La Equidad 3.1

La Equidad, bajo el mandato de Luis Fernando Suárez, logró lo que nadie había conseguido como entrenador asegurador desde Alexis García: clasificar a las finales del fútbol colombiano. Es cierto que los equipos tanto de Santiago Escobar como de Arturo Boyacá causaron, a nivel de juego, un impacto claro y potente en Primera División, pero sus respectivos periplos habían compartido el mismo triste desenlace

A mediados de un camino sin sueños

La Copa América de Venezuela en 2007 fue para la Selección Colombia la de recibir nueve goles en los dos primeros partidos del torneo y por consiguiente tener que hacer las maletas e irse a casa tras 180 minutos de escaso fútbol tricolor. Fue una caída cuyo impacto psicológico llegó a parecer irreversible. Fue el crack del 07.

Gimme Shelter

El Apocalipsis está a un disparo de distancia, dice Mick Jagger. Un disparo y todo cambia para siempre dando paso a un escenario nuevo e inexplorado, no sin antes pasar por la fragilidad que produce encontrarse con las ruinas. El semestre azul está un poco encontrándose con sus ruinas, con la majestuosidad de lo que fue, con el reconocimiento de lo que construyó de sí mismo a lo largo del proceso que lo ha llevado de nuevo a la gloria. Está desesperado intentando encontrar el camino de regreso.

El equipo sigue dotado de resolución defensiva. El funcionamiento atrás es mejor al de un equipo que no es candidato al título. La clave, después de todo, sigue siendo el mediocampo: Elkin Blanco y Fabián Vargas. El bogotano está viviendo físicamente un gran momento, pero donde más asombra es tomando decisiones técnicas al alcance de los buenos medios de la Liga. Su escudero es Blanco, que tiene un despliegue físico determinante en el funcionamiento del onceno. Al mediocentro le viene muy bien la cobertura de espacios, a la que acompaña de un buen posicionamiento táctico. Cuando conviene, hace un marcaje lateral y, generalmente hacia la derecha, en el costado de Oswaldo Henriquez, puesto que Cadavid es más dado a interceptar y a achicar su posición hacia delante. Así compensa. Como complemento, cuando debe recibir en posicional el ataque rival, el método defensivo azul cuenta con laterales cerrados, alejados de la línea de cal y unos metros más arriba de los centrales para tomar recepciones interiores a la espalda de Blanco que está libre tanto para la segunda jugada como para atacar el balón en defensa, ya sea mediante la interceptación de pases o en caso de que haya conducción del rival.

En fase ofensiva, su rango de pase es corto y diagonal. Toma pocos riesgos con el balón en los pies y pierde pocas pelotas en relación a las que toca, pero estas pérdidas son siempre en pases largos. Aquí su aporte es posicional, invisible, porque le permite a Fabián Vargas ser libre. ¿Libre? Sí, en consecuencia el mediocampo trabaja a dos alturas distintas, así que Fabián rompe líneas con la posición. Movimiento que complementa con el pase también diagonal, pero más largo, a los jugadores que ocupen la banda.

Una buena: los mediocampistas millonarios se ayudan, dan apoyos constantes uno al otro para liberarse de la presión rival. Una mala: cuando arriesgan con pases verticales, los dos, el equipo pierde la posesión.

Se complementan tan bien que cuando Blanco sale lateralmente a tapar la subida de alguno de los laterales, Vargas toma el centro e incluso se mete en los centrales dando equilibrio al repliegue defensivo y armonía posicional. Su mayor índice de recuperaciones es central, pero hay algo que no aparece en las estadísticas: la pericia para leer las transiciones ofensivas del rival. Cuando el chocoano abandona su posición central para el marcaje lateral, siempre corta. La jugada no progresa. Millonarios está pasando por un déficit creativo, lo cual hace que el equipo pierda la pelota en posiciones de desventaja y ahí esta pericia es fundamental, porque permite la reorganización del equipo en defensa con el movimiento en retroceso de Fabián mencionado anteriormente. La teoría dice que cuando se contraataca a un equipo que está en ataque organizado, se debe abrir el ataque a las bandas, porque conviene sacar al mediocentro de su posición de comodidad para así volver al centro en los metros decisivos con ventaja. Pues bien, Millonarios está facilitando esta tarea a sus rivales porque está perdiendo la pelota en los espacios centrales de su ataque, así que con un apertura de la jugada hacia alguna de las dos bandas, debería bastar para desactivar ese jugador parabrisas, pero Blanco está ganando la batalla aún saliendo. Por lo menos se asegura de no perderla. Un lujo que se puede dar todavía este equipo.

La solidez defensiva aún persiste, así que debería ser el refugio para la salvación heroica de este equipo y para la construcción del nuevo proyecto.

Da unos pocos pasos para llegar al borde del abismo. Detenido en la última porción de tierra firme, dirige la mirada al vacío sin saber que con ello una oleada de aire golpea y recorre su cuerpo; la sentencia dicta que se ha ido todo. Allí, en ese punto, una ironía: ya no hay nada que perder. Entonces se pone todo sobre la mesa. Lo último. Lo esencial. Sí, está a un disparo del Apocalipsis, pero Mick Jagger encontró una manera de salvarse.

Sírvanse.

Maxi Núñez y el tiempo

Él es energía, hiperactividad y voluntad. Maxi Núñez y el tiempo. Es un jugador que condiciona sí o sí el planteamiento de su equipo y su presencia ya basta para generar. Maxi surgió como extremo picante en un Estudiantes de la Plata sin problema de banda. Aunque es diestro natural, podía jugar también de extremo izquierdo. Su virtud más influyente es la activación de las zonas laterales del ataque en las que puede finalizar o bien con centro al delantero o con regate y disparo. El marplatense es eso: producción instantánea en el último tercio del campo.

Maxi es el punto de encuentro entre Insúa y Vargas

En Millonarios, los dos atacantes son el tiempo. Ellos deciden a qué velocidad se ataca. Cuando el balón pasa por sus pies el tiempo puede volar o puede caminar. En el caso específico del argentino, cuyo juego ha evolucionado y ya no es solamente electricidad pura, el tiempo se posa para decidir qué se hace en tres cuartos de campo. En este esquema azul, Maxi otorga varias respuestas: posicionalmente es el jugador que otorga amplitud al ataque por banda derecha, fase en la que destaca sobre todo con dos ejes del equipo: el ‘5’, generalmente Fabián Vargas, y el ’10’, generalmente Federico Insúa, que conforman los dos vértices verticales del rombo millonario. Con el primero, el tiempo camina, y con el segundo, el tiempo vuela.

La versión actual de Fabián Vargas tiene un amplio rango de pase, sobre todo diagonal y al pie del receptor. Envíos de 20 metros que tienen a Maxi como punto aparte y con los que activa la zona derecha del ataque en donde puede decidir y terminar desahogando a su equipo para apoyar, ocupar espacios y posicionarse en ataque. Cada nombre tiene un matiz, y en este caso hay uno importante: Rafael Robayo. Cuando el bogotano juega, la fase de ataque sufre una pequeña/gran alteración táctica, ya que el 8, además de su despliegue físico y su verticalidad, transporta la pelota, para bien y para mal, así que en muchas fases del juego, o debe ser saltado para estirar al equipo, o su juego por dentro rompe líneas en vertical generando variantes.

El aporte mayor de Maxi es su centro al área

Cuando Millonarios está en ataque posicional, y es Insúa quien retrocede a generar espacios con el balón en sus pies, Maxi rompe con diagonales centro-derecha desmarcándose del ‘6’ y a espalda del ‘3’, y ahí el tiempo empieza a volar. Su misión, ya una vez estirado el ataque azul y ganado el territorio, es buscar el centro. El centro en sentido estricto, porque no sólo incluye al delantero centro Michael Rangel, sino que puede aprovechar esa presencia entre los centrales para buscar la segunda línea de volantes embajadores que tienden a asomar al área con su gran precisión.

La mala noticia de la lesión del argentino vino acompañada de la salida por lesión muscular del delantero centro, así que Rubén Israel tuvo que cambiar tácticamente el ataque de Millonarios. La respuesta es Jonathan Agudelo, delantero inquieto, de movimientos rápidos y engañosos que acompañado de dos mediapuntas, en este caso Insúa y Otálvaro, tiene todo el espacio necesario para hacerse con el frente de ataque azul con dos pasadores a su espalda. Ahora para Millonarios, y hasta que vuelvan sus dos atacantes titulares, el tiempo no vuela ni camina. No tiene dos velocidades, sólo transcurre.

Volver a ser Fabián Vargas

Hubo 24 situaciones de gol en el clásico de la capital: estadística tan espectacular como lo fue el encuentro. De Gerardo Pelusso era de esperar un partido calculado hasta el menor detalle. Era Rubén Israel, por su parte, el llamado a aceptar la invitación a competir. Y a pesar de ser debutante, Israel supo competir con creces.

Millonarios tomó todas las precauciones del caso para enfrentar a Santa Fe. Por derecha, Stiven Vega contuvo en todo momento las escapadas de Juan Daniel Roa. Por izquierda, Fabián Vargas fue el encargado de disociar a Sergio Otálvaro de Yulián Anchico. Así las cosas, Santa Fe se vio maniatado, incapaz de liberar su frenesí.

El regreso de Elkin Blanco le vino muy bien a Fabián Vargas

También hubo tiempo para proponer. La sorpresa en el mediocampo fue la inclusión de Elkin Blanco, llamado a librar a Fabián Vargas de sostener el retroceso del equipo. Para Vargas fue un renacer. Como en tiempos de Juan Manuel Lillo, Vargas vuelve a estar a cargo de dar sentido a la posesión del balón.

Hubo declaración de intenciones en Bogotá. Rubén Israel quiere el balón. Mientras Fabián Vargas vuelva a ser Fabián Vargas, Israel tendrá una preocupación menos.

Alternativas centrales

Millonarios reincorpora a Elkin Blanco y a Harrison Otálvaro para este segundo semestre de 2015. Ambos fueron figuras importantes en el último título conseguido por el equipo embajador hace ya tres años, con Hernán Torres al mando en el banquillo. Ricardo Lunari, quien hoy da las instrucciones, no se ha topado con ninguno de los dos durante su estancia en Bogotá como técnico hasta ahora.

Ambos futbolistas juegan por dentro

Que estos dos se adapten a la realidad del conjunto albiazul en el plano futbolístico, a priori, no parece un problema. Aunque los roles que tendrán si se antojan distintos, tanto en relevancia como en funciones. Uno es mediapunta, y el otro, mediocentro. Ambos, en el 4-3-1-2 de Lunari, salvo sorpresa, ocuparán el eje vertical.

El mediocentro titular, hoy por hoy, es Fabián Vargas, con una tarea más creativa y enfocada a la dirección desde atrás que de romper el juego del contrario, donde Elkin Blanco expone sus facultades como futbolista. Si Lunari coloca a Elkin como primer hombre por delante de la defensa, no le pedirá lo mismo a él que a Vargas. Está claro. Por lo tanto, lo previsible es que el chocoano no comience el curso como titular, y sus posibilidades de ganarse el sello de ‘indiscutible’ dependen del plan que trace el jefe.

Sobre Otálvaro, quien llega luego de un semestre regular-pobre en Nacional, se puede decir que tiene la entrada al once más sencilla que Blanco. ¿Por qué? Porque las prestaciones de la posición sí encajan con su perfil a día de hoy, y porque Federico Insúa, titular en detrimento de Máyer Candelo por cuestiones de capacidad para el desgaste, no es especialmente creativo siendo mediapunta. Otálvaro lo es mucho más, y garantiza poder jugar sin perder el oxígeno el mismo tiempo que el Pocho.

Millonarios gana fondo de armario

El hecho es que Lunari adquiere dos piezas más que aceptables para esta parte complementaria del año, las cuales servirán, por lo menos, para rotar sin perder mucha calidad y competitividad. A partir de ahí, que sumen más de lo esperado está en ellos y la hoja de ruta del técnico. Veremos.

Un cupón millonario

Millonarios se clasificó a los playoffs con estruendo. Contra Santa Fe y la mayoría del Campín pintado de rojo, el equipo embajador demostró que está en su pico de forma desde que llegó Lunari. Luego de una tanda de encuentros que no se antojaba nada sencilla -Nacional, Medellín y Santa Fe-, el conjunto azul obtuvo siete de nueve puntos posibles, marcó seis goles y recibió dos, y, sobre todo, las sensaciones fueron siempre positivas. En lo futbolístico no tanto como en lo anímico. Y el responsable directo de esto último, y de que la ilusión del hincha esté a tope es Rafael Robayo (Bogotá, 1984), la clave de este equipo.

Robayo no contaba como titular al inicio del curso

Rafael no comenzó este semestre en la formación titular de su técnico. Ni siquiera era un revulsivo constante. De hecho, hasta mediados de marzo había tenido muy poca continuidad. Pero precisamente el 15 de ese mes, Fabián Vargas se lesionó durante el primer Clásico capitalino de este curso. En ese momento Robayo saltó al césped para sustituirlo, y al final del partido su nombre estaba en boca de muchos por su brutal derroche de energía. A partir de ese argumento, su energía, el ‘8’ no volvería a salir de la cancha. Hoy es la pieza imprescindible del once.

Y lo es porque le ofrece a su míster la posibilidad de legitimar su propuesta. La magnitud del bogotano es tanta que le permite a Lunari hacer cosas que no son normales en clave Liga Águila. El técnico argentino inició el semestre con un centro del campo conformado por Vargas e Insúa en el eje vertical, y David Macallister Silva y Javier Reina en el horizontal. Una propuesta muy arriesgada que evidenciaba su principal defecto al momento de la transición defensiva. Millonarios sufría contra cualquiera para frenar contragolpes. En parte era porque quienes conformaban el medio no sentían como algo suyo el esfuerzo de correr hacia atrás ni tampoco de presionar desfondados hacia adelante, y también porque no atacaba de una manera que le dejara bien parado al momento de la pérdida. Sus delanteros no se movían de forma óptima y Reina e Insúa se pisaban en la zona favorita de ambos: la mediapunta. Era un puzzle complicado.

La solución entonces, casi sin querer, fue Rafael Robayo. Con su sola presencia compensaba el déficit de intensidad y físico en el centro del campo, tanto en ataque como en defensa, y le quitaba al Pocho un intruso de su parcela. Y no menos importante: sumaba corazón. El cariño entre Robayo y la hinchada es de lo más recíproco que puede haber. Por ese lado no hay punto negativo. El movimiento era un win-win incontestable. Y así lo demostró él mismo. Robayo aportó equilibrio a un equipo que parecía una balanza con un ladrillo de un lado y una pluma del otro.

Rafael es para su equipo un as del movimiento

Entonces, a día de hoy, un poco más en detalle, ¿qué futbolista es Rafael Robayo con 31 años? La respuesta es sencilla: un centrocampista que es capaz de dominar las canchas de Colombia por su físico imponente y su brutal activación mental. Hace del movimiento su virtud primaria. Tiene mucha presencia a lo largo de los 90 minutos.

El capitán de Millonarios, en ataque organizado, es una fuente inagotable sin la pelota. Lo primero que hace es dibujar líneas de pase sin parar. Muchas en dirección diagonal para permitir a su equipo subir la altura del ataque, y unas cuantas menos entre líneas para desorganizar el mediocampo rival. Algunas veces puede incluso tirar un desmarque de ruptura si es necesario. También se le puede ver detrás de la pelota cuando el lateral de su flanco la tiene más arriba que él. Encontrar a Robayo no es difícil porque él se la pone fácil a sus compañeros. Luego de que recibe espera a que un rival salga a presionarlo, y suelta la pelota. Da continuidad a la circulación de balón, en corto o en largo. Con el esférico en los pies, poco más en esta fase del juego.

Y cuando Millonarios la pierde, ¿cómo queda Rafael? Eso depende de dónde esté. Si decidió quedarse atrás, tiraniza el rebote como contra Nacional hace tres semanas. Su lectura de posicionamiento es aceptable, y si está un poco lejos, bien llega corriendo a toda potencia para cazar los balones divididos. Si su equipo la pierde y él estaba muy arriba, como por ejemplo en el área rival, no escatima en esfuerzos y se dispara hacia atrás para defender.

En otros contextos notarían sus defectos

En cuanto a defensa organizada, lo que se pueda decir de Robayo no hace parte de lo que se vea hoy poR hoy en los partidos de Millonarios, ya que esta es la fase que menos frecuenta la escuadra azul. Si Robayo hiciese parte de un doble pivote en un equipo de repliegue, se le verían las costuras. Perdería la referencia a su espalda por salir a la presión, y su poca capacidad técnica al momento de pasar el cuero le penalizaría bajo presión. Eso por citar algunos problemas que tendría en ese contexto. Pero el plan del que hace parte ahora mismo le potencia, le beneficia. Y él a sus compañeros.

En transición ofensiva, la presencia de este futbolista se limita al inicio y al final. Su primer pase para montar un contragolpe es sobresaliente. Luego su capacidad para terminar los mismos contraataques que empezó es impresionante, como contra Santa Fe. Acompaña y mata.

Sus últimas tres actuaciones son el resumen de cómo está su equipo. Pletórico en lo anímico, y bien en lo futbolístico. Robayo ha saldado sus últimos dos partidos con gol y asistencia en cada uno, más un sinfín de corridas emocionantes. A muy poco de que inicien los playoffs de esta Liga Águila, Lunari ha logrado reclamar su cupón millonario. Le sentará bien para lo que viene. Que será duro.

El azul ya tiene bailarín

Hace ya casi nueve meses, en la primera noche de la era Lunari, a Millonarios le hizo falta un bailarín contra Santa Fe. Extrañó a un delantero capaz de moverse sin parar para otorgar ventajas a sus centrocampistas. Ese día el choque terminó con un marcador abultado para los rojos y se recordó más que nunca a Dayro Moreno, quien había volado hace poco a México. Ayer, en el Clásico, el equipo embajador dominó un partido como pocas veces durante este proyecto, nada menos que ante el Nacional de Juan Carlos Osorio. Y lo sorprendente es que dicho control estuvo cimentado en la movilidad incesante de Jonathan Agudelo, quien contagió por inercia a Fernando Uribe para activar zonas muertas e incomodar a la defensa del verde. Así el local pudo incluso haber goleado.

Nacional y Millonarios querían la pelota

El enfrentamiento tuvo varias fases. La primera, del 1’ al 30’, estuvo marcada por la intención de ambos conjuntos para tener la pelota. La posesión fue dividida y el partido estuvo en tierra de nadie, aunque Millonarios, por la misma energía de sus delanteros, y porque en general salió a jugar con más intensidad, transmitía más peligro al contragolpe. Valencia y Escobar, los extremos en el 4-2-3-1 de Nacional, estuvieron muy poco precisos técnicamente, y, por lo tanto, los de Osorio no generaban espacio por dentro para Yulián Mejía y Sebastián Pérez. La salida de balón de los visitantes tampoco era clara, y los delanteros de Millonarios la lograban ensuciar aún más gracias a una presión bien ejecutada. Silva y Robayo, los interiores de Millonarios, vieron facilitada su tarea sin la pelota, pues para recuperarla no debían correr muchos metros.

Cuando Nacional perdía el esférico, Millonarios buscaba la espalda de Henríquez y Peralta. En esas lides, Uribe y, sobre todo, Agudelo estuvieron de cine. Chocaron, ganaron juego directo, pivotearon bien de espaldas, tiraron desmarques de ruptura muy agresivos y desmarques de apoyo útiles hacia las bandas. Cerca de la media hora de juego, los de Lunari comenzaron a mover el cuero a placer.

Fabián Vargas sobre el trabajo de los delanteros

Millonarios jugaba bien desde atrás

Desde ese momento hasta el final del primer tiempo, Camilo Vargas demostró con creces por qué es futbolista de Selección Colombia por si a alguien le quedaban dudas. Millonarios lograba hilvanar la jugada desde atrás con Fabián Vargas metido entre los centrales para luego filtrar hacia Insúa, Robayo o Silva. Más adelante, Déiver Machado se ofrecía por la izquierda, y giraba la vista de Nacional hacia su flanco. Ahí él tocaba con ventaja y aparecía el peligro. El rebote también pertenecía al cuadro local: Rafael Robayo, de gran partido, tiranizó la segunda jugada a partir de su gran físico y un posicionamiento notable. El ataque embajador continuaba gracias a Rafael y a Fabián.

Fabián Vargas sobre la fluidez de juego de Millonarios

Rafael Robayo acerca de su rol en el encuentro

El partido llegó 0-0 al descanso, y Osorio se vio obligado a recomponer su esquema para parar la sangría y para compensar la lesión de Alexis Henríquez. Por este último entró a la cancha Gilberto García. Nacional pasó a cerrar con 5 atrás, más Pérez y Palomino en el doble pivote: un 5-2-1-2. La actitud que adoptó el equipo paisa fue definitivamente más reactiva. La respuesta de Millonarios en los primeros minutos de la segunda parte fue soltar aún más a Machado, pues Escobar, casi en punta con Velázquez, no iba a seguirlo hasta línea de fondo. Así los azules exigieron un paradón a Camilo Vargas y se toparon con el poste en esa misma jugada.

Juan David Valencia sobre el cambio táctico de Nacional

A Nacional le costó varios minutos asentarse sobre el terreno, pero cuando lo hizo, la balanza se igualó un poco. Juan David Valencia y Alcatraz García ayudaban a su defensa y a su mediocampo a cerrar por dentro, por lo que el juego interior de Millonarios encontró más dificultades para fluir. Además, las sustituciones de Duque por Velázquez y Ruiz por Escobar dieron a los de Osorio más opciones de salir en largo por la fuerza y la velocidad de ambos delanteros. Yulián Mejía se encontró más cómodo en esa situación, ya que tomaba la pelota de cara y podía enviar más pases filtrados.

El encuentro pereció cuando a ninguno de los dos les quedaba aire. Terminó 0-0, y a Millonarios le quedó la espina de no haber marcado en un partido que dominó de manera incontestable durante muchos minutos. Nacional, sin algunos de sus jugadores más importantes como Guerra, Copete, Bernal o Berrío, se va con una conclusión que no es nueva para ellos: tener que mejorar los mecanismos de circulación de pelota para imponer sus condiciones, pues de otra forma casi siempre está en desventaja. A falta de un par de fechas, ninguno de los dos tiene asegurada su presencia en los playoffs. Se vienen sólo finales para albiazules y verdolagas.