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Noticias vienen, noticias van, noticias, noticias… Colombia sobrevivió a Brasil sin jugar particularmente bien, pero mejorando la desoladora imagen que había dado ante Venezuela. El equipo de José Néstor Pékerman va partido a partido, con un manejo de los tiempos que genera dudas pero en el que el entrenador argentino, en quien los jugadores creen con un sentido fraternal, confía.

Prueba no superada

El fútbol es un deporte en el que puede ocurrir que los mismos once futbolistas cacen dentro de dos planes diametralmente distintos y jueguen igual de bien. Y eso, en general, es una bendición. Otorga flexibilidad a los entrenadores y sube niveles de competitividad a los conjuntos. Para Pékerman, este detalle en particular, no obstante, ha sido una especie de cruz.

Aprovechar los momentos

Colombia comenzó su trasegar por la Copa Centenario con una victoria 2-0 frente al equipo local, Estados Unidos,  en el partido inaugural de la competición. Los dirigidos por José Néstor Pékerman controlaron los momentos, tanto adversos como favorables que se le presentaron en el encuentro, para batir a un rival que se mostró agresivo desde el inicio pero que al final resultó siendo inofensivo.

De Cristian a Duván

En la región de Friuli – Venezia Giulia el partido estuvo descompensado desde inicio por el talento y la magnífica pegada de Balotelli. El equipo de Mihajlović dominaba sin poseer mucho control de pelota. Las posesiones de Milan eran cortas e intrascendentes por lo que Montolivo, quien mandaba en el juego, decidió hacer las cosas a su manera: cambios de orientación y juego en largo cuando se desprendían los interiores –Bonaventura y de Jong–, más pelotazos al tentador Balotelli que hacía buen uso de su prominente físico para asentarse en campo rival y mantener la pelota lejos del arco de Diego López.

Bacca se siente más cómodo jugando con Luiz Adriano

Carlos Bacca fue transparente para los pocos avances que tuvo Milan. Todos los flashes iban con un Mario que andaba en su noche. El delantero colombiano salía de su posición de nueve para tirar apoyos, pero se estrellaba con Balotelli. La presencia de Mario le resta contacto y presencia en el juego a Bacca, la interacción con Honda se reduce completamente porque el juego se hace directo y vertical a Balotelli. La zona del 9 queda ocupada y no hay quien lance el desmarque de ruptura, pues lo del porteño es entrar en el panorama amplio del juego.

Cristian marcó de cabeza el 0-3

En función defensiva el Milan no ofreció espacios y se mostró sólido en los últimos metros donde dominó Alessio Romagnoli y Cristian Zapata. Ni Théréau ni Di Natale lograron zafarse del férreo marcaje de los centrales de Milán que mandaron en todas las facetas del juego. Cristian viene mostrando rapidez para ir a los cierres, anticipación a las jugadas y, sobre todo, está transmitiendo seguridad. A pesar de que la línea de defensas está en buena forma; la capacidad de recuperación de los mediocampistas es poca y en el retroceso no hay coordinación, generando espacios al rival o, en su defecto, goles.

Duván Zapata lleva 2 partidos consecutivos marcando

Duván Zapata entró al campo en el momento más complicado para su equipo -0-3 abajo-. Acabó con la comodidad de su rival inmediatamente. Obligó a un cambio táctico que debilitó el sistema defensivo: Davide Calabria –lateral derecho– estaba con molestias físicas por lo que Siniša vio necesario el ingreso de Alex. El central brasileño pasó a ser pareja de Romagnoli y Cristian a jugar en la posición de Calabria. El Milan perdió la compostura y Udinese marcó en ofensiva a los centrales de Mihajlović –Théréau distrayendo a Alessio y Di Natale a Alex– presionando alto y obstruyendo la salida a Montolivo como intento de contra. Por su parte, Duván se movió siempre desde la izquierda hacia al centro para aguantar de espaldas al arco –tarea nada complicada, su físico le permite salir victorioso en este tipo de duelos–, entregaba de primera o espera al receptor mejor ubicado y tiraba una ruptura corta a la espalda de Cristian. El exjugador de Napoli fue importante para descontar y poner contra las cuerdas a su rival y, de cara a lo que viene, puede ser una pieza clave si se aprovecha de Duván su capacidad en el juego aéreo, girar en el área con facilidad y/o caer al espacio.

De roca a muro

El todo es más que las sumas de las partes”: Aristóteles. Esa es la frase que se aprecia escrita en una de las paredes del vestuario colombiano que explica en gran parte el porqué de la derrota brasileña más allá del triunfo colombiano. Brasil depende de Neymar, y el futbolista de inspiración. El equipo brasileño corrió como lo ha hecho en los últimos años, pero no jugó. La Brasil que enfrentó a Colombia fue la del Mundial: esperó a que Neymar resolviera. Pékerman conociendo esta dependencia obligó a Carlos Sánchez ser la sombra del futbolista brasileño.  Sánchez en el uno contra uno es en jugador con unos números bastante favorables pero controlar o detener a Neymar era un reto que parecía imposible de cumplir, pues, lo mostrado ante Venezuela no era coherente con la tarea impuesta.

La primera parte de Colombia se resume en un nombre: Carlos Sánchez

La primera parte de Carlos Sánchez fue esplendorosa. La roca se convirtió en un muro impenetrable para Neymar y cualquier otro jugador que haya querido pasearse a su alrededor. Se multiplicó y anuló cualquier opción que intentaba gestar un desconectado Neymar que no hallaba la manera de superar a Carlos. Mirada fija a la pelota y robo seguro. La superioridad del mediocentro colombiano fue potenciada por la lenta y errónea circulación del balón por parte de sus rivales. Sánchez adivinaba el pase y robaba con facilidad. Ni Fernandinho ni tampoco Elías son futbolistas sobresalientes para lanzar un pase tenso entre líneas que superara a los medios colombianos, como resultado no existía conexión entre Neymar con los de arriba. Si hubo desmarques o movimientos a las espaldas de Zapata y Murillo no se notaron, estuvieron eclipsados por Sánchez que se encargó de que Firmino como ‘falso 9’ no tuviese suficientes y cómodos contactos.

Colombia tuvo un futbolista potenciado en cada línea. En defensa Jeison Murillo se ponía el traje de Mario Alberto Yepes. Invencible en el juego aéreo, timing perfecto para lanzarse a por el cuero y una salida mejorada de balón. En mitad, Carlos Sánchez podaba el campo y generaba cortocircuitos en todo el sistema brasileño. Sánchez firmó unos 45 minutos escandalosos y dignos de mostrar a los chicos que recién empiezan a jugar este deporte. Su claridad y velocidad a la hora de pasar fue importante para que James, Cuadrado y un descomunal Gutiérrez pudieran marcar diferencia. Teófilo fue la llave maestra. El futbolista de River Plate permitió a su selección enlazar y tener líneas de pases mejoradas cada vez que él decidía descolgarse unos metros y mover el sistema defensivo brasileño. Teófilo Gutiérrez tiene el manual de cómo jugar al fútbol: cuando recuerda lo leído y empieza a aplicar en la cancha, se exhibe.

En líneas generales, Colombia tuvo un repliegue seguro

En el segundo período con una Brasil obligada a ir por el empate superó en número a los jugadores en el mediocampo colombiano. Seis jugadores atacaban, cuatro defendían. El técnico argentino respondió con un 4-1-4-1 con Carlos Sánchez como puente entre defensores y volantes. Ibarbo taponaba el juego por la izquierda, Sánchez y James en el medio, Cuadrado por la derecha, y Bacca esperaba correr. Brasil más que atacar, controló al equipo colombiano e intimidó bloqueando la salida y cortando los contragolpes, no dando chances de ampliar el marcador. El equipo carioca solo produjo algunos sustos, pero su fútbol fue pobre. Futbolísticamente Brasil ya no es Brasil y sin Neymar… Brasil tampoco compite. Por su parte, Colombia aprendió que “El todo es más que las sumas de las partes” y ha renacido en la Copa América.