En busca de Aldo

El argentino camina lentamente, casi como si desandara los pasos en busca del tesoro perdido un día cualquiera de enero. Se arregla un poco la corbata azul, aunque esta no necesite arreglo. Cosas de la mente. Circunspecto, mirada al frente y labios mustios, se dispone a observar el partido que recién empieza. En los días previos, Macnelly, Muriel y Falcao

Un gran anfitrión

Si tomáramos en sentido literal eso de que la Copa América es en realidad una fiesta tremenda que está organizando Chile, podríamos decir, con toda facilidad, que la Roja hasta este punto del evento ha tratado muy bien a sus invitados, que seríamos todos. Porque esta Selección divierte. Complicado es aburrirse viendo cómo Alexis, Vidal, Aránguiz Díaz, Vargas y cía merodean por todo el césped con una armonía pasmosa mientras se pasan el balón.

Jorge Sampaoli ha intentado reforzar las virtudes de los suyos y tapar los defectos. Chile no sale en largo con un envío de Bravo porque no hay quien garantice bajarla. En cambio, Medel y Díaz, central y mediocentro respectivamente, acumulan más de 90% de acierto en sus pases durante los partidos. Chile no va al choque porque les da más renta entregarse la pelota a ras de hierba y ganar segundas jugadas cuando su rival está empotrado contra su propia portería. Para lograrlo, la afinación de la dinámica sin la pelota resulta fundamental. Y el mecanismo está engrasado al 100%. Chile promete. Luego es probable que no se lleve el premio mayor de la fiesta que planeó, pero el show ha sido magnífico. Gracias.