascendente. Las sensaciones no menguan para los embajadores ni siquiera tras perder en Envigado luego de un partido en el que se le vieron las costuras a todo el equipo en defensa posicional. La inercia de los de Lunari parece inquebrantable justo cuando los resultados son más determinantes. El conjunto azul llega a la fase definitva del torneo en un estado de forma pletórico en cuanto a lo físico y lo anímico. Cada futbolista de la plantilla parece disfrutar sudando a borbotones, luego de corridas brutales y cierres in-extremis. Todo les sale dentro de sus posibilidades, y eso sólo optimiza la psique de los jugadores.

En ese sentido, el Envigado, que ha demostrado ser un equipo notable a lo largo del torneo, terminó perdiendo la eliminatoria contra Millonarios por una diferencia de tres goles. Y no es que no haya salido a no reventarse, a no jugar. Nada más alejado de la realidad. Lo que pasó fue que se encontró con un grupo que se está explotando al máximo, comandado por futbolistas que se sienten satisfechos consigo mismos al quedarse sin aliento. Por ello, a pesar de que la superioridad técnica de los mediapuntas naranjas -González, Méndez y Burbano- sobre los centrocampistas azules fuera tan marcada, Vikonis encajó menos goles que su homónimo envigadeño. El fútbol de Millonarios, en el papel, está lejos de ser perfecto. Pero Lunari ha optado por romper la mayoría de los papeles y dar paso al sentimiento, porque esto en buena parte también consta de ello.

El azul ya tiene bailarín

Hace ya casi nueve meses, en la primera noche de la era Lunari, a Millonarios le hizo falta un bailarín contra Santa Fe. Extrañó a un delantero capaz de moverse sin parar para otorgar ventajas a sus centrocampistas. Ese día el choque terminó con un marcador abultado para los rojos y se recordó más que nunca a Dayro Moreno, quien había volado hace poco a México. Ayer, en el Clásico, el equipo embajador dominó un partido como pocas veces durante este proyecto, nada menos que ante el Nacional de Juan Carlos Osorio. Y lo sorprendente es que dicho control estuvo cimentado en la movilidad incesante de Jonathan Agudelo, quien contagió por inercia a Fernando Uribe para activar zonas muertas e incomodar a la defensa del verde. Así el local pudo incluso haber goleado.

Nacional y Millonarios querían la pelota

El enfrentamiento tuvo varias fases. La primera, del 1’ al 30’, estuvo marcada por la intención de ambos conjuntos para tener la pelota. La posesión fue dividida y el partido estuvo en tierra de nadie, aunque Millonarios, por la misma energía de sus delanteros, y porque en general salió a jugar con más intensidad, transmitía más peligro al contragolpe. Valencia y Escobar, los extremos en el 4-2-3-1 de Nacional, estuvieron muy poco precisos técnicamente, y, por lo tanto, los de Osorio no generaban espacio por dentro para Yulián Mejía y Sebastián Pérez. La salida de balón de los visitantes tampoco era clara, y los delanteros de Millonarios la lograban ensuciar aún más gracias a una presión bien ejecutada. Silva y Robayo, los interiores de Millonarios, vieron facilitada su tarea sin la pelota, pues para recuperarla no debían correr muchos metros.

Cuando Nacional perdía el esférico, Millonarios buscaba la espalda de Henríquez y Peralta. En esas lides, Uribe y, sobre todo, Agudelo estuvieron de cine. Chocaron, ganaron juego directo, pivotearon bien de espaldas, tiraron desmarques de ruptura muy agresivos y desmarques de apoyo útiles hacia las bandas. Cerca de la media hora de juego, los de Lunari comenzaron a mover el cuero a placer.

Fabián Vargas sobre el trabajo de los delanteros

Millonarios jugaba bien desde atrás

Desde ese momento hasta el final del primer tiempo, Camilo Vargas demostró con creces por qué es futbolista de Selección Colombia por si a alguien le quedaban dudas. Millonarios lograba hilvanar la jugada desde atrás con Fabián Vargas metido entre los centrales para luego filtrar hacia Insúa, Robayo o Silva. Más adelante, Déiver Machado se ofrecía por la izquierda, y giraba la vista de Nacional hacia su flanco. Ahí él tocaba con ventaja y aparecía el peligro. El rebote también pertenecía al cuadro local: Rafael Robayo, de gran partido, tiranizó la segunda jugada a partir de su gran físico y un posicionamiento notable. El ataque embajador continuaba gracias a Rafael y a Fabián.

Fabián Vargas sobre la fluidez de juego de Millonarios

Rafael Robayo acerca de su rol en el encuentro

El partido llegó 0-0 al descanso, y Osorio se vio obligado a recomponer su esquema para parar la sangría y para compensar la lesión de Alexis Henríquez. Por este último entró a la cancha Gilberto García. Nacional pasó a cerrar con 5 atrás, más Pérez y Palomino en el doble pivote: un 5-2-1-2. La actitud que adoptó el equipo paisa fue definitivamente más reactiva. La respuesta de Millonarios en los primeros minutos de la segunda parte fue soltar aún más a Machado, pues Escobar, casi en punta con Velázquez, no iba a seguirlo hasta línea de fondo. Así los azules exigieron un paradón a Camilo Vargas y se toparon con el poste en esa misma jugada.

Juan David Valencia sobre el cambio táctico de Nacional

A Nacional le costó varios minutos asentarse sobre el terreno, pero cuando lo hizo, la balanza se igualó un poco. Juan David Valencia y Alcatraz García ayudaban a su defensa y a su mediocampo a cerrar por dentro, por lo que el juego interior de Millonarios encontró más dificultades para fluir. Además, las sustituciones de Duque por Velázquez y Ruiz por Escobar dieron a los de Osorio más opciones de salir en largo por la fuerza y la velocidad de ambos delanteros. Yulián Mejía se encontró más cómodo en esa situación, ya que tomaba la pelota de cara y podía enviar más pases filtrados.

El encuentro pereció cuando a ninguno de los dos les quedaba aire. Terminó 0-0, y a Millonarios le quedó la espina de no haber marcado en un partido que dominó de manera incontestable durante muchos minutos. Nacional, sin algunos de sus jugadores más importantes como Guerra, Copete, Bernal o Berrío, se va con una conclusión que no es nueva para ellos: tener que mejorar los mecanismos de circulación de pelota para imponer sus condiciones, pues de otra forma casi siempre está en desventaja. A falta de un par de fechas, ninguno de los dos tiene asegurada su presencia en los playoffs. Se vienen sólo finales para albiazules y verdolagas.

La marea azul sube en bloque

El torneo 2014-I significó una de las mejores exhibiciones futbolísticas de los últimos tiempos para el equipo azul de la capital colombiana. De la mano de Lillo los embajadores gestaron un equipo bastante competente, con una calma prodigiosa a la hora de manejar el esférico y unos cambios de ritmo punzantes que cortaban el timing de las defensas más precisas del torneo. Millonarios regalaba a sus rivales un mar tranquilo, espacio para la calma, con la única intención de adormecerlos para luego romper el engaño con combinaciones en velocidad que arremetían al rival, quien, confundido, buscaba una y otra vez la calma y ésta lo único que anunciaba era la llegada de la tormenta.

Ya se ven algunos cambios con Lunari

Con la llegada del nuevo torneo aquel proyecto tan productivo quedó reducido a una quietud incesante. El equipo perdió su poder de sorpresa y fue condenado a ser, indefectiblemente, inofensivo. La llegada de Lunari supuso un cambio por las costas azules. Desde la fecha anterior con la victoria 4-0 sobre Fortaleza el equipo daba visos de estar mejorando. Le faltaba confirmarlo contra un rival de más peso que no había recibido goles de local.

De está forma llegó Millonarios al choque contra Patriotas. El equipo boyacense, invicto en su casa, significaba la prueba perfecta para el grupo de Lunari. Y se notó el cambio. Aquel equipo embajador al que atacar le significaba una dificultad magna se presentó, en este inicio de proyecto y aún con muchos detalles por pulir, como un equipo ofensivo. Buscando asfixiar a su rival de forma constante.

Fabián Vargas, el jefe del centro del campo

Vargas se muestra como el mediocampista más influyente de los embajadores. Él dicta los tiempos del juego y organiza la presión alta del equipo azul, uno de los aspectos más positivos del partido contra Patriotas. Con Andy Polo y Anderson Plata presionando en las bandas y Uribe por el medio, Vargas toma el mando del equipo. Se viste de Poseidón y ordena a la marea azul subir en bloque. Arrincona al rival hasta las inmediaciones de su propia área y genera el error.

El partido fue 0-3 a favor de Millonarios, que recuperó su poder de ataque basando sus ataques en la presión agresiva de mediocampistas y delanteros. A pesar de acumular dos partidos consecutivos sin recibir gol, el trabajo en defensa es una de las cosas que más debe mejorar el equipo embajador. Es incapaz de sostener la presión alta por largos periodos de tiempo, sus volantes/extremos están volviendo mal y se generan muchos espacios a sus espaldas y, estando sólo Ortiz como volante de recuperación, se hacen casi imposibles de ocupar esos lugares libres.