Santos sin sosiego

Deportivo Cali se proclamó campeón en el primer semestre sin contar con Rafael Santos Borré en el tramo final y decisivo de la competición. Concretado el título algunos afirmarían que su ausencia no se sintió y alguna que otra señal adornada de inequívoca. Lo cierto es que tras una actuación imperial de su parte empezó a tejerse la novena en el escudo de la institución verde y blanca. Ayer redondeó una actuación que sólo confirma la aventura que para él significa el juego.

El amanecer del partido decantó el desarrollo

Uniautónoma no terminaba de salir de los vestuarios y ya se encontraba con dos goles en contra que anticipaban una noche hostil, angustiante. El filo del botín de Candelo rozó la pelota y plagó de caricias a Preciado y Borré que terminaron de sonreírle a la red en un acto de contundencia y pragmatismo. El ir ganando en el amanecer del encuentro obligó a los de Giovanni Hernández a atreverse e intentarlo, cosa que lograron en gran parte porque en la faceta defensiva el comportamiento de los del Pecoso dejó fugas para un Víctor Cortés inquietante y peligroso. No siempre en la victoria todo es color rosa. Eso sí, cuando la esperanza costeña avivaba su fuego la luz de la aurora emergió y no paró de centellear.

Borré resalta el estilo ofensivo del Cali

El fútbol contempla muchas opciones, pero va en el camino con una ruta y consigna nítida: marcar goles. Aquí Rafael Santos Borré mostró la facilidad para embocarla dentro del marco cada vez que se lo propuso y que para esta ocasión tuvo que sufrir Uniautónoma. Una vez quisieron ponerse en clave remontada, Uniautónoma padeció los quilates que carga sobre cada guayo, decisión y remate el Peter Pan Reverso del fútbol colombiano. Sus andaduras sobre el área rival, desde la banda, partiendo en la bomba central y más permitieron a los suyos encadenar acciones de colección. El 3-1 escenifica a la perfección la escena majestuosa que brindó el niño genio.

El techo en cuanto a rendimiento futbolístico sigue planteando preguntas a las que Borré responde con sabiduría, temple y calidad. Debo confesarlo porque no sabía si escribir sobre el partido o enfocarme en su actuación que fue arrolladora. La vida será siempre bella para el Deportivo Cali si Borré dice presente, pues su inspiración es dictatorial.

Primavera de canteranos

Bendito fue el día en que los ojos se postraron sobre esa máquina productora de recursos de altísima calidad llamada cantera. No había que importar ni mirar hacia comarcas nacionales para buscar alguna solución hecha jugador. Fernando Pecoso Castro, como mínimo, requiere acompañar a cada efectivo canterano. Estos emergen a tan alta presión que cuando deben jugar, mostrarse, decidir y algo más, lo toman como asunto de cotidianidad. Natural.

No obstante, es cierto que al Deportivo Cali le cuesta mucho poner la primera marcha en el inicio de cada campeonato. La idea, que en este caso ya está creada y con detalles, siempre necesita de un par de partidos para florecer y no dejar de dar frutos. Contra Equidad, y en muchos momentos del juego, se percibieron desajustes defensivos que el conjunto de Santiago Escobar no terminó de ver por la ansiedad a la hora de finalizar las jugadas. Siempre estuvieron cerca y acechando el gol, pues hicieron más por el partido, pero un paso previo errático les impedía vulnerar a Hernández.

Equidad dominó la pelota, pero su efectividad fue muy baja

Tanto Villota como Restrepo y Barreto hicieron del balón su juguete de mano. Lo movían con plena comodidad y velocidad. Añadido a ello, los movimientos de Jean Carlo Blanco proporcionaban explosión y espacios que –como se dijo antes– no tenían el destino final por la mala elección en el último tramo tan importante y decisivo de las acciones. El golpe de contundencia no lo podían dar y en esas apareció la silueta de Preciado delineada por Candelo para decir presente y subirse en el marcador. Eso sí, en el tablero se dibujó un 1-1 antes del descanso por un gol en contra de Nasuti. Paridad que coincidía con el rendimiento visto.

La igualdad refrescó a los aseguradores, que para el segundo tiempo fueron propositivos, llevaron a cabo una presión ardua con Leudo como abanderado y superaron de entrada al Deportivo Cali. El juego de Equidad aqueja una dolencia ya familiar: incapacidad para dar la estocada al buen juego que ejecuta. Con un Villota tan participativo, Equidad aseguraba tenencia y control; además de una administración plagada de talento. Su retiro del gramado terminó con el martirio para el conjunto verdiblanco que, para el remate del partido, hizo mucho mejor las cosas gracias a la solidez y seguridad que sumó al ser Mera el lateral izquierdo.

Cuando todo parecía quedar en tablas vino una realización canterana de inicio a fin para sentenciar el partido en los pies de Nicolás Benedetti. El joven volante resolvió con suma tranquilidad, simpleza y calidad al palo más lejano de Bonilla y puso el empaque de triunfo a un partido complicado. Momento majestuoso que ratifica el poder de unas fuerzas básicas que ya dieron fruto y seguro adornarán el camino con su esplendor.

El Deportivo Cali de Fernando Castro

El sorpresivo Deportivo Cali campeón fue el de Fernando Castro. El del anhelo hecho realidad. El sueño canterano en paisaje de victoria. El 4-2-2-2 de la gesta, del andarivel derecho como dardo. La consagración, de una vez por todas, de Andrés Pérez y su amor furibundo. De sus manos nació lo que hoy se recuerda tanto: la novena estrella. El brillo estelar no asomaba a los predios azucareros desde 2005. Fue justo en el año que corre, y tras su arribo, que se pensó en las cualidades de una especie de ilustra botas para lograrlo. Carisma, sentido de pertenencia y convicción. La idea fue lanzarse a competir con un proyecto que nació hace 40 años: la cantera. Él, ávido de revancha, creyó que se podía, se echó agua en la cara y se puso los cortos. No había otro obrero más indicado.

“Debemos formar un equipo que represente el sentir de la gente”, declaró tras su llegada mientras se desabotonaba una camiseta a cuadros para lucir la casaca del Deportivo Cali que llevaba de fondo. Ya estaba en la entraña del club e hinchada, pero quería que el pergamino tuviese una leyenda única. No dormía. Quería impregnar a los jóvenes de su sabiduría y picardía. Trituremos el mito, les dijo mientras la mirada de ellos no tenía otro destino que su rostro. Los jugadores, asombrados, tardaron en comprender que sus palabras no eran utopía. Demoraron pero saborearon cada palabra para darle giro a la tuerca tras el 5-1 a Millonarios. Ahí comenzaron la escalada que terminó de dar su paso definitivo al coronar la montaña. Ahora quedan nuevas crestas que, seguramente, Pecoso tratará de luchar para ascenderlas. En el equipaje ya hay credibilidad, además de alegría y entusiasmo. Guía de unos infantes con los que ha esculpido un equipo a su semejanza.

Invitación de calidad

El fútbol es un escenario que aguarda a que los hechos menos esperados se produzcan. Impregnado de un encanto único da lugar a que todos puedan disfrutar de su arte. Unos más y otros menos, pero a fin de cuentas el goteo mágico llega a todos. Los secretos se difunden sin esperar a que el baúl encuentre la llave adecuada. No da tiempo de abrir y cerrar los ojos ante cada novedad. Siempre llega el momento y John Fredy Pérez lo puede retratar. Emergió como un obsequio estimulante que Fernando Castro no dudo en asir.

El Deportivo Cali de Fernando Castro con Candelo siempre tuvo un lanzador para sus insaciables delanteros. Contó –y cuenta– con jugadores explosivos, insistentes y habilidosos. Lució una banda derecha imponderable. Pero, aún con ese compendio de cosas positivas, el equipo exigía un timbre luminoso ante situaciones extremas. Cuando en los partidos apareció la puerta indescifrable que requería un toque diferencial, una pausa, una pizca de imaginación; todo tendió a ser negro. Envigado, Huila y Patriotas lo pueden biografiar. Incluso el Cortuluá de Jaime De la Pava. No contar con espacios en campo rival llevó a la previsibilidad, al ser plano. Esto, sumado al sufrimiento de la esporádica presencia de Borré en el plantel debido a sus llamados a la absoluta sub-20, hizo que la propuesta ofensiva se ahogara ante equipos sólidos, cerrados, ordenados y compactos. Cuestión que, a priori, debería contrarrestarse. ¿Por qué razón? Simple: la presencia de John Pérez.

El volante bumangués, al que le gusta retener la pelota al igual que soltarla a un toque cuando sea necesario, se suma a la estructura azucarera como una polea necesaria para destrabar partidos. Resulta ser una especie de aceita tres en uno que agrega fluidez a la circulación. Talento causante de grietas en el rival debido a la magia que atesora en sus botas. Sus cualidades, implementadas al poseer la pelota, lograrán que los suyos no pequen de lentitud en ataque posicional y sí se satisfagan de sorpresa, verticalidad y ese último toque que sabe a gloria. Combinar en campo rival, sobre el tapiz, no debería verse como una circunstancia difícil si al ‘10’ se le permite maniobrar. De tener espacios en la frontal garantizará que su golpe reluzca sobre la mesa para dictar una resolución irrefutable.

El volante santandereano tiene un buen pie que racionaliza las posesiones. Acelera y da pausa a gusto pese a no tener una lectura privilegiada. Controla y organiza. Tendrá inconvenientes en su juego, pero no son de tal significancia para impedir que se adecue al contexto colectivo del que dispondrá el Pecoso. Mejor dicho, sus soluciones en el juego aumentarán las alternativas cuando la petición sea asociarse, lograr profundidad y crear opciones. No tendría problema en recoger la pelota sobre el círculo central, atar fichas, correr y crear una situación de peligro a favor.

Solo hay un tinte en su transitar y es el afán futbolístico de ser todo cuando su equipo tiene la posesión. Este desenfreno por acaparar lleva a que no explote su inteligencia sin el traje de orientador que le otorga la pecosa. Cuando siente que las condiciones de las recepciones son perjudiciales se excede en el retroceso posicional y sus decisiones, aunque ayudan al progreso, descienden en agresividad, pues, además de estar alejado de su zona de influencia, resta en el riesgo del pase, porque no hay mayor cosa que le cause bienestar que hacer una entrega segura.

¿Será el guía preponderante que Deportivo Cali anhela desde hace ya un buen tiempo? ¿Podrá el equipo sostenerse en él cuando el horizonte en los 90 minutos intente desvanecerse? Desde la inmediatez podríamos decir que John Pérez no reparará en calzarse el overol para protagonizar partidos de alto rendimiento, pues como se expuso anteriormente en el texto, sus controles dirigidos, maniobras sustanciales y remates en campo rival desde cualquier distancia le permiten sentirse capaz de cualquier cosa.

«Hace rato quería estar en la primera división”, declaró a un medio nacional. Llegó a jugar en la segunda división y lo hizo demostrando una habilidad que se tenía que haber conocido con más frecuencia en los focos que ofrece la Liga. Ahora en el Deportivo Cali tiene una ocasión sumamente grata para que se le conozca más a fondo. Llega al campeón y deberá escalar nuevos retos de mayor exigencia en los que, seguramente, tendrá amarrados los guantes para superarlos.

Cuidado: ¡niños jugando!

El fútbol colombiano vivió de un semestre exótico, con partidos rebosantes de emociones y jugadores que dejaron ver de qué están hechos. Quizá haya sido el semestre con el nivel futbolístico más alto de los últimos años; los playoffs así lo confirmaron. La expectativa para conocer quién iba a ser el nuevo campeón crecía y tan sólo quedaban 90 minutos.

El DIM de espalda al arco

Leonel Álvarez abandonó el Palmaseca algo jocoso. Por su parte, Fernando Castro asistió a la sala de prensa más serio de lo habitual. Lo acontecido en la primera final de Liga hizo mella en el entrenador del Deportivo Cali a pesar de la victoria. No es para menos. Después de una primera mitad abrumadora por parte del equipo del Pecoso, el 1-0 resulta un muy mal premio de consolación.

El Deportivo Cali saltó a la cancha del Palmaseca dispuesto a jugar al fútbol, algo que no es obvio cuando se trata de una final. Dispuesto, convencido de su juego y atento a las claves para contrarrestar al Medellín. Fueron unos 45 minutos en los que el Cali cumplió cabalmente el plan necesario para anular al DIM. ¿De qué plan hablamos? Hablamos de un plan que priorice la posesión del balón lejos de Juan Fernando Caicedo y Juan David Pérez. Lo anterior; primero, porque al doble pivote entre Jherson Córdoba y Didier Moreno le cuesta ocupar espacios en defensa; segundo, porque conservar el balón lejos de la delantera del DIM es la forma de mantener a raya a una ofensiva que crea peligro casi sin esfuerzo.

El ataque del Cali es muestra de su gran despliegue

Esto lo supo y lo aplicó el Deportivo Cali. Yerson Candelo confirmó el poderío del Cali por la banda derecha lanzando a Harold Preciado y Helibelton Palacios, lateral de mucha profundidad. También se sumó Andrés Felipe Roa cambiando de orientación para Frank Fabra, otro lateral profundo que, junto con Palacios, certifica el despliegue del Deportivo Cali en ataque y su potencial para generar situaciones de riesgo.

La segunda parte del plan defensivo del Cali también fue bastante meritoria. Fernando Castro no apostó por una superioridad numérica para controlar al tridente ofensivo del DIM. Por el contrario, no tuvo inconveniente en proponer duelos hombre-a-hombre. Ahí estuvo la superioridad del Cali: las marcas sobre Marrugo, Caicedo, Hechalar y Pérez obligaron al Medellín a recibir siempre de espalda al arco contrario. Lo mejor de todo: Cali defendía con los jugadores necesarios y, cuando recuperaba el balón, tenía mínimo cuatro hombres arriba. El escenario era aún mejor dadas las certezas que poco a poco va brindando Harold Preciado como receptor de contraataques. El Deportivo Cali tuvo un primer tiempo redondo.

El cambio de esquema del DIM potenció lo mejor de Hechalar y Pérez: su llegada al área

Pero el plan del Cali se fue diluyendo a partir del ingreso de Hernán Pertuz y el paso al 5-4-1 del DIM, un esquema que le dio total libertad a Vladimir Marín para pasar al ataque y estirar la cancha. El resultado fue la apertura de espacios en el centro y la activación de Christian Marrugo, Hernán Hechalar y Juan David Pérez. Las cosas mejoraron para el DIM. Desde entonces, los de Leonel Álvarez al menos encontraban espacios para sus transiciones ofensivas.

El partido de ida de la Final de Liga no fue la excepción a la capacidad productiva del Deportivo Cali. Sumado a esto, el equipo de Fernando Castro contrarrestó perfectamente al DIM durante 45 minutos. Parecía muy difícil para Leonel Álvarez recomponer a su equipo. El hecho de que el DIM haya resurgido luego de un primer tiempo tan pobre deja un sin sabor en Palmaseca. La cara de Fernando Castro, finalizado el encuentro, lo dice todo: el Pecoso teme sumarse a la lista de quienes no hallaron respuesta para doblegar al DIM. Para fortuna nuestra, aún quedan 90 minutos para conocer el desenlace.

Lenguaje ofensivo en la recta final

En la historia de los torneos cortos no hemos vivenciado una final en el fútbol profesional colombiano entre Deportivo Cali e Independiente Medellín. La peculiaridad añade el factor de ser una llave inédita. Lo que nos lleva a enmarcar que dicho partido, por lo representado, será un duelo ‘sacachispas’. Sin ningún tipo de favoritismo y con dos técnicos que viven el fútbol al límite.

Las piezas claves de los dos equipos se han conocido en sus mejores presentaciones durante el torneo. Independiente Medellín atesora en su nómina jugadores talentosos. Uno de ellos es Marrugo al cual dos perros de cacería y enamorados estarán atentos para que no esparza su magia. Si no lo logran, el efecto será mayúsculo, ya que Christian consigue efectuar pases magistrales que ponen a sus delanteros certeros, móviles y sagaces, casi siempre en situación de gol. Lo igualan pocos y cuenta con fichas que pisan el área de forma extraordinaria. Es una suerte de ‘10’ poético cuando la mina de su pie está afilada. Pérez y Caicedo se deleitan con su literatura futbolística, pues saben que ese tipo de jugadores están en extinción, aunque todavía se resistan y quieran disolver la idea de nuestras mentes.

Preciado es la (semi)culminación intuitiva del Cali sin Borré

Si Fernando Pecoso Castro continúa con su terquedad –que no se piense que terco es algo negativo–, es decir, teniendo la convicción de atacar, de ir arriba, cuenta con elementos trascendentales para que su ataque germine. El principal, por supuesto, es Preciado. La capacidad de Harold para aguantar, chocar, no renunciar a ninguna pelota y meter a los suyos en campo contrario es un arma que escasea en la liga. Luego, está Candelo, figura que potencia al mencionado delantero con sus lanzamientos. De encontrar acierto, la pierna derecha de Yerson puede rasgar entre líneas al equipo de Leonel. Lo que implicaría mayor vigilancia y estacionamiento de Marín, enfrentándose al flanco de ataque preferido por los vestidos de verde.

Por último, y sin restarle méritos por mencionarle ahora, se encuentra Andrés Felipe Roa. Llegó para este semestre y en instancias definitivas, como si nada, tomó la titular. Fue ese aire que da potencia al velero cuando el mar está agitado e invencible. Fernando confió en él en detrimento de Mendieta e hizo ver, como con el equipo, que no siempre la experiencia es criterio de elección. Y no lo es porque Roa condiciona todo. Lo hace por una capacidad –si se quiere–: perseverancia. Es el fiel reflejo en el campo de aquella frase que dice que “una gota no rompe una piedra por su fuerza, sino por su constancia”. No desfallece aunque haga miles de cosas y todas les salgan mal. Acciones que inician, la mayoría, porque es Roa quien viste de cazador furtivo de segundas jugadas.

El DIM deberá reformular su defensa interior sobre Roa

Independiente Medellín debe referenciar con un binóculo a Andrés Felipe. Eso sí, puede que ni le enfoque, o que este no siembre y coseche, pero sus caídas a espaldas del doble pivote y conducciones, en fusión con su atrevimiento y técnica para golpear y pasar, son virtudes a considerar para Hernández, Didier, Jherson o quién esté. La libertad concedida por Fernando ha sabido a miel. Es un gozad que los partidos son cortos como la vida. Cosa que disfruta Roa, sin ser la maravilla, jugando en el césped con el mismo descaro que lo hacía en la arena.

Roa ve en el Pecoso un padre, como todos los hicos, pero sigue desobedeciéndolo al tener pérdidas que empujan al colectivo al abismo. No siempre elige lo mejor para la jugada por querer sobresalir. Peca de individualismo y la excesiva obsesión por la redonda. Jugar a uno o dos toques, que lo sabe hacer, sería un artefacto dañino que contempla pólvora fina con Preciado y Casierra.

En teoría, nos encontramos ante una final pareja. La sobriedad del equipo de Leonel para jugar a ras de piso y construir a partir de la pelota, todo a una circulación inconstante, enfrentada al espíritu de un equipo joven y batallador que lucha cada partido repitiendo en sus mentes los versos de sacrificio hechos por Fernando. Chocan dos equipos eléctricos. Es complejo vislumbrar la balanza inclinada hacia algún lado. Será una final apasionante, de principio a fin. Sólo queda esperar a que los ojos disfruten y nuestras mentes se deleiten. Motivos los habrá. Es una Final. Es fútbol; es fútbol colombiano.

La delgada línea azul

Clasificó el Cali mediante los tiros desde el punto penal, pero su producción ofensiva bien debió haberle valido para acceder a la Final en los 90 minutos reglamentarios. Fueron superiores durante casi todo el transcurso del juego y generaron suficiente como para haber ganando con comodidad. No lo hicieron porque Luis Delgado estuvo estupendo bajo palos y porque sus delanteros estuvieron poco precisos en situaciones en las que el gol debía ser insalvable.

Cali fue mejor que Millonarios y pudo golear

Millonarios no jugó mal. De hecho, sostuvo bien el principal foco de ataque del Cali durante todo el encuentro. El Cali no desbordó a Millonarios con su fútbol habitual a pesar de que, a priori, el equipo azul es una víctima perfecta para sus principales virtudes. Eso es de aplaudir. El Cali suele utilizar su banda derecha para desordenar y lanzar sus ataques, apoyándose en el triunvirato que forman Palacios, Candelo y Preciado. Lunari decidió invertir en Cadavid como lateral por esa zona y en ayudas constates de su trío de mediocampistas, que se volcaba descaradamente a su lado izquierdo, dejando el otro sector del campo muy desprotegido, hecho que ayudó a que Andrés Roa firmara una actuación formidable. El resultado fue que Candelo nunca pudo sumar en campo contrario, que Palacios casi nunca se proyectó y que Preciado entró poco en el juego medio. Millonarios sujetó bien y obligó al Cali a jugar un fútbol hiper directo, con Candelo lanzando casi desde la posición de lateral derecho. Y ahí ganaron el partido. La línea defensiva azul estuvo esperpéntico, perdieron prácticamente todos los duelos aéreos con unos voluntariosos Casierra y Preciado, cargando especialmente contra Gabriel Díaz. El Cali así trazaba sus ataques y como Roa estaba siempre libre, ganaba muchas segundas jugadas y podía crear peligro. Como consecuencia, el Cali provocó un montón de situaciones de gol y exigieron a Delgado de todas las formas posibles.

La tendencia se mantuvo hasta la entrada de Mayer Candelo. Con él en el campo, Millonarios logró hilvanar varias jugadas en campo rival, sostuvo el balón, hizo correr al Cali y se metió en el partido. El cuadro azucarero sufrió por su exceso de intensidad sin recompensa en los primeros sesenta minutos y entregó el control del juego a Millonarios, esperando meter algún contraataque. En ese escenario emergió también un muy activo Maxi Nuñez, quien tuvo en sus botas las últimas acciones peligrosas del partido. Al final se impuso el Cali en los penaltis y es justo finalista.

Choque de sinergias

Ayer El Campín presenció un duelo a la altura de las circunstancias como hace mucho no sucedía, en todo el sentido de la expresión. Millonarios y el Deportivo Cali atravesaron, cada uno por pasajes, estados de máxima tensión competitiva, reflejada en la intensidad del movimiento de sus futbolistas. Del lado embajador, Fernando Uribe y Mayer Candelo llevaron la bandera. Los azucareros, por su parte, vivieron y sobrevivieron a lomos de un Andrés Pérez imperial. Todo un envite de semifinales que no defraudó a nadie.

Para esta ida de la eliminatoria, Lunari alineó a los de siempre excepto por Machado y Agudelo, quienes fueron reemplazados por Mosquera y Tello respectivamente. El Pecoso Castro, mientras tanto, envió al campo su línea defensiva habitual, más un centro del campo conformado por Andrés Pérez de mediocentro, Kevin Balanta y Yerson Candelo de interiores, y Andrés Felipe Roa de mediapunta. Arriba estuvieron Murillo y Preciado. Ambos técnicos dibujaron su 4-4-2 en rombo del día a día. Las bajas más sonadas en ambos equipos eran Jonathan Agudelo y Rafael Santos Borré, ya que sus ausencias restaban cosas parecidas a sus respectivos conjuntos: profundidad cimentada en buenos movimientos por delante de la pelota.

Millonarios hizo muy ancho el campo al inicio

El partido comenzó marcado por la presión adelantada del Cali, de la cual Millonarios escapaba a través de la amplitud de sus laterales e interiores para poder generar espacio por dentro. El equipo visitante no llegaba a los costados, y los locales lograban sacar muchos centros, sobre todo por el flanco de Frank Fabra. En el área esperaba nada menos que el goleador absoluto de la Liga. El desarrollo pintaba más azul, pero ello no se reflejó rápido en el electrónico, sobre todo, por el poco acierto de Edier Tello en los toques definitivos hasta su pase flotado para Uribe, que terminó en penalti, expulsión de Nasuti y 1-0. Tres minutos después llegó el empate, producto de un descuido del centro del campo de Millonarios y un gran envío de Andrés Pérez, quien ya comenzaba a avisar.

Fernando Castro, luego de quedarse con un hombre menos, ajustó enviando a Helibelton Palacios al eje de la zaga y situando a Yerson Candelo como lateral derecho, posición que hasta hace poco era toda suya en el Cali de Leonel Álvarez. Andrés Felipe Roa se paró de interior, y así estuvo el Cali buena parte del juego, con un 4-3-2. La conexión entre el centro del campo y la delantera, por lo menos con pases cortos, fue casi inexistente.

Andrés Pérez: 10 recuperaciones, 3/3 entradas, 4 intercepciones, 87% pases

Habría que ver si en la segunda parte Ricardo Lunari, al ver de la superioridad numérica, decidía mover ficha para acentuar el dominio de su equipo con la pelota a sabiendas de que el Cali replegaría cerca de su portero. Sin embargo, el técnico argentino no tocó nada para el inicio del período complementario. Ese fue el pasaje de más comodidad para los visitantes. Millonarios controlaba la pelota pero no creaba peligro. Esto se puede explicar porque la capacidad de desborde individual de los centrocampistas azules es poca y Federico Insúa no es de activar muchas cosas de forma constante a través de sus pases. El Cali se adelantó en el marcador con un golazo de Pérez y transmitió más peligro que nunca en el partido. Lunari quiso cuidarse, pidió sosiego, pero lo que pasó fue que los suyos bajaron la intensidad y sólo el 1-2 los despertó de un corto pero fatal letargo. Uribe, hoy por hoy la gran figura ofensiva del torneo gracias a sus movimientos incesantes, contestó con un testarazo espectacular a los pocos minutos tras uno de los muchos desmarques de ruptura más centros que ejecutó sin parar Maxi Núñez tras su entrada. 2-2.

Empezó entonces la exhibición de Mayer Candelo. Se movió por todas partes con la pelota, y con él se movía Millonarios. Como si él fuese un imán y los demás jugadores de Millonarios piezas de metal. El Pecoso resolvió empotrarse en su parcela de campo con un 4-4-1 y firmar el 2-2. Y casi lo logra, pero el ‘10’ ex-Cali la colgó del ángulo a falta de dos minutos bajo la delgada y molesta lluvia que ya caía en Bogotá. El domingo, en el Palmaseca, se jugará la vuelta y se conocerá al finalista. Partidazo.

Juerga de goles y representaciones

Adentrándonos en el análisis del partido, de lleno, vaya diversión el Nacional-Cali. Dejó de todo por todo en todos. Asumió los galones Fernando Castro y se encomendó a un plan que extrajo sus frutos en detrimento de imprecisiones. Creyó que no los tendría y erró. Juan Carlos Osorio, otro día más, ejecutando mal la dirección de campo y regalando ventajas. En definitiva, sinfín de material táctico.

Sorprendió el Cali con su excelente presión

Osorio quiso arriesgar y proponer desde el primer segundo. Ordenó un curioso 3-2-1-4 con Berrío y Copete en la misma línea de Ruiz-Duque. Su modelo parecía tener lógica, puesto que jugó sin carrileros natos y anchó el equipo en campo propio para rellenar todos los espacios. Nájera y Murillo se abrieron, Henríquez sobrando y Palomino-Díaz entrerrenglones. No obstante, el fútbol no es de números y en su atípico sistema volvió a fallar. Nacional defendió con cinco (más Vargas) y atacó con la misma cantidad; básicamente así se plantó Osorio. A todo esto, Castro emparejó la salida rival, quien tuvo mayormente el balón, menos a Palomino, dejándolo aparentemente libre. ¿Por qué emparejar al resto y no a Jairo? Palomino es el futbolista que peor lee las salidas a lo que se refiere a movilidad para abrir líneas de pase, orientación corporal y pase ascendente. Así llegó el 0-1 del Cali, en una salida donde él se confió del pase de su defensor, giró antes de la recepción y Roa, súper astuto, robó el esférico, cambió el rimo y batió a Vargas.

El Cali jamás alteró su plan presionante. Tenían claro qué hacer y la confianza en el planteamiento aumentó con la cantidad de ocasiones fabricadas robando en campo adversario. Lo curioso fue que Nacional, pese a contar en ataque con Ruiz y Duque, jamás los buscó directamente. Ni siquiera los halló. Todo era a ras de piso, jugar con fuego, con la sangre hirviendo, y el Cali endulzándose. Sin embargo, como Nacional únicamente defendía con cinco futbolistas de campo, las pérdidas verdolagas eran igual de autovenenosas en cualquier zona, con Candelo de lanzador. Sin Santos Borré y con Murillo, las transiciones del Cali no tenían la máxima fuerza y velocidad: Murillo las ralentizó y, hasta la segunda parte, ni una sola ventaja creó. Preciado civilizó los pases largos de Candelo mezclando desmarques de ruptura y diagonales largas.

Osorio volvió a errar y Castro se sobreexcitó

Nacional tímidamente racionó espacios para activar a los atacantes con un pase, pero más inteligente fue el Cali. Pecoso logró dejar varios futbolistas en fase defensiva, por detrás de la primera línea de presión, a expensas de una opresión individual y recia. Ante este mérito azucarero y Berrío y Copete recibiendo en estático, mas no al espacio, el mismo Osorio se encerró. Nacional consiguió anotar tres tantos porque los hombres de banda del Cali nunca cerraron a tiempo los centros laterales y por una exquisitez de Luis Carlos Ruiz. De lo contrario, goleada y eliminatoria cerrada. Y en este aspecto tiene mucha culpa el Cali que no fue paciente y sereno. Fue superior en intensidad, sí, aunque ellos necesitaron entregarle al partido un ritmo menor en pos de impacientar a Nacional y no dejarlo reaccionar inmediatamente. Mantuvieron un plan por 90 minutos sin modificaciones ni tampoco variaciones, y esto originó la juerga de goles y representaciones.

Qué fácil lo hizo ver Fernando Castro y qué fácil lo deshizo.