Bonita eliminatoria

Nos regalaron una bonita eliminatoria Independiente Medellín y Junior tanto en el transcurrir de los 180 minutos como en los penaltis. Esta es la esencia de la Copa Águila en rondas avanzadas. Quedamos con ganas de otro partido o de una eliminatoria aún más linda entre Santa Fe y Once Caldas para definir al segundo finalista que acompañará al tiburón.

A lo que se refiere el partido, el DIM fue superior en el transcurso de los segundos 90 minutos. Como Junior en los primeros. Los de Leonel Álvarez fueron tan superiores que dos futbolistas insuperables en Junior, Gustavo Cuéllar y Vladimir Hernández, pasaron inadvertidos. Menos Sebastián Viera. El uruguayo sostuvo la balanza obligando a definir la serie desde la fortuna de los jugadores y la gloria de los porteros.

La organización de Cuéllar y Celis fue un problema defensivo para el Junior

Dos movimientos metódicos del DIM controlaron a un Junior transparente en ambos campos. En primer lugar, Fabio Burbano atacando la zona de Jossymar Gómez. El ex del Envigado guió el juego hacia el uno contra uno ante el tercer lateral rojiblanco (después de Vélez y Murillo). Comiéndose a Jossymar, Burbano sacudió con el regate interior o ganando línea de fondo más centro. Alexis Mendoza no corrigió, pues el pivote derecho era Gustavo Cuéllar y no Guillermo Celis. Celis no pudo compensar defensivamente con ayudas a Jossymar porque era el mediocentro lejano y desatender a Pajoy estaba fuera del presupuesto. En segundo lugar, Leonel Álvarez preparó toda la semana anular a Vladimir Hernández y lo hizo sobremanera. El lateral derecho fue Didier Moreno, quien impidió cada recepción del araucano de cara, imposibilitándole encarar. Lo hizo con anticipos que requerían coral lectura o forzándolo a recibir de espalda y achicándole el giro.

Junior no hacía ningún merecimiento para descontar y empatar la serie, pero apareció Jarlan Barrera con un gol que puede consagrarse como el gol del año en el fútbol colombiano. Un gol de un peso de talento que debe desbocarse. En el actual sistema constituye una disociación entre Ovelar, Pérez, Vladimir y Cuéllar.

Mal Leonel en la gestión de campo ulterior al gol de Jarlan

Leonel Álvarez terminó inclinando el resultado al 2-1 sacando a Christian Marrugo y metiendo a Félix Micolta. El DIM perdió su único movimiento entre líneas para los pases de Daniel Torres. Y el objetivo no fue pasar a línea de tres y ganar una opción de pase por delante del balón, sino ofrecer más vértigo a los ataques poderosos. Y en los cobros desde el punto penal ocurrió lo que ocurrió: Sebastián Viera confirmó su espectacular actuación y agrandó su estatua en Barranquilla como ídolo.

Las teclas y el mensaje de Alexis Mendoza

La Copa Águila en estas fechas es un escenario que, sin más, divierte en su máximo esplendor. Divierte porque cada uno de los equipos se va tomando el certamen con mayor seriedad que, por ejemplo, la misma fase de grupos. Esto evidenciaron tanto Junior como Independiente Medellín en un interesante juego que pudo acabar con dos o tres goles más en el electrónico.

Cuéllar y Vladimir, el nuevo sello

La marca potencial del Junior, conocida por muchos, que consiste en tener la mayor parte del balón entre Cuéllar y Celis, dos futbolistas que potencian el juego de posición, creando ventajas desde el primer pase, está teniendo un impacto brutal en el cómputo global. Ahora Alexis ha tomado medidas específicas para intensificar las sensaciones. Celis como mediocentro derecho y Cuéllar como mediocentro izquierdo (en el carril de Vladimir) le da un dominio que hoy por hoy no tiene nadie en el fútbol colombiano. El primero por su dominio físico y respetuoso poso; el segundo, sin descubrir nada, significando el fútbol en Colombia. Mendoza quiere aliar con frecuencia a Cuéllar y Vladimir, convirtiendo esta relación en la más potente y fulgurante en el marco local. Macnelly junto a Chará sería la otra, aunque necesitaríamos conocer su cuota de producción.

Alexis, desde su dirección de campo, dictó el trámite

Al DIM, el último detalle, se le hizo complejo defender. En ese carril derecho defensivo Leonel juntó a un extremo reconvertido en lateral (Micolta) y a un delantero reconvertido en extremo (Pajoy). En resumidas cuentas, escaso talento defensivo en estático y en carrera. Junior no marcó más goles o creó más situaciones porque la única forma de frenar tanto a Cuéllar como a Vladimir era por medio de infracciones o doblajes defensivos. Si era lo primero, el DIM controlaba el juego aéreo gracias a Mosquera, Cahais, Moreno y Henríquez; si era lo segundo, lo menos recurrente, Ortega (muy lento) proponiendo y Pérez (muy desacertado) conduciendo tenían kilómetros.

En la segunda mitad, cuando el resultado parecía finiquitado, Junior comenzó a perder el balón mal, impropio de un contexto favorable (2-0). Los ingresos de Jarlan Barrera y Jorge Aguirre le cayeron muy mal al tiburón. Junior necesitaba ser lento para dormir un partido que dominaba bajo mínimos altibajos. El DIM era incapaz de sumar tres toques en campo contrario, como también era incapaz de generar múltiples ventajas saliendo. Daniel Torres, sobrepasado con y sin balón en el juego, superado por el ritmo del mismo, no apareció cuando el DIM más necesitaba su templanza y serenidad.

¿Marrugo estuvo en cancha?

De cara a la vuelta, Junior dependerá de sí mismo para afrontar los últimos dos partidos de la competición. A este ritmo, sostenible por las facultades de los jugadores, se le dificulta a cualquier rival competirle óptimamente. Sobre todo cuando Alexis parece haber dado en la tecla: Cuéllar y Vladimir por el carril zurdo, y Celis por la zona de Pérez, abriéndole el espacio a conducir más metros. Independiente Medellín, por su parte, deberá corregir si no quiere que Marrugo pase por anónimo.

Pases para el Independiente Medellín

Independiente Medellín se ha caracterizado a lo largo del presente año y parte del anterior en poseer grandes soluciones en fase ofensiva. No hablamos de recursos, pues el equipo siempre pecó de un sistema que propiciara ventajas en el último cuarto de cancha. Ahora, con la llegada de Daniel Torres, los dirigidos por Leonel Álvarez ven con otros ojos a sus atacantes. Gente como Hernán Hechalar, Christian Marrugo y Juan Fernando Caicedo se centran exclusivamente en lo que mejor hacen, y no en perder calidad por realizar más cosas. El DIM tiene pases. En su mayoría procedentes de Torres.

El DIM se reforzó en un puesto ineludible

Algo que ha ganado sí o sí el DIM es naturalidad en los primeros compases. Antes el DIM se veía obligado a salir a partir de Jherson Córdoba, John Hernández o Didier Moreno. Daniel Torres palió esa falta de creatividad y sutileza desde el primer pase. Es su esencia como futbolista ser la base de la jugada y repartir ventajas. Leonel Álvarez sabe de la clase de jugador que tiene y le encomendó su sistema. Torres tiene la libertad de buscar, llevar o lanzar el balón donde quiera y posteriormente acompañar. Esto habla de las comodidades que le brinda el sistema para llevar a cabo su función. Hace muchas más cosas y a gran nivel.

A partir de cómo influye en el juego y con qué frecuencia, pasemos a lo importante: los pases de Daniel Torres. Sus dos grandes virtudes en este modo de juego son el pase entre líneas y el pase diagonal. Aquí hay un grupo y un futbolista particular beneficiario. Hablamos de los atacantes y Frank Fabra respectivamente. Vamos por partes.

Para el DIM es una fortuna contar con el pase entre líneas. Esto representa una superioridad preparativa en clave Liga Águila. Ningún otro equipo, salvo Junior o Alianza Petrolera, cuentan con un mediocentro de este calibre. Ante defensas cerradas, el ataque posicional puede dirigirse a Daniel Torres. ¿Por qué? Porque su toque posee la tensión y dirección suficiente para superar mínimo una línea y máximo dos líneas de presión. El asunto es que los atacantes poderosos no aprovechan la virtud del bogotano abriendo defensas por deficiencia en los controles. Marrugo es el único capacitado en recibir el balón gracias a su buen primer control. De resto, quizá Caicedo o Rodríguez descargando de espalda para activar a los mediapuntas de cara, no privilegian este gesto técnico.

Además de ser muy tensionados, son con mucho sentido

La otra variante técnica es el pase diagonal. Aquí el DIM aún depende de Daniel Torres, pero Frank Fabra lo hace útil a través de su profundidad. Fabra es un lateral largo y ancho que castiga generalmente recibiendo por fuera y subiendo o entrando. Evidentemente, Torres oxigena el ataque del DIM cuando éste agudiza en reconocimiento del ex-Deportivo Cali. El Independiente Medellín afila sistema y estilo.

Con Arias y sin diagonal

Luis Carlos Arias es un futbolista total. No porque haya pasado por múltiples posiciones en su carrera, pero porque lo hace en un mismo partido. Arias suele aparecer en ambas áreas y en muchos sectores. Y lo hace bien. Es por esto que su titularidad es coherente e indiscutible. En un equipo en que los atacantes cooperan poco en defensa, Luis Carlos Arias es la salvación.

Leonel debió cambiar la figura para incluir a Arias

Al DIM le urgía un Arias, y a Arias le urgía un cambio de sistema. En el 4-2-2-2 habitual no tenía cabida. Está claro que prescindir de Marrugo o Hechalar en la mediapunta es algo que el DIM no se puede permitir. La otra opción, acompañando a Daniel Torres en la primera línea, le resta libertad a Arias para su ida y vuelta característica. Con base en esto, Leonel Álvarez reformuló el sistema y cambió la figura: un 4-2-3-1 asimétrico.

Con Arias de tercer madiapunta gana Arias y gana el DIM. En la banda, Arias es libre para desplegarse. Y es a partir de ese despliegue que el DIM retrocede mejor. Pero, claro, no todo es color de rosa. El DIM necesita de Arias activo en todo el eje vertical. Pero Hernán Hechalar lo necesita en el eje horizontal, mutando posiciones con él, abriendo espacios para su aclamada diagonal. Esa movilidad horizontal que demanda Hechalar se ha visto sacrificada para que Arias se pueda apropiar de la banda izquierda. En efecto, a perfil cambiado, Hechalar conduce menos, llega menos. Pero también es cierto que, fijo en la banda, Hechalar ha mostrado un pase con rosca peligroso y deja ver su lado más asociativo, que no deja de ser interesante. Ya no hay diagonal de Hechalar. Todo sea por defender mejor.

Clásico bajo cero

Nacional tuvo más posesión de pelota, dominio territorial en la mayor parte del compromiso y llegadas más punzantes al arco rival. Pero esa superioridad en el trámite no la tradujo en goles, para decepción de sus 37.575 seguidores (por orden del comité de vigilancia y seguridad, los hinchas rojos no pudieron asistir al Atanasio). Medellín mostró anemia en su ataque y como contraste, un engranaje defensivo rocoso, que cuando tambaleó, mantuvo su solidez gracias a los guantes milagrosos de David González.

Si nos atenemos a los puntajes ideales que conciben los técnicos, desde la óptica de juegos de local y visitante, el empate sin goles favoreció más a la gente de Leonel que al profe Rueda, el anfitrión. Más si tenemos en cuenta las carencias ofensivas del DIM que ya no cuenta con Monsalvo y Pérez y que, además, no pudo inscribir ante Dimayor a Mosquera y Palacios. Por otro lado Luis Carlos Arias está en período de recuperación y Marrugo y Caicedo no hicieron la pretemporada por lesiones. Es decir, una igualdad con dificultades pero muy valiosa al final.

El partido se puede dividir en 3 segmentos. El primero va hasta los 20’ cuando Medellín, con presión alta y asfixiante, no le permitió una salida limpia a Nacional desde el fondo. Con Daniel Torres, como pulpo en el medio, la visita trató de profundizar el juego, pero abandonó las aventuras por la punta derecha, limitando así la ofensiva a la zona comprendida entre el eje de la cancha y el pasillo izquierdo. Por lo anterior, Murillo y Nájera, lograron echarle el lazo a Caicedo y los volantes de llegada del rojo no pisaron el área. Armani no ensució el uniforme.

El segundo segmento va de los 20’ a los 45’, donde tomó la iniciativa Nacional de la mano de Macnelly y tuvo 4 llegadas de mucho filo, con Ruiz, Torres, Berrío y Copete

En el segundo tiempo (tercer segmento), la presión alta fue protagonizada por los verdolagas y a Medellín no le quedó otra alternativa que recular y encomendarse a las vacunas de contragolpe. En este orden de ideas hubo 2 aproximaciones: una de Córdoba y otra de la Goma Hernández. De resto, las oportunidades fueron de Nacional con 2 centros de Alcatraz que no pudieron finalizar Duque y Copete, sumado a las dos llegadas claras de Jefferson Duque y Yulián Mejía salvadas in extremis por David González.

Las diferencias en la búsqueda de la victoria, las marcaron los avances de uno y otro: flaco el rojo y gordo el verde. Nacional tuvo más control del partido, mejor circulación de la pelota y buscó superioridad numérica en la zona activa de juego.

Fue un compromiso con gran entrega de los protagonistas, pero sin fantasía. Iniciativa de Nacional sin eficacia y una espera roja, bajo un dibujo de 4-4-2, que permitió mantener el arco en cero. Intención de los contendores, de darle buenos destinos al balón, siendo en éste aspecto más preciso Nacional, equipo que quedó en deuda con el acierto de los disparos. Los locales con más andadura táctica y sus oponentes con un onceno en construcción.

Daniel Torres vs Once Caldas

(…) El portento físico de Daniel Torres está al servicio de una inteligencia sobresaliente. Hablamos de un jugador con una disciplina defensiva digna de cualquier elogio. Es muy rara la ocasión en que un ataque rival lo encuentra mal parado. Si no está formando la primera línea del medio, está cumpliendo con alguna cobertura necesaria. Y así como aguanta bien al rival, también sabe irlo a buscar. No le falta atrevimiento para secundar presiones altas y, en ocasiones, muestra cierta vocación para el anticipo.

*Extracto del artículo El ancla de Leonel.

Primeras sensaciones

Hay pocos momentos más cargados de optimismo en el fútbol que el inicio de una nueva temporada. En el debut siempre se espera lo mejor, cada aficionado aguarda atentamente que su equipo comience a mover el esférico con la férrea ilusión de que en esa campaña que recién inicia realicen un fútbol espectacular. Técnicos y jugadores están aún más emocionados, esperan que el trabajo de la pretemporada rinda sus frutos y que todos los conceptos aprehendidos se vean reflejados en cancha.

Pero la realidad es que muy pocas veces el equipo arranca con la excelencia esperada, más si se trata de un proyecto que apenas inicia, como el de Torrente con el Caldas o el de Leonel con el DIM. Por eso quienes vieron el encuentro entre el poderoso y los albos estuvieron más tiempo bostezando que mirando el partido, que desde las emociones dejó muy poco pero que tácticamente dejó cosas interesantes para resaltar.

El DIM se presenta como un equipo bastante ofensivo

Lo primero, el Medellín va a salir a presionar al rival. La llegada de Daniel Torres le sirve para sostener, con mayor facilidad, la posesión en campo rival. La agresividad para recuperar del ex Santa Fe sumada a su habilidad para distribuir el balón generan un ambiente propicio para encajonar al rival. El problema que genera esto, que lo tuvo en la noche de ayer frente al Once Caldas, es que obliga al contrario a defenderse muy atrás y a dejar muy pocos espacios entre líneas, lo que le generó dificultades al Medellín que fue claro dominador del partido pero que creo muy pocas opciones de gol.

Lo anterior se antoja bastante preocupante. Aunque jugadores importantes para el ataque como Juan Felipe Caicedo, Luis Fernando Mosquera y Luis Carlos Arias no estuvieron disponibles, es un mal síntoma para la ofensiva del poderoso que tanto dominio en posesión y terreno de juego no se haya visto reflejado en el marcador.

Once Caldas tuvo un buen trabajo táctico

Lo segundo, el Once Caldas es un equipo muy bien trabajado tácticamente. El equipo de Torrente no tuvo problemas para aguantar de manera ordenada a su rival. Utilizando un 4-3-3 atacaba fácilmente por las bandas cuando tenía la pelota con Arango, de discreto partido, y Salazar, además podía mutar a un 4-1-4-1 rápidamente cuando perdía la bola. Con esta formación, la segunda, contuvo muy bien los amplios ataques del DIM que casi todo el segundo tiempo utilizó a Fabra, lateral izquierdo, más como extremo que como zaguero.

Atacando fue donde peor se vio el equipo albo, a pesar de que fue capaz de generar situaciones de gol con el poco tiempo que tuvo el esférico, lo anterior no es un dato menor, de hecho es bastante relevante para la idea de juego que parece va a tener el Caldas, no fue preciso atacando y malgastó buenas recuperaciones que no se pudieron traducir en peligrosos contrataques.

Al final ambos conjuntos dieron pequeñas muestras de lo que podemos esperar de ellos en el semestre. Dejaron la sensación de que con trabajo ambos equipos pueden construir un sistema de juego bastante competitivo. Desde el resultado seguramente los albos se fueron con una mejor cara, pero desde el juego el poderoso es quien se va sintiéndose superior.

El ancla de Leonel

Bogotá: una metrópolis que se alza en medio del helaje del altiplano, helaje que se antoja eterno y estremece los huesos cada noche. Sus techos son bajos para mantener el escaso calor y en las cocinas nunca falta el café. Buena parte de las costumbres bogotanas se rigen alrededor del calor. El fútbol no es la excepción. ¿Qué es aquello que los fieles bogotanos no perdonan que falte en sus equipos? Calor. Bogotá, condenada al frío sin gracia, encuentra en el fútbol caluroso una forma de resguardo.

Daniel Torres supo de qué va esto y, con un derroche de energía siempre como argumento a su favor, disipó dudas desde el primer momento. Torres era ese paisano querido por todos porque entendía y respetaba los códigos de conducta del pueblo: el juego físico, enérgico y caluroso. Pero Torres aportaba un valor agregado, una lengua extranjera que todos gustaban oír: tenía buen pie.

Vamos por partes. Es cierto que Daniel Torres se abrió paso en Independiente Santa Fe a partir de su juego físico y una personalidad salvaje. Sus piernas son capaces de una zancada ciertamente larga, su eje gravitacional se mantiene después de chocar y su resistencia física es garantía de oxigeno incluso en los partidos más intensos. De su estabilidad gravitacional se desprende su aptitud para ganar segundas jugadas; de su zancada y resistencia, la lateralidad que lo caracteriza. Torres es capaz de menearse de lado a lado en el campo cuando las coberturas así lo requieren. Aunque su zancada no es veloz y da la impresión de que no llegará, sí es larga y termina llegando.

Daniel Torres es una garantía defensiva más por posicionamiento que por robo

El portento físico de Daniel Torres está al servicio de una inteligencia sobresaliente. Hablamos de un jugador con una disciplina defensiva digna de cualquier elogio. Es muy rara la ocasión en que un ataque rival lo encuentra mal parado. Si no está formando la primera línea del medio, está cumpliendo con alguna cobertura necesaria. Y así como aguanta bien al rival, también sabe irlo a buscar. No le falta atrevimiento para secundar presiones altas y, en ocasiones, muestra cierta vocación para el anticipo.

Pero el contexto en que Daniel Torres verdaderamente sobresale y alcanza el clímax es, sobre todo, cuando corre hacia atrás. En momentos de transición defensiva, lo normal es verlo interponerse entre el balón y su portería. Además de sostener el retroceso colectivo, Torres orienta su cuerpo en aras de taponar el avance del rival por el centro, bien sea cortando líneas de pase o frenando la conducción de su oponente. Si el rival ha de progresar en el contraataque, teniendo a Torres enfrente, no le queda de otra que hacerlo por afuera. He aquí la segunda parte de la victoria de Torres: su achique lateral. Sirviéndose de su propio lateral y de la línea de banda, Torres conduce al rival al exterior, lo encierra y detiene el ataque. Es un doble movimiento que repite una y otra vez. Y es muy bueno haciéndolo.

Que Daniel Torres se desenvuelva cómodamente protegiendo la zona interior legitima plenamente la decisión del DIM al ficharlo. Leonel Álvarez ha heredado un equipo que sufre todo tipo de problemas cuando se trata de defender por dentro. Daniel Torres tiene todo para ser el ancla del DIM en el medio. Pero así como Torres está llamado a colmar las necesidades del DIM, el DIM también deberá lidiar con los problemas de Torres.

El DIM no encontrará un primer pase loable en Torres

Como dijimos al principio, el factor diferencial de Daniel Torres en la primera línea del medio de Santa Fe fue su buen pie. El problema es que demanda un contexto muy específico para sacarlo a lucir, por lo que no siempre se adecúa a las necesidades colectivas sino que, por el contrario, requiere que ocurra a la inversa. Un ejemplo de ello es la salida de balón. Lo normal es ver a Torres incrustarse entre centrales al inicio de la jugada. Desde ahí, se puede esperar de él un pase seguro. Poco más. Torres carece de atrevimiento para conducir desde atrás o imponer ritmo con algún pase tenso. De hecho, Torres tiende a ralentizar el compás del juego. Lo más oportuno que puede brindar en la salida es un cambio de orientación urgente: algo importante en ocasiones pero escaso e insuficiente para denominarlo un maestro del primer pase.

Dicho esto, ¿cuándo sale a flote el afamado buen pie de Daniel Torres? En el momento en que su equipo halla la manera de salir de atrás y lo encuentra en campo contrario. Es ahí en donde Torres se anima a tomar las decisiones ofensivas de su equipo. Entre más adelantado recibe, mayores riesgos toma, y va dejando de manifiesto la visión acertada que tiene para encontrar a los delanteros. No hay duda que, entre sus prestaciones ofensivas, su capacidad para romper líneas es la más destacable. Su fetiche es el pase con altura. Y, precisamente, los partidos en que los rivales se han limitado a ver la pelota pasarles por arriba han sido sus actuaciones más determinantes. Su golpeo por debajo del balón es la medida de su inspiración.

El fichaje de Torres al DIM podría beneficiar a ambas partes

Expuestas las virtudes y los vicios de Daniel Torres, nos queda vaticinar un poco más sobre cómo le vendrá Torres al DIM y cómo le vendrá el DIM a Torres. El efecto principal del fichaje, salvo un giro inesperado, será que el DIM encontrará en Torres el ancla que lleva anhelando un buen tiempo. La duda principal surge en la base de la jugada. La ausencia de Vladimir Marín, generador del fútbol del DIM en incontables ocasiones, dejará coja la salida de balón. Ante esto, no hay indicios de que Torres pueda valer como recurso suficiente.

Respecto a cuán positivo resulta el fichaje para Daniel Torres, los roles de Luis Carlos Arias y Yilmar Angulo servirán como respuesta. Es cierto que Daniel Torres ha mostrado una evolución notable en lo referido a disciplina posicional, a lo cual Gustavo Costas contribuyó indudablemente. Pero también es cierto que, en esa misma reconversión de Torres en volante ancla –originada en la partida de Gerardo Bedoya de Santa Fe–, una parte de su progresión como jugador ha quedado inconclusa: su juego por delante del balón. Los recursos de Torres en campo contrario, recursos que esperamos hayan quedado consignados a lo largo del texto, atesoran un potencial considerable. Algo intentó Wilson Gutiérrez en la segunda mitad de su era en Santa Fe: a partir de los relevos Luis Carlos Arias y Yulian Anchico, Daniel Torres volvió a frecuentar la frontal del área. Los resultados le dieron la razón. La buena noticia es que el mismo Luis Carlos Arias lo acompañará en su paso por Medellín. ¿Volveremos a ver al Daniel Torres determinante? En el estadio La Libertad, Daniel Torres dejó constancia que, sea en el sistema que sea, terminará encontrando la manera.

Sin pase interior

Santa Fe ganó. Es lo importante. El gol en las postrimerías de Mosquera marcó la diferencia en un encuentro que, aunque parejo, fue dominado de cabo a rabo por el león. El equipo de Costas, impreciso, con muchos problemas, fue superior, tampoco mucho, a un muy pobre Inter de Porto Alegre. A ambos conjuntos les pesó la importancia de la cita, quizá la altura también jugó algún papel en contra del nivel del partido. Al final el resultado fue justo para lo que se presenció.

Santa Fe fue mejor durante los noventa minutos

El partido empezó trabado y desde muy pronto desveló sus cartas. Santa Fe se apoderó del balón e Inter esperaba para tratar de colar contragolpes. Nunca pudo por el excelso control de las segundas jugadas que el equipo bogotano ha esgrimido durante todo el semestre. La red de seguridad santafereña ganaba los rebotes mientras que la pareja Roa-Torres templaba la posesión y trataba de avanzar sumando pases. Nunca pudieron asentar el balón en la frontal y eso mermó la calidad de los ataques locales que culminaban siempre con un centro. La calidad de Seijas en el toque lateral fue lo más peligroso que tuvo Santa Fe, y el partido, en el primer tiempo. El problema fundacional se encontraba en que aunque Roa y Torres sí superaban líneas, por delante del balón la respuesta era pobre: Páez y Morelo perdían balones por falta de técnica y de movimientos que les permitiera recibir con ventaja, y Omar Pérez se había reciclado por detrás de la línea de la pelota. Le faltaba ritmo para imponerse en tres cuartos de cancha y así poder sacar a relucir su fantástico pase interior. Sin su último toque, Santa Fe quedaba reducido a la intensidad de Seijas y a las proyecciones de los laterales. Era muy poco. Lo mismo pasaba en el Inter, que veía como D’Alessandro tampoco lograba recibir con ventaja y ejecutar con velocidad, quedándose entonces sin lanzador para el ‘Licha’ López. Esa fue la dinámica de la primera mitad.

El segundo tiempo no varió mucho hasta que Santa Fe comenzó a ganar cobros de estrategia. Ahí el pie de Pérez comenzó a sumar y llegaron las ocasiones. Costas aprovechó el subidón para cambiar a la pareja de delanteros. Yámilson Rivera y Miguel Borja sí agitaron con movimientos y mejores recepciones la defensa brasileña, inclinando el partido para Santa Fe. Sumaron ocasiones e incluso Pérez logró recibir con ventaja en la media luna y puso un balón de tres cuartos de gol para Borja. Inter trató de refugiarse, pero sería en vano. En el último suspiro del partido Omar Pérez justificaría su presencia en todo el encuentro con un centro-pase a la cabeza de Mosquera que terminó en gol. La vuelta en Porto Alegre se prevé peleada. El 1-0 no es un resultado seguro y de locales el equipo brasileño seguramente mejorará sus prestaciones. También habrá más espacios y el ’10’ argentino del león tendrá un contexto mejor para brillar. La llave sigue abierta.

Inspiración ahora o nunca

Daniel Torres abre sus piernas, inclina su cuerpo hacia delante, da dos o tres zancadas largas, muy largas, y roba el balón. A su derecha procura estar Omar Pérez, que aleja de la pelota su pierna buena para golpearla ipso facto. El 10 aún no se ha hecho con el cuero, pero Wilson Morelo empieza a correr. Morelo sabe bien que Pérez lo ha de buscar y, de alguna forma, lo encontrará. Como prueba de sus buenos modales, los envíos del 10 llegan puntuales. Ha llegado la hora de la verdad: el momento en que Omar Pérez entrega el puñal que su elegancia oculta para nutrir el fiero instinto de Wilson Morelo.

Santa Fe, más que ser un sistema, es una jugada. Esa jugada. Daniel Torres disfrazado de bandido, Omar Pérez haciendo las veces de mariscal de campo y Wilson Morelo cumpliendo el rol de asesino. Esa jugada es la jugada a la que Santa Fe le confía su suerte. Y cuando no sale, se puede esperar de todo. Santa Fe actúa impulsado por el carácter radicalmente pragmático de Gustavo Costas y procura adecuarse a cualquier circunstancia. Hemos visto juego directo y salidas limpias, presiones altísimas y repliegues bajos, posesiones defensivas y defensa sin balón. La lista es larga. Lo hemos visto todo. El éxito del Santa Fe versátil depende más que nunca de la inspiración de sus piezas. Pero la inspiración es una amiga traicionera. Por eso nunca se puede dar a Santa Fe por favorito. Pero tampoco por perdido.