Sobreviviendo a Avellaneda

Ardía Avellaneda. Dondequiera fuera el balón, allí estaba Independiente. Autoridad de tirano. Pero pasaba el tiempo y algo no andaba bien. Independiente no hallaba qué hacer con la pelota. No tuvo tiempo para acudir a la imaginación: Santa Fe lo tenía contra la lona.

Santa Fe desnaturalizó a Independiente

La presión agobiante de Santa Fe apresuraba la toma de decisiones de Independiente. El problema para los de Avellaneda fue su extrañeza ante la velocidad de juego a la que se veían obligados. Independiente es ajeno al ritmo alto. Y así fue sumando fallos y fallos. El equipo de Pellegrino nunca pudo acudir a Diego Vera, la pausa, su auxilio. El uruguayo no pudo escapar de un Yerry Mina infranqueable. Y fue Mina, precisamente, el gran responsable de que Róbinson Zapata, a excepción del penal, no pasara apuros en la primera parte.

Para la segunda mitad, Gerardo Pelusso ideó la manera de alejar a Independiente de Rufay Zapata: tiró a Seijas hacia el centro, lo juntó con Quiñones y Santa Fe empezó a sumar pases en campo contrario. Así las cosas, Independiente era recostado hacia la derecha, y los cambios de orientación de Quiñones y Seijas a Balanta fueron la estocada final.

El panorama cardenal no era igual de favorable hace dos meses

Hace ya dos meses que Santa Fe parecía haberlo perdido todo. A su pieza invaluable se le destrozaban los meniscos, una vez más. Desde entonces, nada ha sido fácil para Santa Fe. Aún así, cuanto más necesitó a Omar Pérez, tanto más laborioso se mostró. Con la justicia poética de su lado, la de Garcilaso de la Vega: No pierda más quien ha tanto perdido.

Quiñones en la zona de Jesús Méndez

Lo que hace años era una verdadera excepción, hoy parece ser una sana costumbre. Independiente Santa Fe vuelve a medirse ante un histórico del continente. Esta vez tendrá en frente a Independiente de Avellaneda. El análisis a continuación se centrará en la fase en que ambos equipos exponen su mayor fortaleza. El momento en que Santa Fe e Independiente muestran sus dientes. El momento en que el uno ha de temerle al otro.

En el Libertadores de América, Independiente es un equipo que intimida

Independiente de Avellaneda goza de un sistema tremendamente agresivo. El equipo argentino defiende hacia delante y es capaz de una presión altísima, como no hay otra en la Liga colombiana. Jesús Méndez lidera la estampida que busca hacerse con el balón. La línea del medio, bajo las órdenes de Méndez, no tiene problema en llegar a la altura de los delanteros a la hora de defender.

En este punto cabe explicar la sostenibilidad de semejante presión. La función esencial dentro del sistema defensivo de Independiente, o mejor, su defensa ofensiva, la llevan a cabo sus laterales: Toledo y Tagliafico. En defensa, uno de los dos se suma al mediocampo para compensar la presión alta de los centrocampistas, como lo refleja esta figura. Independiente ha encontrado en el comportamiento agresivo de sus laterales el antídoto perfecto para contener a los volantes de segunda línea, receptores del juego de espaldas de los arietes argentinos, que en su país abundan en cantidad y calidad. Sin ir más lejos, el propio Independiente cuenta con uno de estos maestros en el arte del juego de espaldas. Hablamos de Diego Vera.

Luis Quiñones probará de qué está hecho Independiente sin Jesús Méndez

Aunque no le faltará sostenibilidad a la presión de Independiente, sí faltará quien mejor la lleva a cabo. Jesús Méndez no será de la partida en ninguno de los dos partidos de la llave. Su ausencia se hará notar. La suya es la zona en la que Santa Fe ha econtrado vida a pesar de la ausencia de Omar Pérez: la mediapunta de Luis Quiñones. El rendimiento de Quiñones en la posición de Omar Pérez ha sido tan gratificante como inesperado. El caleño aparece con tanta frecuencia a espalda del mediocampo rival que es muy difícil que Santa Fe no progrese en campo rival. Desde ahí, Quiñones combina diagonales de adentro hacia fuera y de afuera hacia dentro. Desde ahí, Quiñones, entre regate y regate, puede hacer que Independiente extrañe a Jesús Méndez en estos cuartos de final. Wilson Morelo y Luis Quiñones no tendrán excusa. Enfrente tendrán todo lo que piden: una línea defensiva adelantada.

El protagonismo cambió de banda

No había peligro. No había amenaza. Sebastián Salazar se incrustó entre los centrales para orquestar una salida de balón segura para Santa Fe. Había poco margen de error: Santa Fe tenía suficientes hombres detrás del balón para protegerse en caso de pérdida. Balanta y Otálvaro estaban muy pegados a las bandas y estiraban a Emelec para disipar marcas en el medio. Como medida defensiva, la salida de balón de Santa Fe estaba resultando lo más fiable posible.

Santa Fe no corría riesgos en defensa, pero el marcador global indicaba que aquello no era suficiente. Hacía falta progresar en campo contrario, herir a Emelec, anotarle un gol. Hacía falta todo lo demás.

A Santa Fe no le funcionaron sus recursos habituales

Asentarse en campo de Emelec parecía una tarea imposible. Los movimientos delante del balón no prosperaban. Morelo no tenía espacio para correr, Roa tenía demasiada atención encima para descolgarse y la banda derecha, sin Anchico, dejó de ser fuente de desborde. La clave no parecía estar en los recursos habituales; la clave estaba en la solución menos pensada de todas: Leyvin Balanta.

Despojar a la banda derecha del protagonismo acostumbrado requería, ante todo, una tremenda demostración de personalidad. Eso fue Balanta desde la banda izquierda: un derroche de personalidad. Suyas fueron las asociaciones con mayor sentido en la cancha. Fueron pocas pero, gracias a él, las hubo. Balanta recibía y entregaba el balón para meter arriba a Santa Fe: con la claridad visionaria del más optimista. Balanta ha tenido muy pocos minutos, sí, pero desde ayer podrá decir que su paso por Santa Fe no fue en vano. Suya fue la noche en que el protagonismo cambió de banda.

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En un suspiro

La defensa de Santa Fe tuvo un rendimiento bastante alto en Manta. Para Emelec supuso un problema acercarse con peligro al arco de Leandro Castellanos porque el planteamiento táctico de Gerardo Pelusso fue efectivo. Sin embargo, un gol de crack de Miler Bolaños y un penalti dudoso tumbaron todo el trabajo del elenco cardenal que pasó de tener una gran ventaja a tener que salir a buscar la remontada en la vuelta