Fortaleza sin Torres

No teníamos mediocentro. Estaba, a veces, Edwin Valencia, pero aunque por perfil era el que mejor se ajustaba, sus deficiencias técnicas y de ritmo eran notorias; sí, estaba también Carlos Sánchez, pero era un Carlos Sánchez inmaduro, de fútbol de artificio y lagunas de concentración e intensidad que volvían de cartón su apelativo de Roca.

De roca a muro

El todo es más que las sumas de las partes”: Aristóteles. Esa es la frase que se aprecia escrita en una de las paredes del vestuario colombiano que explica en gran parte el porqué de la derrota brasileña más allá del triunfo colombiano. Brasil depende de Neymar, y el futbolista de inspiración. El equipo brasileño corrió como lo ha hecho en los últimos años, pero no jugó. La Brasil que enfrentó a Colombia fue la del Mundial: esperó a que Neymar resolviera. Pékerman conociendo esta dependencia obligó a Carlos Sánchez ser la sombra del futbolista brasileño.  Sánchez en el uno contra uno es en jugador con unos números bastante favorables pero controlar o detener a Neymar era un reto que parecía imposible de cumplir, pues, lo mostrado ante Venezuela no era coherente con la tarea impuesta.

La primera parte de Colombia se resume en un nombre: Carlos Sánchez

La primera parte de Carlos Sánchez fue esplendorosa. La roca se convirtió en un muro impenetrable para Neymar y cualquier otro jugador que haya querido pasearse a su alrededor. Se multiplicó y anuló cualquier opción que intentaba gestar un desconectado Neymar que no hallaba la manera de superar a Carlos. Mirada fija a la pelota y robo seguro. La superioridad del mediocentro colombiano fue potenciada por la lenta y errónea circulación del balón por parte de sus rivales. Sánchez adivinaba el pase y robaba con facilidad. Ni Fernandinho ni tampoco Elías son futbolistas sobresalientes para lanzar un pase tenso entre líneas que superara a los medios colombianos, como resultado no existía conexión entre Neymar con los de arriba. Si hubo desmarques o movimientos a las espaldas de Zapata y Murillo no se notaron, estuvieron eclipsados por Sánchez que se encargó de que Firmino como ‘falso 9’ no tuviese suficientes y cómodos contactos.

Colombia tuvo un futbolista potenciado en cada línea. En defensa Jeison Murillo se ponía el traje de Mario Alberto Yepes. Invencible en el juego aéreo, timing perfecto para lanzarse a por el cuero y una salida mejorada de balón. En mitad, Carlos Sánchez podaba el campo y generaba cortocircuitos en todo el sistema brasileño. Sánchez firmó unos 45 minutos escandalosos y dignos de mostrar a los chicos que recién empiezan a jugar este deporte. Su claridad y velocidad a la hora de pasar fue importante para que James, Cuadrado y un descomunal Gutiérrez pudieran marcar diferencia. Teófilo fue la llave maestra. El futbolista de River Plate permitió a su selección enlazar y tener líneas de pases mejoradas cada vez que él decidía descolgarse unos metros y mover el sistema defensivo brasileño. Teófilo Gutiérrez tiene el manual de cómo jugar al fútbol: cuando recuerda lo leído y empieza a aplicar en la cancha, se exhibe.

En líneas generales, Colombia tuvo un repliegue seguro

En el segundo período con una Brasil obligada a ir por el empate superó en número a los jugadores en el mediocampo colombiano. Seis jugadores atacaban, cuatro defendían. El técnico argentino respondió con un 4-1-4-1 con Carlos Sánchez como puente entre defensores y volantes. Ibarbo taponaba el juego por la izquierda, Sánchez y James en el medio, Cuadrado por la derecha, y Bacca esperaba correr. Brasil más que atacar, controló al equipo colombiano e intimidó bloqueando la salida y cortando los contragolpes, no dando chances de ampliar el marcador. El equipo carioca solo produjo algunos sustos, pero su fútbol fue pobre. Futbolísticamente Brasil ya no es Brasil y sin Neymar… Brasil tampoco compite. Por su parte, Colombia aprendió que “El todo es más que las sumas de las partes” y ha renacido en la Copa América.

Colapso

Sería injusto categorizar lo sucedido ante Venezuela como una sorpresa. El declive de Colombia comenzó a ser evidente desde la Copa del Mundo, inmediatamente después de la lesión de Radamel Falcao, y en los meses recientes -debido a una gama de factores- se había intensificado. Era claro que en los últimos amistosos Colombia probaba, ante rivales de menor envergadura, distintos métodos para generar contextos cuya creación intrínseca se había hecho imposible con el desenchufe casi simultáneo de Edwin Valencia, Macnelly Torres y Radamel. Pero nunca hubo señales de consolidación. Ni la más mínima. A aquellas deficiencias sistémicas, se sumaron las presiones de la inflación mediática -tanto a nivel individual como colectivo- y de bajas de nivel y moral atroces, de tal manera que la tormenta, finalmente, tocó tierra. Lo sucedido era inevitable y, como todo, apenas cuestión de tiempo.

 Infraestructura defectuosa

Las primeras pistas de que algo extraño podía ocurrir llegaron desde que se dio a conocer alineación inicial. Ésta no disgustaba del todo, pero la aparición de Carlos Bacca como delantero titular junto a Falcao García, yuxtapuesta a la ausencia de un mediocampista interior con el criterio y dinamismo de Abel Aguilar, comenzaba a generar dudas. No quedaba claro cómo se avanzaría entre líneas sin balón. Ni siquiera si esto era posible. Casi de inmediato fue evidente que José Néstor Pékerman apostaba por un fútbol muchísimo más directo: no un derivado moderado como el juego resolutivo que había planteado durante la Copa del Mundo, sino un sistema directamente fundado en el lanzamiento y el choque, que dejaba cero espacio para la salida con pelota y conllevaba confiadamente a lucha de los delanteros en la profundidad del territorio rival. Pero ante el embudo forjado en la retaguardia venezolana esto no fue efectivo. Apoyada en la corpulencia de Túñez, Vizcarrondo y Amorebieta, la última línea vinotinto consiguió repetidamente superioridad aérea, y la primera línea de mediocampistas fue exitosa tanto al cerrarse hacia la defensa, como al neutralizar los rebotes.

Epicentro

Hay que destacar, no obstante, que la infertilidad en el último tercio no fue la única cause del fracaso, ni el único motivo de preocupación. En el contexto de la Colombia de los últimos tres años, la posesión y el dominio son prácticamente equivalentes, y con la pérdida lo primero, lo segundo fue inexequible. Venezuela fácilmente se hizo dueña del mediocampo, apoyada por el robo seco de Tomás Rincón y el dinamismo incansable de Luis Manuel Seijas. A eso, hay que decirlo, se sumó la conducción de Juan Arango -cuyos toques, aunque escasos, eran esenciales tanto en trámite como en la búsqueda de la finalización- y el desconcierto de los mediocampistas colombianos, quienes veían la pelota más volando sobre sus cabezas que llegando a sus pies. No hay duda de que Carlos Sánchez y Edwin Valencia se encuentran lejos de su mejor forma. Ellos intentaron, por naturaleza, acercarse a los centrales para intentar ejecutar salidas con pelota así fueran escasas, pero, su impacto se diluía en su falta de rapidez, la severidad de la presión rival, y la ausencia de un primer receptor. Esto, de hecho, pudo haber sido el epicentro de la tragedia. Los tres hombres en última línea -dos centrales y un mediocentro- jamás encontraron un escalón que sirviera como variante para el rechazo largo (e impreciso) y mucho menos un primer pase partiendo de esa posición. Valencia y Sánchez fueron nulos entre líneas y recibiendo de espaldas. No existían. Y eso también era de esperarse.

Ruptura

Ya más allá de los patrones sistemáticos fallidos, hay que decir que el nivel individual, nuestro principal argumento de adaptación, tampoco estuvo. El recurso de los laterales -Pablo Armero y Camilo Zúñiga- tanto en la salida como en la llegada fue bastante blando, y los defensores centrales se vieron deficientes en posicionamiento, velocidad y capacidad para la basculación. Los ataques de Venezuela fueron escasos, pero Murillo y Zapata, con frecuencia, se vieron exigidos. Por otra parte, sería injusto juzgar el partido de Carlos Bacca y Falcao García, ya que las deficiencias colectivas limitaron bastante su participación; sin embargo, es importante resaltar la inconsecuencia absoluta del fútbol de James Rodríguez. El ‘10’, hasta los últimos 20 minutos, sencillamente no apareció. Su accionar tras recibir de espaldas fue mucho menos eficiente de lo usual, y se mostró por lo general débil y ansioso en la conducción. El generador de momentos estuvo en freno y más allá de su impacto directo, su ausencia volteó la balanza de sensaciones completamente a favor del cuadro de Noel Sanvicente.

Recuperación

¿Es posible rescatar la Copa? Resulta difícil decir. Colombia, hacia el futuro cercano, es una incógnita completa. Sin embargo, parece evidente aquello que Pékerman quizá se rehusó a creer antes del partido: es necesario volver al comienzo. A la identidad del proceso. Y cueste lo que cueste. Colombia, hoy por hoy, tiene recursos cuya mejor forma no compagina con la idea que resucitó el argentino con su llegada, pero estos deben ser considerados dispensables ante el camino del éxito. Y todas las probaturas parecen sugerir que regresar a esa premisa inicial es el preludio ineludible para la victoria. Para tal propósito, restablecer la salida con balón como punto de partida -quizá con la inclusión de Pedro Franco o Carlos Sánchez como centrales titulares- pudiera ser una opción importante. Y posibilitar el ataque posicional con la inserción de Teo Gutiérrez en el once inicial parece ser necesario.

“De hecho, no es anecdótico que en el fútbol, como juego que se mueve entre lo místico y lo alegórico, se acuda tanto al concepto de identidad para explicar el éxito de determinados clubes y selecciones. Los equipos de fútbol son personificaciones de una historia y están compuestos por un ADN exacto. (…) Esa ha sido la función del fútbol en Colombia. La de contar chistes en los momentos más lúgubres. Es algo que se ve en nuestro estilo de jugar por jugar, a veces como si no hubieran porterías y pensando que estamos en el barrio jugando un picadito con amigos. Divirtiéndonos.»*

*Ustáriz, Eduardo. La Estrategia del Caracol en El Dorado Magazine (Edición #00). Bogotá. Julio 15, 2015. Pg. 24

Interrogantes en un café

Entre tantas cosas que albergan los cafés, las conversaciones grupales vivas y sonoras son protagónicas en dichos espacios de integración. Toda clase de temas desfilan en una mesa con tres tintos y varios conocidos. Que si este hizo esto, que si lo otro, que él prometió tal cosa y no cumplió, etc, etc, etc. Va desde el chisme más bajo hasta la materia más distinguida. Y así se repite todos los días, sin término, porque al final eso es lo que mueve a la gente. En medio de todo esto, por supuesto, está el fútbol, y, coyunturalmente, una Copa América en Chile que ya comenzó.

Muchas preguntas rodean el presente deportivo de esta Selección

La Selección Colombia afronta el torneo con varias certezas recientes, y muchas preguntas todavía más frescas. La novedad de la incertidumbre obedece a las ausencias forzadas del combinado tricolor. José Pékerman se lleva 23 jugadores entre los cuales no están varios de sus habituales, aquellos a los que tanto respeta. Abel Aguilar, Fredy Guarín Juan Fernando Quintero, y Éder Álvarez Balanta son las bajas más sonadas. Luego, el grupo que sí viaja a competir está conformado por algunos futbolistas que no tuvieron su mejor temporada -Camilo Zúñiga, Pablo Armero, Radamel Falcao…-, lo cual, lógicamente, genera cuestiones que Pékerman termina por responder a corto plazo, pero que igual aquejan a esos que se sientan en un café a conversar. En sí ¿cómo llega Colombia para este reto?

La lista la integran tres porteros -Ospina, Vargas, Bonilla-, cuatro laterales -Zúñiga, Arias, Armero, Andrade-, cuatro centrales -Zapata, Franco, Murillo, Valdés-, tres mediocentros -Sánchez, Valencia, Mejía-, ningún interior nato, cuatro mediapuntas -James, Cuadrado, Cardona,-, un extremo -Ibarbo-, y cinco delanteros -Falcao, Jackson, Teófilo, Bacca, Muriel-. La polivalencia no es un factor común entre los mencionados, y quienes se puedan desempeñar en posiciones diferentes a las suyas, como por ejemplo Pedro Franco en el mediocentro, tampoco marcarán una diferencia mayúscula a partir de cambios posicionales salvo sorpresa mayúscula del seleccionador.

En ese orden de ideas, y teniendo pleno conocimiento de que Pékerman prioriza las jerarquías internas de la plantilla para definir su alineación titular, el once tipo probablemente sea prácticamente “el de siempre”, más Carlos Valdés entrando por Yepes, Edwin Valencia entrando por Abel Aguilar, y Falcao volviendo a la delantera en detrimento de Ibarbo. Al completo, sería: Ospina; Zúñiga, Zapata, Valdés, Armero; Valencia, Sánchez; Cuadrado, James; Teófilo, Falcao. 4-2-2-2. Algo muy parecido a toda la propuesta del ciclo que inició en 2012.

Las modificaciones que probó Pékerman no podrán ser en este torneo

Tras el quinto puesto conseguido en el Mundial, Pékerman buscó actualizar mecanismos, probar nuevas cosas. Por ejemplo, contra El Salvador, intentó adecuar el sistema a James al ubicarlo de mediapunta y darle mucha libertad detrás de dos delanteros y delante de dos interiores que tenían mucha movilidad en el eje horizontal. Poco más pudimos ver, ya que los demás amistosos -Kuwait y Bahrein- no fueron útiles para sacar una que otra conclusión, y el siguiente paso ya es este: la Copa América.

Entre medias, se lesionó el interior titular -Aguilar-, el interior suplente -Guarín-, y Aldo Leao Ramírez se quedó fuera de la lista. Balanta, alternativa poco probable para el centro del campo, también se rompió, y Stefan Medina, que hubiese sido una opción más que viable para el puesto, ha estado más fuera que dentro del proyecto desde el final de las Eliminatorias hasta ahora. Todo lo anterior da paso a la duda principal: ¿De qué manera funcionará Colombia teniendo en cuenta el déficit de centrocampistas? Hay que tener en cuenta que Mejía, Sánchez y Valencia son mediocentros defensivos puros. No son interiores. ¿Qué hará José Néstor? ¿A quién escogerá?

Las miradas apuntan hacia Camilo Zúñiga, pieza clave del engranaje cafetero hasta ahora. El punto con este jugador es que su participación en el Nápoli esta temporada fue testimonial. Carece de ritmo. Sin embargo, la balanza se decanta a su favor por la importancia que ha tenido hasta ahora, y aún más la que puede tener para paliar los defectos que habrá en la zona del círculo central de su equipo.

Camilo Zúñiga, ese lateral tan peculiar

La tendencia interior de Camilo es bien conocida, y Pékerman siempre ha actuado en pro de potenciarla. Ya incluso contra Brasil, durante el amistoso de septiembre del año pasado, lo ubicó de mediocentro para acompañar a Sánchez. El experimento no arrojó resultados por el inconveniente de la expulsión de Cuadrado minutos después. Pero la constancia está. Probablemente, cuando Colombia tenga la pelota, veamos al Zúñiga más merodeador del centro que nunca. La calidad técnica del 18 y su toma de decisiones no tienen nada que no tengan los demás centrocampistas colombianos. De hecho, puede significar hasta un plus respecto a ellos. La presencia de Valencia es capital en este punto, ya que Edwin puede compensar los movimientos de Camilo desplazándose hacia la cal con oficio y sin sufrir. Para sacar la jugada desde atrás y administrarla, el ex-Nacional será importantísimo.

Aún así, es necesario situar en contexto lo explicado antes. ¿Cuál será el plan global de Colombia? ¿Se parecerá más al del proceso de las Eliminatorias o al del Mundial? Lo más factible es que sea lo segundo, pero con varios matices.

En Brasil, Colombia optó por repliegue y contragolpe por varias circunstancias. Primero, que Falcao, el jugador que legitimaba el ataque estático de Colombia, se perdió la cita. Segundo, que Yepes se sentía más cómodo para hacer su trabajo estando cerca del área y no a 50 metros de ella. Y tercero, que James y Cuadrado, con espacio y juntos, son dinamita.

Para esta ocasión Falcao sí hará parte del conjunto y Yepes no está, pero el problema se encuentra ahora en la mitad. Un doble pivote Valencia-Sánchez no estaría apto para sostener cadenas de buenos pases que desordenen al rival. A cambio, blinda un poco más al equipo en campo propio. Sin embargo, el primer toque para romper la presión atacante y montar la contra no sería claro. James tendría que situarse cerca de la pérdida para tener opciones en esa faceta.

Lo normal sería ver a una Colombia más reactiva

¿Cómo va a mover la pelota Colombia? No sólo desde atrás, sino también en el medio y adelante. Quintero llegó para asumir el rol de Macnelly con mucha más calidad, pero tampoco podrá vestirse de corto en Chile. Queda Edwin Cardona, que brilla cuando otro la menea y él mata. En caso de elegir llevar la iniciativa con la pelota, se multiplican así las tareas para Zúñiga, como ya explicamos antes, y para James. La temporada del cucuteño en el Real Madrid, donde jugó de interior izquierdo y mostró un conocimiento del juego inusitado en él hasta para los que más le habían visto, resulta una excelente noticia de cara a la Copa América y al problema de los centrocampistas. Pero habrá que ver qué decide Pékerman. En sí, con el precedente del Mundial tan fresco, lo más probable es que opte por competir como en Brasil. Sería coherente, además, porque si el ataque estático no es sostenible, lo mejor es buscar alternativas.

El combinado cafetero se cuida, de esa forma, de no tener que defender contragolpes estando a 50 metros de Ospina sin garantías para hacerlo bien, y puede darle vuelo, de nuevo, a James y a Cuadrado más Teófilo en un rol de facilitador y no de finalizador teniendo en cuenta que Falcao jugará. El Tigre a la contra es un futbolista notable. Su calidad en esas lides está contrastada, se vio en el Atlético de Madrid.

Donde sí se puede decir que hay un inconveniente de gran calado es en la calidad que atesora el equipo para revolucionar un partido desde el banquillo. Quintero no está, y Cuadrado será titular. El cambio preferido de Pékerman durante buena parte del ciclo para darle un vuelco a los encuentros era sacar un pivote y poner a Cuadrado para formar con un 4-1-3-2. Luego, durante el Mundial, para encarrilar el partido contra Costa de Marfil sacó a Ibarbo, quien estaba cumpliendo una tarea puramente defensiva contra Aurier, y dio ingreso a Quintero. Estos movimientos tácticos estaban orientados a desbordar al rival con la pelota y empotrarlo en su área, y prácticamente siempre dio resultado. Era un seguro de vida. Sin embargo, en la Copa América no veremos esto, partiendo del hecho de que no hay nadie del perfil Quintero/Macnelly en la plantilla -o sea, un mediapunta 100% relacionado con la pelota y la distribución de juego-, y de que Cuadrado estará desde el pitazo inicial en cancha.

Bacca e Ibarbo podrían aportar, cada uno en la medida de sus posibilidades, energía y movimientos sin la pelota cuando más haga falta el aire, y Cardona podría sumar con sus toques definitivos o con un disparo de media distancia. Pero control de juego, poco.

La Copa América está por comenzar, y más allá de los peros, hay algo que este grupo de jugadores sí ha demostrado, y ha sido la gran impronta de Pékerman durante su periplo en Colombia: saber estar. El nivel de fortaleza mental está fuera de duda, y a partir de eso se construyen los títulos en torneos cortos. A los de José Néstor las circunstancias no les abruman, como sí sucedía antes. El que viaja a Chile es un conjunto que hasta ahora sólo ha evidenciado avances en lo psicológico. Eso en clave cafetera es exclusivo de esta época, y es el argumento principal para creer. Eso, sumado a los James, Cuadrado, Falcao, Ospina, Zúñiga, Téofilo y compañía, va a dar respuestas más pronto que tarde a los curiosos y propiciará más conversa. Como siempre.