Cuando todo cambia

Atlético Nacional cambiará el enfoque que le da a su manera de defender a partir de este segundo semestre. Lo que era una labor un poco de todos puede recaer sobre la espalda de un sólo jugador. La partida de Alex Mejía tras finalizar la participación del equipo en Copa Libertadores es un gran detonante para este volantazo de Reinaldo Rueda, pero no el único.

Agujero Blanco

Millonarios se presentó en el Atanasio Girardot acusando insuficiencia. Que sólo tuviese un delantero disponible es muestra de su precaria actualidad. Y, aunque cojeando, compitió. Los de Rubén Israel llegaron a dominar a un equipo serio como lo es el Independiente Medellín de Leonel Álvarez. El embajador murió con las botas puestas.

El regreso de Hernán Hechalar le caía como anillo al dedo al DIM. Con Hechalar por derecha, Goma Hernández podía regresar al doble pivote y, junto con Daniel Torres, protagonizar una salida de balón tremendamente eficaz. Pero la línea del medio albiazul espesó tanto al DIM que éste se vio obligado a desistir de la iniciativa. Desde entonces el DIM se dedicó a contraatacar, pero nunca pudo acelerar más que Elkin Blanco. Millonarios parecía impenetrable. Y peligroso, porque recuperaba el balón en campo del DIM y le bastaba con un toque para encontrar a Jonathan Agudelo. Era una tarde redonda para Millonarios: Agudelo desbordaba a complacencia por la zona de Fabra.

Daniel Torres mostró su mejor fútbol con la camiseta del DIM

No obstante, al DIM le bastó con un breve movimiento para batir a Vikonis. La proyección ofensiva de Andrés Mosquera por derecha sirvió para evadir a Elkin Blanco, el cerrojo defensivo albiazul, y arruinar el meritorio primer tiempo de Millonarios. La respuesta de Rubén Israel no fue del todo mala: el ingreso de Mario González sumó dinámica en un Millonarios desconcertado. Pero la salida de Elkin Blanco fue un precio que Israel no se podía permitir. Blanco dejó un agujero que Daniel Torres aprovechó a las mil maravillas: exhibió pases, controles orientados y lanzamientos exquisitos. Sabemos que Leonel Álvarez le delegó a Torres el timón. La mejor noticia de cara a los playoffs es que, junto a Goma Hernández, el timonel parece sentirse mejor que nunca.

Gimme Shelter

El Apocalipsis está a un disparo de distancia, dice Mick Jagger. Un disparo y todo cambia para siempre dando paso a un escenario nuevo e inexplorado, no sin antes pasar por la fragilidad que produce encontrarse con las ruinas. El semestre azul está un poco encontrándose con sus ruinas, con la majestuosidad de lo que fue, con el reconocimiento de lo que construyó de sí mismo a lo largo del proceso que lo ha llevado de nuevo a la gloria. Está desesperado intentando encontrar el camino de regreso.

El equipo sigue dotado de resolución defensiva. El funcionamiento atrás es mejor al de un equipo que no es candidato al título. La clave, después de todo, sigue siendo el mediocampo: Elkin Blanco y Fabián Vargas. El bogotano está viviendo físicamente un gran momento, pero donde más asombra es tomando decisiones técnicas al alcance de los buenos medios de la Liga. Su escudero es Blanco, que tiene un despliegue físico determinante en el funcionamiento del onceno. Al mediocentro le viene muy bien la cobertura de espacios, a la que acompaña de un buen posicionamiento táctico. Cuando conviene, hace un marcaje lateral y, generalmente hacia la derecha, en el costado de Oswaldo Henriquez, puesto que Cadavid es más dado a interceptar y a achicar su posición hacia delante. Así compensa. Como complemento, cuando debe recibir en posicional el ataque rival, el método defensivo azul cuenta con laterales cerrados, alejados de la línea de cal y unos metros más arriba de los centrales para tomar recepciones interiores a la espalda de Blanco que está libre tanto para la segunda jugada como para atacar el balón en defensa, ya sea mediante la interceptación de pases o en caso de que haya conducción del rival.

En fase ofensiva, su rango de pase es corto y diagonal. Toma pocos riesgos con el balón en los pies y pierde pocas pelotas en relación a las que toca, pero estas pérdidas son siempre en pases largos. Aquí su aporte es posicional, invisible, porque le permite a Fabián Vargas ser libre. ¿Libre? Sí, en consecuencia el mediocampo trabaja a dos alturas distintas, así que Fabián rompe líneas con la posición. Movimiento que complementa con el pase también diagonal, pero más largo, a los jugadores que ocupen la banda.

Una buena: los mediocampistas millonarios se ayudan, dan apoyos constantes uno al otro para liberarse de la presión rival. Una mala: cuando arriesgan con pases verticales, los dos, el equipo pierde la posesión.

Se complementan tan bien que cuando Blanco sale lateralmente a tapar la subida de alguno de los laterales, Vargas toma el centro e incluso se mete en los centrales dando equilibrio al repliegue defensivo y armonía posicional. Su mayor índice de recuperaciones es central, pero hay algo que no aparece en las estadísticas: la pericia para leer las transiciones ofensivas del rival. Cuando el chocoano abandona su posición central para el marcaje lateral, siempre corta. La jugada no progresa. Millonarios está pasando por un déficit creativo, lo cual hace que el equipo pierda la pelota en posiciones de desventaja y ahí esta pericia es fundamental, porque permite la reorganización del equipo en defensa con el movimiento en retroceso de Fabián mencionado anteriormente. La teoría dice que cuando se contraataca a un equipo que está en ataque organizado, se debe abrir el ataque a las bandas, porque conviene sacar al mediocentro de su posición de comodidad para así volver al centro en los metros decisivos con ventaja. Pues bien, Millonarios está facilitando esta tarea a sus rivales porque está perdiendo la pelota en los espacios centrales de su ataque, así que con un apertura de la jugada hacia alguna de las dos bandas, debería bastar para desactivar ese jugador parabrisas, pero Blanco está ganando la batalla aún saliendo. Por lo menos se asegura de no perderla. Un lujo que se puede dar todavía este equipo.

La solidez defensiva aún persiste, así que debería ser el refugio para la salvación heroica de este equipo y para la construcción del nuevo proyecto.

Da unos pocos pasos para llegar al borde del abismo. Detenido en la última porción de tierra firme, dirige la mirada al vacío sin saber que con ello una oleada de aire golpea y recorre su cuerpo; la sentencia dicta que se ha ido todo. Allí, en ese punto, una ironía: ya no hay nada que perder. Entonces se pone todo sobre la mesa. Lo último. Lo esencial. Sí, está a un disparo del Apocalipsis, pero Mick Jagger encontró una manera de salvarse.

Sírvanse.

Por un detalle

En el calor inhóspito de Barrancabermeja, Millonarios se presentó con una idea clara: robar el balón lo más cerca del arco defendido por Jerez. Su primera presión se instaló allá en el campo del equipo petrolero. Esto es una prueba de esa pesadilla que debe tener Rubén Israel cuando duerme: no hay gestación de juego en Millonarios. Es por esa razón que el equipo capitalino necesita recuperar el balón tan arriba, de manera que no hay necesidad de hacer una gran construcción de jugadas.

Millonarios presionó arriba para no padecer en la gestación de los ataques

Pero la pesadilla no termina ahí. El equipo azul tampoco tiene un jugador capaz de sacar el balón desde el fondo con limpieza. Cuando Elkin Blanco intentaba ser el encargado del primer pase, sus entregas eran erróneas, o simplemente ponía a sus compañeros a luchar balones en lugares no permitidos. Vargas intentaba, entonces, ser el encargado de hacerlo, pero cuando levantaba la cabeza no veía a nadie en buena posición para recibir. Es por eso que presionaban arriba y siempre intentaban jugar en largo para ganar las segundas jugadas.

Alianza Petrolera en un principio se vio sorprendida, no entendía cómo el equipo capitalino era tan osado de presionarlos tan arriba y, ante ese problema, no les quedaba más que jugar en largo, siempre buscando a Arzuaga. Una vez los locales lograron con mucho esmero pasar ese primera presión de Millonarios, el juego asociativo empezaba a verse. Cuando el balón pasaba por Mateo Fígoli o por Juan Pablo Nieto, lograban acercarse con peligro, pero era tan sólo una amenaza que no se concretaba. Cuando el equipo local estaba instalado en campo azul se pudo ver algo interesante: todos estaban comprometidos con la recuperación del balón. Los cuatro volantes de Millonarios, con un perro de caza como Blanco, no permitían que Arzuaga quedara nunca frente a Vikonis y en muchas ocasiones se veía al Pocho Insúa ayudando en defensa.

Esa idea de juego que planteó el equipo azul era de alguna forma un suicidio. Presionar tan arriba requiere: primero, un nivel de concentración muy alto por parte de los intérpretes; segundo, hacer un esfuerzo físico bárbaro.

A pesar de los nombres, Millonarios carece de imaginación

Sin embargo, la idea estaba funcionando. Cuando Millonarios lograba robar el balón adelante, se sentía más cómodo y había un pequeño aroma de gol. En esos últimos metros de cara al arco, Insúa y Vargas, en ocasiones, amenazaban al equipo contrario. Pero la realidad, aunque suene ilógico, es que Millonarios carece de imaginación. Un equipo que presenta dentro de sus titulares a dos jugadores como Macalister Silva y Federico Insúa, y que tiene entre los emergentes a Mayer Cándelo y Harrison Otálvaro, increíblemente carece de imaginación.

Alianza llevó a Millonarios a su faceta defensiva cómoda: centros al área

El equipo no tiene un plan de ataque definido y los delanteros, sin importar el nombre, lo sienten. Ante esta presentación pesimista, el único recurso que le quedaba al equipo capitalino era lanzar centros, ya fuera a través de Ochoa o Machado. Pero con el balón en el aire, Alianza estaba muy tranquilo. Sus centrales Aguilar y Valencia sólo tenían que luchar con un jugador de muy baja estatura como lo es Romero.

Fue por eso que lo único rescatable en ataque del equipo capitalino se vio cuando David Macalister Silva sacó a relucir todo su talento. Con una jugada de postín habilitó al delantero azul y lo dejó solo frente a la portería.

Millonarios sorprendió, no hay duda. Sin embargo, una vez llegó el gol de Alianza y les tocó salir con más protagonismo, se vio la carencia de ideas. La entrada de Otálvaro esperanzó, pero las dos líneas de cuatro del equipo petrolero no lo dejaron hacer mucho. Una vez entró Cándelo, el balón empezó a circular más, hubo más toque y se intentó elaborar las jugadas. Pero ya era tarde. Y aunque Alianza nunca tuvo el control del partido, tampoco sufrió en ningún momento.

Los detalles en una crónica dan color; los detalles en una obra literaria dan realidad; los detalles en un partido, definen el resultado. Este partido fue eso: un sólo detalle que dejó a Alianza Petrolera más cerca de la clasificación y a Millonarios más hundido en sus dudas.

Dos ritmos favorables a Vladimir

El Millonarios-Junior se compuso por una clara vertiente: el ritmo bajo. El local no aceleró y el visitante no sufrió. Es decir, el juego se decidió a favor de Alexis Mendoza, aunque de la mano de Rubén Israel se evidencian notorias mejorías, sobre todo porque ya hay funciones específicas para el segundo pivote, Maxi Núñez y la relación Insúa-Candelo. Vargas o Robayo vuelan sin freno; Núñez sacude; Federico y Mayer interactúan constantemente. Lo de los dos enganches tiene trampa puesto que no crearon ventajas, pero eso llegará con el paso de los compromisos mientras el entrenador uruguayo implanta un sistema ofensivo que los potencie.

Guillermo Celis fue de lo más destacado

Millonarios establecía sus posiciones rápidamente en campo rival en búsqueda de Insúa y Candelo. Los dos marcaban opciones de pase a la misma línea pero en diferentes carriles. Siempre se buscaban. Hasta en los tiros de esquina. Y aquí destacó la presencia de un futbolista como Celis que con libertad posicional expone su amplio físico. Para atacar y defender. Para subir y bajar. Millonarios jamás superó la barrera de Guillermo. No dominó el partido en su totalidad, pues en fase ofensiva cargaba mal el área y no recogía la cantidad suficiente de rebotes, pero en él estuvo el partido.

Está claro que los mecanismos de salida de balón y la calidad en los primeros de pases no es la misma con y sin Cuéllar. Sin embargo, la clave del Junior no estuvo en sacar mejor o peor el marrón, sino en pillar a contrapié a Millonarios. El azul, evidentemente, no defiende igual en los metros finales con Henríquez-Vega a diferencia del jefe Torres y el inspirado Díaz. Blanco llevó el partido a donde pudo, pues los controles de Ovelar, las conducciones de Pérez y las acciones espectaculares de Vladimir mandaron.

Vladimir Hernández, muy decidido en todo lo que hace

En la segunda mitad, cuando el ritmo aumentó, Junior pegó el último tiro. Millonarios se partió en dos bloques donde cuya disciplina en el repliegue desapareció, Blanco se juntó a los centrales y quedó en inferioridad numérica tras la expulsión de Mosquera. Junior logró y catapultó la victoria cediendo la posesión, armándose sobre el círculo central y corriendo a toda luz. Vladimir volvió a destacar. En la lentitud, encaró y desbordó con determinación; en el ida y vuelta, ofreció las jugadas que viene dejando desde finales del torneo pasado. Dos ritmos favorables.

Volver a ser Fabián Vargas

Hubo 24 situaciones de gol en el clásico de la capital: estadística tan espectacular como lo fue el encuentro. De Gerardo Pelusso era de esperar un partido calculado hasta el menor detalle. Era Rubén Israel, por su parte, el llamado a aceptar la invitación a competir. Y a pesar de ser debutante, Israel supo competir con creces.

Millonarios tomó todas las precauciones del caso para enfrentar a Santa Fe. Por derecha, Stiven Vega contuvo en todo momento las escapadas de Juan Daniel Roa. Por izquierda, Fabián Vargas fue el encargado de disociar a Sergio Otálvaro de Yulián Anchico. Así las cosas, Santa Fe se vio maniatado, incapaz de liberar su frenesí.

El regreso de Elkin Blanco le vino muy bien a Fabián Vargas

También hubo tiempo para proponer. La sorpresa en el mediocampo fue la inclusión de Elkin Blanco, llamado a librar a Fabián Vargas de sostener el retroceso del equipo. Para Vargas fue un renacer. Como en tiempos de Juan Manuel Lillo, Vargas vuelve a estar a cargo de dar sentido a la posesión del balón.

Hubo declaración de intenciones en Bogotá. Rubén Israel quiere el balón. Mientras Fabián Vargas vuelva a ser Fabián Vargas, Israel tendrá una preocupación menos.