De cohete a lanzador

Nació como un cohete. Se movía muy rápido, con toques explosivos y clara preferencia por los carriles laterales. El Yerson Candelo que recibe Fernando Castro era un extremo. Hoy es otra cosa. Casi no se queda, pero lo hizo. Era imprescindible. Candelo bien podría ser el mejor futbolista del Cali, al menos el más formado entre los de más calidad. Y eso se nota. Sin él, el Cali no se entiende; sin él, el Cali es un puzzle sin piezas. Candelo es la llave maestra.

Candelo es la clave del sistema del Deportivo Cali

‘Pecoso’ Castro lo tenía claro. Históricamente siempre ha alineado a sus equipos en un 4-3-1-2 donde los extremos no tienen cabida, pero luchó por la permanencia de Candelo con uñas y dientes. Él sabía que lo iba a necesitar. También sabía que su posición ya no iba a ser la del extremo puro. Lo necesitaba en el medio. Ya no se iba a dedicar a desbordar y centrar, rol que le había venido perfecto hasta entonces y en el que había jugado los mejores partidos de su carrera. ¿Qué virtudes veía Castro en él para jugar de enganche? ¿Cómo podía un futbolista que como extremo no había demostrado un juego interior palpable transformarse en el ’10’ de un equipo que trataba de organizarse con balón? Pues, para empezar, una gran técnica. Candelo bien podría ser el jugador de mejor técnica de su plantel. Tanto conduciendo como pasando la pelota, en largo y en corto, destacaba. Además, poseía un gran golpeo que se veía potenciado por su posición más centrada y definía bien, y jugando más cerca al gol podía hacer valer esa cualidad. Castro no le pedía que hiciera de cerebro, sino que hiciera de lanzador: que hiciera de quarterback, acercándose a la base de la jugada para trazar las jugadas ofensivas del equipo haciendo uso de su toque de balón. Tenía cierto sentido.

El problema sobrevino cuando se dieron cuenta de que, a pesar de que técnicamente tenía todas las condiciones para brillar en su nuevo rol, Candelo no sabía moverse desde esa posición. Ni sabía a dónde hacerlo, ni en qué momentos. Le faltaba ritmo para crearse recepciones positivas por dentro, incluso dentro del fútbol colombiano que facilita ese trabajo por definición, y se sentía claramente incómodo. Asimismo, el Cali tenía un problema colectivo: era demasiado lento. No movía el balón con velocidad y sus ataques no eran diáfanos, y terminaban siendo telegrafiados para el rival. Esta situación era acentuada por la dificultad de Candelo para jugar por dentro y lo engorroso que le resultaba a Mendieta escorarse a la izquierda. La solución estaba en el punto medio. El Cali cambió su sistema por uno en el que Candelo estuviese a medio camino entre su antigua posición y en la que lo quería ‘Pecoso’, y ahí el jugador explotó. Poder abrirse a la banda derecha lo ayudó a cogerle el tranquilo a la dinámica de movimientos interiores que su equipo necesitaba de él. Aprendió a bajar y perfilarse para recibir en transición por dentro y comenzó a lanzar ataques con suma facilidad, coadyuvado por la ristra de desmarques de Santos Borré; comenzó a sumar pases interiores, desbordes por banda e incluso desmarques de ruptura a gol. Fue sensacional. Además, su sacrificio defensivo lo llevaba a tapar pasillos laterales o interiores indistintamente, ayudando a su equipo en transición defensiva con mucho aplomo.

La transformación de Candelo de cohete a lanzador hizo del Cali uno de los mejores equipos del torneo en su fase regular. Su acierto técnico y compaginación con los atacantes, Borré, Preciado y Murillo, derivó en que el Cali fuese uno de los equipos con mayor facilidad para crear ocasiones en la liga. Su contraataque se convirtió en uno temible y Yerson rozó un nivel que, si no fuese porque en su posición están valores indiscutibles en la selección Colombia, bien habría servido para llamar las puertas de la absoluta. En otra época así hubiera sido.

Calidad en las áreas

El fútbol es un deporte curioso. Vive bajo la máxima de que quién juega bien casi siempre gana y que jugar bien se define por el juego medio. Quién domina más situaciones de transición con ventaja se acerca más a cumplir con dicho axioma; sin embargo, hacerlo nunca es sinónimo de triunfo ni resulta condición sine qua non para obtener los tres puntos. De hecho, por la tendencia a los resultados ajustados que tiene el fútbol a diferencia de otros deportes colectivos como el baloncesto, ganar a veces es cuestión de suerte en los momentos claves. Por eso perder es lo normal. Por eso el fútbol es cuestión de fe.

Anoche Santa Fe creyó. Gustavo Costas ha diseñado un equipo dominante y eso se nota sobre todo cuando jugadores como Seijas y Armando Vargas están inspirados. El león produce fútbol en cantidades industriales y normalmente, por fe e insistencia, suele terminar los partidos con victoria. El sistema no engaña: ritmo superior, poderío en las transiciones, amplitud y profundidad metódicas y un dominio inigualable en nuestro rentado de la segunda jugada. Desde el inicio del partido, basado en esas hondas virtudes, Santa Fe dominó a un Cali al que este tipo de partidos a ritmo alto le suelen costar y que sin su lanzador de contragolpes, Candelo, no tenía suficientes armas para competir. Santa Fe salió lanzado al ataque desde un inicio y acorraló al Cali en su área: no sólo tenía más tiempo la pelota y llegaba con facilidad a inmediaciones del área, sino que ganaba todos los rebotes y dejaba al Cali sin opción de salida. Una tortura que Mera y Nasuti aguantaron como pudieron y que duró alrededor de viente minutos. Hasta ahí fue la primera fase de las cuatro en las que se dividió el juego.

Mendieta realizó su mejor partido desde que aterrizó a Cali

La segunda fue cuando el Cali pudo contragolpear. Pecoso Castro optó por cambiar de perfil a sus dos delanteros y abrirlos para que pudieran recibir, ubicando a Mendieta como ’10’ puro en el centro del ataque. Así, con balones directos a Preciado, y pases hacia afuera para Borré, el Cali fue saliendo de su área y comenzó a inquietar a Santa Fe, que jugaba casi mano a mano contra la delantera caleña. Tal peligro obligó a Costas a bajar un cambio, aumentar el número de efectivos en campo propio en transiciones y asegurar atrás. Esto derivó en que el Cali sumó más ataques posicionales y ahí pudimos ver el mejor partido de Mendieta este semestre. Ágil con el balón, pero sobre todo continuo en los apoyos, el Cali se apoyó en él para organizar sus ataques, no sólo prolongando sus ataques, sino también ganando solidez en defensa a raíz de una ofensiva controlada. Un error individual de Daniel Torres fue todo el desequilibro que necesitó el Cali, y Santos Borré en particular, para convertir esa fase de dominio en gol.

Morelo no fue lo convenientemente sagaz

La tercera fase del partido inició con la reanudación. Santa Fe tomó una actitud mucho más controladora con balón y volvió a meter al Cali en su propio campo a la vez que evitaba contraataques. A pesar de ello, la falta de desborde penalizó sus opciones y la urgencia del marcador sugirió volver al plan inicial. Unos estelares Vargas y Seijas comenzaron a aparecer entre líneas y en la banda, respectivamente, y a través de su golpeo comenzaron a gotear ocasiones de gol una tras otra. El partido se abrió y si no llegaron más goles fue porque ni Santa Fe tiene un rematador excelso ni el Cali un lanzador contundente si no está Candelo. A veces el fútbol es tan simple como eso y no gana quien mejor juega si no quien tiene más calidad en las áreas. Ayer fue el Cali.

Pagaría por verte nuevamente

El Atanasio Girardot vivió una noche llena de emociones, errores, talento y goles, pero aun más de fútbol. Fue un partido de esos que siempre imaginamos cuando escuchamos decir que «es el partido de la fecha» y en esta ocasión lo fue. DIM y Cali fueron los protagonistas de una performance que deseamos revivir cada jornada.

DIM, como siempre, quiso ser el protagonista principal. Se hizo con la pelota y la movió bastante bien, excepto en el último tercio de la cancha, donde falla muchísimo al momento de buscar el pase final. Las transiciones de defensa-ataque fueron realmente buenas, Didier Moreno y la Goma Hernández retrasaban su posición para recoger la pelota y llevarla hasta los pies de Daniel Hernández, Cristian Marrugo o Hernán Hechalar. Del otro lado de la cancha esperaba un Cali bastante corto y que entregaba pocos espacios en línea defensiva.

Las pelotas detenidas son el dolor de cabeza de Hernán Torres

El 4-2-3-1 le permite tener al DIM por mucho tiempo el cuero y, de hecho, hace un buen uso de éste, pero al momento de intentar verticalizar y ejecutar el último pase, erran. Hay un excesivo uso del pase horizontal hasta tal punto de crear el espacio y no notarlo. Marrugo es quien mejor lanza verticalmente el pase al vacío, pero cuando lo hace ya es tarde y el rival ante la recuperación de pelota arma contragolpes peligrosos, pues, Medellín sube ambos laterales y los fija bien arriba costándole el retroceso. Ayer Cali no tomó ventaja de los metros cedidos por parte del DIM, pero sí lo hizo en el punto más flojo de los de Hernán: las pelotas detenidas.

Cali estando en ventaja 0-1 arriba defendió a placer. ‘Pecoso’ Castro armó un equipo para tener transiciones cortas y rápidas, a lo que planteó un 4-3-1-2 que tuvo a Andrés Pérez como mediocentro posicional recortando espacios laterales y hacia adelante que entregaron mucho equilibrio de la mano de Guazá y Cabezas. Juan David ha mejorado considerablemente en lo táctico, ahora cubre mejor los espacios y posee un poco más de precisión en los pases cortos. Los tres centrocampistas del Cali fueron el sostén y el puente entre defensa y ataque. En la primera línea defensiva Nasuti y Mera estuvieron impecables y brindaron seguridad en el juego aéreo, especialmente en los centros de costado -aunque fallaron dos veces-. En ataque la rapidez e inteligencia de los de arriba generó opciones claras desde el inicio. Mendieta lanzaba a Preciado y a Santos Borré. Los dos puntas movieron bastante bien a la defensa rival, pero no aprovecharon del todo los espacios de un DIM mandado al ataque.

Borré nuevamente fue el más claro de su equipo, adornó su partido con una joya de gol

«Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto». Proverbios 4:18. Si había una frase que pudiese resumir lo que pienso de Santos Borré sería este Proverbio que encontramos en la Biblia. Rafael es un jugador sobrenatural en el fútbol colombiano, la diferencia que marca entre los que juegan en su posición y él, es abismal. Los movimientos del barranquillero son tan buenos que en ocasiones creeríamos que deja en ridículo a los defensas, hasta tal punto de expresar, «¡qué regular es este central!». La culpa es de Santos Borré. Si pensábamos que el punto menos fuerte de Rafael era el remate de media distancia, ayer nos dejó con dudas. Colgó la pelota de un ángulo imposible para Silva. Sigue cumpliendo en cada partido y va dejando más detalles que nos llevan a pensar, entre otras cosas y tan temprano, cuál será el techo de un chico de tan solo 19 años que en cada jornada se nos escapa de lo que estamos acostumbrado. Sin duda, como la luz de la aurora, el nivel de Rafael Santos Borré va en aumento, resta esperar el día que alcance la perfección.

Con los cambios realizados por el cuerpo técnico de Hernán Torres su equipo encontró más espacios y tuvo mayor profundidad con la verticalidad de juego en los últimos 20 minutos. Juan David Pérez y Brayan Angulo fueron piezas claves para que DIM lograra adquirir un juego más directo y conveniente para el comportamiento tímido de los del ‘Pecoso’, a quienes les cuesta administrar casi siempre la ventaja. Al final, Medellín tras dos pelotas detenidas, encontró el empate en su debilidad. Nos queda en la retina un partido emocionante y con un fútbol vistoso por ambas escuadras, y dos equipos que podrían encontrarse más adelante en busca del título.

Superioridad diluida

La derrota ante el Barcelona por Copa Libertadores causó mella. Atlético Nacional domina desde hace varios años el fútbol colombiano basado en una superioridad táctica marcada por un ritmo tan alto para lo que es el rentado nacional que ningún equipo lo puede alcanzar. Cuando Nacional prende la máquina, los contrarios tienen que luchar con la inferioridad. Ayer ante el Cali algo de eso se vio, Nacional jugaba muy rápido, tomaba decisiones a una velocidad que su rival no podía leer, a la que no se lograba adaptar, pero había algo extraño: Nacional no se tenía confianza con balón. Jugaban rápido, pero no tomaban decisiones con pelota que causaran daño. El Cali sobrevivió.

Nacional tiene ventaja sistemática en el fútbol colombiano

Nacional salió al campo con un 3-3-1-3 ya característico, mientras que el Cali volvió a abrir a Candelo y Mendieta en las bandas, ajustado en un 4-2-2-2 que se volvía 4-3-1-2 cuando el equipo defendía. No jugaba Andrés Pérez ni tampoco Quintero, los dos futbolistas que mejor sacan el balón desde atrás en el equipo azucarero, y eso marcó la primera parte del juego. El Cali, que es un equipo bastante lento, estaba entumecido por la velocidad con la que Nacional ocupaba los espacios en transición defensiva y no lograba salir de su campo. Candelo, que es el jugador más creativo del equipo, decidió entonces bajar a su propio campo para lanzar los ataques. Esa decisión, aunque le permitió al Cali escapar un par de veces de la presión verdolaga, significó que no había nadie que recibiera a espaldas del mediocampo de Nacional. Helibelton Palacios leyó el problema y comenzó a tirar rupturas larguísimas para recibir por detrás del carrilero izquierdo de Nacional. La conexión Candelo-Palacios sirvió para que el Cali recuperara confianza: había escapatoria; sin embargo, su impacto futbolístico fue poco. Nacional seguía teniendo ventaja basado en un movimiento arriesgado, pero que funcionaba: uno de los tres centrales daba un paso hacia adelante y se posesionaba a modo de puente entre defensa y mediocampo, casi como un mediocentro, generando una superioridad por dentro que, junto con la decisión de Yerson de retroceder su posición, formaba un bloque que el Cali nunca logró superar.

Entonces apareció Rafael Santos Borré. El delantero costeño tiene una capacidad única para detectar las zonas débiles de los sistemas defensivos y los ataca con veneno. Una vez entendió que Nacional despoblaba la zaga para sumar en mediocampo, y que la espalda de los carrileros era un un jardín, Borré comenzó a tirar diagonales hacia las zonas deshabitadas, a mover la defensa y a mostrarle a los suyos cuál era el camino. Fue tan determinante su juego sin pelota que creó ocasiones de gol y obligó a Nacional a desactivar su movimiento puente para tener más efectivos contra Borré. La superioridad de Nacional se diluyó, la confianza del Cali aumentó y Borré se aprovechó de eso. Comenzó a combinar rupturas con apoyos muy largos en zona de mediapuntas y ayudó a su equipo a transitar. El gol tardó poco en llegar.

Borré metió a los suyos en el partido

La segunda parte fue algo distinta. Osorio optó por bajar el ritmo para ganar más seguridad en el pase y así detener el fútbol del Cali. La decisión le funcionó y con la entrada de Sebastián Pérez, a quien no le fluye el fútbol, pero sí tiene técnica y personalidad para sumar con balón, Nacional se hizo con el balón, pero no creó ocasiones de verdad. En el momento más alto, logró meter al Cali contra su portería, pero le faltó calidad en los últimos toques. Castro, enfurecido, ordenó a lanzar la línea defensiva y lo de Nacional se acabó. La tentación de lanzar a espaldas de la defensa oscureció la visión del equipo y comenzaron a jugar en modo catapulta: verticalizar y verticalizar sin sentido. El Cali aprovechó para contraatacar y marcó dos goles más. Victoria muy merecida.

Ráfagas letales

En Palmaseca se vio un partido plagado de errores defensivos por parte del Cali y el Junior. El resultado fue un 3-2 con el que los vallecaucanos tomaron por asalto la tercera posición de la Liga. Por su parte, Junior llega a la mitad del torneo con 10 puntos de 24 posibles y se ubica en la posición 13.

Desde el principio, Junior dejó claras sus intenciones. Los dirigidos por Alexis Mendoza se hicieron del balón e intentaron acercarse al arco de Ernesto Hernández. En defensa, los barranquilleros estaban parados en un 1-4-3-1-2 y en ataque en un 1-4-2-2-2. El jugador que se movió mucho fue Juan Guillermo Domínguez. Él y Macnelly Torres comenzaron a mover los hilos de un equipo cuyos delanteros estaban ganando todos los balones largos que recibían y los centros altos que les enviaban. Así entonces, el 10 barranquillero envió un balón aéreo que rebotó en un central rival y que luego le quedó a Ovelar. El paraguayo abrió el marcador con un remate rastrero que Hernández no pudo atajar. 0-1 a favor del Junior.

Hasta ese momento, la ejecución del plan juniorista era eficiente

Llegó la primera ráfaga del Deportivo Cali. Con el resultado en contra, los dirigidos por Fernando Castro comenzaron a atacar por las bandas, en especial por la derecha. Palacios y Candelo comenzaron a asociarse y, como consecuencia de ello, empezaron a mandar centros. Borré tuvo la primera y una gran atajada de Viera evitó el gol. Después de eso, los azucareros siguieron enviando balones al área del rival y la figura del portero uruguayo del Junior se impuso. Sin embargo, un balón largo de Palacios para Fabra, que llegó a espaldas de Vélez, terminó en un centro que le quedó a Harold Preciado para que empatara frente al solitario arco del Junior, pues Sebastián Viera había salido mal a cubrir ese envío largo del lateral derecho del Cali. Era el 1-1.

Cuando los vallecaucanos empataron, el equipo rojiblanco ya había retomado el control del encuentro. Narváez y Celis se hicieron del medio del campo y recuperaron muchos balones. Junior se volvió a acercar al arco de Hernández y se puso al frente del marcador en una jugada de balón parado que terminó en un cabezazo de Toloza.

Los volantes junioristas jugaron sus mejores minutos juntos frente al Cali

Al minuto 49, Guillermo Celis se hizo expulsar y el partido cambió. En un principio, los rojiblancos aguantaron al rival y no lo dejaron ser profundo. Mendieta no aparecía y Candelo no estaba siendo claro. Mendoza había puesto en el centro del campo a Narváez, a Aguirre –que entró por Ovelar apenas comenzó el segundo tiempo- y a Domínguez. El problema estuvo cuando Bareiro agarró a Preciado y el árbitro pitó penalti.

El Cali empató y desde ahí comenzó su segunda ráfaga ofensiva. Candelo y Palacios superaron constantemente a Noguera, Mendieta probó de media distancia, Preciado y Borré tuvieron varias oportunidades pero Viera evitó el gol del Cali. Estas atajadas del uruguayo, sumadas a las del primer tiempo, lo hacían la figura del partido.

Ambos equipo presentaron problemas en el juego aéreo defensivo

A pesar de esto, los barranquilleros no resignaron sus oportunidades y, por medio de contraataques, estuvieron cerca de hacer el 2-3. Los envíos largos de Macnelly para Toloza le hicieron daño a un equipo que estaba jugado en ataque.

Al final, Toloza se hizo expulsar por protestar, Borré por haberse ganado la segunda amarilla en una falta en la mitad de la cancha y Bareiro por agarrar a Cristian Nasuti en el área al minuto 94. Miguel Murillo, que había entrado unos minutos antes, cobró y anotó el 3-2 definitivo. El partido fue emotivo y ambos equipos ofrecieron un espectáculo que, como se dijo en el Once Caldas vs Nacional, evidenció la evolución de la liga local.

Borré: «Siempre he tenido la capacidad de jugar en cualquier parte del frente de ataque»

El día que se realizó esta entrevista, Rafael Santos Borré había convertido cinco goles en sus últimos dos partidos. Un par de días después anotaría dos tantos ante el Cúcuta para un total de siete en tres juegos. Tiene edad de juvenil y su nombre ya está en boca de todo el mundo.

Peter Pan reverso

El fútbol colombiano tiene estas cosas. Es un fútbol que se presta para las exhibiciones de jóvenes maravillosos. La lista de niños que se convierten en hombres un día cualquiera es relativamente larga. En el Cali, que desde hace unos años es un equipo de niños cuidados por un par de espartanos, Andrés Pérez y alguno más, saben de qué va esto. Las galopadas y los goles de Muriel todavía retumban con eco en la mirada del hincha nostálgico. Lo de Borré es más mágico. Tiene el cuerpo de un adolescente y la cabeza de un veterano, casi como si fuese un Peter Pan reverso en la película Hook. Ayer fue el día en que Borré dejó de ser promesa y se convirtió en estrella de la liga. El partido… a continuación.

Borré se consagró con un hat-trick espectacular

Empezó el partido muy temprano. Millonarios marcó a los dos minutos, pero el gol tuvo cero influencia en el desarrollo del juego. El equipo de Lunari había planteado el partido desde un 3-4-1-2 con Insúa detrás de los puntas y por delante de la línea de cuatro mediocampistas. La idea era presionar muy arriba y aprovecharse de la lentitud crónica del Cali. Los de Castro cambiaron un poco el plan de los partidos anteriores. ‘Pecoso’ había estado insistiendo con un rombo que coronaba Candelo, pero el espectacular extremo del Cali no terminaba de afianzarse. Ayer, con un doble cinco detrás y con más libertad para ir a la banda, Candelo pudo tener influencia interna que su entrenador quiere y así generó el mejor fútbol del primer tiempo. La presión de Millonarios era alta y relativamente organizada, pero era fácilmente superada por la aparición de Candelo entre líneas. Candelo metía al Cali en campo contrario e inclinaba el mismo hacia portería azul. Borré y Palacios fueron los otros argumentos que sirvieron para que Cali superara el escenario táctico que planteaba Lunari. El primero desde desmarques de apoyo de mucha calidad y el segundo desde carreras potentísimas por banda.

Para hacer frente a esa situación, y aprovechando la coyuntura de la lesión de Henríquez, Lunari ingresó a Mosquera y cambió el dibujo del equipo, pasando a defender con cuatro atrás. La figura iba encaminada a evitar las salidas de los centrales a banda derecha, donde influían los tres mejores del Cali en la primera etapa, que dejaban descuidado el centro de la zaga. Ahí fue cuando empezó la verdadera exhibición de Borré, siendo el epicentro de la transición y la fase ofensiva de su equipo combinando desmarques de apoyo y de ruptura según la situación. Eso a nivel táctico. Luego vino la parte técnica. Cuando marcó el segundo de sus tres goles, Borré se infló de confianza y comenzó a dejar taconazos, controles y pases de paladar negro. Fútbol de quilates y mucha sapiencia, hay que decir. Su juego es de niño en lo visual, pero parece de jugador mayor en el fondo de sus intervenciones. Figurón.

Entrando al laberinto

El siempre bien recibido pitido inicial sonaba en el estadio Palogrande de la ciudad de Manizales. En el circulo central se movía la bola. Por lo tibio de los primeros minutos era casi imposible descifrar que el partido era importante. Once Caldas tomaba tímidamente la esférica pero sus avances contra el arco opita eran rápidamente controlados. La complejidad y las variantes defensivas del Atlético Huila detenían fácilmente los ataques del equipo albo.

Los jugadores del Once Caldas, presionados en varios sectores de la cancha al mismo tiempo, se veían angustiados, no sabían qué hacer con el balón. Una y otra vez entregaron mal el útil, alzaban la cabeza y la movían de un lado a otro buscando un receptor hacían carreras cortas de manera horizontal buscando retener la posesión pero finalmente se veían forzados a lanzar pases a zonas divididas o decididamente al azar, lo que causaba la pérdida del balón. Todo esto hay que agradecérselo al conjunto opita que, como viene siendo costumbre cuando juega de visitante, elaboro un detallado plan defensivo que le permitió controlar el partido.

Para clasificar, Huila debía ganar y esperar que Santa Fe no hiciera lo propio frente a Nacional

Los dirigidos por el “Pecoso” Castro ejercían una presión organizada en varios sectores de la cancha, pero en especial en la zona central para obligar al Once Caldas a atacar por banda donde se veían muy limitados por la línea de cal. Además, el equipo opita mudaba fácilmente su sistema defensivo, pasaba de defender con tres a usar una línea de cuatro con extrema facilidad, no sólo eso, también se atrevía a cambiar los intérpretes para cada puesto, así cuando tenían el esférico la línea de tres podía pasar fácilmente a ser conformada por Guazá, Díaz y Lozano, que hizo un excelente partido, para dar rienda suelta a los carrileros Perlaza y Murillo con la intención de atacar en bloque con varios hombres. Cuando el balón lo tenía el equipo albo, la defensa opita organizaba una rígida línea de cuatro con Diaz y Lozano como centrales, Perlaza de lateral derecho y Murillo de lateral izquierdo. A todo esto se le sumaba un mediocampo con muchísima recuperación formado por Guazá, Lerma y Córdoba. Para añadir más encrucijadas a la ya compleja defensa huilense Hechalar y Caicedo retrocedían constantemente para presionar la espalda de los rivales.

Lentamente el Atlético Huila adentró al Once Caldas en el laberinto, cuando los dirigidos por Flanio Torres intentaron salir para reinventarse lo único que encontraron fue a un rival que complejizaba cada vez más la llegada a su arco y que, además, cada vez estaba más cerca de la portería del conjunto albo. Tras unos 45 minutos en los que controló a través de la defensa el Atlético Huila salió a la segunda parte con la intención de adelantar líneas para conseguir el ansiado pase a la final del torneo. A pesar de ser muy prolijo en el ataque al equipo opita le bastó con una pelota parada y un error en la zaga rival para poner el partido 0-2 en tan sólo 8 minutos.

Los goles del Huila fueron anotados por Lozano y Hechalar, el del Once Caldas por Johan Arango

Al ver a su equipo tan lejos del arco rival Flabio Torres decidió poner en cancha a Johan Arango y Patricio Pérez. Estos lograron darle un vuelco al equipo, más con rebeldía y acciones individuales que por mejoría del sistema colectivo, en el final del partido. La defensa del Atlético Huila tuvo su único tramo anárquico y Johan Arango aprovechó un buen desborde de Fausto Obeso para poner el 1-2 que pudo haberse convertido en 2-2 cuando Arango y Perez combinaron en velocidad para que Johan quedara de cara al arco. Lastimosamente para el Once Caldas el balón fue al poste, 1-2 el resultado final. El conjunto opita cumplió una excelente campaña pero por el punto invisible se quedó por fuera de la final del fútbol colombiano.

El fortín opita

Desde que Fernando Castro tomó las riendas del Club Atlético Huila, el Estadio Guillermo Plazas Alcid se convirtió en un fortín del que ningún equipo ha logrado sacar 3 puntos. Atlético Nacional no fue la excepción en la quinta fecha de los cuadrangulares. Los locales ganaron 1-0 con un gol de Juan Fernando Caicedo y todavía cuentan con una chance clara de clasificar a la final. En Manizales se jugarán su última oportunidad de volver a una final después de 5 años.

Para jugar la final, Atlético Huila debe ganar y esperar que Santa Fe no lo haga en Medellín

El “Pecoso” mandó un 1-4-3-1-2 con el que buscó atorar la salida verdolaga, incomodar a los mediocampistas rivales cuando recibieran el esférico y aprovechar las recuperaciones rápidas de balón para generar oportunidades de gol. En efecto, 2 minutos fueron suficientes para que los opitas anotaran en el arco de Cristian Bonilla. Tras recuperar el útil, los atacantes del Huila aprovecharon su velocidad para atrapar a los defensores visitantes mal parados. Una triangulación perfecta entre Blanco, Hechalar y Caicedo fue suficiente para llegar al 1-0.

Con el resultado a su favor, Atlético Huila mantuvo el planteamiento inicial y estuvo cerca de aumentar el marcador. La presión ejercida por los atacantes locales empezó a surtir efecto. El problema que ha aquejado a Nacional durante todo el semestre se hizo evidente una vez más. Los opitas dominaron a su antojo el primer tiempo e hicieron ver muy mal al finalista sudamericano. Las intervenciones de Bonilla en el arco y de Alexis Henríquez en el área evitaron que su rival terminara el primer tiempo con más goles a favor.

De los once de hoy, Henríquez fue el único que jugó la final de la Copa Sudamericana

Caicedo se puso el overol y comenzó a trabajar. Él bajó hasta el centro del campo, comenzó las jugadas, tiró diagonales que le sirvieron a su equipo y, con la ayuda de sus compañeros, desarticuló la medular verdolaga. Si bien es cierto que Diego Arias estuvo muy solo porque Pérez y Valoy no estaban bajando a hacer bien los apoyos, el Huila mostró un juego fluido, preciso e inteligente.

En el segundo tiempo, los opitas se replegaron y le dieron el balón a Nacional. Con su 1-3-3-1-3, Osorio buscó las bandas para hacer daño desde allí. Sin embargo, Guisao y Valencia no desbordaron, razón por la cual los centros fueron una constante que le facilitó todo al rival. Los verdolagas estaban desconcertados y tuvieron una noche oscura. Atlético Huila ganó con autoridad y se consolidó como la sorpresa del torneo. En su fortín, el equipo del Fernando Castro hizo la tarea y sacó 7 de 9 en los cuadrangulares y dejó abierto el grupo. Medellín todavía no tiene rival.