Saber y hacer

La inteligencia y la lectura de cada partido llevaron a Cúcuta de vuelta a la primera división del fútbol colombiano. Su director técnico Alberto Suárez quien ya había sido campeón del primer campeonato del año en el Torneo de la ‘B’ con Jaguares, hizo una lectura clara y completa de las debilidades de su equipo, y buscó cómo mejorarlas.

Cúcuta vuelve a primera división después de un año

Una de las líneas reforzadas fue la delantera; era uno de los puntos más débiles del equipo Cucuteño. Había una notoria escasez de goles en cada partido del torneo de segunda división. Para ello, el equipo contó con las incorporaciones de Edwards Jiménez y Marcos Lazaga. En defensa el refuerzo más importante de Cúcuta fue la llegada de Franco Sosa – ex Boca- quien marcó un gol clave para que su equipo lograra el ascenso.

Cúcuta tuvo jugadores experimentados que sabían qué se estaban jugando y cómo debían hacerlo. “Gerardo Bedoya, quien carga en su lomo ya casi dos décadas de fútbol, necesitó un toque para hacerse con el partido, dos para sentenciarlo y unos cuantos más para exhibirse. El antioqueño ha dedicado, literalmente, la mitad de su vida al fútbol profesional, y en el primer partido de los cuadrangulares de ascenso a la Liga Águila se paseó sobre el césped de Techo con aura de general, de quien tantas batallas sólo le han dado más sabiduría. Contó con la complicidad de Edwards Jiménez, otro viejo zorro, para golear a Real Cartagena, un equipo joven que demostró ligereza ante un conjunto sólido con dos jugadores bien curtidos en las canchas colombianas”. Sebastián Duque.

La veteranía de Bedoya y Jiménez pesó en el ascenso motilón

El equipo Motilón desde un 4-4-2 clásico encontró el equilibrio necesario en cada juego y pudo ganar los partidos apoderándose del medio campo. Bedoya estuvo acompañado casi siempre de Arboleda quien le apoyó en marca y brindo aire en los momentos necesarios. Gerardo tenía mayor exigencia en sus pies, pues, era el  encargado de armar y destruir el juego. Cúcuta no solo halló solidez defensiva con el doble pivote de Bedoya – Arboleda sino mucha explosión y desequilibrio con Diego Espinel, quien fue el más inquieto al atacar por las bandas. Espinel no paró de moverse, apoyar en defensa a Sosa y asociarse con Bedoya, Edwards y Lazaga.

Sin la pelota el equipo de Suárez no se siente tan incómodo. Repliega sus líneas defensivas cerca de su portero y deja poco espacio para que sus rivales se muevan e intenten rematar al arco. Con la pelota y espacios al atacar, los jugadores y en especial Gerardo Bedoya, juegan a placer. Cúcuta puede ser un rival incómodo para cualquier equipo pues se adapta a todo tipo de partido. Puede ser dominado, jugar a la ida – vuelta o someter a su rival. Los motilones son un equipo que debe mejorar y potenciar cada línea de su campo, pero que entiende qué debe hacer y lo hace bien.

El peso de la veteranía

Gerardo Bedoya, quien carga en su lomo ya casi dos décadas de fútbol, necesitó un toque para hacerse con el partido, dos para sentenciarlo y unos cuantos más para exhibirse. El antioqueño ha dedicado, literalmente, la mitad de su vida al fútbol profesional, y en el primer partido de los cuadrangulares de ascenso a la Liga Águila se paseó sobre el césped de Techo con aura de general, de quien tantas batallas sólo le han dado más sabiduría. Contó con la complicidad de Edwards Jiménez, otro viejo zorro, para golear a Real Cartagena, un equipo joven que demostró ligereza ante un conjunto sólido con dos jugadores bien curtidos en las canchas colombianas.

Las intenciones del Real incluían el dominio de la pelota

La escuadra heróica salió con firmes intenciones de hacerse con la pelota. Entre los defensas y los delanteros del Real había poca distancia. Yesus Cabrera se juntaría en el costado derecho con Umaña -pivote- y Murillo -lateral-, para acumular contrarios en ese sector y luego encontrar a Esnaider Salinas para rematar libre en la izquierda. Así se aproximaron los cartageneros en los primeros minutos, sobre todo con las llegadas de Murillo y sus centros al área. Sin embargo, el Cúcuta no demoró en contestar desde su 4-4-2 reactivo. La pareja de delanteros del conjunto santanderano fue un incordio para su rival. A base de movimientos agresivos hacia el espacio vacío, Jiménez y Lazaga generaron desorden en toda la línea posterior auriverde. Ni siquiera tuvieron que estar finos con la bola. Además, los mediapuntas del Cartagena no ponían presión sobre los pivotes cucuteños. Por lo tanto, Bedoya jugaba a placer y llegaban tarde a marcarlo. Así fue que Gerardo generó el tiro libre con el que abriría la cuenta. Para más sufrimiento del Real, Diego Álvarez y Wilmer Parra, su tándem en la delantera, fue el colmo de la imprecisión. Nada de lo que hicieron generó una ventaja para los suyos. Ni en transición ofensiva con ventaja sobre la defensa del Cúcuta, ni en ataque posicional.

Desde el 1-0 el Real Cartagena se fue desmoronando poco a poco, hasta que Bedoya volvió a darle un toque distinto al cuero (la asistencia del 2-0) y derrotó por completo a sus rivales. El ex-Santa Fe destacó hoy por algo que popularmente no le caracteriza, pero que sí ha demostrado tener: calma y acierto para pasar la redonda. Al Real le quedó Yesus, que comenzó a recibir más próximo al área contraria porque el Cúcuta replegó cerca de su portero. El 10 de los heróicos generó por sí mismo varias ocasiones de gol, e incluso se pudo ver que Wilder Mosquera tiene condiciones como guardameta.

Bedoya y Jiménez son un plus para el Cúcuta en este cuadrangular

El tiempo restante fue un manifiesto de Bedoya y Jiménez. Ambos están por encima del corto certamen gracias a los galones que atesoran. El Cúcuta empezó de la mejor manera su camino hacia Primera. No así el Cartagena, que parece sumido de manera sempiterna en su gran problema: la ingenuidad.

Pescadores cruzados

Santa Fe lo apostó todo a clasificarse para la final ante Once Caldas, no reparó en evitar amonestaciones y, dejado escapar los 3 puntos, se jugará el pase a la final en condiciones precarias ante Atlético Nacional en Medellín. Por su parte, Once Caldas no tenía mayor obligación que ser un digno obstáculo para las aspiraciones cardenales. Y así fue.

La ausencia de Omar Pérez apresuró una jugada de mucho potencial: los apoyos de Jefferson Cuero en tres cuartos de cancha abrían espacios para acumular gente de Santa Fe en ataque. Claro, la capacidad asociativa de Cuero es precaria y sus recepciones no es que junten a Santa Fe en ataque precisamente. Pero aquella movilidad permitía el despliegue de Anchico y Mosquera por las bandas; Santa Fe podía levantar esos centros al área que, finalmente, son su mayor interés. Levantar centros no para buscar un remate, sino con el ánimo de pescar algún rebote.

Los ataques de Santa Fe se redujeron a las segundas jugadas

Desde el minuto 0, Santa Fe eligió defender apenas iniciaba sus ataques. Dicho de otro modo: jugaba directamente sobre sus delanteros, no para producir por vía aérea, pero sí para ganar balones secundarios. Por un momento parecía que Morelo, Arias, Torres, Anchico y Cuero tiranizaban las segundas jugadas. Cinco pescadores de rebotes sitiaban al Once Caldas en su área. Pero la supremacía duró lo que dura un pestañeo y el Once Caldas no tardó en avasallar al supuesto tirano.

La distancia entre líneas sigue siendo el conflicto no-resuelto de Santa Fe. Los pescadores se olvidaron de su rol por habitar el área. El Once Caldas pudo hacerse con el balón y eligió a Marlon Piedrahíta para profundizar. Santa Fe sería puesto a prueba por la zona de Mosquera, Arias y Seijas. La polivalencia de los tres representa una buena oportunidad para crear alturas que sortear al rival. Nada de eso ocurrió. Los tres quedan fijos en una línea que se debate entre el repliegue y el achique, y son los laterales ofensivos quienes gozan los espacios que genera tal indecisión.

La banda izquierda de Santa Fe fue una autopista para el Once Caldas

Esta vez fue el turno de Piedrahíta, lateral del Caldas, quien ganó la línea de fondo cuantas veces quiso. Incluso Edwards Jiménez se animó a caer a la derecha y generó una clara opción de gol. Si el Caldas no se adelantaba en el marcador fue por el desacierto en el remate final de Jiménez y Arias. Once Caldas puso en evidencia lo peor de Santa Fe. Una vez más, el equipo de Costas se partió. El abismo entre los pescadores de rebotes y la defensa es el abismo que separa a Santa Fe de alcanzar cierta solidez defensiva.

Para el segundo tiempo, Meza cubriría más la banda para escudar la escandalosa espalda de Mosquera. El Caldas ya no penetraba por la derecha de igual forma. Su gol llegaría por otra vía: una pifia defensiva dejó el balón servido a los pies de Edwards Jiménez, que sólo necesitaba un gol para completar una actuación formidable.

En el Atanasio Girardot, Santa Fe definirá su pase a la final

Gustavo Costas le dio ingreso a Armando Vargas para que le diera sentido a la posesión de un Santa Fe que confundía vértigo con precipitación. Flabio Torres aceptó la premisa del cambio: replegó asumiendo que Santa Fe se haría con el balón en busca del empate. Pero las decisiones en ataque no mejoraban para Santa Fe. Todos levantaban el balón sin advertir que los pescadores se hallaban lejos de la zona de rebotes: esa zona, ese abismo que tanto padece Santa Fe. Entonces Edwards Jiménez lanzó su caña, lo pescó todo y el tiempo parecía eterno con el balón a sus pies. El Once Caldas siempre tuvo al verdadero pescador.

Mentiras del electrónico

Cuando el árbitro decreta el final de un partido y el placard está vacío, lo primero que llega a la mente es ‘aburrimiento’. Muchas veces es así, pero en otras ocasiones el marcador no tiene nada que ver con el desarrollo de un choque, tal y como en el Atanasio Girardot esta noche, cuando se enfrentaron Atlético Nacional y Once Caldas. Los de Juan Carlos Osorio y Flabio Torres jugaron un cotejo entretenido pero sin goles. Quien estuvo más cerca de lograr el grito sagrado fue el equipo verdolaga. Sin embargo, el blanco blanco, hoy de negro, aguantó el 0. José Fernando Cuadrado fue figura. Demostró otra vez que es uno de los porteros TOP del FPC.

Nacional saltó al campo en 4-3-3. Calle, Bocanegra, Mosquera y Farid Díaz ocupaban la línea defensiva de derecha a izquierda. El mediocentro fue Diego Arias. Osorio decidió juntar por primera vez desde el inicio a Edwin Cardona, Sherman Cárdenas y Alejandro Guerra, probablemente sus tres futbolistas más dotados con el balón en los pies. Así, ubicó al venezolano en la banda derecha y los interiores fueron Cardona y Sherman. A la izquierda, Páez, y en punta, Juan Pablo Ángel.

Nacional propondría y el Once esperaría

El visitante alineó con Piedrahita, Pérez, Moreno y Murillo en la zaga. El doble pivote fue para Lopera y Giraldo. Los costados para Arango y Sergio Romero, y la punta de ataque para Edwards Jiménez. A priori, los papeles estaban definidos. Nacional saldría a proponer en su terreno con viento en la camiseta por la clasificación en Copa Sudamericana, y Once Caldas, replegado, se agarraría a la velocidad y potencia de sus extremos más la calidad de Culma para encontrarlos en posiciones ventajosas.

Durante los primeros minutos la lucha fue de poder a poder. Cada uno empleó los recursos que escogió. Once Caldas demostró que cada día es un equipo más hecho, interesante, y que sin Izquierdo para proponer algo distinto en ataque posicional, prefiere encontrar ventajas al contragolpe. Compacto atrás y veloz a los lados, el conjunto de Flabio Torres no se dejó desbordar en el primer tramo del encuentro. Culma se erigió como el mejor de los suyos, ubicando con criterio a sus compañeros y haciendo daño a Nacional en transición. Si Edwards Jiménez no se hubiese visto tan superado a la hora de ofrecer apoyos largos, algo más habrían podido obtener. Los verdes encontraban ventajas en ataque organizado a través de la asociación de sus tres más talentosos. El trabajo de Guerra por banda fue admirable. A partir de él y de la presencia interior de Sherman Cárdenas, Nacional se hizo con el dominio. Los apoyos por fuera del venezolano eran amables, pues siempre habilitaban una línea de pase y una devolución propicia para seguir jugando. Entre Guerra y alguno de los otros dos ya mencionados, casi siempre Sherman, el local juntaba varios del cuadro de Manizales en un lado y un cambio de frente ya dejaba en situación ventajosa a Cardona o Páez. Con Ángel en el área, el peligro era inminente. En esa situación, Cuadrado se exhibió.

Osorio no acertó moviendo a Sherman a la banda

Para la segunda parte Osorio cambió a Farid Díaz por Óscar Murillo. Mosquera pasó a la posición de lateral izquierdo y el dominio siguió siendo local. En la segunda parte el Once no pasó tantos apuros como en la primera parte, aunque tampoco consiguió crear peligro contra el arco defendido por Vargas. Las revoluciones bajaron y Osorio buscó agitar metiendo a Sebastián Pérez por Luis Páez, probablemente para tener llegada constante desde segunda línea y un activo más físico en el centro del campo. La modificación desplazó a Sherman a un costado y ello resultó contraproducente, pues le restó presencia al bumangués por dentro, donde estaba rajando al rival. Flabio Torres insistía en poder salir jugando. Sin embargo, sus pupilos no lo lograron. Sólo las conducciones de Johan Arango plantaban por algunos instantes al Once en campo contrario.

Cardona tuvo tiempo para sacar un trallazo de media distancia que desvió Cuadrado para mantener las tablas. El 0-0 no hace justicia al gran partido que se vio en Medellín, en el que los verdes pudieron llevarse la victoria gracias a varias acciones de peligro bien hilvanadas. Nacional sigue en la lucha por meterse en Cuadrangulares, pues su cupo no está asegurado ni mucho menos, el Once, en una posición más cómoda, se mantiene arriba y continúa transmitiendo sensaciones positivas.