¿Ruiz e Ibargüen?

Hablar de mecanismos y automatismos naturales a esta altura del año no queda nada bien. De hecho, la fluidez de los movimientos y la coordinación de los comportamientos no es la misma en enero que en mayo, por ejemplo. Sin embargo, quien más evidenció en la Superliga tener las ideas claras fue el Atlético Nacional de Reinaldo Rueda. Y sin varios de sus titulares y estandartes del último año.

El buque de Rueda

La estrategia del ‘Pecoso’ Castro era competir desde el primer minuto a hombros de un envión alto en ritmo que le permitiera incomodar y sacar del libreto a Atlético Nacional. De esta manera iba a propiciar ventajas en los espacios que dejaría un equipo, a priori, más dispuesto a la creación que a las transiciones.

Para llevarla a cabo inició en el mediocampo con un trivote conformado por Andrés Pérez, Carlos Rentería y Kevin Balanta. Andrés Felipe Roa completaba el rombo como vértice adelantado; y los dos puntas, Mateo Casierra y Harold Preciado. Sorprendía la no titularidad de Rafael Santos Borré, aunque el delantero nariñense de 18 años que lo reemplazó tuvo unos 25 primeros minutos tan espectaculares que hizo olvidar la ausencia de la maquina. Funcionó. El plan. Sí, estaba funcionando. El Deportivo Cali estaba ganando los duelos individuales y superaba en cadencia a todo un Nacional en el mismísimo Atanasio Girardot. Además, cuando se estacionaba en campo del local, mantenía posesiones largas con Casierra como eje haciendo daño entre los defensores centrales y el cinco Alex Mejía. Encima, un Roa inquieto creaba líneas de pase y participaba activamente. El verde paisa intentaba salir en contragolpe y allí llegaban los centrales, en especial Quintero para anticipar. El barco del campeón exponía armas y tiranizaba.

El partido fue, más que nunca, una batalla estratégica entre los entrenadores

Reinaldo Rueda metió mano: cambió pronto porque se vio tan superado en el mediocampo que tuvo que bajar la posición de Chará para tomar a Rentería. Con ese cambio táctico, empezó a compensar un poco la sangría y a cambiar el partido. Ahora, ¿por que Yimmi Chará en ataque se quedaba en la base y Sebastián Pérez permutaba entre líneas? Por puro despliegue físico ante una posible pérdida. A ese punto de precaución llevo el planteamiento del Pecoso a Nacional. Uno de los mejores jugadores entre líneas de la Liga obligado a jugar fuera de posición. Con este posicionamiento Nacional, tras el gol visitante, tomó la iniciativa en el momento más crítico. Claro, una cosa es Chará entre líneas y otra es Chará en la base, de modo que ante el déficit creativo, el Rey se hizo cargo de nuevo. Fue él, Macnelly Torres, quien desactivó la presión en el medio de los tres centrocampistas del Deportivo Cali. Jugaba a un toque e invitaba a la asociación, sobre todo con Sebastián Pérez, que se lanzaba hacia delante para compensar la posición baja de Yimmi y con Marlos Moreno que se mostraba siempre a la espalda de Balanta.

Una vez el Cali tuvo que cerrarse para proteger su centro del campo, llegó el segundo movimiento táctico que terminó de desgarrar el partido. El portaaviones, entonces, vio despegar a sus laterales. A los dos. Faryd Díaz y Gilberto García, sueltos por diseño en el planteamiento del Cali, empezaron a jugar. Alcatraz ejercía casi de doble pivote al lado de Alex Mejía y exhibió su técnica con cambios de frente que saltaban el medio del campo descaradamente e iban a parar a los pies de Marlos Moreno. El paisa de 19 años manejaba la profundidad, la amplitud y el desborde del partido de manera absoluta. El movimiento es clave y muy indicativo de lo que es jugar contra Atlético Nacional hoy día. La salida pasó por los laterales en cada una de las jugadas desde las que iniciaba el juego para, desde allí, recargar la jugada por la zona izquierda de su ataque por donde llegaban a juntarse Faryd Díaz, Macnelly Torres, Marlos Moreno y Sebastián Pérez. El daño empezaba a ser irreparable, agujeros por todas partes y el agua que se filtraba irremediablemente tendía a hundir al campeón.

Nacional derrotó al campeón haciendo un partido técnico casi perfecto

El cambio de Juan David Cabezas por Carlos Rentería respondió al intento de tener un poco más de control post-recuperación y, como consecuencia, llevar a Balanta a la zona de Alcatraz para cortar el flujo desde la fuente. Para el equipo, el cambio, significaba la necesidad de respirar desde la seguridad en el pase y la búsqueda de una salida más limpia. El Pecoso emparejó el duelo, pero Nacional es un equipo muy difícil de defender porque sus jugadores en ataque cambian de posición con mucho sentido y precisión. Cuentan con una técnica para ejecutar verdaderamente de altura.

El campeón se va habiendo puesto en grandes apuros al mejor equipo de la fase regular y llevándolo al límite de su juego táctica y estratégicamente. El proyecto del Deportivo Cali, pese a esta derrota, sigue a flote descansando también en el futuro enorme de jugadores como Mateo Casierra y Juan Sebastián Quintero, nombres sumados a los ya por todos conocidos. El buque de Reinaldo Rueda sale reforzado de una serie de máxima exigencia y ya apunta los cañones contra su rival más deseado.

Izquierda en trance

En las huestes del Deportivo Cali la banda izquierda no encontró remedio en el segundo periodo del año en curso. Los impactos fuertes que han dejado convaleciente la posición se originaron desde la salida de Frank Fabra, pasando por la utilización por parte de Fernando Castro de varios jugadores jóvenes, hasta la imperiosa necesidad de brindarle minutos -confianza- a un jugador precoz como John Janer Lucumí

Hernández dejó la serie abierta

El Estadio Palmaseca se vistió de verde para recibir a Deportivo Cali y a Atlético Nacional. El actual campeón y el líder del todos contra todos, dos de los pesos más pesados del campeonato, se enfrentaban por la ida de los cuartos de final del torneo. Sin lugar a dudas, un encuentro entre dos de los equipos que son favoritos a llevarse el título de la Liga Águila II.

Fernando Pecoso Castro mandó a Hernández; Palacios, Quintero, Mera, Lucumí: Rentería, Balanta; Mojica, Roa: Borré y Preciado. Su idea era que el equipo presionara a Nacional en salida para recuperar el balón rápido y coger mal parada a la línea defensiva rival. En el otro lado del tablero, Reinaldo Rueda envió al terreno de juego a Armani; Bocanegra, Murillo, Henríquez, Díaz; Bernal, Mejía; Chará, Torres, Copete; Duque. La intención del estratega vallecaucano era desacomodar a la defensa rival por medio del ya conocido juego veloz y preciso de sus dirigidos.

La baja más sensible del Cali fue la de Andrés Pérez; la de Nacional, Alejandro Guerra

En el primer tramo del partido, la presión del Cali fue desordenada y eso favoreció a su rival porque cuando Macnelly recibió entre líneas tuvo mucho espacio para actuar. Si a eso le sumamos los movimientos de Duque y de Chará, que fueron productivos en la medida en la que arrastraban marcas y le abrieron espacios a Copete, y la potencia de Jonathan, con la que superó a su marcador, el resultado fue una serie de ataques vertiginosos que casi termina en el gol verdolaga. El problema estuvo en que los controles del extremo izquierdo no fueron precisos y en que la defensa supo aprovechar eso para despejar, por eso el marcador permaneció 0-0 en ese tramo del encuentro.

Con el paso de los minutos el Cali fue reaccionando y el partido se fue equilibrando. En este momento del encuentro ni Roa ni Mojica estaban siendo determinantes; Santos Borré, sí. Sus movimientos hacia el centro del campoestaban sacando de posición a Alexis Henríquez y, por consiguiente, abrían un hueco gigante que el equipo intentaba aprovechar enviándole balones al espacio a Harold Preciado.

En la medida en la que Andrés Felipe y Harrison se involucraron más, el elenco azucarero se volvió más peligroso. Sin embargo, la línea defensiva de Nacional mostró porque ha sido la más eficiente del campeonato y resolvió bien los problemas que el Cali le planteaba. Al mismo tiempo que esto pasaba, las referencias sobre Macnelly Torres estaban siendo efectivas y Nacional no lograba hilvanar una contra letal ni un ataque productivo en posicional.

El partido era intenso a pesar de que los equipos no estaban generando muchas oportunidades.

El segundo tiempo tuvo dos factores determinantes. El primero fueron las conducciones de Andrés Felipe Roa que sacaban de sí a los centrales y a los volantes. Esto se dio, principalmente, porque Harrison Mojica estaba recuperando muchos balones en campo contrario, con lo que desatoraba el embudo formado en esa zona de la cancha. El segundo fue la aparición de Yimmi Chará entre líneas, allí donde se ha destacado todo el torneo. Con el Cali volcado al ataque, el vallecaucano recibía el balón, lo tocaba y salía a correr. Ahí Nacional generaba más peligro que nunca.

Al final, Ernesto Hernández le atajó un penalti a Jefferson Duque y el encuentro terminó 0-0. Y es que a pesar del mal arbitraje de Wilson Lamoroux -que dejó pegar mucho y permitió que le manejaran el tiempo-, Cali y Nacional jugaron un partido intenso que dejó la llave abierta. Vallecaucanos y antioqueños se verán las caras el próximo fin de semana y decidirán quién va a ser el semifinalista de la Liga Águila.

Espíritu por calidad

Las noticias más destacas para el partido estaban: en el Deportivo Cali la repetición del trivote pero con dos interiores más puros; en el Once Caldas, sin Harrison Henao, el trabajo de Marlon Piedrahita y Michael Ordoñez como pivotes. Restaba el pitido inicial y conocer los comportamientos de ambas notas, sobre todo la del Cali con Carlos Neneco Rentería en lugar de Kevin Balanta. Sin embargo, el partido nos ofreció otras cositas que iremos tocando. Como la rutilante goleada visitante por 1-4.

El 0-1 a las primeras de cambio no dejó notar el invento del Pecoso

Muy rápido, cuando recién se terminaban de acomodar los aficionados en Palmaseca, llegó el 0-1 de Lopera. Este gol para el Deportivo Cali significó un cambio de guión, ya que en esos primeros minutos estábamos viendo a Rafael Santos Borré en la misma línea de Nicolás Benedetti tratando de simular un 4-3-2-1. Es decir, la finalidad del local era cederle la iniciativa a Pérez, Arango y Salazar en ataque y buscar gestionar mejor las transiciones ofensivas donde el Once Caldas basaba su estructura defensiva sin su centrocampista ancla habitual. El Deportivo Cali quería correr con Preciado más los acompañamientos de Rentería y Cabezas. Pero esto se acabó muy, muy, muy rápido. Borré pasó a jugar a la misma altura de Preciado y a atacar el área. El invento duró poquísimo.

El actual nivel de Cristian Nasuti (muy pobre, ojo) sólo lo compensa un titánico Germán Mera debido a que las correcciones de Andrés Pérez no alcanzan. Y Mera, hoy por hoy, está mucho más pendiente de cuidarle la espalda a Lucumí que al defensor experimentado. Esto, al parecer, está generando una desatención en el trabajo de Mera. Así lo aprovechó John Freddy Salazar, hiperactivo como punta de lanza, para anotar el 0-2 tras una viveza de Arango. Y gracias al chico sub-20 fue que el Once Caldas avanzó siempre: lanzamiento al espacio a Salazar, devolución de cara a Arango o Pérez, y ventaja para disparar o abrir con Quintero. Sucesiones de ataques veloces que el Cali no supo ajustar.

Andrés Felipe Roa metió al Deportivo Cali en el partido, pero en concreto el penalti de Harold Preciado. Con el ingreso del atlanticense en detrimento de Juan David Cabezas, el verde y blanco centralizó su juego ante la defensa ancha del blanco-blanco, además de ofrecer ideas. Como no había ocurrido en otro escenario, por ejemplo en la derrota en Tunja sobre Patriotas, este era un contexto ideal para probar con Benedetti y Roa de mediapuntas, pues la congestión en el medio era menor. Iban a tener, sobre todas las cosas, más espacios.

Pese a que el Cali tenía el mando con Roa, las mejores ocasiones eran del Once Caldas de contra

No obstante, dos goles de Johan Arango (uno al contraataque y otro de penalti) en la segunda parte sacaron del juego al Deportivo Cali, quien se tendrá que jugar la clasificación en la última jornada. Por su parte, el Once Caldas de Javier Torrente, de un decepcionante arranque, certificó contundentemente su puesto en los playoffs. Un equipo metódico y que nivela la falta de calidad natural con un espíritu tremendo. ¿Les alcanzará en la fase final?

Descendencia espartana

Hay lugares que permanecen congelados en el tiempo a la espera de un acontecimiento rutilante para salir a la vista de todos. Incluyendo a los incrédulos. Santiago de Cali es una ciudad que alberga este tipo de espacios sin el afán porque sean descubiertos y con el anhelo de que quién lo haga se enamore, disfrute y proteja con el mayor placer posible. Pues al fin y al cabo está posando su humanidad sobre el valle del Río Cauca: cuna de paisajes deslumbrantes.

Andrés Pérez se ha topado con esta experiencia. Deportivo Cali le hizo un guiño hace un par de años el cual parece haber embrujado al bogotano. Y su juego en la cancha es la mejor representación: lucha, entrega y corazón. Puro corazón.

El volante nacido en la capital del país no es precisamente la figura más brillante en su posición dentro del fútbol profesional colombiano; sin embargo, destaca por constituirse en un hilo tenso y duradero sobre el cual se sujetan sus compañeros tanto en defensa como en ataque -un poco menos-. Y lo hace simple y llanamente por medio de su carácter cimentado en valores tipo espartanos: sacrificio, esfuerzo, unidad, constancia.

Sus condiciones físicas y mentales convierten a Pérez en el punto de equilibrio

Deportivo Cali y Fernando Pecoso Castro gozan de la vitalidad que provee su tanque de oxígeno durante los noventa minutos. También de su entereza que le permite multiplicarse y son agradecidos de la sabiduría que derrama sobre el campo para realizar recuperaciones -a veces numerosas- acobijadas por gotas de sudor. Pérez custodia el mediocampo del equipo verde y blanco con la cautela de un centinela futbolístico. No parpadea y siempre está presto para actuar, para dar lo mejor de sí y con ello, lo mejor del grupo.

No es un prodigioso con el balón pero su sencillez y seriedad en el gramado agregan seguridad y fluidez a la circulación. En el Deportivo Cali del Pecoso se le ha asignado más responsabilidades cuando el colectivo sea dueño de la posesión (apoyos, toques, conducciones, distribución, vigilancias), aspecto en el que ha respondido con la firmeza que han dejado cada una de las batallas que rinde cuando salta al rectángulo de un escenario deportivo dentro y fuera del territorio nacional.

La edad no ha sido obstáculo para una máquina competitiva

A sus 35 años, Andrés Pérez sigue compitiendo con la frescura propia de una tarde de agosto. El carril central es donde mejor se desenvuelve. Es su hábitat, ambiente. Partiendo como volante central-tapón el capitalino exhibe su mejor versión. Desde ahí maniobra con una facilidad espeluznante. En situaciones de transición defensiva se ubica de tal forma para ser elemento de desconexión. Maneja al rival con el ánimo de perturbar su conducción y hacerlo caer en el dispositivo de intercepción: abalanza su cuerpo hacia el lado débil (izquierdo) estimulando al contrario para que encare hacia el lado opuesto (derecho) en donde se impone al incrustar su pierna y hacerse con el balón. Acción que devora rivales de forma repetida.

Contar con un doble pivote que sea conformado por Kevin Balanta y Andrés Pérez, pachorra y furia, da licencia a Fernando Castro Lozada para dar rienda suelta a Andrés Felipe Roa y Nicolás Benedetti, transformando los partidos en un ‘correcalles’ en el que se sufre hasta que sus delanteros suministran el sosiego y la resolución.

Las ansias pueden jugar en contra

¿Qué deficiencias presenta el juego de Andrés Pérez? La descolocación y la inoportuna toma de decisiones derivadas de la ansiedad por querer estar en todos lados. Cumplir. Incentivado por la disciplina que se le conoce, quiere hacer todo. La forma en como vive y siente el fútbol, que incluso lo ha llevado a declararse caleño y canterano, suele hacer que ejecute movimientos inapropiados, creando desajustes en defensa posicional los cuales sufre el colectivo que, por lo general, no está sincronizado. En ataque, como ya se dijo, no suele ser un jugador de gran rentabilidad para el Deportivo Cali. No aporta grandes soluciones ni sus intenciones dejan ver creatividad. Aunque pisa el área del adversario, suele usar poco su remate de media distancia ya que no es una de sus grandes virtudes por lo que la cuota de gol es ínfima.

La silueta de Andrés Pérez en el lado verde y blanco de Santiago de Cali ya ha tomado aura de jugador baluarte, referencia y estandarte (hinchas, directivos y jugadores). Soñó y pudo alcanzar el sueño dejando constancia de su pundonor que contagió a un grupo ambicioso, triunfador y con aptitud que ahora quiere hacer parte de la fiesta final con el objetivo de, primero, defender el título que hoy ostentan en sus vitrinas. Y segundo: ¿por qué no revalidar un campeonato? Desafío nada utópico para el hambre de gloria interior de un equipo plagado de experiencia y juventud.

Delantero preciado

Con la derrota ante Patriotas titilando en la mente Deportivo Cali regresaba a Tunja, pero esta vez para enfrentar a un Boyacá Chico de muy mala temporada. Esta jornada resultaba definitiva en las aspiraciones de Fernando Castro y sus dirigidos por clasificar a la fase final para luego querer defender el título conseguido en la primera mitad del año en curso.

Deportivo Cali fue superado por un Chicó práctico

El juego no logró viabilidad por parte de los vestidos de verde durante casi todo el primer episodio. Se echaba en falta creatividad, asociaciones y un mejor ritmo para ser superiores y dominar. Boyacá Chicó supo encontrar la debilidad en su contrincante haciendo ancho sus ataques con Balanta-Díaz que recorrieron los andariveles y sumaron profundidad. La producción ofensiva de los boyacenses pecó en la finalización, pues no contaron con la contundencia que sí se conoce de los delanteros del vigente campeón del fútbol profesional colombiano. Y ellos iban a demostrar su pegada antes del cierra de la primera etapa cuando Borré acarició la lámpara para producir una jugada que luego Preciado terminó de forma espectacular. Golazo que argumentaba el talento de Borré y la capacidad goleadora del número 7.

Harold Preciado como patente de gol

Harold Preciado daba respuesta a un partido que en el desarrollo futbolístico no hallaba imágenes claras y suficientes que validaran la victoria. Los ajedrezados pecaron de infertilidad para embocar la pelota y se fueron al descanso con el golpe del gol combinado con la impotencia de fallar en la definición.

Fernando Castro impuso otra dinámica y Deportivo Cali controló en el segundo tiempo

Para la segunda mitad, Pecoso Castro modificó el posicionamiento de su equipo sumando altura a la fase defensiva que derivaba en una actitud más agresiva para recuperar el balón cuando el rival cruzaba la divisoria. Boyacá Chicó no podía pisar línea de fondo con asiduidad y trasparencia debido al poco espacio que Mahecha tuvo para maniobrar. Esto hacia que recurrieran a envíos largos hacia Riascos y Hernández que poco y nada lograron sumar ante una zaga defensiva comandada por un Mera en tono ascendente durante los noventa minutos.

El juego vertical del segundo tiempo hizo daño a Chicó

Los espacios iban a surgir de la urgencia de Chicó por querer empatar. Deportivo Cali lo palpó robando balones en mitad del campo que contaron con despliegues rápidos que rememorando al conjunto de antaño.

La estocada final saltaría a la vista y tomada de la mano de un brillante Harold Preciado quien se inventó toda la jugada (control, conducción, finta y definición) para dejar moribundo al conjunto de José Pérez con el 0-2. En él Deportivo Cali tiene un delantero formidable, con una facilidad innata para llegar al gol y que asegura anotaciones en arco rival envueltas en papelitos de triunfo. Boyacá Chicó quiso apresurar la llegada del descuento pero se topó contra la estrategia de Fernando Castro quien, con sus sustituciones, configuró un equipo corto para minimizar el peligro hacia Hernández y sostener el desenlace del cotejo.

Juventud y sabiduría

Deportivo Cali acogía en Palmaseca una doble jornada frente a rivales directos con la posibilidad de despejar sombras en lo que refiere a su clasificación. Pudo ante el primero -Medellín- ejecutar unos segundos 45 minutos que cambiaron el devenir del partido y recibía a un encopetado Santa Fe que batalla en tres frentes de forma sorprendente. Contra el expreso rojo, los dirigidos por Fernando Castro debían seguir tonificando su rendimiento, y para ello, el timonel incluía por primera vez a Rafael Santos Borré desde el inicio junto a Casierra y Preciado.

Gerardo Pelusso diseñó un cotejo en el que la presión en campo propio fue fundamental. Taponó cualquier línea de pase por el centro con Perlaza y Gordillo en el doble pivote e impidió que Casierra lograra progresar cada que hacía contacto con balón. Con la fase ofensiva de su rival totalmente controlada para generar daño, dispuso de algo sencillo: asentarse lo más rápido en campo rival tras pocos toques para luego poder causar peligro en portería de Hernández. Borré no podía gozar de un primer pase agudo y sustancioso que le permitiera recibir en su zona de acción, haciendo que los azucareros restaran calidad a su ataque cada que Rafael se veía obligado a pedirla en la bomba central.

En el primer tiempo, Deportivo Cali no encontró pases en tres cuartos de campo para superar a Santa Fe y producir ocasiones

Durante la primera etapa Deportivo Cali fue quien dominó la posesión pero no el juego. No dibujó el camino para perforar un Santa Fe compacto, aplicado y práctico. Dicho esto, el control del juego corría por parte de los capitalinos gracias a que el mecanismo impuesto en la derecha con Helibelton no funcionó en su máxima efervescencia debido a la lentitud de la circulación, error en la entrega y nula generación de contextos favorables para que el lateral desequilibrara y ganara línea de fondo. El conjunto cardenal únicamente se vio vulnerado en el final de la primera mitad, tras ver cómo su área empezaba a ser bombardeada con centros desde los costados a los que su zaga defensiva hacía agua.

Fernando Castro arriesgó y propuso un partido valiente para luego ser cauteloso

Casi desde el inicio del segundo tiempo Deportivo Cali se veía obligado a jugar en inferioridad numérica tras la expulsión de Lozano. Ante esto hubo varios cambios posicionales: Helibelton de central y Pérez con ayudas constantes en el andarivel derecho, donde Borré se encargaba de taponar las salidas de Villarraga. Pecoso asumió riesgos enviando a la cancha a Roa y no recomponiendo en defensa ante la aparición de grietas cada vez más visibles para Santa Fe que empezó a menoscabar en ellas con el ingreso de Quiñones. Sin embargo, justo en ese momento emergió la valentía, gallardía y vivacidad enfrascada en la juventud de Benedetti que, al encontrar una sociedad con Roa, consumó un gol precioso con un remate fuera del área que perforó las redes de un sobrio Castellanos.

Santa Fe no acudió a la pausa para mejorar el panorama en ataque

Santa Fe, a pesar de jugar con un hombre de más, no elaboró de forma paciente, pues se expuso al vértigo de Quiñones en ataque y no a un manejo cerebral y coherente para generar jugadas de gol. Ante la reestructuración del Deportivo Cali, Pelusso envió a Armando Vargas para aportar sentido a cada posesión, pero en las pocas que tuvo no fueron contundentes y, además, se toparon con un Hernández gigante.

Deportivo Cali consigue una victoria trascendental para seguir luchando por el sueño de la clasificación, exponiendo jerarquía y mimbres de un equipo campeón que combina el desenfreno de la juventud y la sabiduría de jugadores experimentados. Por otro lado, Santa Fe demostró que, pese a haber jugado con un equipo alterno, su rendimiento no varía de forma notoria, siendo capaz de complicar en cualquier plaza que visite.

Giro de 360°

Se reeditaba la final de la liga ocurrida hace muy poco. Deportivo Cali e Independiente Medellín estaban de nuevo viéndose la cara en una jornada que presentaba duelos directos. Había que medir fuerzas. Las balanzas no presentaban ninguna inclinación. No obstante, lo arrojado en la antesala envolvía el partido de Palmaseca como el más destacado, picante y atractivo en un FPC que hoy, más que nunca, es noticia porque Pékerman llamó a diez jugadores de la Liga Águila para los duelos iniciales de las eliminatorias.

Los errores del Deportivo Cali, en especial de Nasuti, lo mandaron a la horca en 4 minutos

No había empezado el partido y Medellín se encontraba con dos goles de ventaja. Mejor, si había empezado, pero no para el Deportivo Cali. La demora fue salir a jugar para que la noche, cuando el sol aun iluminaba, hiciera presencia en la comarca vallecaucana. Los dirigidos por Leonel, a partir de robos certeros y ataques al lado débil, vulneraron a Hernández sin piedad. Hechalar era el verdugo en apenas cuatro minutos gracias al caos de Nasuti con sus salidas descarriladas y a la inexperiencia de Lucumí para cerrar por dentro. Fue un saqueo fugaz que dejó a todos perplejos.

Ante esto fue Casierra quien decidió exhibir sus virtudes y asentar al Deportivo Cali más cerca del área de Anthony Silva. Sus recepciones siempre fueron progresivas, tanto que en una de ellas mostró su autosuficiencia para tallar un gol precioso.

Medellín no encontró obstáculos para cruzar la divisoria

La libertad de los laterales –especialmente Fabra-, propiciada por la poca ayuda de los volantes ofensivos caleños, permitía al poderoso una salida simple en la cual Marrugo encontraba abastecimiento. Christian era invisible para Pérez-Cabezas que no llegaban nunca a cubrir el ancho de la cancha. Huérfanos de una actitud defensiva colectiva insolidaria. La jugada siempre les dejaba colgados y ahí el diez rojo montó un carnaval para incrustar a los suyos en campo contrario.

Los dos goles fueron un mazazo para el local que veía como Benedetti y John Pérez no lanzaban ningún salvavidas en forma de ideas para evitar el naufragio absoluto. Medellín desarrollaba mejor su plan, sin sufrir y haciendo rotar la pelota. La Goma Hernández y Torres casi siempre aseguraban el destino de la pelota estando por detrás de la línea que la misma marca. Esto creó impotencia en Deportivo Cali que no hallaba la forma de interceptar algún pase en la red que dibujaba su rival. No olían el rastro, parecían jugar el partido a destiempo.

El ingreso de Rafael Santos Borré caló hondo en sus compañeros

En el inicio del segundo tiempo “Pecoso” Castro haría un movimiento ensordecedor: incluía a Rafael Santos Borre en remplazo de John Pérez. Por primera vez iban a jugar Casierra, Preciado y el chico que ofrece magia dentro de un césped como si recordara jugar descalzo en las calles arenosas de Barranquilla. El telón empezaría a enrollarse a medida que Borré entraba en calor. Su impacto futbolístico, pero sobre todo emocional, hizo que los azucareros crecieran. Fernando partió con un 4-2-1-3 en el cual Borré contó con libertad para moverse a placer, registrando todo tipo de acciones y siendo muchas cosas a la vez. Es un genio, y los genios son capaces de jugar donde quieran y hacer lo que deseen.

El ritmo del Deportivo Cali en el segundo tiempo dejó sin posibilidades a su rival

Independiente Medellín observaba como la pelota se le esfumaba y, al mismo tiempo, como el marcador se transformaba hacia la igualdad. Cosificándose el clímax del local, ya los de la capital de la montaña empezaron a quedar rezagados y a sentirse superados. Torres se difuminó en la tarea de la gestación haciendo cojear a su equipo con balón. Por el otro lado, Benedetti inició una dinámica positiva que minimizó al rival por medio de triangulaciones coherentes, siendo productivo desde la derecha y más trascendental. El fútbol, que es un universo paralelo al real, permite que sus practicantes resuelvan y definan sus conflictos. Y, claramente, Nasuti lo experimentó. Pese a ser el causante del desastroso primer tiempo, hizo presencia en el marcador para desmoronar la imagen inicial.

Leonel Álvarez no encontró explicaciones ante la pérdida de la ventaja. Quiso ofrecer soluciones con sus sustituciones pero estas no repercutieron al quedar en inferioridad numérica por la expulsión del guardameta Silva. En el otro banquillo, Fernando Castro hizo una gestión estupenda al dar ingreso a un inspirado Borré que desempolvó la jerarquía almacenada en los jugadores que no demoraron en solidificar la remontada. Los vestidos de verde golpearon a un Medellín que no vive un momento ideal tras la eliminación de copa. Eso sí: hoy, quien se regocija, es Rafael Santos Borré. Ratifica lo que significa contar en la plantilla con un astro deslumbrante.

El partido de los laterales

La noche se antojaba memorable. Déiver Machado y Helibelton Palacios en la misma cancha y en la misma zona. El duelo no definía al mejor lateral de la Liga, ni mucho menos, pero daba gusto imaginarlo. Aquel duelo quedó en fantasías. La prudencia y el respeto mutuo entre los laterales prevaleció. Ni Machado ni Palacios pasaron al ataque temiendo que el otro lo hiciera. No por eso el juego dejó de ser de los laterales. En la banda opuesta, Lewis Ochoa y Jeison Angulo fueron determinantes en el resultado.

Millonarios saltó a la cancha con un ritmo abrumador. Rafael Robayo y David Macalister Silva se impusieron en el medio, de tal manera que el Cali parecía un espectador. Todos los balones eran suyos y elegían a Lewis Ochoa para atacar el lado débil del Cali: Jeison Angulo. Débil porque no podía frenar los centros laterales de Ochoa, pero también porque no podía perder de vista a Maxi Núñez. El dos contra uno en la banda de Angulo estaba siendo incontestable.

Entre Kevin Balanta y Harold Preciado contrarrestaron a Lewis Ochoa

Y aunque el Cali tardó en reaccionar, su respuesta fue contundente. Kevin Balanta abrió su posición para compensar la inferioridad de Angulo. Pero Fernando Castro fue aún más ambicioso y envió a Harold Preciado para atacar la espalda de Ochoa. Fue entonces que el Cali equilibró las cosas.

Eso sí, el Cali estuvo lejos de ser reconocible. El kínder del Pecoso no dio muestras de aquella facilidad para mover el balón en campo contrario que lo caracteriza. No obstante, el Cali tuvo bastantes opciones de gol. Es por esto que Andrés Pérez es un baluarte. Pérez renunció al papel de mediocampista tapón y plantó al Cali en campo rival. Entre recuperaciones, toques y remates a puerta, Pérez y el Cali lo tuvieron todo para ganar. Andrés Pérez se dejó la piel. Y supo dominar el partido de los laterales.