Jorge Sampaoli y su roja

Evolución: palabra perfecta para definir al actual seleccionado anfitrión de Copa América. Las características que estructuraban al equipo hace sólo un año atrás, actualmente no son las premisas, pero tampoco han sido olvidadas. La experiencia del cuerpo técnico ha ido introduciendo una propuesta con más mesura. El poseer el balón, el ataque e iniciativa permanecerán eternamente en la idea, pero las pérdidas fatales y los atascos enfrentando a rivales de bloques defensivos bajos han provocado un replanteamiento en el trato del juego chileno.

Reducir la intensidad y controlar el ritmo basado en pases para avanzar juntos y formarse como un equipo corto con la línea defensiva pisando la mitad del campo. Esto se piensa como una solución a las salidas precipitadas y entregas de balones a delanteros sin espacios como ocurrió en duelos anteriores que terminaron en tristes derrotas, cuando todo indicaba dominio a toda escala. El regreso de David Pizarro potencia la creencia en los pases para derribar líneas rivales: con este jugador se añade el plus de saltarlas.

A continuación, ilustramos algunas de las claves de la selección chilena:

Posesión y juego de bandas

David Pizarro, organizador y lanzador

Salida con balón y Claudio Bravo

Presión sobre la salida rival


El arco de vuelo

Ante el Barcelona, James portó el uniforme de finalizador, y lo hizo de manera exquisita. Se desenvolvió mayormente en el último tercio, pegado a la banda derecha; esperando -más que buscando- balones al pie que le permitieran desestabilizar y dar nacimiento al peligro. Cada movimiento hacía guiño a Claudio Bravo. Hasta el más delicado. Con la baja de Gareth Bale, Ancelotti entendió que el equipo manejaría espacios cerrados con más frecuencia, y decidió que los recursos de James serían las armas para explotarlos. En su brillantez, el número 10 demostró una vez más que el equipo no cambia para encontrarle función a él: Es él quien cambia para encontrar el funcionamiento óptimo del equipo.

En el costado derecho, James no cargaba el mismo peso que jalaba Isco, a quien Dani Alves le mordía tanto el horizonte, como el borde de los talones. Ancelotti lo quería libre y perfilado para que flotara -personalmente y por extensión-. Hay un detalle de James en el que no se le asemeja ni Francisco Alarcón: el golpeo. En el ataque posicional, sus balones aéreos -fueran bombeados o directos- hallaban todo, finos y mesurados, arqueados por el éter, deliciosos en su circunferencia, cual el adorno de cortina en alguna casa de Macondo. El ‘10’ es juicio y ejecución. Determina bien, pausado si se necesita, confiado; helado en el cerebelo pero caliente en las venas. Le reclamaba a Benzema cuando no se la pasaba, pero no chistaba para asistirlo. Creó más oportunidades que cualquiera. Cristiano erró más de una vez buscándolo. Todos querían verlo marcar.