Londres no pinta bien

El movimiento del mercado de traspasos no ha dejado buenas sensaciones para los futbolistas colombianos que militan en los dos mejores equipos de Londres; y tras el primer partido competitivo de ambas escuadras, la situación se ve igualmente gris. Durante el Community Shield de Inglaterra, Chelsea mantuvo a Radamel Falcao y a Juan Guillermo Cuadrado como suplentes, mientras que el Arsenal ni siquiera tuvo a David Ospina en cuenta en la convocatoria. La competencia para los tres jugadores es enorme. En ambos equipos. Y lo que alcanzó a mostrar Radamel -el único futbolista cafetero que tocó el césped- no fue nada inspirador.

El Chelsea recibió el primer y único golpe en el marcador temprano, al minuto 24’, por medio de un tanto de Alex Oxlade-Chamberlain, por lo que José Mourinho se vio forzado a buscar opciones inmediatamente. Comenzando la segunda parte, dio ingreso a Radamel por Loic Remy como punta de lanza en su tradicional esquema de 4-2-3-1: una movida que sirvió para agitar al rival, pero no para agregar pulcritud al ataque posicional. Los movimientos sin pelota del Tigre siguen siendo muy finos. Su corpulencia y su aceleración lo hacen difícil de marcar, mientras que su noción táctica en fase ofensiva le permiten forzar espacios, aún alrededor de una tenencia de pelota frágil como la que manejó durante la mayor parte del encuentro el equipo Blue. Pero los problemas de Falcao llegan al recibir el balón. Radamel se justifica cuando los pases largos no lo encuentran cómodamente, pero en la recepción de las habilitaciones fáciles de recibir, se queda corto. Controla mal; se pone lento al girar. La falta de confianza, la falta de partidos, la ansiedad, el malestar general, el je ne sais pas… sea lo que sea lo aflige aún. Mucho. Y su potencial sigue siendo una apuesta que prende precariamente de su capacidad para recuperarse.

Para Cuadrado parece no haber espacio

Por otra parte, la situación de Cuadrado sí parece definida: sus opciones en Stamford Bridge son mínimas. Ante Arsenal, Mourinho prefirió utilizar a Ramires como extremo derecho titular, y luego a Óscar y hasta a Victor Moses, quien había sido calificado como innecesario la temporada pasada, como variantes ofensivas antes que dar minutos al colombiano. Ni siquiera el hecho de que la competición permite hasta seis substituciones bastó para que Juan Guillermo cruzara la cal. Mou decidió solo utilizar cuatro.

David ante Goliat

Lo de Ospina, por último, es quizá lo más irónico. El guardameta fue, quizá, el mejor futbolista colombiano de la Copa América; sin embargo, hablar de sus posibilidades de consolidarse en el cuadro gunner, es, más que nada, hablar de otro jugador: Petr Cech. El checoslovaco puso una actuación fantástica en su debut con el equipo de Arsene Wenger que dejó claro que su mítico talento sigue vivo. Ospina es un jugador resiliente, y, antes que nada, es buenísimo. Pero el hombre del casco es una leyenda viva; de las que, en su esplendor, tapan el sol a todos los demás.


 

De espaldas a Courtois

En Stamford Bridge, Radamel Falcao dirigió más tiempo su mirada hacia Rooney que hacia Courtois. Louis van Gaal, por la baja de Michael Carrick, decidió dar entrada al Tigre para uno de los partidos marcados con asterisco en el calendario. Un Chelsea-United es, sin lugar a debate, uno de los grandes choques del siglo XXI, y, en este caso, el samario lo jugó desde el arranque. Al otro lado, en el banquillo de casa, Juan Guillermo Cuadrado esperaba su oportunidad.

Falcao no es protagonista en el plan escogido por Van Gaal

El plan de juego del Manchester United, justo hace una semana, parecía estar firme y contrastado: Carrick y Herrera para dirigir las operaciones, Valencia y Young para dar amplitud, Blind para tocarla bien desde atrás, Mata para aportar fluidez en ¾, Fellaini para bajarla y tener continuidad arriba, y Rooney para dinamizar todo el ataque. Falcao no tenía sitio en hoja de ruta, pues Louis prefería lo que podía añadir Marouane a lo que ofrecía el colombiano. Y tiene sentido, porque mientras que Fellaini no exige un rol 100% ofensivo, ya que no es una estrella del ataque, Falcao sí necesita un papel protagónico en ese sentido.

Aún así, para este envite, la baja de Carrick condicionó al tulipán de acero y tomó la determinación de retrasar a Wayne y ubicar a Falcao en punta. La duda radicaba en cómo fluiría el United con la tenencia, pues sin Carrick y sin Blind se antojaba más complicada la gestión del esférico. ¿Llegaría la bola limpia a Radamel? Habría que verlo, porque el Chelsea tampoco iba a permitir que eso sucediera con facilidad. Mourinho envió a Zouma junto a Matic para cerrar todo lo que pasara por esa zona. Hazard, Cesc y Oscar ocuparon la mediapunta. Atrás estaban Ivanovic, Cahill, Terry y Azpilicueta. Todo un muro. Arriba esperaba Didier Drogba.

El Tigre apoyó mucho de espaldas

En dicho escenario, el Chelsea permitía a los centrales del United -McNair y Smalling- iniciar la jugada y tapaba a los receptores. Cuando Ander Herrera o Rooney lograban recibir, pasaban cosas. Shaw, a diferencia de Blind, aporta más profundidad que control, y eso fue una vía de salida para los rojos en todo el partido. Falcao, muy arriba, debía retrasar su posición para contactar con la pelota. Así tiró muchos apoyos de espaldas que dejaban la pelota limpia para el 10 red. Sin embargo, muchas veces priorizar esa acción lo dejaba lejos de la zona de remate. Así fue todo el primer período, y así Falcao perdió un balón que terminó en el gol de Hazard.

Para la segunda parte, el guión fue prácticamente el mismo hasta el 60’, cuando el partido se rompió un poco y el ritmo aumentó. Falcao entonces sí encontró posición de remate. Con algo de espacio, todo lo que puede hacer el Tigre es excepcional. Véase el desmarque de medio metro que lanzó, y segundos después le coló un postazo a la defensa blue.

Se debe apuntar que la incidencia que tiene Falcao sobre el juego de su equipo no es ni siquiera considerable para todo lo que él ha demostrado. El 9 es un delantero capaz de condicionar al máximo el juego de sus conjuntos con resultados notables. Aún así, Van Gaal decidió tomar otro rumbo, en el que él no suma tanto. Por eso ayer, en ocasiones, se le veía tan solo, y con poca presencia. El futuro de Radamel es una incógnita que se resolverá en dos meses. Mientras tanto, deberá apañárselas con que no es fundamental para el devenir del proyecto en el que se encuentra.

Obsesión

Cuando Juan Guillermo Cuadrado recibe el balón, todos saben lo siguiente que hará. La incógnita es el cómo, pero el desenlace ya está advertido. Cuadrado recibe el balón y quiere ganar la línea de fondo. Siempre. Es su obsesión. Con un amague, una carrera, una elástica, una croqueta. Su repertorio de regates es lo más imprevisible dentro de lo predecible que es. Lo suyo siempre será llegar a la última raya.

Cuadrado puede resultar una forma particular para dominar

Por lo anterior, dio la sensación que Mourinho sacará mucho provecho de Cuadrado. No tanto por su desborde, porque no siempre es exitoso, pero sí por cómo Cuadrado condiciona al rival. Los laterales lo esperan, conscientes de que cualquier achique puede resultar en suicidio. Y mientras lo esperan, el Chelsea gana tiempo para posicionarse en campo contrario.

Así las cosas, el fichaje Cuadrado puede ser una nueva forma de dominio; dominar con terror. Siempre que Cuadrado recibía el balón, el Everton retrocedía con pánico. Y cuando más atemorizado se hallaba el Everton, Mourinho sacó del campo a Juan Guillermo Cuadrado, con la satisfacción del deber cumplido. Porque a Cuadrado le obsesiona la línea de fondo, pero a Mourinho le obsesiona ganar.

Electric blues

Juan Guillermo Cuadrado es de los futbolistas colombianos más difíciles de definir: lateral derecho, mediapunta, carrilero, extremo; en la selección, interior con proyección lateral. Tanto su función, como su nivel, han oscilado en gran parte dependiendo del contexto. En el 2013 fue héroe; en el 2014, a veces, por consecuencia, villano. El ex-hombre de la Fiorentina se une al Chelsea, fuera de su mejor momento, a mediados de una campaña en la que mejoró progresivamente, pero sin alcanzar jamás su nivel de la anterior. La matización de su fútbol -de impresionante aceleración en los últimos años- parece finalmente haber alcanzado un punto de inflexión, y es probable que sea bajo la batuta de José Mourinho que la evolución del hombre de Necoclí halle su pico.

Pero en Chelsea… ¿cuál será el contexto?

Es precisamente esa la pregunta clave. ¿Para qué lo quiere José? Es esencial tener en cuenta que Cuadrado llega ocupando un hueco que le fue abierto con la venta de Andre Schürrle. A pesar de haber perdido protagonismo en los últimos meses, el alemán llegó a ser clave para el entrenador luso en Chelsea debido a dos características importantísimas: su calidad de extremo nato y su disciplina. En un plantel repleto de mediapuntas creativos, de tendencia central (véase Óscar, Willian, Hazard, Salah, etc.), Andre era el diferencial: un futbolista de mucho sacrificio y potencia física, dispuesto no sólo a devorar la banda en defensa, sino también a adherirse a ella en la fase ofensiva. Para Mou, ese es un rol necesario. Y es probable que a excepción de algún experimento, Juan Guillermo tenga ahí su lugar principal. Más allá de su alto nivel competitivo, el Chelsea aún tiene falencias en posesión, y sobre todo en su mecanismo de recuperación inmediatamente posterior a la pérdida de balón, por lo que tener un hombre que sea capaz, tanto de aligerar las presiones pegándose a la cal, como de luego ejercerlas, resulta fundamental.

¿Y por qué Cuadrado?

En sus últimos años, Juan Guillermo ha dejado claro que su perfil se sale del de aquel carrilero rústico que lo identificó en sus primeros años en Italia. Incluso, va más allá del extremo híbrido que ha buscado Mourinho en el Chelsea. Su creatividad y espectacular capacidad de desequilibrio llevaron a José Pékerman y Vincenzo Montella a darle roles distintos, más céntricos y más complejos, en los cuales, si bien hacía mejor al equipo, no necesariamente mostraba su mejor versión. Con una medular ya definida en Chelsea, es muy poco probable que Mourinho emplee a Cuadrado de mediapunta como lo hacía el entrenador de la Fiorentina, pero seguramente éste buscará explotar esos dotes en otro lugar del terreno. Después de todo, a pesar de haber evolucionado en el juego posicional, el hábitat natural de Cuadrado siempre ha sido la electricidad y la explosión. La sorpresa.

En Chelsea Cuadrado hallará un equipo enfocado al dominio por medio de la tracción vertical, un ambiente en el que su divertida capacidad para abrir defensas a contra pie y encontrar a un delantero será glorificada por lanzadores excepcionales y un voraz Diego Costa. Estará cómodo. Libre. Sin enfoque alguno en la gestión del balón, y por lo tanto, ilimitado para recurrir en el ámbito ofensivo a aquellas virtudes vibrantes que lo han convertido en uno de los píxeles brillantes de las más recónditas pantallas.